LOS LÍMITES DEL GÉNERO
EN LA PRÁCTICA POLÍTICA FEMINISTA Y EN LAS VISIONES
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En las próximas líneas me propongo aportar algunas ideas que sirvan para el
debate en este Coloquio, no como un simple eje...
Podría parecer un poco anacrónico hacer un paralelo entre esta relación de
concordancia gramatical y lingüística con lo qu...
planteamiento de Gayle Rubin apuntaba a que el sexo humano es moldeado por
intervención social, en ese sentido la subordin...
Independientemente de que tanto Beauvoir, Mead, y otras más, habían ya
abordado en sus análisis la construcció...
instituciones y relaciones sociales y la construcción de identidades individuales
enmarcadas en la masculinidad y feminida...
como la fundadora de la identidad personal, del orden social y también
simbólico. Aquí se adecua el género al sexo o lo co...
un modo de vida, un asunto de preferencia sexual. A esta política Mathieu llama
la “anatomización de lo político”. (Ibid, ...
El género, ya no es un marcador simbólico de la diferencia natural, sino que es
un operador de poder de un sexo sobre otro...
(Lauretis, 2000) Es actuar en las mismas lógicas del amo y como nos dijo la
afroamericana Audre Lorde: “las herramientas d...
3- No evidencia las relaciones de poder, jerarquías, dominación, opresión
que ejercen los hombres hacia las mujeres,...
sino que es sólo una categoría entre otras como la raza, la clase, la sexualidad.
Las condiciones históricas y socio-econó...
Las afronorteamericanas desde lo que denominaron “el feminismo negro” en los
70 fueron de las primeras que evidenciaron el...
las feministas decían que las mujeres debían ganar las calles y trabajar. Somos
parte de un contingente de mujeres con ide...
de estas mujeres? Es necesario entender los procesos de colonización y
postcolonización conjuntamente con un análisis de l...
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cuando esto no modifique el statu quo.
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una especie de trasvestismo, una parodia. Tener un género significa haber
establecido ya una relación heterosexual de subo...
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categoría género. Dijo Wittig esta frase re...
No obstante, esta frase de Wittig, simboliza todo un movimiento de lesbianas
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mujeres considerando criterios raciales, de clase, situación migratoria, etc, a lo
cual que denomina política de ubicación...
afectan. Esta perspectiva de análisis articulada se logra siempre y cuando nos
paremos desde el feminismo como teoría polí...
Hill Collins, Patricia. 1998. “La política del pensamiento feminista negro”. En ¿Qué son los
estudios de mujeres?. Buenos ...
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Ponencia Genero Y Cultura Ochy Curiel

Published on: Mar 4, 2016
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Source: www.slideshare.net


Transcripts - Ponencia Genero Y Cultura Ochy Curiel

  • 1. LOS LÍMITES DEL GÉNERO EN LA PRÁCTICA POLÍTICA FEMINISTA Y EN LAS VISIONES ACADEMICAS1 Ochy Curiel2 En los últimos tiempos el tema del género ha estado presente en los análisis teóricos y políticos del feminismo, no solo en los espacios académicos, sino también en los espacios en donde se construye movimiento social. Han sido varias las publicaciones que nos ofrecen muchas feministas de diferentes corrientes y posturas en torno a este debate. Lo han abordado las materialistas, las estructuralistas y postestructuralistas, las desconstruccionistas, las psicoanálistas, las del black feminism, las chicanas, las postcolonialistas etc, sin embargo parece que sigue siendo necesario profundizar en el tema como una forma de consolidar nuestras propuestas de cara a fortalecernos como movimiento social así como a las teorías que sostienen nuestro accionar político. Si bien la categoría género ha sido significativa para analizar la subordinación de las mujeres en la década de los 70 y aportó nuevas teorizaciones, en el proceso de revisión a que se somete, como toda propuesta teórica, epistemológica y política; hace ya mas de veinte años, comenzó a ser cuestionada, al ser una categoría limitada para explicar todos los fenómenos que tienen que ver con nuestra subordinación. 1 Conferencia presentada en el Coloquio “El género. ¿Una categoría útil para las ciencias sociales? Organizado por la Escuela de Estudios de Género y el Centro de Estudios Sociales de la Universidad Nacional de Colombia. Abril, 2006. Bogotá. 2 Ochy Curiel nació en Dominicana. Luego de vivir en Brasil, México y Buenos Aires reside actualmente en Bogotá, Colombia. Feminista, especialista en Ciencias Sociales. Investigadora y Consultora independiente. Docente de la Universidad Nacional de Colombia. Contacto: ochycuriel@yahoo.com 1
  • 2. En las próximas líneas me propongo aportar algunas ideas que sirvan para el debate en este Coloquio, no como un simple ejercicio académico, el cual creo importante y fundamental para saber cómo y desde dónde elaboramos nuestros discursos políticos, con cuales perspectivas analizamos nuestras realidades, sino también como una llamada de atención a la pérdida de horizontes políticos feministas. He dividido este trabajo en varias partes. El origen de la categoría “género” Hay que establecer una diferencia entre término y categoría El término es una definición de un vocablo que se podría encontrar en cualquier diccionario, puede hacerse desde el punto de vista gramatical, lingüístico, psicológico, social etc. La categoría es un mecanismo heurístico, es decir, de producción de conocimiento que tiene funciones ya sean estas positivas o negativas en el campo de la investigación. Estas funciones sugieren hacer preguntas, problematizar, explorar (Hawkesworth, 1999). Como término, el género viene del latin genus y tiene diferentes definiciones según el idioma. En inglés gender se relaciona con sexo, en francés genree, en castellano género y en italiano, genere, refiere a clasificación de especies, clases de cosas. Como sugiere Mary Hawkesworth habría que analizar si las diferencias del término en los diferentes idiomas, de sus diversas acepciones gramaticales y lingüísticas tienen algo que ver con los orígenes del simbolismo de género. Lo que si se ha podido identificar, según las investigaciones de la autora, es que desde el punto de vista gramatical hay un denominador común en muchos idiomas y es la concordancia: adjetivos, adverbios, sujetos y verbos definen los géneros gramaticales por su concordancia. (Hawkesworth, 1999). 2
