CRÍTICA A LA DEFINICIÓN PERFECCIONISTA DE DIGNIDAD HUMANA EN DERECHO CONSTITUCIONAL COLOMBIANO ...
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Manetti, Pico dellaMirandolao Pascal lo que acercó la dignidad humana a lacondición humana, asimilándolas y haciendo de aq...
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La segunda crítica jurídica que se puede dirigir a este sector de la doctrinanacional proviene del hecho de partir de una ...
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Finalmente, puesto que no se conoce jurisprudencia que ilustre el tema de lalibertad de cátedra, de expresión y de pensami...
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Crítica a la definición perfeccionista de dignidad humana

Ponencia públicamente presentada en agosto de 2011 durante las Jornadas de Derecho Constitucional organizadas por la Universidad Externado de Colombia en Bogotá D.C.
Published on: Mar 4, 2016
Source: www.slideshare.net


Transcripts - Crítica a la definición perfeccionista de dignidad humana

  • 1. CRÍTICA A LA DEFINICIÓN PERFECCIONISTA DE DIGNIDAD HUMANA EN DERECHO CONSTITUCIONAL COLOMBIANO Bernardo Carvajal Sánchez Libertad de conciencia y libertades religiosas en el Estado laico. Tales son losejes transversales de la manifestación científica que nos ha reunido. El título de lapresente ponencia, “Crítica a la definición perfeccionista de dignidad humana enderecho constitucional colombiano”, no incluye ciertamente referencias directas a losejes sobre los cuales gira este congreso. Sin embargo, se intentará analizarcríticamente la producción doctrinal de algunos autores que defienden unaconcepción perfeccionista de la dignidad humana en tanto que noción jurídica, la cualse fundaría esencialmente en sus convicciones religiosas, aunadas al ejerciciode laslibertades de pensamiento, de expresión y de cátedra. Este análisis puede conducir a la formulación de algunos reproches a unaversión distorsionada o falseada de un principio de dignidad humana que impediría laaplicación del juicio de proporcionalidad a este derecho fundamental,tanto en sudimensión objetiva como subjetiva,especialmente en situaciones donde deberíaprevalecer el respeto, en concreto y en contexto, de ciertos sujetos determinados, asícomo el libre desarrollo de la personalidad, la igualdad como no discriminación oincluso la libre orientación espiritual. Aún más, también podría criticarse una definición de la dignidad humana cuyocarácter perfeccionista sea tributario de una única corriente religiosa a la luzde losprincipiosmismosde Estado laico y de pluralismo en Colombia.En particular, seintentará mostrar por qué se puede rechazar esta forma de explicar, enseñar yaplicar el derecho de los derechos fundamentales queprobablemente conduce a ladefensa de posturas extremas que podríamos considerar absolutistas, deterministas,injustas y contrarias al orden constitucional fijado desde 1991.
  • 2. Ahora bien, debe igualmente precisarse,en un primer momento, que elpresente ejercicio académico no pretende ignorar, negar o esconder la importante ydecisiva influencia de la doctrina de la Iglesia católica, del cristianismo y, en general,de la cultura judeocristiana y greco-latina en la formación del concepto de dignidadhumana. Al contrario, es capital resaltar aquí que si bien la distinción entre “dignidad” y“precio” es de origen estoico y que el estoicismo propuso a su modo (sin suprimir laesclavitud) una ética cosmopolita, el concepto de dignidad humana que EmanuelKant intentó “laicizar” o fundamentar sin acudir a razones religiosasy que muchosotros autores de los siglos XX y XXI(Levinas, Mounier, Marcel, Ricoeur, Honneth,Tugendhat, Raz, Dworkin, Diamond, Taylor, Margalit, entre otros) estudian enfilosofía moral como expresión de una moral social o de una ética pública desligadadel criterio religioso, proviene como expresión lingüística de la dignitas hominis queopusieron por vez primera a la idea de condición humana los Padres de la Iglesiahacia el siglo IV. Más adelante, esta expresión fueenriquecida por los aportes de loshumanistas cristianos del Renacimiento, así como por la institución jurídica de lahumanitas, cuya importancia fue mayor a medida que el Imperio romano