Extracto gratuito destinado a promoción de la obraAdelante muchachas/os, por la Democracia del autor CarlosAlmira Picazo, ...
MANIFIESTOPOR LA DEMOCRACIA
El sistema económico y político actual se enfrenta a un doble dilema:por una parte, su supervivencia; por otra, su adaptac...
apoyaban sobre todo en una baratura de los costes humanos y naturales, en lospaíses pobres.Naturalmente, a cada situación ...
Para que el actual sistema sobreviva, es preciso, pues, que los trabajadores yla clase media de estos países pasen a ser t...
imposible lograrlo desde fuera; por otra parte, como la sociedad civil es unarealidadhumanaplural,dichomovimientodebeartic...
OLIGARQUÍA Y DEMOCRACIA:EL CASO DE ESPAÑA
Apartir de la Revolución Francesa se hizo cada vez más difícil enoccidente, justificar el ejercicio del poder de uno solo ...
extremo, tienden a realizar una política no razonable, imponiendo sus propiascosmovisiones si cuentan con la mayoría parla...
Para que este segundo requisito se cumpla no hace falta una Democraciadirecta, asamblearia, etcétera, hoy ciertamente invi...
funcionamiento real del mismo), el único poder real es el ejecutivo, no solo porsu monopolio de facto de la iniciativa leg...
forma de Estado.¿Por qué y cómo se estableció en nuestro país un sistema Oligárquico trasla muerte del General Franco? ¿Cu...
Los hitos de este acuerdo de fondo entre la sociedad civil –voluntariay complacidamente desmovilizada–, y los nuevos oliga...
Click aqu
Adelantes muchachas/os, por la democracia
of 15

Adelantes muchachas/os, por la democracia

La crisis actual ha tenido, al menos, una cosa buena: nos ha desvelado aspectos importantes del orden político en que vivimos; ha puesto de manifiesto su naturaleza no democrática; ha sacado al primer plano de la actualidad no sólo a los que nos roban y nos han robado nuestro presente y nuestro futuro, ya desde las grandes empresas privadas y los bancos, ya desde las propias instituciones llamadas impropiamente públicas; no solo ha desenmascarado a los ladrones sino a todo un sistema basado en el robo, en la ocupación del Estado por organizaciones basadas en el interés privado, y que ahora se intenta perpetuar por la propaganda y la represión. De este modo, la no existencia de una democracia no solo está en el origen de la crisis actual, sino que es un obstáculo para su superación. En el caso de España, es además el producto de una estafa histórica, la llamada Transición, asumida con vergonzosa complicidad por una parte importante del pueblo español. Desde la Corona hasta el último ayuntamiento, el Estado español debe volver a las manos de sus legítimos dueños: los españoles. Hay que cambiar de raíz las reglas del juego. Hay que empezar a jugar otro juego. Y hay que hacerlo ya. Estos ensayos pretenden ser una contribución para la consecución de la democracia en España.
Published on: Mar 4, 2016
Source: www.slideshare.net


Transcripts - Adelantes muchachas/os, por la democracia

  • 1. Extracto gratuito destinado a promoción de la obraAdelante muchachas/os, por la Democracia del autor CarlosAlmira Picazo, publicada por la editorial Enxebrebooks.Se puede adquirir la obra completa en formato electrónicoo papel en http://www.descubrebooks.com
  • 2. MANIFIESTOPOR LA DEMOCRACIA
  • 3. El sistema económico y político actual se enfrenta a un doble dilema:por una parte, su supervivencia; por otra, su adaptación, es decir,una transformación de aquellos aspectos que hoy amenazan desdedentro esa supervivencia. El fin de todas las políticas actuales a nivel global,tanto neoliberales como socialdemócratas, es perpetuar el sistema en sus rasgosesenciales, al precio de sacrificar a buena parte de la sociedad civil.El dilema de la sociedad civil, por lo tanto, es justo el inverso: o biensacrificarse para que el actual modelo económico y político pueda superar suscontradicciones y perpetuarse, o bien romper con él y cambiar las reglas deljuego en sus rasgos esenciales, desde dentro y desde abajo.Las fuerzas que hoy amenazan al modelo económico y político