UNIVERSIDAD Y COMUNICACIÓN INTERCULTURAL
AGENDA DE INVESTIGACIÓN
Francisco SIERRA CABALLERO *
fsierra@us.es
En una ref...
La rearticulación o traducción de elementos en la contestación de los sistemas plurales de dominio es un reto prioritario ...
correspondencia, un ejercicio de crítica del conocimiento que pasa por cuestionar de raíz los estudios comunicológicos sob...
consecuencias teórico-metodológicas, al menos cinco principios básicos, de acuerdo con Daniel Bougnaux :
a. La dimensión ...
2. La alteridad tiene, por su propia lógica constituyente, la virtud de animar el pensamiento sobre la propia praxis cultu...
igual a los recursos e insumos informativos, por lo que, en una situación radicalmente desigual, no pueden eludirse los pr...
es un espacio estratégico de definición social de las relaciones de poder y control de las identidades individuales y cole...
materialización de una lógica generativa de la actividad investigadora que pasa por comprometerse en un modelo de comunica...
BIBLIOGRAFÍA
- BALÍBAR, E. Y WALLERSTEIN, I. (1991) : Raza, nación y clase, Madrid : IEPALA.
- BARRY, B. Y GOODIN, R.E. ...
- NÄIR, Sami (1998) : El desplazamiento en el mundo : inmigración y temáticas de identidad, Madrid : Ministerio de Trabajo...
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Universidad y comunicación intercultural

En una reflexión reciente sobre la diversidad cultural y el futuro de la teoría crítica, Homi Bhabha planteaba públicamente una cuestión estratégica que, en el fondo, constituye el eje de discusiones del pensamiento postestructuralista comprometido con el cambio social: ¿es el lenguaje de la teoría tan sólo otra estratagema de poder de la élite culturalmente privilegiada de Occidente para producir un discurso eficaz de dominación del Otro a través de una perversa lógica de poder-saber ?
Published on: Mar 4, 2016
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Transcripts - Universidad y comunicación intercultural

  • 1. UNIVERSIDAD Y COMUNICACIÓN INTERCULTURAL AGENDA DE INVESTIGACIÓN Francisco SIERRA CABALLERO * fsierra@us.es En una reflexión reciente sobre la diversidad cultural y el futuro de la teoría crítica, Homi Bhabha planteaba públicamente una cuestión estratégica que, en el fondo, constituye el eje de discusiones del pensamiento postestructuralista comprometido con el cambio social: ¿es el lenguaje de la teoría tan sólo otra estratagema de poder de la élite culturalmente privilegiada de Occidente para producir un discurso eficaz de dominación del Otro a través de una perversa lógica de poder-saber ? ¿O, como pensamos, la teoría crítica puede y debe replantear sus condiciones de producción del discurso científico, a fin de componer un nuevo proyecto de articulación histórica consciente de su poder constituyente y de los negativos efectos de la dialéctica de la ilustración ? (Bhabha, 2001 : 2). El artículo concluía apuntando, en este sentido, respuestas posibles a un interrogante que, no en vano, ocupa las principales reflexiones de la teoría social sin que, por el momento, tengamos la certidumbre histórica a la que aspira la astucia de la razón. Pues nos enfrentamos a una duda difícilmente resoluble en un tiempo como el nuestro, marcado, como advierte Georges Balandier, por la confusión, el desplazamiento de fronteras, la desmultiplicación de diferencias, la movilidad y el nomadismo. La sociedad compleja en que vivimos está expuesta a la incertidumbre de la alteración permanente y necesita asumir la cultura de la frontera, debe pensar el riesgo y discutir las responsabilidades colectivas en el proceso mismo de elección. Entre otras razones, porque “la facticidad del mundo natural y social es puesta constantemente en cuestión por nuestro conocimiento-acción, y se modifica profundamente también la relación con lo que heredamos del pasado. La tradición pasa a través de la mediación cultural de los medios de comunicación; es continuamente interpretada con criterios selectivos y filtrada por los individuos y los grupos” (Melucci, 2001 : 34). Esta lógica de la movilidad y el cambio acelerado nos hace, sin embargo, percibir una falsa sensación de transparencia social, cuando mayor es la necesidad de reducir la opacidad de las relaciones sociales de acuerdo a formas reflexivas y autopoiéticas de sociabilidad que trasciendan los límites convencionales del sentido común teórico proliferante en los intersticios del cambio imaginado por la sociedad del conocimiento. El problema de la imaginación sociológica atemperada por los estudios culturales de comunicación, especialmente en el área cultural angloamericana, es que termina por convertir la comunicación en un lugar para mirar y deconstruir todo y no ve ni comprende nada. Ciertamente, no es posible pensar la realidad sin la mediación, pero ello presupone que la teoría debe ser pensada como un ejercicio de traducción, como un ejercicio de radical antagonismo, en el sentido señalado por Bhabha. Se trata de negar, como hace cierta teoría comunicológica, la identificación simple entre objeto y objetivo político y representación, constatando la heterogeneidad social por medio de un activo compromiso de traducción de discursos en el plano de la teoría crítica, compromiso especialmente importante para minorías y culturas subalternas.