secristianizaba. Recordemos, por ejemplo, que durante la edad media tuvo lugar un cambiosemántico decisivo para el concepto contemporáneo de dignidad humana, pues sesuperó la definición abstracta, perfeccionista, escatológica del ser humano basada enel soplo divino, en la creación a imagen y semejanza de Dios (teoría del Imago Dei),según la cual lo material, lo carnal, el cuerpo del hombre (para no hablar del de lamujer) era indigno, sucio, pecaminoso, de modo tal que la dignidad humana no eraun punto de partida del ser de carne y hueso, sino una aspiración para el más allá, ala cual debía llegar perfeccionándose mediante una vida inspirada en el camino de lasantidad. Posteriormente, fue el humanismo cristiano de autores como Fazio, 2
  • 3. Manetti, Pico dellaMirandolao Pascal lo que acercó la dignidad humana a lacondición humana, asimilándolas y haciendo de aquella un punto de partida de todoslos miembros del género humano, la cual debía ser entonces reconocida y ya noobtenida, merecida o alcanzada. Justamente, el mérito del ser humano para el reconocimiento de supreeminencia sobre las demás cosas del mundo material era el hecho de ser libre, deejercer el libre arbitrio en virtud del cual podía sublimarse y engrandecerse,otambién, envilecerse y degradarse, sin perder sin embargo tan fundamentalreconocimiento mientras siga haciendo parte de la comunidad humana;es decir,mientras siga siendo humano.Así pues, luego del Renacimiento, podría pensarse quela cultura occidental de estirpe europea continental retomaba una concepción de ladignidad humana donde la persona humana no era considerada ni ángel, ni bestia(creatura media), ni rex, ni res.Ni rey que ostenta dos cuerpos como diría Kantorowitzy cuya majestad le impone unos deberes consigo mismo(idea de la dignidad decoroo de la dignidad del cargo o función que no se confunde con la común dignidad delos seres humanos).Ni cosa que puede ser vendida o comprada al mejor postor ymucho menossometida, maltratada o desechada. Luego del Renacimiento, la dignidad humana no impone al sujeto un plan oestilo de vida fijo y predeterminado por designio divino; al contrario, se le da elprivilegio de ser lo que quiera ser, de ser el creador de sí mismo, el artesano de supropio destino. No obstante lo anterior, cuando se investiga en la doctrina jurídica colombianasobre la noción de dignidad humana sorprende encontrar al día de hoy que dos (1.La persona y sus derechos. Consideraciones bioético-juridicas. 2. De la dignidad y delos derechos humanos) de los apenas tres libros hasta ahora publicados ydestinados específicamente a ese tema sostienen una visión perfeccionista –religiosade dicho principio que no dista mucho de la posición inicialmente surgida en 3
  • 4. la alta edad media y que, por lo tanto, desde un punto de vista interno, puede recibiruna primera crítica no jurídica: pareciera tratarse de una concepción retrógrada en elseno mismo del cristianismo y que coincide además con los dogmas de la Prelaturade la Iglesia Católica conocida comúnmente como el “Opus Dei”. El perfeccionismoallí sostenido hace de la dignidad humana un sinónimo de la “excelencia del serhumano” que lo obliga a pasar de una dignidad actual, ontológica, a una dignidadpotencial, deontológica entendida como “perfección segunda”. En palabras del autorde los libros señalados, “la persona humana está llamada a ser más perfecta”, “laplenitud de su ser radica en poder ser mejor y en querer serlo” y “la dignidad, endefinitiva, se funda en la perfectio del ser humano”, en su libertad entendidaúnicamente como capacidad de perfeccionamiento (cf. I-M. Hoyos, De la dignidad yde los derechos humanos, p. 171). Dato anecdótico, el mismo autor, en condición de profesor universitario,haigualmente publicado otros artículossobre el mismo tema (« De la dignidad humanacomo excelencia del ser personal: el aporte de Javier Hervada », in Persona yDerecho) yúltimamente ha emitido conceptos en calidad de Procurador delegadopara la defensa de los derechos de la infancia, la adolescencia y la familia. Si se aborda el tema en un segundo momento, ahora desde un punto de vistaexterno que corresponde al análisis propiamente jurídico de lo que esta corrientedoctrinal denomina dignidad humana en derecho colombiano, otras