no estánfuera sino dentro de él; le son propias desde siempre, pero solo han empezadoa constituir un problema con la globalización: la globalización económica ypolítica ha puesto, por primera vez en la historia, al sistema capitalista ante eldilema de su supervivencia o su desaparición.Estas fuerzas consisten en dos contradicciones fundamentales: la primera,cómo mantener un equilibrio entre el mercado de trabajo y el mercado debienes y servicios (es decir, cómo hacer que al menos una parte importante delos trabajadores y sus familias puedan seguir siendo consumidores al nivel queexige el mercado, con sueldos y derechos decrecientes); la segunda, cómo hacerque las empresas logren niveles de eficiencia similares sin destruir (o al menosestrangular con ello, en una competencia cada vez más feroz, mundial, por losmercados) su propia viabilidad.Estas dos contradicciones no presentaban ningún problema antes de laglobalización: la primera, porque el capital podía encontrar abundantesmercados, baratos y sumisos, de trabajadores y materias primas y energéticas, enamplios territorios (África, Asia, casi toda América), aparte del clásico ejércitode reserva de trabajadores en sus propios territorios de origen; y mantener asíun segundo mercado de trabajo con sueldos y derechos “privilegiados” en losllamados países desarrollados (Europa, América del Norte, Oceanía, Japón),capaz de absorber como consumidores los bienes y servicios producidos, merceda una creciente deslocalización, primero industrial y luego financiera, a unoscostes cada vez más bajos, con crecientes márgenes de beneficio.La segunda contradicción se resolvía separando territorialmente las empresaseficientes, ubicadas en los países ricos, de sus filiales, explotadoras, que se
  • 4. apoyaban sobre todo en una baratura de los costes humanos y naturales, en lospaíses pobres.Naturalmente, a cada situación correspondía un orden político y de Derechosdistinto: dictaduras militares o parlamentarias para los países de “bajo coste”, lospobres; y “democracias” (Estados de Partidos), cimentadas en derechos privadossin capacidad política real de la población, anestesiada por la cultura de masas yel consumismo, en los países ricos.No hay que olvidar que el modelo de democracia vigente hoy en occidentesurgió, en sus rasgos esenciales, de las ruinas de la Segunda Guerra Mundial, enun momento histórico en que era urgente dotar de estabilidad institucional aunospaísesysociedadesarrasadosporlaguerra,ybajolaespadadeDamoclesdel“comunismo soviético”. Estos sistemas fueron, pues, diseñados para neutralizarcualquier iniciativa de transformación surgida de la sociedad civil, articulandouna estructura de dominio eficaz (acaso la más eficaz desde el antiguo ImperioRomano) por parte de las élites de los Partidos Políticos, los Sindicatos oficiales,los Bancos, las Grandes Empresas y los Medios de Comunicación de masas; todoellobajoelamparodelasorganizacionessurgidasdelaguerra(fundamentalmenteen torno a la ONU, organizada como un Directorio mundial).Ahora bien, este engranaje ya no es sostenible debido a la globalización delcapitalismo. ¿Por qué?A esto se reduce, en mi opinión, el trasfondo de la crisis actual.¿Qué hacer? Para los dirigentes económicos y políticos que hoy mandan en elmundo bajo la apariencia legitimadora de la “democracia”, la solución pasa porla supervivencia del sistema político y económico sin subvertir la globalización,esto es, a costa de los derechos y del bienestar de buena parte de la sociedadcivil de los países que, hasta ahora, han figurado en la periferia del mundodesarrollado: es decir, los países del sur de Europa, algunos Estados y gruposraciales de los EE.UU. etcétera.Porque no se puede trabajar como esclavos y seguir consumiendocomo clase media; porque no se puede trabajar como esclavos y seguirgozando de derechos, aunque sean solo derechos privados, comociudadanos; y porque las mismas empresas no pueden ser igualmenteeficaces a nivel mundial sin destruirse unas a otras en una competenciaferoz por los mercados.
