¿Por qué es importante planificar en salud?
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¿Por qué es importante planificar en salud?

Las enfermedades crónicas como la enfermedad cardiovascular, el cáncer, la diabetes y las enfermedades respiratorias crónicas son la causa de tres de cada cuatro muertes en las Américas, y su prevalencia se encuentra en aumento. En este contexto, es fundamental poder realizar esfuerzos coordinados para tratar de mejorar esta realidad. Los mismos pueden ser desde programas a nivel nacional como intervenciones a nivel local (por ejemplo, en un centro de atención primaria de la salud).
Published on: Mar 4, 2016
Published in: Education      
Source: www.slideshare.net


Transcripts - ¿Por qué es importante planificar en salud?

  • 1. ¿Por qué es importante planificar en salud? A continuación le presentamos un fragmento de la unidad “Empezando a armar un programa en salud” del curso virtual - Gestión en enfermedades crónicas: ¿Cómo planificar un programa en salud? Porque nos permite pensar. Pensar en lo que estamos haciendo y sus efectos. Plantearnos si es coherente “lo que se dice” con “lo que se hace”, para saber si estamos yendo o no en la dirección correcta, con acciones adecuadas a los objetivos acordados. Es útil para definir la prioridad de las acciones, grupos a intervenir, en función de los recursos. Nos da un sentido de responsabilidad contractual, en donde se especifica “qué vamos a hacer”, en “qué periodo de tiempo”, “qué resultados vamos a buscar” y finalmente, “cómo los vamos a hacer y evaluar”. Y si tuviésemos que explicarlo en una frase: porque una adecuada planificación es el primer paso para lograr que un proyecto o programa sea efectivo. Preguntas clave al empezar a planificar Si bien existen muchos modelos de planificación, la mayoría comparten conceptos comunes (como veremos más adelante en la sección “Fases comunes a todos los modelos”). La idea de esta unidad es englobar estos conceptos de una manera práctica. Una forma de comenzar es plantearse las metas y objetivos. Las siguientes preguntas que deberíamos hacernos son, ¿Cuál es el escenario (contexto) de aplicación, la población a intervenir, y las necesidades de la población?, ¿Cuáles pueden ser intervenciones posibles y cómo pueden realizarse? Y finalmente, ¿qué recursos son necesarios para que dichas intervenciones sean posibles? Otra pregunta fundamental es el periodo de tiempo en el cual deseamos llevar a cabo esto. Aquí lo consideramos como incluido en los objetivos, que deben contemplar el marco temporal en su construcción, como veremos más adelante. Si bien esta es la forma habitual (y recomendada) mediante la cual se comienza a definir un plan, no es indispensable empezar siempre por definir metas y objetivos. Lo que sí es fundamental, como vemos en el gráfico a continuación, es hacernos todas estas preguntas antes de tener definidas las líneas generales de un programa. Y es clave,
  • 2. siempre, darle vueltas (más de una en general) a estas preguntas hasta lograr una integración o balance entre ellas. Integración del proceso de planificación Algunas preguntas clave en una planificación O sea, podemos empezar por cualquiera de estas preguntas, pero siempre debemos tener en cuenta las demás para que no queden fuera de contexto (por ejemplo, cometeremos un error si pensamos en una intervención que abarque una gran población y después no tenemos los recursos humanos ni económicos para llevarlo a cabo. De hecho, en la práctica es común que uno parta de un presupuesto fijo y evalúe qué cosas podría llegar a lograr con esos recursos, definiendo en adelante el resto de las preguntas (objetivo, tiempo, población, escenario e intervenciones). Ahora bien, esto no nos exime de discutir cuál es el mejor destino que le podamos dar a este dinero, y planificar en consecuencia. O sea, no es aceptable empezar a hacer algo con ese dinero y que las acciones duren lo que dure el dinero.
  • 3. A continuación presentaremos un caso que ejemplifique este proceso y que muestre algunos problemas comunes que pueden surgir en esta etapa inicial de planificación. En el medio, les pediremos que hagan un ejercicio de auto- reflexión. Supongamos que estuvimos participando en un grupo encargado de la planificación de un programa en salud. Hasta ahora tenemos definida una meta y objetivos del programa, que son compatibles con los de nuestra institución y nuestro rol institucional. La meta es “colaborar con la mejora de la calidad de vida y la morbimortalidad de personas con diabetes mellitus en nuestra ciudad”. Para esto, nuestro objetivo teórico inicial es “mejorar el control de la glucemia y de otros factores de riesgo cardiovascular (hipertensión arterial, dislipidemia y tabaquismo) en un 30% luego de 1 año de intervención en nuestra población objetivo”. El ámbito de desempeño será el área programática (área de cobertura) del hospital provincial donde trabajamos. La población a intervenir, todos los adultos con diabetes mellitus tipo 1 ó 2 que tengan sólo cobertura de salud por el