críticas surgen.La primera tiene que ver con el impacto que una definición perfeccionista de origenreligioso tiene en la percepción que los distintos operadores del derecho se hacendel principio de dignidad humana. Si, de entrada, este principio suele estar rodeadode un aura de misterio, de un olor a metafísica, de sospechas de moralismo por partedel positivismo normativista (sobre todo en sistemas donde no hay un enunciadonormativo que formalmente se refiera a la dignidad humana como principio o comoderecho fundamental), es claro que la lectura de los textos que son objeto de estacrítica vendría a reforzar tales temores, poniendo en duda su estatus normativo. 4
  • 5. La segunda crítica jurídica que se puede dirigir a este sector de la doctrinanacional proviene del hecho de partir de una toma de posición inicial que presuponecuáles son las creencias que debe tener todo ser humano para luego fundar sobreellas un deber ser normativo que roza inevitablemente con el determinismo. A pesarde que este sector de la doctrina formule algunas críticas pertinentes a la concepcióntotalmente subjetivista que afirma la existencia del respeto de la dignidad humanacomo un derecho fundamental subjetivo distinto a los demás pero que al mismotiempo lo termina por asimilar plenamente al libre desarrollo de la personalidad con elfin de volverlo un concepto totalmente relativo y vacío, su pretendido objetivismo essólo apariencia, pues busca imponer las convicciones de un sector de la sociedadsobre una ontología de la persona de la cual se desprende tanto la dimensión jurídicade la dignidad humana como la noción misma de persona en el derecho. Sobre este último aspecto,el punto de partida es la idea de una noción naturalde persona que se confunde plenamente con la existencia humana o másexactamente con la vida humana desde el momento de la concepción. En palabrasdel autor, “si la dignidad corresponde a todo ser humano y se dice en sentidoabsoluto, éste comprende su significación jurídica, que se traduce en el hecho deque todo hombre sea titular de derechos y deberes o, si se prefiere, de que todo serhumano tenga dimensión jurídica”. Lo anterior permite al autor afirmar que personaes todo ser humano, el cualtiene una dimensión jurídica natural (cf. ibid., p. 202). Para este sector de la doctrina, la personalidad jurídica es expresión de ladignidad humana entendida como fuente de deberes a cargo del sujeto, quien deberáobrar de una manera natural queconsiste en emplear el cuerpo humano paraalcanzar un nivel trascendente que supone tener la disposición para adquirir conesfuerzo la virtud (cf. ibid., p. 211). En general, se piensa que “los derechos humanosse tienen no sólo por ser persona sino también para ser mejor persona”, que ellosrepresentan un “bien que se adecúa y se ajusta al ser de la persona y de la sociedad, 5
  • 6. un bien que le es necesario para vivir y actuar conforme a su dignidad”, puesto queellos le permiten “actuar conforme al mismo ser” y “acrecentar el propio ser”. En síntesis, para este sector de la doctrina nacional, la persona debe hacerseel bien, obligándose a respetarse a sí misma siempre y en todo lugar (cf. ibid., p.229). Esta visión perfeccionista del hombre y su dignidad parece incompatible yprácticamente inconciliable con principios garantizados por nuestra Constitución de1991, como el libre desarrollo de la personalidad, el carácter laico del Estado en sumodalidad de derecho laico, independiente del derecho divino, el pluralismo, laseguridad jurídica, la libertad de credo de aquellos que no profesen la misma fe delos autores de esta doctrina e incluso, podría resultar contrario a un concepto laico dedignidad humana cuando ese esfuerzo por alcanzar o conservar la virtud se torne ensacrificio o mejor, suplicio, ante situaciones extremas donde, por ejemplo, se leprohíba de manera absoluta al individuo interrumpir el embarazo, morir dignamente ohacer valer su consentimiento informado en la relación médico – paciente; así comoen otras donde se restringe en grado mayor la posibilidad de optar por un estilo devida, como en el caso de la prohibición absoluta del consumo de estupefacientes atítulo de dosis personal, o de las restricciones, discriminaciones y estigmatizacionesque