  • 2. La rearticulación o traducción de elementos en la contestación de los sistemas plurales de dominio es un reto prioritario del pensamiento abierto al cambio, si queremos dar respuesta no sólo a los signos de la fragmentación estructural de la clase trabajadora, sino, además, a la creciente diversificación de las formas de experiencia y conciencia posible en el sistema de organización de las divisiones sociales tardomodernas. En nuestro artículo, quisiéramos apuntar esta función política de la teoría como lectura reveladora de la tensión histórica, de los cruzamientos e hibridaciones entre polos antagónicos, como estrategia movilizadora de la confusión de discursos, que trata de hacernos conscientes de las luchas y concepciones ideológicas implícitas en este marco cultural diversificado. En esta línea, se resumen a continuación seis ideas fundamentales en la agenda de investigación que todo conocimiento comunicológico debe pensar en su compromiso universitario por un modelo intercultural radicalmente dialógico. De acuerdo a la filosofía que inspira este resumen, la síntesis expresada en torno a estas ideas no es, lógicamente, propia, sino resultado de un trabajo colectivo en el seno del Grupo de Investigación en Comunicación y Cultura (Plan Andaluz de Investigación), y parte del proyecto de Investigación y Desarrollo “Políticas y estrategias de comunicación para el desarrollo intercultural” (Ministerio de Ciencia y Tecnología. Plan Nacional de I+D). Valgan pues estos apuntes como una apertura a la discusión con otros interlocutores y como el reconocimiento a una forma de pensamiento y acción comunicológica aún marginal. * * * 1. La primera nota de observación de esta agenda es pensar la investigación académica de forma distinta. La comunicación intercultural no sólo debe modificar el oficio de mediador de los profesionales de la información. La conciencia de esta realidad diversa y heteróclita apunta, sobre todo, a la necesidad de una estructura y cultura de investigación distinta, trastocando nuestros hábitos de razonamiento y socialización del conocimiento. La cultura científica moderna ha operado según una lógica científica monocultural, negando la dimensión intersubjetiva y dialógica de los saberes humanos, en virtud de una concepción objetivista y positiva de la realidad, con nula o escasa reflexividad lingüística, intersubjetiva y contextual. Una epistemología multicultural presupone, en cambio, que toda realidad es resultado de la construcción social, que todo conocimiento implica una posición de observación, relativa culturalmente, resultante de un proceso de interpretación y apropiación del mundo que debe ser discutido como posibilidad, que debe ser pensado políticamente. Las migraciones y la comunicación intercultural impugnan, en este sentido, los marcos epistemológicos de la comunicación como ciencia, llegando incluso a constituir un poderoso analizador histórico de la Sociedad de la Información. El extraño, la figura del extranjero, es, en realidad, el arquetipo revelador de las relaciones de dominación cultural en nuestras sociedades, de las formas de reproducción y codificación simbólica de la ideología moderna de la explotación capitalista. Ello exige, en justa
  • 3. correspondencia, un ejercicio de crítica del conocimiento que pasa por cuestionar de raíz los estudios comunicológicos sobre las relaciones interculturales que, desde enfoques idealistas o culturales, reducen la complejidad de las migraciones en virtud de la división internacional del trabajo de investigación, favoreciendo, en los países receptores, los estudios sobre comunicación e identidad cultural y, en los países dependientes, las investigaciones microsociológicas en materia de comunicación intercultural, al asumir como un hecho lo que no es más que un proceso productivo de “acomodamiento” y “adaptación cultural” de los repertorios simbólicos dominantes exportados por las metrópolis. En este proceso de transmisión, el poder de la información y la comunicación globales se ha traducido en nuevas líneas de delimitación y desigualdad social que deben ser repensadas, sobre todo considerando que los conflictos contemporáneos de la sociedad posmoderna giran en torno a la producción de información, a su diferencia y homologación funcional. Al tiempo que, contradictoriamente, permite márgenes de autonomía y liberación potenciales, vacía de contenido y uniforma, bajo control selectivo, la lógica operativa de los bienes simbólicos. “A causa de la complejidad y del carácter con frecuencia teóricamente contradictorio de las controversias multiculturales, sólo una visión de conjunto, transdisciplinar, de este verdadero nudo gordiano teórico permitiría formular