  • 3. Podría parecer un poco anacrónico hacer un paralelo entre esta relación de concordancia gramatical y lingüística con lo que propone la teoría de los géneros, sin embargo sería interesante profundizar por qué hay tantas concordancias entre sexo y género, hombre y mujer, masculino y femenino, categorías que en la teoría feminista han estado relacionadas al análisis del género, pero estas cuestiones no serán abordadas por mí en esta presentación, me interesa más que todo hacer un análisis del género como categoría analítica y como herramienta teórica para el feminismo. El concepto de género aparece por primera vez en las ciencias sociales en los años 50 en Estados Unidos en el ámbito de la psicología. Robert Stoller en su texto Sex and Gender utilizó la oposición sexo/género en su estudio de los transexuales para distinguir entre la identidad sexual (gender) y el sexo biológico (sex). Stoller analizó la diferencias de estos conceptos en casos más individuales (Friaisse, 2002), Ya en la década de los 70 la investigación feminista se adentra en el análisis de las estructuras sociales explicitando cómo las desigualdades entre hombres y mujeres no pueden explicarse por la diferencia biológica, así se recurre a la oposición sexo y género, como un medio para analizar las relaciones entre los sexos con el objeto de distinguir lo biológico y lo social rechazando así el determinismo biológico y demostrando que lo que define la sociedad como el ser mujer: madres, cuidadoras, ubicadas en el espacio privado, abnegadas, ligadas a la naturaleza y los hombres: seres racionales, inteligentes, con poder y fuerza ligados al ámbito público, era producto de la cultura, por tanto no eran esencias naturales. De las primeras que retomó el género, como categoría analítica en el feminismo fue la antropóloga norteamericana Gayle Rubin. Rubin denominó “sistema sexo- género” al conjunto de disposiciones por el que una sociedad transforma la sexualidad biológica en productos de la actividad humana”(1975). El 3
  • 4. planteamiento de Gayle Rubin apuntaba a que el sexo humano es moldeado por intervención social, en ese sentido la subordinación de las mujeres es producto de las relaciones que organizan y producen la sexualidad y el género. Analizó cómo el matrimonio está articulado con arreglos políticos y económicos. Abordó cómo el parentesco asigna un espacio determinado a las mujeres en tareas de género, reglamenta las funciones reproductivas de las mujeres y restringe sus áreas productivas y su participación pública3. Ya mucho antes, en 1949, Simone de Beauvoir, en su obra “el Segundo Sexo”, obra pionera para el feminismo mundial, sin utilizar el concepto de género, había ya cuestionado la naturalización de las diferencias entre hombres y mujeres y que se recoge en su famosa frase: “no se nace mujer, se llega a serlo” (Beauvoir, 1949). Margaret Mead en 1935 también había explicado en Sex and Temperament in Three Primitive Societies (‘Sexo y temperamento en tres sociedades primitivas’), la jerarquización entre hombres y mujeres y exponía su crítica al determinismo biológico4 3 El famoso e histórico ensayo de Gayle Rubin publicado en 1976: El tráfico de mujeres: notas sobre la economía política del sexo”, puede leerse en castellano en: Marta lamas (comp.), El género: la construcción cultural de la diferencia sexual, Miguel Angel Porrúa. PUEG, México, 1996, pp. 35-96 4 Margaret Mead desde la antropología en su famoso ensayo titulado Sex and Temperament in Three Primitive Societies—analizó cómo la división sexual del trabajo y las estructuras de parentesco explicaban los distintos papeles de género de las etnias arapesh, mundugumor y tchambouli, diferentes a los de las sociedades occidentales. Según lso estudios de Mead hombres y mujeres asumían practicas consideradas masculinas en occidente pro ejemplo, la guerra. Para profundizar sobre este tema consultar: Mead, Margaret. Sex and temperament in three primitive societies, Mentor Book, USA (1950). Otras visiones las podemos encontrar en Colette Guillaumin y Paola Tabet. Guillaumin ha profundizado en cómo la ideología naturalista ha legitimado la apropiación de las mujeres en su interesante trabajo Práctica de Poder e Idea de la Naturaleza (1978). Tabet en su trabajo titulado Las manos, los instrumentos, las armas ( 1998) demuestras cómo las sociedades de caza y recolección no son menos igualitarias que las sociedades agrícolas demostrando cómo la división sexual del trabajo entre los sexos esta basado en los diferentes accesos que hombres y mujeres han tenido a las herramientas, a las armas y al conocimiento. Ambos trabajos se encuentan publicados al español en: O. Curiel y J. Falquet.(comps) (2005) El Patriarcado al Desnudo. Tres Feministas Materialistas. Brecha Lésbica. Buenos Aires. 4