se desprenden de la escogencia y ejercicio de la orientación sexual. Ciertamente, obligar a la mujer embarazada a continuar un embarazo y dar aluz cuando está en grave riesgo su salud o la del feto, o cuando fue víctima deacceso carnal violento o inseminación no consentida, es además de disponer de lamente y del cuerpo de la mujer, de imponerle un plan de vida, no sólo unainstrumentalización de la persona, sino también una falta de consideración o de tratohumano hacia alguien que está en una situación de vulnerabilidad.Obligar igualmenteal paciente terminal que está sufriendo una penosa, incómoda y dolorosaenfermedad, a permanecer físicamente en vida cuando los paliativos no sonsuficientes y no hay cura médica, es lo más parecido a una tortura por omisión oincluso por acción en casos de encarnizamiento en terapias infructuosas. Así mismo, 6
  • 7. pasar por encima de la decisión madura de un paciente que rechaza unprocedimiento o tratamiento médico para evitar sufrimientos o para salvaguardar suconvicción religiosa (como en las trasfusiones de sangre de los testigos de Jehová)equivale nuevamente a disponer de los demás, a decidir por ellos cuando sonplenamente capaces y a infligirles una aflicción moral adicional. La tercera crítica que desde el derecho laico puede dirigirse contra ladefinición perfeccionista de dignidad humana tiene que ver con su pretendidocarácter de norma absoluta que, a la vez, sería fuente de otras normas tambiénabsolutas como en el caso del derecho a la vida. Varias páginas (173 a 178)hadedicadoeste sector de la doctrina a la demostración teológica del carácterabsoluto de la dignidad humana y de la vida humana en tanto que res sacra. Uniendoeste aspecto a los anteriores, se desprenderían varias consecuencias en elordenamiento jurídico colombiano: por un lado, la personalidad jurídica sereconocería desde la concepción; por otro lado, los seres humanos nunca podríanhacerse daño o dejarse hacer daño por otro; de la misma manera que la protecciónde la vida humana sería total en cualquier circunstancia, excluyéndose entonces,para citar ejemplos del bio-derecho actual, la posibilidad jurídica de manipular célulasmadres embrionarias, de hacerlas circular, o de tener, usar e incluso desecharembriones supernumerarios en el caso de la procreación médicamente asistida.Otraconsecuencia es que toda relación del hombre con su cuerpo sólo debe conducir amejorarse o perfeccionarsey otra más es que el ser humano se definiría como unsujeto destinado a la vida familiar, entendiendo por familia únicamente la familiaheterosexual. Asumiendo el riesgo de exceso en la crítica a este amalgama religioso yjurídico, podría pensarse que la definición perfeccionista de dignidad humana no sealeja mucho de las definiciones totalitarias de la dignidad de un determinado pueblo ode los miembros de cierto Estado, como ocurría con los modelos soviéticos donde ladignidad de la persona humana se predicaba en realidad de quienes participaban del 7
  • 8. proyecto revolucionario de la humanidad, de manera que los traidores al proyectopodían ser sacrificados. El proyecto revolucionario, manipulado por el Estado, valía ypesaba más que la persona.Mutatis mutandis, si el hombre sólo es digno en tantoque imagen de Dios, ese hombre no puede significar nada por sí mismo, sino porparticipar de una esencia divina. La dignidad humana se reconocería por extensión oaproximación a la dignidad de Dios, única entidad que tendría dignidad en sí o por sísola. En realidad, la idea de común humanidad que subyace a la de dignidadhumana, no está subordinada a la adhesión de todos los ciudadanos a unadeterminada creencia, sino que depende únicamente del simple hecho de serhumano, bajo un esquema de reconocimiento interpersonal, sin necesidad detriangular por Dios. Pasando a otro aspecto, en cuanto a la jurisprudencia de nuestra CorteConstitucional, constatamos que por fuera del caso aislado que constituye lasentencia C-013 de 1997 (la segunda de las cuatro que tratan principalmente el temadel aborto), cuyo considerando cuarto trascribe y comenta extractos de dosencíclicas papales, no se ha intentado reforzar la autoridad de los jueces acudiendoa las instrucciones del Vaticano.Bastaría con recordar que en