Por la revalorización del gasto públicoAlbert Calderó(publicado en www.goblonet.es el 21 de junio de 2012)Ante la crisis, ...
Cuando se hacen recortes salariales indiscriminados a los buenos y a los malosfuncionarios al mismo tiempo se ahorra algo ...
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Por la revalorización del gasto público

Ante la crisis hay que mejorar la calidad y productividad del gasto público: que las instituciones públicas sean capaces de hacer más con menos; que el gasto público sea más generador de valor y menos consuntivo: que se revalorice el gasto público.
Published on: Mar 4, 2016
Source: www.slideshare.net


Transcripts - Por la revalorización del gasto público

  • 1. Por la revalorización del gasto públicoAlbert Calderó(publicado en www.goblonet.es el 21 de junio de 2012)Ante la crisis, parece haber acuerdo tanto de los expertos como de las distintasopciones políticas en que la deuda pública no debe superar cierto tamaño, y en que eldéficit público estructural debe desaparecer.Luego empiezan los desacuerdos. Desde posiciones liberales se defiende sobre todola reducción del gasto público, y de los impuestos, y desde posicionessocialdemócratas y keynesianas se tiende a preferir el incremento del gasto público, yde los impuestos.Pero en nuestro caso creo que la mejor solución no es la primera ni la segunda, sinootra mucho más elemental y radical: la mejora de la calidad del gasto público, lamejora de la productividad del gasto público: que por los mismos impuestos lasinstituciones públicas sean capaces de mayores y mejores servicios públicos, dehacer más con menos; que el gasto público sea más generador de valor y menosconsuntivo: que se revalorice el gasto público.Cuando se gasta dinero público en un aeropuerto que nunca tendrá aviones o en unaautopista o un tren que usa y usará muy poca gente, es como si echáramos enormescantidades de dinero público por la alcantarilla.Cuando se gasta dinero público en pagar salarios a algunos funcionarios que no dangolpe y encima molestan, sin que nadie tome medidas al respecto, es como quemartodos los meses, durante años y años, el dinero público en la plaza pública. Y tambiénse quema dinero público en la plaza pública por la pérdida de motivación yproductividad de los buenos funcionarios que se desmoralizan ante la impunidad delos gandules.Cuando se habla de modernización pero solo se gasta dinero, mucho dinero, encomprar carísimos equipamientos informáticos para no se sabe qué, pero al mismotiempo se mantienen sistemas organizativos estamentales y corporativos de hacedoscientos años con el resultado final de una falta de productividad patética, seconsigue gastar ingentes sumas de dinero, tanto en la inversión como en elfuncionamiento, con muy poco provecho social.
  • 2. Cuando se hacen recortes salariales indiscriminados a los buenos y a los malosfuncionarios al mismo tiempo se ahorra algo de dinero, pero se pierde mucho másvalor público: Se envía a todo el funcionariado el mensaje de que no importa cómo lohagas, eres una nulidad tanto si lo haces bien como si lo haces mal. Hay algúnahorro, pero el saldo final en valor público es negativo.Cuando se ahorra dinero en atenciones sociales de pura humanidad pero se siguegastando dinero en fuegos artificiales y en conciertos musicales gratis total, no sé si laresultante final es de ahorro o gasto, pero sí sé que la resultante final en términos devalores públicos es para echarse a llorar.Durante muchos años hemos vivido un incremento espectacular del gasto público,pero esto también ha permitido dejar para el futuro las necesarias reformas, losinevitables cambios organizativos y las imprescindibles mejoras de eficacia delsistema público. Y también ha permitido en general gastar en todo y sobre todo en lomás fácil.Pero la política más fácil de gastar en lo más fácil y ahora recortar en lo más fácil tienegrandes riesgos ahora. Cuando había dinero para todo se podía tolerar el dispendio.Ahora que hay muy poco dinero, que se recorte en lo necesario, que se sigamalgastando en lo trivial y que nadie de la clase política se atreva ni siquiera aplantearse la mejora de la eficacia de las instituciones públicas, es una auténticabomba de relojería en el corazón de la convivencia social.La consecuencia inevitable es el descrédito de la clase política, que esperemos queno acabe convirtiéndose en descrédito del sistema político. El espectáculo público dela insistencia en la torpeza de las decisiones de gasto en plena crisis, la incapacidadde reacción y de regeneración institucional ante el dramatismo del paro, de losdesahucios y de la pobreza creciente nos trajeron el 15M, que no fue mucho más alláde la catarsis emotiva. La siguiente explosión social puede ser más grave.

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