  • 5. Independientemente de que tanto Beauvoir, Mead, y otras más, habían ya abordado en sus análisis la construcción social de los roles de sexo, es a partir de los años 70 influenciado por el feminismo anglosajón, que el género se convirtió en una categoría importante en los análisis teóricos y en las prácticas políticas feministas. Los estudios de género sustituyeron los estudios de la mujer, cuya razón fundamental fue que el género era más amplio para analizar la situación de las mujeres, se asumía como más “científico”, no obstante, como dice Joan Scott el género no nombra el mando oprimido, hasta entonces invisible. Incluye a las mujeres sin nombrarla y así no parece plantear amenazas críticas. Desde estos años, la acogida del tema también tuvo que ver con la necesidad de legitimación de muchas feministas tanto en los espacios académicos como en otros institucionales, pues los términos feministas, estudios feministas, perspectivas feministas sonaban y aún suenan como dice la autora, estridentes. (Scott, ). Es desde mediados de los años 80, que el género se populariza. Su entrada de lleno en el ámbito político tiene lugar en la Conferencia Mundial sobre la Mujer celebrada en Pekín en 1995. Encontramos estudios de género en las ciencias humanas y sociales: en disciplinas como la historia, la antropología, en la literatura, también en Naciones Unidas, en las agencias de cooperación y hasta en muchos movimientos sociales mixtos, lo que ha permitido visualizar algunos aspectos de la historia y experiencias de las mujeres. El género, fue la clave para que el tema de “la mujer”, pasara sin problemas y llegara a formar parte de los discursos oficiales, que parte de las reinvindicaciones de las mujeres estuvieran hoy en espacios institucionales y que desde esta perspectiva se crearan hasta Ministerios de la Mujer en muchas partes del planeta. Hoy quien no asume la perspectiva de género, a pesar que aún hay resistencias por parte de muchos sectores, se ve mal, desactualizada- o, poco moderna-o y antidemocrática-o. Es innegable que como categoría teórica ha logrado desafiar supuestos andrócéntricos, el sesgo sexista de las 5
  • 6. instituciones y relaciones sociales y la construcción de identidades individuales enmarcadas en la masculinidad y feminidad .pero en medio de este boom del género, de la perspectiva de género, ¿podríamos nosotras, feministas estar satisfechas con su acogida? ¿Hasta dónde sí, hasta dónde no? ¿cuáles son las limitaciones teóricas y políticas de género? La confusión entre género y sexo Como parte de la influencia del feminismo anglosajón marcado en muchos sentidos por una visión funcionalista, el género ha estado ligado al sexo. La mayor tendencia es a asumir que el sexo es igual a lo biológico y el género es la construcción cultural del sexo. Nicole Claude Mathieu, feminista francesa materialista a principios de los años 80 ya explicaba cómo ha habido tres modos de conceptualización de la relación sexo/género5 (Mathieu, 2004) Un primer modo que ella llama identidad sexual, basado en la conciencia individual que supone una vivencia sico-sociológica del sexo biológico. En este modo se asume la identidad sexual como algo que lo otorga la naturaleza, por tanto implica una serie de comportamientos y prácticas sexuales. En ese sentido hay una tendencia determinista ya que el sexo se asume como algo dado. Ej. La mujer es sinónimo del sexo femenino= hembra que menstrúa, que tiene ovarios y por tanto procrea. Su referente es la heterosexualidad que se asume también como algo natural. Se entiende de forma determinada que la feminidad es para las mujeres y la masculinidad para los hombres. Entre sexo y género se establece una relación homológica. La diferencia entre los sexos se establece 5 Para profundizar sobre este interesante análisis recomendamos el trabajo de esta autora titulado ¿Identidad sexual/ sexuada/ de sexo?. Tres modos de conceptualización de la relación sexo y género. En O. Curiel y J. Falquet (comps). ( 2005). El Patriarcado al Desnudo. Tres feministas materialistas, Brecha Lésbica. Buenos Aires 6
  • 7. como la fundadora de la identidad personal, del orden social y también simbólico. Aquí se adecua el género al sexo o lo contrario ( Ibid, 135-141) Muchas de las tendencias del psicoanálisis que entienden la homosexualidad o el lesbianismo como anomalías o perversión se asumen en esta lógica. También los transexuales en la medida en que el sentimiento de sentirse mujer u hombre implica cambiarse de sexo. El segundo modo de conceptualización es lo que Mathieu llama identidad sexuada que refiere a la incidencia de lo social en lo biológico y que crea dos categorías sociales de sexo. A diferencia del primer modo, el sexo no es vivido como algo anatómico, individual, sino que está vinculado a la conciencia de grupo. El género por tanto es percibido como un modo de vida colectivo dando lugar a grupos de hombres y grupos de mujeres. El sexo y el género tienen una correspondencia analógica. Existe una elaboración cultural de la diferencia en torno a la complementariedad social y cultural que se asume deben tener los sexos en base a roles de uno y otro. De este modo se fundamentan los estudios sociológicos, antropológicos y lo que se ha llamado el feminismo cultural. Se asume que las mujeres no son suficientemente reconocidas y valoradas, en ese sentido debe haber justicia para que tengan las mismas oportunidades que los hombres. Como todas sabemos, es el fundamento de la política de la igualdad. Pero desde estos mismos supuestos parte el feminismo de la diferencia al impulsar una política de develar los supuestos poderes de las mujeres que la ciencia masculina ha ocultado como diosas, madres, defender la existencia de un supuesto matriarcado originario y la relación directa de las mujeres con la naturaleza. Este modo también lo sostiene el lesbianismo cultural: se asume la cultura lésbica como autoidentificación de las mujeres fuera de las definiciones masculinas, por tanto existe una identidad lésbica. La política del orgullo que han desarrollado muchas lesbianas es un indicador de este modo de conceptualización, pues la homosexualidad y el lesbianismo se plantean como 7