sus fallos sobre dosispersonal (C-221 de 1994), eutanasia (C-239 de 1997), y exclusión de pena enalgunos casos de aborto (la tercera de las cuatro, C-647 de 2001), la Cortedesestima todo argumento perfeccionista de naturaleza religiosa. De hecho, la Corte ya había dicho en 1997 (sentencia C-309), con ocasión delanálisis de constitucionalidad de la obligatoriedad del porte de cinturón de seguridad,que las medidas de protección coactiva de los intereses de la propia persona no seconfundían con el perfeccionismo o moralismo jurídico, toda vez que “en Colombia,las políticas perfeccionistas se encuentran excluidas, ya que no es admisible que enun Estado que reconoce la autonomía de la persona y el pluralismo en todos loscampos, las autoridades impongan, con la amenaza de sanciones penales, undeterminado modelo de virtud o de excelencia humana. En efecto, esas políticas 8
  • 9. implican que el Estado sólo admite una determinada concepción de realizaciónpersonal, lo cual es incompatible con el pluralismo. Además, en virtud de talesmedidas, las autoridades sancionan a un individuo que no ha afectado derechos deterceros, únicamente porque no acepta los ideales coactivamente establecidos por elEstado, con lo cual se vulnera la autonomía, que etimológicamente significaprecisamente la capacidad de la persona de darse sus propias normas”. De igual manera, en la sentencia T-881 de 2002, referencia obligada enmateria de dignidad humana a nivel nacional, se cierra la puerta al perfeccionismo,principalmente en sus considerandos 20 y 29. La Corte precisa que la dimensiónaxiológica de la dignidad humana no se confunde con su dimensión jurídica-normativa y que el principio de dignidad humana debe estudiarse con un enfoquefuncionalista y no esencialista o naturalista. Ello obedece a tres razones que se citana continuación: “primero, porque permite racionalizar el manejo normativo de ladignidad humana; segundo, porque lo presenta más armónico con el contenidoaxiológico de la Constitución de 1991; y tercero, porque abre la posibilidad deconcretar con mayor claridad los mandatos de la Constitución”. De esta forma, “losámbitos de protección de la dignidad humana, deberán apreciarse no comocontenidos abstractos de un referente natural, sino como contenidos concretos, enrelación con las circunstancias en las cuales el ser humano se desarrollaordinariamente”. Lo anterior permite afirmar el carácter operatorio de esta verdadera normajurídica que se determina en función de lo que resulta razonable en concreto.Además, la coexistencia de principios y derechos dentro de la Constitucióncolombiana implica que ninguno de ellos tiene una preeminencia incondicionalpreestablecida. De lo contrario, no podrían tomarse medidas o decisionesproporcionadas cuando resulta necesario superar una tensión o colisión entre ellos ydar respuestas prácticas en el mundo real. 9
  • 10. Finalmente, puesto que no se conoce jurisprudencia que ilustre el tema de lalibertad de cátedra, de expresión y de pensamiento cuando hay doctrinas jurídicasque subordinan el derecho a la teología o al magisterio de la Iglesia (como dicen enla UPB de Medellín), se justifica la formulación de estas críticas. Los casos queoponen el ejercicio de libertades religiosas a la libertad de cátedra tienen que ver conlas convicciones religiosas del estudiante ante las exigencias del profesor o bien,cuando la institución educativa de carácter religioso limita el contenido de algunosprogramas o lecturas de clase.En últimas, lo interesante en el tema planteado es quela libertad de cátedra en materias jurídicas puede terminar siendo ejercida comosimple instrumentodel ejercicio en paralelo de la libertad religiosa del mismo docente. En todo caso, defendamosrespetuosamente un principio de dignidad de lapersona humana cada vez más humano y que permita además humanizar la formacomo se abordan jurídicamente las relaciones y situaciones de los sujetos másvulnerables; incluso aquellas moralmente más difíciles y dolorosas donde no se debesacrificar inclementemente individuos de carne y espíritu en nombre de absolutosvenidos del más allá y que, por lo tanto, no son fuente de derechos humanos ynadamás que humanos. 10

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