sistema público. Para ello, desarrollamos una propuesta multidimensional (como vimos que hace, por ejemplo, el Programa Nacional de Control del Tabaco), trabajando tanto en la atención clínica, como en la educación, etc. Hasta acá, todo parece de libro, muy prolijo, casi ideal, pero resulta que nos dicen que, por déficit creciente en el presupuesto de nuestra institución, sólo contaremos con un presupuesto de 10.000 pesos por mes para esto (aproximadamente 1000 dólares, para facilitar comparaciones en otros países). ¿Influye este dato en algo de lo que veníamos planeando? Tómense cinco minutos para tratar de representarse mentalmente la situación y anotar en un papel eventuales modificaciones que se les ocurran. Esas anotaciones les servirán para comparar luego lo que pensaron con una posible respuesta que damos a continuación. Sin entrar en detalles técnicos sobre si 30% es mucho, si un año es poco, etc., podemos usar un criterio general para decir: un programa para todas las personas con diabetes (enfermedad muy común) en toda el área de cobertura del hospital, y con diversas intervenciones
  • 4. (que requieren más de un profesional) parece, a priori, muy ambicioso para el presupuesto disponible. O sea, las respuestas a las preguntas clave de una planificación que vimos previamente no están balanceadas entre sí (algo no encaja bien). Las respuestas que hayan escrito pueden ser muy diversas. Lo importante es que las puedan justificar y que, luego de adaptarlas al nuevo escenario, ustedes puedan completar una nueva vuelta a las preguntas de la figura “Algunas preguntas clave en una planificación” y todo sea compatible y coherente. Por ejemplo, si no podemos costear más que dos personas como recurso humano y nuestra área programática es muy grande, y/o la población objetivo es muy numerosa, deberíamos reducir al menos algo, por lo menos inicialmente. Esto es, reducir el alcance del programa (ya sea en cuanto a las cantidad de gente a intervenir, la cantidad o complejidad de las acciones a realizar, etc.). Quizás luego de una primera prueba exitosa podríamos lograr un apoyo (por ejemplo financiero) para cumplir con lo planeado inicialmente. También probablemente deberíamos bajar un poco la exigencia de los objetivos, especialmente si las intervenciones que finalmente podemos ofrecer son más limitadas que las previstas inicialmente. Por ejemplo, mejorar un 30% los distintos factores de riesgo con una intervención aislada como charlas educativas, sin otro tipo de apoyo, puede ser demasiado ambicioso. Acá, nuevamente, deberemos tener presente el viejo dicho: “el que mucho abarca, poco aprieta”. Si debemos ver a muchas personas (más que las que podemos manejar), probablemente los resultados no sean tan importantes. Por otro lado, si nos proponemos hacer intervenciones intensivas múltiples, no podremos ver a muchas personas con los recursos actuales. Debemos, entonces, balancear los recursos disponibles con el alcance (qué objetivos quiero lograr, en cuánta gente y en qué área, y mediante qué intervenciones) para que sea algo factible y con posibilidades de éxito. Qué hacer, finalmente, va a depender del contexto institucional (si existe posibilidad de conseguir financiación de otra fuente, lograr apoyo de otros, obtener otros recursos que se puedan redireccionar para nuestro proyecto, etc.); del ámbito de desempeño (si en el área geográfica correspondiente al área programática del hospital hay recursos comunitarios que se puedan utilizar (ONGs, instituciones religiosas, escuelas, etc.) para tener recursos disponibles que no requieran financiación nuestra; decisiones sobre qué priorizar; etc.
  • 5. Este es una de los conceptos que consideramos más importantes. Luego de tener una idea inicial, debemos trabajar mucho en refinarla, en irla adaptando y puliendo en función de restricciones y condicionamientos que vayan surgiendo. El proceso es iterativo, dándole tantas vueltas según sea necesario (con la lógica del gráfico de las preguntas clave) hasta que tanto el objetivo (qué quiero lograr) como el alcance (cuán grande va a ser la población intervenida y cuán profundas serán las intervenciones), estén balanceados con respecto al escenario donde se desarrollará y los recursos disponibles. Esto es, que haya fundamentos para pensar que, con los recursos que tengo o puedo conseguir, voy a poder realizar las intervenciones planeadas en la población definida y tener éxito (efectividad) en alcanzar los objetivos pre-estipulados. Es por eso que es preciso que tengamos presentes estas preguntas constantemente, tal como les mostramos en el gráfico con la metáfora del espiral, dado que lo central es el proceso de integración de estos aspectos, clave para mejorar las chances de éxito. Éste fue un fragmento de la unidad “Empezando a armar un programa en salud” del curso virtual - Gestión en enfermedades crónicas: ¿Cómo planificar un programa en salud? – Para más información en inscripción al curso virtual - campus@hospitalitaliano.org.ar o ingrese a nuestra web www.hospitalitaliano.org.ar/campus