análisis que estuvieran a la altura de la complejidad del objeto estudiado (…) el multiculturalismo supone (por ello) un desafío global que pone en cuestión numerosas categorías filosóficas del pensamiento occidental” (Rodrigo Alsina, 1999 : 61); que demanda la asunción, entre otras lógicas, de la ambivalencia e incertidumbre de la razón, así como de la diversidad y del carácter inestable de los flujos, mezclas y confusiones culturales en la globalización. Ahora, si la alteridad es una cuestión de producción social de la diferencia, de separación y oposición, a nivel de las representaciones sociales, de las identidades, a través de la mediación simbólica de la industria de la información, una sociedad organizada en torno a la información y al conocimiento debe además pensar cómo teoriza las mediaciones, cómo define la globalización informativa. Esto es, la impugnación multicultural de la comunicología debe ser entendida como un problema económico-político del conocimiento inevitablemente ligado al compromiso intelectual como parte del dispositivo de reflexividad de las actuales lógicas de clasificación y distinción social. La centralidad sistémica de la información y la comunicación plantea, en definitiva, un dilema epistemológico fundamental para el campo académico: la utilidad social de la teoría al servicio de la comunicación como cooperación, siguiendo el razonamiento con el que abríamos este texto. Si, como decimos, la economía política del conocimiento es la base de regulación social del capitalismo imperial globalizado, el compromiso intelectual con la reapropiación igualitaria de la producción simbólica al servicio de las minorías marginadas es inexcusable. Articular espacios de diálogo y encuentro intercultural para redefinir la agenda política de la comunicación en el mundo, desde una concepción más plural de las libertades públicas, constituye en nuestro tiempo la condición más importante para modificar las lógicas del dominio etnocéntrico en la comunicación intercultural contemporánea. En resumen, todo conocimiento comunicológico debe, en definitiva, llevar aparejada un modo de reconocimiento y de negación de la dimensión simbólica propia, como forma de distanciamiento crítico que asume, en sus
  • 4. consecuencias teórico-metodológicas, al menos cinco principios básicos, de acuerdo con Daniel Bougnaux : a. La dimensión material, inmanente, de la dialéctica informativa. La emergencia de relaciones horizontales en las nuevas redes de información y conocimiento plantea la necesidad de una secularización y desacralización de la mediación simbólica, que supere la visión trascendental del cambio moderno desde una lectura pragmática de la interacción comunicativa. b. La dimensión dialógica del conocimiento. Nuestra tradición filosófica ha favorecido a lo largo de siglos una concepción metodológicamente individualista del conocimiento, negando la dimensión intersubjetiva y comunitaria constituyente del sujeto y objeto de la investigación. Esta deriva computacional – si utilizamos la acertada expresión de Edgar Morin – hoy es radicalmente cuestionada por el constructivismo, cuya visión, en casos como el de la comunicación intercultural, apunta la pertinencia y necesidad de observar la realidad desde la acción dialógica de construcción social del conocimiento. c. El carácter práctico de la dialéctica informativa. Frente al logocentrismo, entendemos que, en la investigación en comunicación, debiera prevalecer una concepción pragmática y sociodiscursiva de la información y los problemas de comunicación colectiva, que rompiese con la visión intelectualista que ha privilegiado a las Ciencias de la Comunicación, para favorecer así el compromiso social de los investigadores. d. La lógica comunicacional del propio conocimiento científico. A diferencia de la filosofía de la ciencia clásica, hoy sabemos que el conocimiento no es exterior a la relación con el objeto ni al sujeto de investigación. El saber sobre lo social –en nuestro caso, el saber sobre los medios de información y, desde luego, las relaciones de comunicación intercultural– no depende tanto de los medios sociotécnicos como de las relaciones histórico-culturales que hacen posible la emergencia de determinadas redes y estrategias de organización científica del conocimiento. e. La dimensión ecológica de los fenómenos objeto de estudio. La investigación en comunicación intercultural requiere, además, un enfoque autopoiético que dé cuenta de las formas diversas de interdependencia estructural, a la vez que de la autonomía sistémica, de los medios de información, en la creciente apertura informacional que se observa en las sociedades tardocapitalistas (Bougnaux, 2001 : 3-6).