  • 5. Para que el actual sistema sobreviva, es preciso, pues, que los trabajadores yla clase media de estos países pasen a ser trabajadores baratos y ciudadanos desegunda; esto es, que asumamos una situación propia de países subdesarrollados,a fin de que los trabajadores y la clase media de los países del norte y centro deEuropa, y de los Estados más dinámicos y las minorías raciales privilegiadas deEE.UU., puedan seguir actuando como consumidores y ciudadanos de primera.Correlato de esto, es que las grandes empresas encuentren en los primeros paísesnuevos viveros baratos de recursos y trabajadores sin derechos y en los segundos,prósperos mercados para sus productos.Conseguido esto, se habrá superado (de momento) la crisis.Nuestro dilema, el dilema de la sociedad civil de países como España, esconvertirnos en esta nueva periferia subdesarrollada o romper con el sistemaeconómico y político que hoy lucha por sobrevivir a nuestra costa.Ahora bien, ¿cómo hacer esto?Primero: hay que tener muy claros los objetivos. Aquello que es partedel problema no puede ser parte de su solución; los Estados de Partidos(seudodemocráticos) surgidos de la Segunda Guerra Mundial son parte delproblema. Y por cierto, son un obstáculo formidable entre otras cosas, porquesolo se dejan transformar desde dentro de sus propias estructuras y reglas dejuego, diseñadas entre otras cosas para neutralizar cualquier iniciativa decambio surgida de la sociedad civil. Porque la sociedad civil solo existe para estas“democracias” como un vivero de votos y como un sujeto de derecho privado.Teniendo en cuenta esto, es preciso articular el natural descontento de lasociedad civil en un movimiento político capaz de entrar en las instituciones,con una idea muy clara: el primer objetivo es transformar el Estado de Partidosen una Democracia Real; dados los medios con que cuenta el Estado, esto esEl objetivo fundamental y primero es crearun movimiento político capaz de disputar a losactuales partidos del sistema, el poder políticodentro del Estado
  • 6. imposible lograrlo desde fuera; por otra parte, como la sociedad civil es unarealidadhumanaplural,dichomovimientodebearticularsedesdeestapluralidad,es decir, aglutinando en base a unos objetivos mínimos que sean asumibles portodas aquellas personas que, ante el dilema entre el sistema político y económicoactual y los derechos y el bienestar de los ciudadanos, se incline inequívocamentepor estos últimos.Esto, naturalmente, no debe ser incompatible con una creciente movilizacióndel descontento, con un movimiento pacífico pero firme y creciente, dedesobediencia civil al que se sumen cada vez más, sectores de la sociedad.Ensegundolugar:hayqueoptarporlarupturaconlasactualesinstitucionesenlo que estas tienen de antidemocrático, lo que a la postre significa transformarlas(a nivel nacional y Europeo) en otras completamente nuevas. Puesto que laamenaza es global, la respuesta no puede ceñirse a las fronteras nacionales.Ante la tesitura de permanecer dentro de esas instituciones en las actualescondiciones o quedar fuera, no puede haber ninguna duda: salir; más teniendoen cuenta que el sistema no puede sobrevivir sin esa nueva periferia, ni él ni susinstituciones actuales.¿Y luego? La democracia.La denuncia del pago de cualquier deuda privada.La creación de una Banca Pública.La socialización de los beneficios y la privatización de las pérdidas.Y el fin duradero de la crisis.¡Adelante muchachos y muchachas, por la Democracia!