  • 8. un modo de vida, un asunto de preferencia sexual. A esta política Mathieu llama la “anatomización de lo político”. (Ibid, 141-157) En esta conceptualización a pesar de que se cuestiona el orden biológico continúa en la lógica de la bipartición biológica. Hay un reconocimiento de que los grupos de sexos son socializados injustamente, pero siempre habrá dos sexos y dos géneros. El tercer modo, la autora lo llama Identidad “de sexo” refiriéndose a “clase de sexo”. Desde esta concepción la relación entre sexo y género es sociológica y política, antinaturalista, contiene un análisis materialista de las relaciones sociales de los sexos. La bipartición de los géneros no tiene nada que ver con lo biológico sino con una definición ideológica. Estas relaciones se enmarcan en relaciones de desigualdad, jerarquías y es explicada a través de la opresión, dominación y explotación de las mujeres por los hombres. Este modo da respuesta a la pregunta ¿quiénes son las mujeres y quienes son los hombres? Estas categorías son enmarcadas en un sentido histórico, no vistas como identidades. En este último modo de conceptualización la diferencia no es diferencia, sino como le llama la Mathieu, diferenciación, es decir la construcción social de la diferencia que más que ver la construcción cultural del género evidencia la construcción cultural del sexo y la sexualidad. Es decir las sociedades utilizan la ideología para hacer una jerarquización del sexo y la sexualidad basada en la opresión de un sexo por otro y esto se hace a través de la división del trabajo, de la familia, del matrimonio y por supuesto de la reproducción. Desde esta visión se asume que existe una domesticación de la sexualidad y la imposición de la heterosexualidad obligatoria normatizada. 8
  • 9. El género, ya no es un marcador simbólico de la diferencia natural, sino que es un operador de poder de un sexo sobre otro, la relación entre sexo biológico y sexo social es un hecho social, histórico. En este modo se ubican las feministas radicales y lesbianas políticas, o como muchas nos denominamos, las lesbianas feministas. Se asume la feminidad como algo construido y que debe desaparecer.. La homosexualidad y el lesbianismo no son concebidas como un accidente individual ni como una identidad que habría que reinvindicar, diferentes a los modos I y II, sino como una posición y actitud política en contra de la imposición de la heterosexualidad o lo heterosocial, asumiendo que en estos fenómenos descansa la opresión de las mujeres. Estos tres modos expuestos por N.C. Mathieu nos ubican en el tipo de política que hoy tanto el feminismo como los movimientos socio-sexuales han asumido en torno a la relación sexo –género. Lamentablemente lo que más encontramos son los dos primeros modos, los cuales implican varios peligros. Si bien la idea de género hasta ahora mayormente asumida por los espacios académicos y el movimiento social de mujeres, desnaturaliza los roles de sexo, sigue dejando intacta la idea funcionalista de complementariedad entre los sexos y pasa por alto las dimensiones políticas y las relaciones de poder que estructuran los roles de sexo y que contribuyen a su reproducción. Ambas tendencias además tienen como base la diferencia sexual como aquello que organiza el género. Teresa de Lauretis ha analizado profundamente las implicaciones epistemológicas y políticas que ha tenido analizar la diferencia sexual como fundamento del género. Según la autora, esta visión reproduce una oposición universal de sexo. Es decir, la mujer como diferencia del hombre, reduce las propuestas feministas a las lógicas del sujeto ilustrado masculino, lo legitima. 9
  • 10. (Lauretis, 2000) Es actuar en las mismas lógicas del amo y como nos dijo la afroamericana Audre Lorde: “las herramientas del amo nunca desmontan la casa del amo” (Lorde, 2003:115). Para Lauretis el género es una representación que tiene implicaciones concretas sociales y subjetivas en la vida material de los individuos y la representación del género es su construcción y esta se realiza a través de su propia destrucción. Es decir, debemos entender que la masculinidad y la feminidad son mecanismos por los cuales se imponen roles, estereotipos y funciones impuestos por una ideología de supremacía masculina por lo tanto deben desaparecer. En ese sentido para nuestra política, como feministas, mantener un discurso y una práctica con base al género como sinónimo de diferencia sexual tiene las siguientes implicaciones: 1- Asume la existencia de dos sexos y dos géneros. Visión dicotómica, binaria y negadora de otras realidades sexuales y genéricas. En esta visión no aparecen los transexuales ni los transgéneros por ejemplo. En otras sociedades no hay una correspondencia entre sexo y género. Por ejemplo los berdaches , poblaciones indígenas de los llanos del norte del continente americano a pesar de haber nacido hombres o mujeres socialmente son consideradas como pertenecientes al género opuesto y buscan pareja del mismo sexo. (Falquet, 2004), lo que quiere decir que el género no tiene carácter universal ni tampoco es invariable. El hecho mismo de generizar es ya una construcción social y cultural, es un hecho intencional y esa intensionalidad parte de bases patriarcales que las feministas hemos querido combatir por tantos años. Se parte de lo que la cultura entiende como sexo, cuerpo, corporeidad y de ahí definir lo que es masculino y lo que es femenino. 2- Por anterior, refuerza la feminidad y la masculinidad, lo cual nos lleva a la trampa de no poder derrumbar aquello que nos oprime. 10
