Álvaro estaba muy triste. No quería que lo vieran llorar y ocultó disimuladamente su
cara en un pañuelo al tiempo que se v...
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Narración no lineal

Texto elaborado "ad hoc" para que los alumnos de 2º de ESO distingan la narración no lineal de la narración lineal, e identifiquen los saltos temporales hacia el pasado y hacia el futuro.
Published on: Mar 3, 2016
Published in: Education      
Source: www.slideshare.net


Transcripts - Narración no lineal

  • 1. Álvaro estaba muy triste. No quería que lo vieran llorar y ocultó disimuladamente su cara en un pañuelo al tiempo que se volvía ligeramente hacia la pared. Cuanto todos sus compañeros salieron al patio, se sentó en su pupitre y rompió a llorar desconsoladamente. Las lágrimas le corrían por las mejillas y sus sollozos eran tan fuertes y lastimeros que romperían el corazón de la persona más dura. Lo que más rabia le daba era lo que había sucedido por la mañana antes de venir al colegio. Había llegado a la parada del autobús un poco antes de la hora habitual y no lo había hecho por el camino de costumbre, sino por un caminillo de tierra situado a la izquierda, que venía directamente de casa de su abuela. Por eso, sus compañeros no lo habían visto. Estaban apoyados en un muro de piedra que les tapaba la visión del camino y no se habían dado cuenta de que Alberto se aproximaba hacia ellos. Cuando estaba a poca distancia oyó lo que decían. ¡Estaban hablando de él a sus espaldas! Lo que decían no era agradable; es más, era terrible, humillante. Jamás se hubiera imaginado que pensaban tales cosas de él. Y lo que más le dolió fue que Julia, la chica de la que estaba secretamente enamorado, era la más cruel de todos; sus comentarios, los más despiadados; sus gestos, los más despreciativos. En aquel momento quiso que la tierra lo tragara y, ahora, en el aula, mientras sus compañeros jugaban en el patio, deseaba intensamente no estar allí. Estar en su casa. Él solo. En su cuarto. A solas con su dolor y su vergüenza. Cuando más se hundía en la desesperación, oyó pasos que se acercaban al aula de 2º de ESO, donde él estaba. Se sobrepuso, se secó las lágrimas con el reverso de la mano y simuló estar haciendo deberes. La puerta se abrió. Era Bea. Venía a buscarlo. ¿Por qué no había salido al recreo? Entre dientes hilvanó una respuesta absurda y apenas levantó la cabeza del cuaderno. Por el pasillo se oía la voz de otras chicas. ¿Sería Julia? No. Eran Aida y Saray. Y también Nazaret Ramos. Venían muertas de risa. ¿Acaso ellas también se reían de él? No, no debía ser tan suspicaz. Quizá ni siquiera sabían nada del asunto. Como pudo se sobrepuso e intentó hablar con ellas como si nada hubiera sucedido. Recuperó su aplomo y, por un momento, pareció el mismo chico confiado de siempre. Mal sabía lo que le esperaba a última hora de la mañana, durante la clase de Educación Física. Eso sí sería verdaderamente doloroso. Realmente amargo. Pero ahora, en el aula, escuchando los comentarios alborotados de las chicas se sintió nuevamente confortado. [...]