  • 5. 2. La alteridad tiene, por su propia lógica constituyente, la virtud de animar el pensamiento sobre la propia praxis cultural. Si, como señala Bauman, se nace con las definiciones, pero se construyen las identidades, parece lógico pensar que éstas pueden ser modificadas y que, históricamente, ha tenido lugar un proceso de producción simbólica de la tradición, una lógica de observación constituyente que puede ser reformulada considerando, al menos, tres ideas matrices : 1) la cultura no es una totalidad global. Como toda formación social, se trata de un proceso continuo de estructuración compleja, sometida a continuas fugas y fragmentaciones sociales; 2) la cultura es básicamente una actividad humana, una actividad diacrítica estructurada de acuerdo a un conjunto finito de permutaciones posibles; 3) luego la cultura puede ser analizada de acuerdo a planteamientos independientes de las necesidades y significados preestablecidos socialmente. “En conjunto, estas tres ideas generan una visión de la cultura absolutamente diferente de la osificada en el paradigma ortodoxo: una visión de acción perpetuamente inquieta, indisciplinada y rebelde, que ordena pero que no admite que la ordenen, blasfemamente indiferente a la sacrosanta distinción entre lo sustantivo y lo marginal, lo necesario y lo accidental (una actitud inconcebible desde una perspectiva instaladora del orden)” (Bauman, 2001 : 168). El carácter transversal de los flujos de información en el actual ecosistema comunicativo no sólo constata la emergencia de un nuevo marco transcultural de comunicación basado en la combinación de valores, actitudes y repertorios culturales definitorio de un nuevo orden imperial, de acumulación flexible, que trasciende y aminora la importancia de los marcos normativos estables y las fronteras nacionales por la acción corrosiva del nomadismo digital. La visión irreverente e intempestiva que sugiere Bauman nos anima a pensar, además, que el conocimiento consistente de la mediación debe ser acometido desde la alteridad, desde los márgenes, puesto que “ es la pertenencia a un campo – la posición descentrada – la que permite descifrar la verdad y denunciar las ilusiones y los errores a través de los cuales se hizo creer (los adversarios hacen creer) que nos encontramos en un mundo ordenado y pacificado” (Foucault, 1992 : 61). El nuevo marco de relaciones complejamente diversificadas e imbricadas local y globalmente remueve y desplaza los marcos de observación y valoración humanos, lo que exige del pensamiento una mirada nómada y descentrada. Ello supone, desde luego, atemperar el etnocentrismo, desarrollar las formas de reflexividad dialógica. En definitiva, como advierte Rodrigo Alsina, potenciar una posición ética fundada y enraizada en la responsabilidad de nuestras construcciones del mundo y las acciones que las acompañan. “Por consiguiente, no cabe ampararse en lo ineludible de una realidad objetiva, universal, ahistórica, innata e inmutable” (Rodrigo Alsina, 1999 : 63). 3. No es posible un proyecto universitario de formación para la comunicación intercultural sin una politización de la enseñanza y la práctica cultural de la mediación informativa. Tal razonamiento parece obvio, pues nos sitúa ante el escenario lógico de la realidad social y las posibilidades alternativas existentes. Pero conviene subrayar tal exigencia en un contexto de despolitización y acriticismo genérico de la Comunicología que, de facto, ignora o elude pensar consecuentemente evidencias como que la globalización informativa contemporánea tiene lugar en un contexto de estructuración asimétrica de los procesos de configuración comunicacional de la sociedad del conocimiento. No todas las culturas ni grupos sociales tienen acceso por
  • 6. igual a los recursos e insumos informativos, por lo que, en una situación radicalmente desigual, no pueden eludirse los problemas de equidad y pertinencia de las políticas públicas que promueven el uso de las nuevas tecnologías o la “interdependencia cultural” en una situación de explotación y dominio de las culturas periféricas. La enseñanza de la comunicación debe abordar esta problemática como eje de su docencia, situando los problemas de poder en el centro de sus pesquisas y reflexiones, incluso metodológicas, en la formación de los profesionales de los medios. La profundización del análisis crítico de las asimetrías y desniveles culturales en la globalización informativa puede servir, en este sentido, para un análisis interno de las relaciones de poder que el propio ejercicio