  • 11. 3- No evidencia las relaciones de poder, jerarquías, dominación, opresión que ejercen los hombres hacia las mujeres, sea en el orden material o simbólico, sea que nosotras mismas reproduzcamos roles de género en cualquier relación social. 4- Asume la heterosexualidad como la única posibilidad de establecer relaciones erótico-amorosas. No se cuestiona por ejemplo la construcción del deseo sexual como un mecanismo del patriarcado, ni se analiza como un sistema que explota a las mujeres, que las hace depender de los hombres económica, emocional y sexualmente. En esta visión las lesbianas no existimos ni los gays tampoco. 5- Fortalece la política de la igualdad en el marco de las lógicas masculinas sin cuestionar de fondo las estructuras que le sostienen. Ejemplo de ello son los Planes de Igualdad de Oportunidades, el sistema de cuotas, las acciones afirmativas, que más que cuestionar por ejemplo los sistemas políticos jerárquicos y verticales, hacen que las mujeres se incluyan en esos planes, se promueve la representación por la representación y no cuestiona de fondo las desigualdades políticas, económicas y sociales ni promueve otras formas de la política no jerarquicas ni desiguales. Esto hace que nos quedemos con la política de lo posible, con las reformas, lo cual es sabido que no desconstruye las bases del Patriarcado. El género, una categoría que se pretende universal. Otra de las limitaciones que ha tenido el género como categoría analítica, teórica y política teórica es su carácter universal, como si esa categoría analizara todo lo que tiene que ver con las mujeres. No evidencia en cuáles contextos se ubican y cuál ha sido su experiencia concreta, por tanto el género se hace ahistórico. Si el género es visto como un sistema de relaciones sociales que se crea en base a relaciones históricas y no solo en base a diferencias sexuales, no puede por sí mismo explicar todas las subordinaciones que sufren las mujeres, 11
  • 12. sino que es sólo una categoría entre otras como la raza, la clase, la sexualidad. Las condiciones históricas y socio-económicas, incluso las subjetivas no pueden ser entendidas en polaridades u oposiciones fijas que generen universalidad y esencialismo. Si bien el feminismo criticó el carácter universal de “hombre-masculino” producto de la Ilustración, ha reproducido esta misma universalización cuando se refiere a las mujeres. Su asume que “mujeres” es lo que a todas nos articula sin importar quienes son esas mujeres. Ciertamente dentro del orden patriarcal a las mujeres se nos asigna papeles, funciones, roles, estereotipos en muchas sociedades, pero no a todas nos afecta igual y no entender esto significa que es imposible crear solidaridades políticas entre nosotras, mucho menos hacer alianzas y articulaciones. Las palabras solidaridad y sororidad muchas veces han sido mitos que no han reflejado las desigualdades entre las mujeres. Como dijo Audre Lorde “la palabra hermandad lleva implícita una supuesta homogeneidad de experiencias que en realidad no existe” (Lorde, 2003: 124). A continuación voy a recoger algunas de las propuestas de feministas que han aportado significativamente a ampliar los análisis teóricos en torno a la subordinación de las mujeres más allá del género, con lo cual me parece que esta categoría se pone a tambalear en su carácter universal que le han querido imprimir: las afrodescendientes, las multiculturalistas, las lesbianas feministas y las postcolonialistas han abierto el abanico teórico y analítico que creo todas debemos asumir, pues nos permite analizar las realidades de las mujeres de forma integral y considerando el entrecruzamiento de diversas categorías. La “raza”: otra categoría que explica la subordinación de las mujeres. Las feministas afroamericanas, las negras británicas y luego las afrolatinas y afrocaribeñas cuestionamos la limitación de la teoría de los géneros desde un análisis de la “raza” no como identidad biológica, sino como categoría de poder. 12
  • 13. Las afronorteamericanas desde lo que denominaron “el feminismo negro” en los 70 fueron de las primeras que evidenciaron el problema de la universalidad entre las mujeres y por ende el racismo que traspasaba las teorías feministas y sus prácticas políticas y cotidianas. Patricia Hill Collins, feminista afroamericana refiriéndose a este tema señalaba: “La supresión histórica de las ideas de las mujeres negras ha tenido una marcada influencia en la teoría feminista. Vistas más de cerca, las teorías presentadas como universalmente aplicables a las mujeres como grupo resultan, en buena medida, limitadas por los orígenes blancos y de clase media de quienes las propusieron” (Hill Collins. 1998:259). bell hooks, en los 70 ya evidenciaba también este problema. Basándose en la obra de Betty Friedan, La Mística de la Feminidad, texto que de alguna manera se convirtió en un referente teórico y político para el feminismo de la segunda ola en Estados Unidos, criticó la visión racista y clasista del feminismo de la época argumentando que lo que proponía Friedan de que las mujeres se liberaran del trabajo doméstico para profesionalizarse igual como lo hacían los hombres blancos, no consideraba a las mujeres afrodescendientes, que siempre trabajaron fuera del hogar como fuerza de trabajo en las calles y en la casa de los y las blancas, fruto de la herencia de la esclavitud (hooks, 2004). que Sueli Carneiro , afrobrasileña nos ofrece un análisis en la misma dirección que bell hooks: “Nosotras -las mujeres-negras- formamos parte de un contingente de mujeres, probablemente mayoritario, que nunca reconocieron en sí mismas este mito, porque nunca fueron tratadas como frágiles. Somos parte de un contingente de mujeres que trabajaron durante siglos como esclavas labrando la tierra o en las calles como vendedoras o prostitutas. Mujeres que no entendían nada cuando 13