  • 7. OLIGARQUÍA Y DEMOCRACIA:EL CASO DE ESPAÑA
  • 8. Apartir de la Revolución Francesa se hizo cada vez más difícil enoccidente, justificar el ejercicio del poder de uno solo (monarquía)o de unos pocos (oligarquía). Esta tendencia histórica en la culturapolítica occidental se reforzó tras la derrota del fascismo y del nazismo en 1945,y tras el derrumbe del modelo soviético (aunque de un modo aún demasiadoambiguo y abierto, como demuestran los casos de China o algunas paísesperiféricos al gran capitalismo, por no hablar del mundo islámico).Así, por una serie de vicisitudes históricas, más que por una voluntad ouna convicción profunda y consciente de la sociedad civil, la Democracia seha convertido en el único paradigma político, al cual las elites de los distintosEstados se suscriben sin rubor para justificar su ejercicio del poder. En estesentido puramente negativo, la Democracia se ha convertido hoy en el únicodiscurso legitimador viable para las distintas formas de ejercer el poder, máso menos oligárquicas. Pues la política y la capacidad de influir en los asuntosde la sociedad y del Estado sigue siendo, también en los llamados regímenesdemocráticos (parlamentarios, constitucionales, etcétera), asunto exclusivo deunos pocos. En el mejor de los casos, además de ser un discurso legitimador, laDemocracia se ha convertido hoy en un horizonte deseable al que aspira, y seaproxima en mayor o menor medida, la sociedad civil o incluso una parte (lamás moderada y razonable) de la clase política de algunos países.En cualquier caso, y quizás salvadas algunas raras excepciones, la Democraciasensu stricto como sistema político, no existe hoy por hoy en ninguna parte, y noya la Democracia Directa sino la llamada Democracia Indirecta o representativa.Por otro lado, allí donde surgen o se mantienen otras ideologías justificadorasdel poder político (como el Islam, el Comunismo, el Nacionalismo, etcétera), enla periferia del llamado mundo desarrollado, la Democracia es claramente undiscurso legitimador como democracia del pueblo, de la comunidad nacional,religiosa, etcétera.En resumen: el poder político sigue siendo asunto de unos pocos, aunque yano pueda justificarse como tal, sino recurriendo a la idea de una participación yde un consenso de la mayoría de la sociedad más o menos imaginario, muchasveces con el asentimiento pasivo y tácito de esa mayoría. Pero incluso en losregímenes parlamentarios y constitucionales, que gozan de un cierto sistemade libertades, como en el caso español, los partidos y otros grupos de poderdispersos en la sociedad civil siguen funcionando con los clásicos mecanismosoligárquicos tan bien descritos en su día por Robert Michels; y en último
  • 9. extremo, tienden a realizar una política no razonable, imponiendo sus propiascosmovisiones si cuentan con la mayoría parlamentaria para ello, sin tener encuenta la pluralidad de cosmovisiones razonables que hay en la sociedad civil(Jhon Rawls). Pero ni siquiera solo por estas restricciones se puede hablar aquíde ausencia de Democracia, pues concurren además otros factores que, para elcaso de España paso a describir.Si definimos la Democracia como un sistema político basado en el poderreal del pueblo para elegir y remover (por medios legales y pacíficos) a susgobernantes, y como un Estado apoyado en la división real de poderes, entoncestenemos que concluir que tal régimen no existe en España. El régimen políticoque ha sustituido aquí a la Dictadura de Franco, incólume hasta la fecha comotrataré de demostrar, es una OLIGARQUÍA. Antes de entrar a explicar el porquéde esto, y sus graves consecuencias actuales, es preciso aclarar los términos.Quien escribe esto asume de antemano cualquier crítica fundada, bien omal intencionada, convencido de que no está en posesión de ninguna verdadincuestionable, sino todo lo contrario.Entiendo por Democracia, pues, un tipo de Estado en el que los ciudadanostienen alguna clase de influencia real sobre el gobierno, y en el que los distintospoderesdelEstado(almenos,lostrespoderesclásicosdescritosporMontesquieu,especialmente el poder Judicial) se contrapesan realmente, equilibrándose yajustando así el funcionamiento de las decisiones de quienes detentan el poderal principio del Derecho.Esta concepción de Democracia se ajusta a su sentido antiguo, en la tradiciónde Rousseau, y no solo a su sentido moderno, en la tradición de Locke: es decir,considera que los ciudadanos no son solo individuos, sujetos privados conobligaciones y derechos, libres en su vida particular, en la manifestación de susopiniones, sus pensamientos, en el disfrute lícito de sus propiedades, etcétera.Entiendo que, para que pueda hablarse de una Democracia, los ciudadanos nosolo deben gozar de un régimen de libertades que garantice el ejercicio de susderechos (y obligaciones), sino que han de ser también sujetos políticos, en elsentido antiguo, público, del término polis.Es decir, han de tener la capacidad real de determinar, hasta cierto punto almenos y según el juego consensuado de las mayorías, la marcha política cotidianade los asuntos públicos.