de la formación de comunicadores tiene actualmente, evaluando el sentido y voluntad emancipadora de la enseñanza e investigación social; cuestiones éstas olvidadas en las últimas décadas por el culturalismo y el neofuncionalismo comunicológico. En este empeño, la educación crítica en comunicación debe tratar de articular un programa de trabajo docente orientado al cambio social a partir de una filosofía y una práctica dialógica. Obviamente una cultura comunicológica intercultural presupone un cambio de las lógicas del mundo monolíticas. En otras palabras, la apuesta por un modelo profesional inspirado en el pluralismo y la comunicabilidad intercultural de modelos diferentes de pensar y decir humanos, remite a un proyecto histórico de transformación del mundo. Éste es el verdadero sentido del trabajo de Gramsci y el reto de una comunicología posible no suficientemente explorada. 4. Toda política universitaria de formación de comunicadores debe constituir además una política de la memoria, una lucha por reconstruir la historia como proyección utópica de la ciudadanía. Desde que Foucault puso el acento en la función del conocimiento, en relación a los dispositivos de saber-poder y a las políticas de la verdad, no es posible pensar los aparatos de información y el desarrollo histórico con independencia de las operaciones y estrategias del poder a través de las representaciones del conocimiento que nos cuestiona el triángulo de relaciones PODER/DERECHO/VERDAD, problematizando las relaciones normalizadas y estables entre sistemas de control y producción de discursos científicos. La diferencia cultural ilustra a este respecto el problema ambivalente de la afirmación y la negación que atraviesa la dimensión binaria entre pasado y presente, entre tradición y modernidad, entre representación y prácticas culturales, por el que toda significación es repetida, traducida y readaptada desde la tradición y la memoria histórica a las estrategias de autoridad e identificación cultural. Como advierte Alberto Melucci, “todo lo que podemos proyectar hacia el futuro se encuentra ya en el interior del sistema de relaciones sociales presentes, en los intercambios, en la capacidad de representación, de decisión y de imaginación que estas relaciones sociales hacen posible. También el pasado se vuelve narración general y la memoria se construye cada vez más en el interior de los sistemas mediáticos contemporáneos. La misma conservación del pasado, tanto del material como del simbólico, depende cada vez menos de factores causales y cada vez más de las elecciones y decisiones sociales” (Melucci, 2001 : 31). La genealogía de la economía política de la comunicación intercultural revela, en este sentido, la importancia de la lucha por la memoria, de la reinvención de las fuerzas históricas que hacen posible la convivencia cultural en la que la educación universitaria tiene, si cabe, un papel estratégico determinante en los horizontes de la sociedad cognitiva. En el actual modelo capitalista de regulación informacional, la Universidad
  • 7. es un espacio estratégico de definición social de las relaciones de poder y control de las identidades individuales y colectivas, que, por lo general, tiende a convertir la tradición, la memoria cultural y la inteligencia, en una imagen fetichista de las relaciones de dominio. Ahora bien, a diferencia de otros períodos históricos, hoy la transmisión de la visión de lo propio y lo ajeno tiene lugar en un proceso sin precedentes de descontextualización, mercantilización y expolio de la memoria colectiva por los sofisticados sistemas externos de almacenamiento y reproducción electrónica (García Gutiérrez, 2003). Este hecho exige por nuestra parte, como intelectuales específicos o universitarios comprometidos, una continua labor de reconstrucción; una tarea, en definitiva, de descomposición, reconstrucción, crítica e inversión del sentido común de las referencias socioculturales sedimentadas como culturemas en la memoria digital y colectiva. 5. La pedagogía de la comunicación debe, por tanto, ejercerse como una reconstrucción del sentido común para “liberar la cultura de su imagen dominante, denunciando la asimetría que refleja y mostrando, en base al rescate de las posibilidades oprimidas en su proceso de configuración asimétrica, que en toda cultura (al menos en el nivel de su imagen dominante u orden estabilizado) no sólo genera lo propio sino también la exculturación de posibilidades que pudieran ser igualmente propias” (Fornet-Betancourt, 2003 : 23). 