  • 14. las feministas decían que las mujeres debían ganar las calles y trabajar. Somos parte de un contingente de mujeres con identidad de objeto. Ayer, al servicio de frágiles señoritas y de nobles señores tarados, hoy, empleadas domésticas de las mujeres liberadas” (Carneiro, 2005) Así como Hill Collins, hooks, Angela Davis, Barbara Smith, Audre Lorde, entre muchas otras han producido una serie de obras que analiza la subordinación de las mujeres considerando el racismo en el contexto norteamericano. Desde Gran Bretaña Avtar Brah, Julia Sudbury, Margaret Cooulson, Kum Kum Bhavnani, entre muchas otras, también aportan análisis interesantes parándose también desde el feminismo negro. A diferencia de las afroamericanas lo negro en Gran Bretaña. “Mujeres negras” ha sido una categoría diversa que refiere a cuestiones de clase, raciales, y género e incluye a mujeres que han migrado de Africa, Asia y El Caribe. Desde Latinoamérica y El Caribe tenemos diferentes textos que nos ofrecen también interesantes perspectivas. Los trabajos de Jurema Wernerck, Lelia González, Edna Roland, Sueli Carneiro. Wndy mateo, Epcy Cambell han abordado cuestiones de la relación género y raza que tocan un sinnúmero de temas: situación de las mujeres en la esfera laboral, el manejo de los estereotipos en los medios de comunicación, la exclusión en la educación, en la vivienda, la imposisión de la estética blanca en los cuerpos de las mujeres, entre muchos otros. En Colombia por ejemplo muchas afrodescendientes han evidenciado cómo la guerra afecta a las mujeres afrodescendientes e indígenas. Y eso nos plantea un reto en el análisis y en las prácticas políticas. La perspectiva de género probablemente nos diga como afecta a las mujeres la guerra en relación a los hombres, el famoso análisis diferencial, pero eso no es suficiente, un análisis feminista nos debe contestar la pregunta: ¿qué relación tiene la guerra con el racismo estructural, institucional y cotidiano y con la vida 14
  • 15. de estas mujeres? Es necesario entender los procesos de colonización y postcolonización conjuntamente con un análisis de las políticas neoliberales y su relación con la guerra y cómo eso tiene efecto sobre las mujeres en el plano material, social y en la subjetividades para las mujeres afrocolombianas y para las indígenas. El multiculturalismo: ubicando la experiencia de las mujeres en contextos culturales. Otra de las corrientes que en los últimos años ha aportadointeresantes análisis al feminismo son las multiculturalistas al ubicar el género en las culturas particulares en que se ubican las mujeres, han contextualizado la subordinación a partir de experiencias y cosmovisiones étnicas. Estos aportes han evidenciado por ejemplo la lucha de las mujeres indígenas por el reconocimiento de sus pueblos, el derecho a una cultura propia y a la autodeterminación y al mismo tiempo su lucha en torno a transformar tradiciones y costumbres de sus propias culturas que las oprimen (Hernández, 2001). Estos esfuerzos nos llaman la atención sobre el etnocentrismo que reproduce la sociedad y que también nosotras mujeres, feministas, reproducimos en el movimiento. No obstante los grandes aportes, el multiculturalismo puede implicar algunos peligros. Uno de ellos es lo que Nancy Fraser, feminista norteamericana llama pluralista, que considera la diferencia como algo meramente cultural sin interrogarla con relación a la desigualdad, es decir no se relacionan las diferencias con los sistemas de dominación y subordinación de clase, sexo, raza sexualidad en ese sentido tiene a “balcanizar” la cultura, provocando una separación entre grupos al mismo tiempo que no concibe su interacción, por tanto hay una comprensión unilateral de la diferencia. (Fraser,1997) Este multiculturalismo pluralista que define Fraser, generalmente no reconoce que esta necesidad de reactivar las diferencias ha sido un producto mismo del capitalismo neoliberal en tanto devora el Otro (sic) (hooks, 1996) cuando lo hace 15
  • 16. mercancía potable, tolerante, pues hay una tolerancia a lo diferente siempre y cuando esto no modifique el statu quo. Tenemos que tener claro que en la reinvindicación de la diferencia no se actúa sobre las bases reales de los sistemas de dominación que producen esas diferencias, como bien lo señala Yuderkys Espinosa: “lo mismo ocurre con la forma de pensar el problema cultural de la misoginia, el androcentrismo, el eurocentrismo, la heterosexualidad obligatoria, la violencia, el racismo, la xenofobia, entre otros. Lo primero que se hace es fraccionar la mirada a cada uno de estos problemas de manera que se ven desarticulados; lo segundo y como derivado de la acción anterior, se pasa al desarrollo de estrategias fragmentadas de solución, que en realidad no van a mirar a la causa, sino las consecuencias observables. Así se verá que hay una cantidad de grupos excluidos en la sociedad que antes de acudir a un análisis acerca del porque esto ocurre y buscar respuestas adecuadas, se definirán acciones de políticas para contrarrestar, minimizar y superar esa falta de “integración” (Espinosa, 2003). La sexualidad: Cuestionando heteronormatividad Las lesbianas feministas han sido otro de los sectores que también cuestionaron la universalidad del género y sus limitaciones para explicar los sistemas de opresión en los que nos encontramos las mujeres, como es el caso de la heterosexualidad obligatoria. Judith Buttler, filosofa lesbiana feminista desde una visión postmodernista es en los últimos tiempos la más famosa teórica del tema y una de las más admirada para el movimiento Queer. En su trabajo El Género en Disputa expone las limitaciones de la categoría y perspectiva del género. Para ella género es un performance, una representación, que se fabrica a través de actos repetidos, 16