  • 10. Para que este segundo requisito se cumpla no hace falta una Democraciadirecta, asamblearia, etcétera, hoy ciertamente inviable. Es suficiente con quelos electores tengan la capacidad real de controlar e influir en los elegidos (susrepresentantes), al menos en un doble sentido: primero, mediante la elecciónreal y desde abajo, de dichos representantes políticos, en todos los niveles delEstado; y segundo, mediante el seguimiento y el control real de sus decisiones.Con lo anterior se relaciona claramente la división de poderes, que debentener orígenes y funciones, distintos y delimitados. Ahora bien, ninguna de estasdos condiciones se da en España que, hoy por hoy y desde la muerte de Franco,se ha consolidado como un sistema oligárquico.Lo que le da una apariencia de Democracia a nuestro sistema político (yseguramente también, a los de otros muchos Estados occidentales avanzados),es el régimen de libertades del que, indiscutiblemente, disfruta la poblaciónespañola tras el fin de la Dictadura.Entre estas libertades está la de votar cada cuatro años al partido políticoque cada ciudadano considera oportuno. Sin embargo, este derecho al sufragiouniversal no es ni siquiera una sombra de un derecho político real.Sin querer extenderme sobre este punto, por considerarlo obvio, apuntaré amodo de ejemplo que nadie elige aquí a los candidatos, sino que solamentelos ratifica, desde los concejales hasta el presidente del gobierno. Por otraparte, es obvio que en nuestro sistema político (y tal aspecto puede verse en laConstitución oligárquica de 1978 y, lo que es más importante, en el día a día del
  • 11. funcionamiento real del mismo), el único poder real es el ejecutivo, no solo porsu monopolio de facto de la iniciativa legislativa, sino por los mecanismos deselección de los principales cargos del Poder Judicial (Fiscal General del Estado,miembros del CGPJ, miembros del Tribunal Constitucional, etcétera). Más alláde las meras intenciones, no existe en España una auténtica división de poderes,ni una participación real de los ciudadanos en las decisiones políticas. Es decir,no hay un régimen democrático en España, aunque sí un amplio sistema delibertades en el plano de la vida privada, en la tradición de Locke.Entiendo por Oligarquía u Oligocracia un sistema político en el que el podery las decisiones están en manos de unos pocos. En este sentido, es obvio queEspaña es una Oligarquía u Oligocracia: desde la selección de los candidatos (laelaboración de las famosas listas electorales), hasta la toma de decisiones por eljuego mecánico de las distintas asambleas: concejales, diputados autonómicos,diputados nacionales. Todas las opciones son tomadas por una élite, que es la queen cada momento domina los partidos políticos. Los ciudadanos solo ratificano desmienten, in extremis, a los candidatos elegidos siempre desde arriba(pese a la apariencia de Congresos e Instituciones democráticas que cumplenuna función legitimadora de los propios partidos políticos). Por otra parte, elsistema de portavoces de grupo garantiza que todas las votaciones son realizadasen bloque por los diputados, senadores, etcétera, en función de las directricesque en cada caso da esa minoría (oligarquía) que controla el partido. Si alguienno se atiene a esto es inmediatamente penalizado por la organización, que seconsidera –y lo es– la única y auténtica depositaria del voto, no siendo incluidoen las próximas listas electorales, o incluso siendo expulsado de su formación.En este sentido, no es el Gobierno (la Banca Azul) quien depende del voto de sugrupo de parlamentarios, sino que es cada parlamentario el que depende, para serincluido en las próximas listas electorales, de la oligarquía de su partido, entre lasque suelen ser miembros destacados los propios miembros del gobierno. Esto,con matices, se puede hacer extensible a otros niveles representativos del Estado.Asípues,todasycadaunadelasdecisionespolíticasestánentodomomentoenmanos de la minoría que detenta realmente el poder en España. La Democracia,aparte del disfrute del régimen de libertades y derechos (y obligaciones) del queindudablemente gozan los ciudadanos, solo existe en España como un discursolegitimador de la Oligarquía, la Oligocracia, que es nuestra verdadera y ocultaOligocracia, nuestra verdadera y oculta forma de estado