6. Una pedagogía de la comunicación intercultural significa, en definitiva, aprender el lenguaje de los vínculos, educar en la ética dialógica y la cultura de la solidaridad informativa, organizar redes de liberación y expresión pública de la diversidad y la diferencia cultural. La red social, como conjunto más o menos formalizado de relaciones sociales, sirve para describir y abstraer las formas de interacción entre los elementos de un sistema dado: en movimientos sociales, sistemas de salud o educación, comunidades locales, grupos de población o instituciones privadas. El análisis reticular introduce así una perspectiva analítica que atiende a las relaciones estructurales entre individuos (elementos) y colectivos sociales (conjunto), centrándose en los patrones codificados de relaciones, frente a las características agregadas de unidades individuales, las estructuras reticulares complejas, las fronteras y vínculos entrecruzados, las relaciones recíprocas y la asignación de roles de poder, dependencia y coordinación especialmente relevantes, como objeto de observación e intervención social, en el actual modelo de comando informacional (Sierra, 2002). De acuerdo con Negri y Hardt, “los lineamientos generales de la actual constitución imperial pueden ser concebidos en la forma de una red de comunicación rizomática, en la cual las relaciones se establecen desde y hacia todos los puntos o nodos. Esa red pareciera estar, paradójicamente, al mismo tiempo completamente abierta y completamente cerrada a la lucha y la intervención. Por un lado, la red permite formalmente que todos los sujetos posibles en la red de relaciones estén presentes simultáneamente pero, por otro lado, la propia red es, propiamente, un no-lugar real. La lucha sobre la constitución debiera desarrollarse en este terreno ambiguo y cambiante” (Hardt/Negri, 2000 : 155) que da cuenta de la configuración de una red rizomática no centrada, no jerárquica, que tiene por delante, como alternativa de desarrollo, la completa desterritorialización y horizontalización del espacio social, máxime cuando las NTIC permiten hoy la autonomía cultural constructiva, sustrayendo la acción humana a las determinaciones tradicionales del tiempo y del espacio social. Ello permite la
  • 8. materialización de una lógica generativa de la actividad investigadora que pasa por comprometerse en un modelo de comunicación democrático, participativo y autogestionario, basado en una cultura del desarrollo dialógica, culturalmente dinámica e inspirada en el lenguaje de los vínculos. El reto de la Universidad y la actividad investigadora es, en este sentido, propiciar formas de intervención y apropiación de los medios para la expresión y desarrollo social de las minorías culturales y migrantes, creando, por ejemplo, telecentros y experiencias dispersas de organización de redes de información, solidaridad e intercambio que vinculen a la población migrante con colectivos más amplios de comunicación y educación popular. La asunción de una filosofía intercultural en la educación de los comunicadores constituye, en este punto, un compromiso con la lucha contrahegemónica, con la afirmación antagonista de las alteridades ocluídas que complica e imbrica las formas de convivencia social. Entendemos, a este respecto, que la lucha por la hegemonía depende de la producción de alternativas simbólicas, de proyectos antagónicos de diferenciación y oposición que, para ser afirmados, están en competición y contacto con las formas dominantes de identificación. “Son esta naturaleza de lo uno-junto-a-lo-otro, esta presencia parcial, o metonímica del antagonismo, y sus significaciones efectivas las que dan significado (en un sentido bastante literal) a la política de la lucha como una lucha de identificaciones y a la guerra de posiciones. Por tanto es problemático pensar en ello como submundo en una imagen de la voluntad colectiva. La hegemonía requiere iteración y alteridad para ser efectiva, para ser productiva de pueblos humanos politizados : el bloque socio-simbólico (no-homogéneo) necesita de sí representarse en una voluntad colectiva solidaria una imagen moderna del futuro si tales colectivos han de producir un gobierno progresista” (Bhabha, 2001 : 10). Y, para ello, la investigación comunicológica, el investigador y docente en comunicación, ha de actuar radicalmente: como un auténtico mediador intercultural. * Profesor Titular de Teoría de la Información. Departamento de Periodismo I. Grupo de Investigación en Comunicación y Cultura (www.us.es/grupocultura). UNIVERSIDAD DE SEVILLA.