  • 17. una especie de trasvestismo, una parodia. Tener un género significa haber establecido ya una relación heterosexual de subordinación. Buttler intenta mostrar que lo que consideramos una esencia interna del género se fabrica mediante un conjunto sostenido de actos de estilización del cuerpo basada en el género” (Butler. 2000:16). A pesar de los elementos que aporta Bultler en su obra hemos expuesto en un trabajo anterior (Curiel, 2003) que el problema de la teoría de la performatividad y en muchos casos en donde se basa la política Queer es que si bien puede transgredir elementos simbólicos del género (cuerpos, atuendos, apariencias, gestualidades. lenguajes) no toma en cuenta la clase social, ni la raza, ni contextos geopolíticos. Al contrario, hay incluso un retorno al género (masculino o femenino) que los y las Queer con el propósito de “jugar” con los géneros no los desconstruye, sino que los reproduce. Sheila Jeffreys en su maravilloso texto La Herejía Lesbiana critica severamente la propuesta de Butler por varias razones: a) el concepto de género de Butler se encuentra alejado de todo contexto respecto a la relación de poder. b) considerar el trasvestismo como un acto revolucionario implica entender el género como una manera de sostener el cuerpo, lo cual no toca otras maneras de subordinación de las mujeres: “No hay razón por la que los varones tengan que ceder todas las ventajas económicas sexuales y emocionales que les brinda el sistema de supremacía masculina, solo por descubrir que pueden llevar faldas (Jeffreys: 1996:156). c) La postura de Butler de asumir toda identidad como una esencia implica una incertidumbre total para las lesbianas, en el sentido que hace perder una identidad política conciente para diferenciarse de los varones gays en la mayoría de los casos misóginos y machistas. d) las ideas de Butler son liberales e invididualistas (Jeffreys, 1996). Otro de los aportes teóricos desde el lesbianismo feminista fueron los de Monique Wittig. La frase que ha hecho famosa a esta francesa fue: “las 17
  • 18. lesbianas no son mujeres” que cuestiona profundamante el trasfondo de la de la categoría género. Dijo Wittig esta frase revolucionaria, porque ser mujer en esta sociedad patriarcal se define en torno a los hombres, como categorías de sexo e implica una dependencia económica, emocional y social de ellos. Las lesbianas salen de esta lógica, por tanto para ella no son mujeres. En palabras de Wittig: “El lesbianismo ofrece, de momento, la única forma social en la cual podemos vivir libremente. Lesbiana es el único concepto que conozco que está mas allá de las categorías de sexo (mujer y hombre), pues el sujeto designado (lesbiana) no es una mujer, ni económicamente, ni políticamente, ni ideológicamente. Pues lo que hace una mujer es una relación social específica con un hombre, una relación que hemos llamado servidumbre, una relación que implica una obligación personal y física y también económica ('residencia forzosa', trabajos domésticos, deberes conyugales, producción ilimitada de hijos, etc.), una relación a la cual las lesbianas escapan cuando rechazan volverse o seguir siendo heterosexuales. Somos prófugas de nuestra clase, de la misma manera en que los esclavos americanos fugitivos lo eran cuando se escapaban de la esclavitud y se liberaban. Para nosotras esta es una necesidad absoluta; nuestra supervivencia exige que contribuyamos con toda nuestra fuerza para destruir la clase de las mujeres en la cual los hombres se apropian de las mujeres. Esto puede ser alcanzado sólo por la destrucción de la heterosexualidad como un sistema social basado en la opresión de las mujeres por los hombres y que produce la doctrina de la diferencia entre los sexos para justificar esta opresión.” (Wittig:1980). Esta posición de Monique Wittig si bien esperanzadora para muchas de nosotras, en el sentido que nos hace salir de las lógicas masculinas y negarnos a las asignaciones de la feminidad y del ser mujer, fue criticada por muchas feministas en el sentido que si bien las lesbianas salen de esa dependencia cotidiana con los hombres, en el ámbito colectivo aún sufrimos las discriminaciones desde la construcción de mujeres que se asume que somos. 18
  • 19. No obstante, esta frase de Wittig, simboliza todo un movimiento de lesbianas políticas que cuestionamos la heterosexualidad como un sistema que explota, excluye y discrimina a las mujeres, que no aceptamos la definición de la feminidad y la masculinidad y que asume el lesbianismo no como una cuestión ni de preferencia ni orientación sexual, ni tampoco una identidad como bien puede entenderse desde el género, sino como una pocisión política. Como lesbianas políticas pensamos que es necesario la solidaridad política entre todas las mujeres sean lesbianas o no, asumiendo ese continum lesbiano propuesto por Adrienne Rich cuando dice: “es fundamental que entendamos el feminismo lesbiano en su sentido más profundo y radical como es el amor por nosotras mismas y por otras mujeres, como un compromiso con la libertad de todas” ( Rich, ) Ubicando la experiencia de las mujeres en contextos postcoloniales: Las poscolonialistas cuestionan una visión feminista centralizada en la relación centro-periferia, ubicando a las mujeres del Tercer Mundo siempre en la periferia y al margen. Ubican la experiencia de las mujeres reaccionándolas con el colonialismo, el imperialismo, el heterosexismo y el racismo analizando las políticas neoliberales, de control poblacional, las políticas migratorias, la represión, la división internacional del trabajo en las sociedades contemporáneas. La mayoría de las postcolonialistas son migrantes del sur insertas en la academia de países del norte. .Chandra Mohanty, Jackie Alexander, Gloria Anzaldúa, Cherry Morraga, Gayatri Spivak han propuesto marcos de análisis que consideran las políticas globales y su relación con las mujeres. Chandra Mohanty, nacida en la india residente en Estados Unidos, en su famoso articulo De vuelta a los Ojos de Occidente propone la necesidad de un feminismo transnacional anticapitalista a partir de las experiencias de las 19