  • 12. forma de Estado.¿Por qué y cómo se estableció en nuestro país un sistema Oligárquico trasla muerte del General Franco? ¿Cuáles son las consecuencias más importantespara el presente y el futuro que cabe esperar de esto? A la primera preguntapuede responderse así: la Oligocracia se estableció en España tras la muertede Franco porque quisieron los propios españoles. Aunque resulte paradójico,el responsable de que aquí no exista ni hayan perspectivas de alcanzar una talDemocracia, es el propio pueblo español.¿Por qué la inmensa mayoría de nuestra sociedad se conformó y se conformaaún hoy con este régimen político, y qué obtiene a cambio de esa dejación de suparticipación real en las decisiones públicas?A la primera cuestión cabe responder que la sociedad española que asumiólas formas y el resultado de la llamada Transición Democrática fue moldeada,a grandes rasgos, bajo el segundo franquismo, es decir, a partir de las grandestransformaciones sociales, económicas y mentales que marcaron los últimosaños de nuestra década de los cincuenta. Los años del llamado desarrollismofranquista. Sin entrar en detalles, a partir de estos años se puede decir que enla práctica totalidad de los grupos sociales, penetraron y se cimentaron valorescomunes en torno a las ideas de orden, paz, estabilidad, y disfrute material ypersonal en la vida privada civil. Es decir, la sociedad española que asumió yconsolidó–no siempre con su pasividad–la Transición, no deseaba un espaciopúblico de decisión que funcionase realmente como tal, es decir, un RégimenDemocrático, sino un marco institucional que le permitiera disfrutar de suslibertades y derechos. Incluida la ilusión de su libertad política.La sociedad española, razonable, moderna y pacífica moldeada desde los añossesenta, cedió pues, su soberanía (reconocida formalmente en la ConstituciónOligárquica de 1978) a la oligarquía de los Partidos. En otros niveles de la vida,a las cambiantes élites de Sindicatos, Empresas, Medios de Comunicación deMasas, etcétera.A cambio de que estas minorías administrasen sin rendir cuentas al marcoinstitucional –salvo en los casos extremos en que se vulnerara la Ley–, debíangarantizarse el disfrute de esos derechos y libertades en la vida civil. Este, y nootro, fue el pacto fundacional del nuevo Estado surgido en España tras la muertede Franco.
  • 13. Los hitos de este acuerdo de fondo entre la sociedad civil –voluntariay complacidamente desmovilizada–, y los nuevos oligarcas, son de sobraconocidos. El ascenso de Suárez, la Ley para la Reforma Política, las legalizaciónde los Partidos Políticos, las primeras Elecciones “Democráticas”, los Pactos de laMoncloa, el ascenso del PSOE; y cada uno de estos hitos puede verse y explicarsea la luz de todo lo anterior, y en contra de la interpretación dominante de unatransición modélica desde un régimen autoritario y unipersonal, a un régimendemocrático en España.Por otra parte, la lógica oligárquica se ha consolidado –con idéntica aparienciademocrática–, en todos los niveles de la sociedad, como queda dicho, desde lossindicatos hasta los grandes grupos y medios de comunicación, la universidad,etcétera.El requisito básico para el funcionamiento de este sistema es el flujo continuode recursos y libertades de arriba abajo, y el flujo, como contrapartida, desoberanía de abajo arriba. Es decir, el intercambio de trabajo, subsidios, ordenpúblico, pensiones, becas, libertades privadas, etcétera, por capacidad políticareal. Mientras las dos partes del acuerdo de esta especie de contrato socialcumplan, el sistema será estable y la única pugna posible será dentro de él, entrelos partidos políticos y sus organizaciones afines, extendidas por la sociedadcivil. De paso, se subrayará cada vez más nítidamente, la separación entre las dospartes: por un lado, las élites con capacidad de influencia pública; y por otro, lasociedad civil estabulada en el ámbito privado.Lo único que puede poner en entredicho el funcionamiento de sistemaoligárquico en España –cuya forma institucional por cierto, es la MonarquíaParlamentaria–, es que una de las dos partes, o ambas, dejen de cumplir el trato:bien por una crisis de recursos, bien por una transformación de los valores y lamentalidad sociales. Solo cuando la sociedad civil vea peligrar su bienestar y suslibertades (por ejemplo, por una crisis económica), o cuando, por alguna razón,reclame una participación real en los asuntos públicos, se verá el sistema políticooligárquico amenazado. La minoría nunca dará voluntariamente el paso hacia laDemocracia.Hasta entonces, la democracia necesaria y suficiente en España será la queahora existe, es decir, un régimen de “bienestar” y libertades reducido al ámbitoprivado, y que ha de servir de discurso legitimador de la Oligarquía. Tal vez algoparecido pueda decirse de otros muchos países.
  • 14. Click aqu

Related Documents