  • 9. BIBLIOGRAFÍA - BALÍBAR, E. Y WALLERSTEIN, I. (1991) : Raza, nación y clase, Madrid : IEPALA. - BARRY, B. Y GOODIN, R.E. (Comps.) (1992) : Free Movement. Ethical Issues in the Transnational Migration of People and Money, Nueva York : Harvester/Wheatsheaf. - BAUMAN, Zigmunt (2001) : La posmodernidad y sus descontentos, Madrid : Akal. - BHABHA, H.K. (2001) : “El compromiso con la teoría” en Acción Paralela, número 4 (www.accpar.org/numero4/bhabha.html). - BOUGNOUX, D. (2001) : Introduction aux sciences de la communication, París : La Découverte. - CASTLES, S. Y MILLER, M. (1993) : The Age of Migration : International Population Movements in the Modern Age, Basingstke : Macmillan. - CHAMBERS, I. (1995) : Migración, cultura, identidad, Buenos Aires : Amorrortu Editores. - DABAS, Elina y NAJMANOVICH, Denise (Comps.) (1995) : Redes. El lenguaje de los vínculos, Buenos Aires : Paidós. - ESS, Charles (Ed.) (2001) : Culture, technology, communication : towards an intercultural global village, NJ : State University of New York Press. - FORNET-BETANCOURT, Raúl (Ed.) (2003) : Culturas y poder. Interacción y asimetría entre las culturas en el contexto de la globalización, Bilbao : Ediciones Desclée. - FOUCAULT, Michel (1992) : Genealogía del racismo, Madrid : Ediciones La Piqueta. - GARCÍA GUTIÉRREZ, Antonio (2002) : La memoria subrogada. Mediación, cultura y conciencia en la red digital, Granada : Universidad de Granada. - GARCÍA GUTIÉRREZ, Antonio (2003) : Otra memoria es posible, Buenos Aires : La Crujía. - HOLLIFIELD, J.E. (1992) : Immigrants, Markets and State : The Political Economy of Post-War Europe, Cambridge : Harvard University Press. - IBARRA, P. (2001) : Inmigración, diferencia, ciudadanía, Bilbao : Hegoa. - IMBERT, G. (1993) : “El sujeto europeo y el otro”, en Archipiélago, número 12, pp.16-51. - JAMESON, F. y ZIZEK, S. (1998) : Estudios culturales. Reflexiones sobre el multiculturalismo, Buenos Aires : Paidós. - LAL, Vinay (2002) : Empire of Knowledge. Culture and Plurality in the Global Economy, Londres : Pluto Press. - LASH, Scott (2002) : Critique of information, Londres : Sage. - MALGESINI, G. (Comp.) (1998) : Cruzando fronteras. Migraciones en el sistema mundial, Barcelona : Icaria. - MELUCCI, A. (2001) : Vivencia y convivencia. Teoría social para una era de la información, Madrid : Trotta. - MOSCO, V. (1998) : The Political Economy of Communication, Thousand Oaks : Sage.
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