  • 20. mujeres considerando criterios raciales, de clase, situación migratoria, etc, a lo cual que denomina política de ubicación. Plantea la necesidad de conocer, estudiar y comprender las experiencias y epistemologías marginalizadas y desde allí poder explicar las características de la sociedad capitalista contemporánea. (Mohanty : 19) Para Mohanty necesitamos continuamente una relación entre lo micropolítico con lo macropolítico, entre lo local y lo global, lo que permitiría entender los efectos reales de la sociedad capitalista de hoy y sus efectos sobre las mujeres. Así se lograría un feminismo transnacional, coaliciones y solidaridades entre mujeres más allá de las fronteras, la cual ve una necesidad urgente ante la brulatidad del capitalismo global. Para Jackie Alexander feminista de Bahamas, migrante de Estados Unidos en un trabajo compartido con Mohanty propone que es necesario profundizar cómo afectan las regulaciones del Estado y los gobiernos en la sexualidad de las mujeres, comprender las jerarquías de dominio socioeconómicas, ideológicas, culturales y psiquicas (clase, género, la raza, la sexualidad, la nación) sus interlocuciones y efectos en las personas oprimidas vía una practica política organizada y colectiva de transformación, y hacer una teorización del sujeto “mujeres” no desde la victimización o dependencia, sino como agentes de sus propias vidas. (Mohanty, Alexander, 2004) Todas estas propuestas, la de las afrodescendientes, las de las multiculturalistas, las de las lesbianas feministas, las postcolonialistas, las materialistas, nos ofrecen visiones feministas más amplias que solo pararse desde el género como perspectiva política. Creo que se hace urgente retomar sus aportes para poder comprender las realidades complejas, múltiples y variadas que atañe a la vida de las mujeres a las que le atraviesan diversas situaciones y experiencias para poder lograr solidaridades políticas entre nosotras y lograr que desaparezcan todos los sistemas de opresión que nos 20
  • 21. afectan. Esta perspectiva de análisis articulada se logra siempre y cuando nos paremos desde el feminismo como teoría política, como propuesta filosófica, como propuesta de transformación del mundo, como movimiento social y político. No debemos dejar que el género, una categoría analítica con tantas limitaciones, sea sinónimo del hacer y pensar feminista y de todo lo que tiene que ver con las mujeres. Creo que nosotras tenemos una responsabilidad histórica de transformar de fondo este mundo que en tantas épocas ha sido tan cruel y nefasto para las mujeres. El feminismo, a pesar de la resistencia de tantos y tantas sigue siendo una de las propuestas más transformadoras de la vida humana, no dejemos transformar nuestros discursos y prácticas políticas por las propuestas más potables para el sistema patriarcal. BIBLIOGRAFIA: Butter, Judith (2001): El género en disputa; Programa Universitario de Estudios de Género. UNAM. México. Carneiro, Sueli. Ennegrecer al feminismo. 2005. En Feminismos disidentes de América Latina y El Caribe. Nouvelles Questions Feministas. Vol. 24. No. 2. Espinosa Miñoso, Yuderkys. 2003. La Política Educativa perforada por la política de identidad en la era pos-identitaria. Cuando al fin nos acomodamos en el barco ya tenemos que bajarnos. Identidades. Vol.1. Número 1. Agosto, 2001. Buenos Aires. Argentina. Falquet, Jules .2004. Breve Reseñas Algunas Teorías Lésbicas. Fem-e-libros. México. D.F Fraser, Nancy. 1997. Iustitia Interupta. Reflexiones críticas de la posición post socialista. Siglo del Hombre Editores. Universidad de los Andes. Hawkesworth, Mary. 1999. Confundir el género, en Debate Feminista. Año 10, volumen 20. Octubre. México. D.F. Hernández Castillo, Aida. 2001. Entre el etnocentrismo feminista y el esencialismo étnico. Las mujeres indígenas y sus demandas de género. Debate Feminista. Año 12. Vol.24.Octubre. México. D.F 21
  • 22. Hill Collins, Patricia. 1998. “La política del pensamiento feminista negro”. En ¿Qué son los estudios de mujeres?. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica. Hooks, Bell. 1996. Devorar al Otro: deseo y resistencia; México. Debate Feminista. Año 7. Vol.13 Hooks, bell. 2004. Mujeres Negras. Dar forma a la teoría feminista. In Otras Inapropiables. Feminismos desde la Frontera. Eskalera La Karakola. Traficantes de Sueños. Madrid, España. Fríase Geneviere. 2002. Le genre. Vocabulaire European des Philosophies. Editions du Seuil. Paris Rubin, Gayle quot;The Traffic in Women. Notes on the 'Political Economy' of Sexquot; Curiel, Ochy y Jules Falquet (comps). 2005. El Patriarcado al Desnudo. Tres Feministas materialistas. Collete Guillaumin, Paola Taber y Nicole Claude Matheu. Brecha Lésbica. Buenos Aires Lauretis Teresa. 2000. Diferencias. Etapas de un camino a través del feminismo. Cuadernos Inacabados. Cuadernos Inacabados. No. 35. Editorial Horas y Horas. Madrid. Lorde Audre. 2005. Mi hermana, La extranjera. Editorial Horas y Horas. Madrid Mohanty, Chandra Talpade. De vuelta a” Bajos los Ojos de Occidente” Ander Weastern Eyes Revised. Feminist Solidarity Through Anticapitalist Struggle in Feminism Withouth Borders Mouffe, Chantal. 1996. Por una política cultural nómada. Debate Feminista, Año 7.Vol 14. Octubre Octubre. México. D.F. Curiel, Ochy. 2005.Identidades Esencialistas o Construcción de Identidades Políticas. El dilema de las Feministas Negras. En: Mujeres Desencadenantes. Los Estudios de Género en la República Dominicana al inicio del tercer Milenio. INTEC. Rich, Adrienne 1998. “ La heterosexualidad obligatoria y la existencia lesbiana” En ¿Qué son los estudios de mujeres?. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, Wittig, Monique. 2001. La pensée straight. Paris : Balland. 157 pp. (El libro recoge, entre otros, los dos artículos mencionados : « Straight mind », Feminist Issue, n°1, 1980; primera publicación en francés en 1980 bajo el título : “La pensée straight”. Questions Féministes n°7, 1980, Du mouvement de libération des femmes, Tierce, y « On ne naît pas femme », Questions Féministes n°8, 1980. 22

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