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Por lo mismo, para efectos de este análisis, el
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que al estar más próximo a nuestra época pareciese
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III. La importancia de fomentar y
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Tener una sola interpretación es equivalente
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adaptativo. De hecho, no cumplió con ninguno de
los tres puntos anteriormente mencionados.
Primero, no hizo un examen real...
que la diversidad del sistema florezca y sea
orquestada, en vez de ser suprimida y marginada.
Con todo, el caso de Hitler ...
del grupo.
La única forma de acceder a tu propia
experiencia es a través de tu historia. El ser
consciente de tu historia ...
fielmente impregnada en una frase de Humberto
Maturana cuando sostiene que "sin aceptación y
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nuestro progreso. De similar modo, cuando Martin
Heidegger afirma “No queda asidero ninguno. (..)
Sólo resta el puro exist...
fundamental si pretendemos que los sistemas
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nivel de desequilibrio existente tras el fin de la
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Referencias Bibliográficas
Bello, D., & Valenzuela, E. (2014). Manual de ciencia política. Santiago: RIL editores.
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Hacia un Liderazgo Ético; Adolf Hitler desde la perspectiva del Liderazgo Adaptativo

Lo que este ensayo busca es analizar el ejercicio de liderazgo de Adolf Hitler, tanto desde la perspectiva de la efectividad como en términos de la ética –para luego evaluar si realmente ejerció liderazgo desde el framework del liderazgo adaptativo desarrollado por Ronald A. Heifetz y Marty Linsky en la Escuela de Gobierno de la Universidad de Harvard—, como también analizar cuán socialmente útil puede ser el comprender el liderazgo como un acto ético en sí mismo. Esto nos exige revisar la definición que cotidianamente utilizamos de liderazgo, como también el dilucidar qué se encuentra detrás del anhelo de un grupo de personas cuando demandan “más liderazgo” de parte de una persona o autoridad. Por lo mismo, la tesis esencial que se espera sostener en este ensayo es que cuando el liderazgo no es ético, es por definición inefectivo para el progreso de los individuos, grupos y sociedades, y que por lo tanto, en la medida que el ejercicio de liderazgo se enajena de su condición moral pierde entonces toda eficacia.
Published on: Mar 4, 2016
Published in: Education      
Source: www.slideshare.net


Transcripts - Hacia un Liderazgo Ético; Adolf Hitler desde la perspectiva del Liderazgo Adaptativo

  • 1. 
 Julio 2015 | Universidad Adolfo Ibáñez 1 Esta obra está licenciada bajo la Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial 4.0 Internacional. Para ver una copia de esta licencia, visita http:// creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0/. Hacia un Liderazgo Ético; Adolf Hitler desde la perspectiva del LiderazgoAdaptativo por Héctor E. Lira ISBN 978-956-358-790-6 TERCERA EDICIÓN
  • 2. Julio 2015 | Universidad Adolfo Ibáñez 2
  • 3. Nuestro miedo más profundo no es que seamos inadecuados. Nuestro miedo más profundo es que somos más poderosos de lo que imaginamos. Es nuestra luz, no nuestra oscuridad lo que más nos asusta. Nos preguntamos "¿quién soy yo para ser brillante, hermoso, talentoso y fabuloso?" Pero en realidad, ¿quién eres tú para no serlo? El hacerte el pequeño no le sirve al mundo. No hay nada iluminador en encogerte para que otras personas no se sientan inseguras cerca de ti. Todos estamos destinados a brillar como lo hacen los niños. No está sólo en algunos de nosotros, está en todos y cada uno. Y mientras dejamos que nuestra propia luz brille, inconscientemente autorizamos a otras personas para hacer lo mismo. Y en la medida que nos liberamos de nuestros propios temores, nuestra presencia automáticamente libera a otros.1 Marianne Williamson Recuerdo haberme enfrentado muchas veces a la dificultad, académica y valórica, de comprender de manera más profunda el “liderazgo” que se le atribuye aAdolf Hitler, en un intento de entender cómo se gesta un proceso de tal tipo y qué resguardos puede tomar un sujeto cualquiera quien, quizás cegado por su propio entendimiento y concepción de lo que significa el “bien común”, cometa errores que impliquen un gran costo para la sociedad. Con todo, es un desafío no menor el lograr relacionar la ética con el liderazgo, en cuanto que surgen múltiples problemáticas al intentar conectar un concepto tan trajinado como el liderazgo, con algo a su vez tan sujeto a convencionalismos filosóficos como la ética. Y sin embargo, el someternos a interrogantes como “¿Qué significa ser un líder?”, “¿Es el liderazgo más o menos efectivo cuando se ejerce de un modo ético?”, “¿Cuál es la real medida del liderazgo: lograr nuestro fin o cómo usamos los medios?”, “¿Es posible hablar de los líderes negativos y positivos, o hay algo más allá de esa dicotomía?”, “¿Qué es aquello que las personas a n h e l a n c u a n d o d e m a n d a n “ m á s liderazgo”?”...pareciese ser un ejercicio fundamental al momento de introducirnos en una discusión más profunda respecto del fenómeno del liderazgo y su conexión con el bien común de un grupo. En esa línea, lo que este ensayo busca es analizar el ejercicio de liderazgo de Adolf Hitler, tanto desde la perspectiva de la efectividad como en términos de la ética –para luego evaluar si realmente ejerció liderazgo desde el framework del liderazgo adaptativo desarrollado por Ronald A. Heifetz y Marty Linsky en la Escuela de Gobierno de la Universidad de Harvard—, como también analizar cuán socialmente útil puede ser el comprender el liderazgo como un acto ético en sí mismo. Esto nos exige revisar la definición que cotidianamente utilizamos de liderazgo, como también el dilucidar qué se encuentra detrás del anhelo de un grupo de personas cuando demandan “más liderazgo” de parte de una persona o autoridad. Por lo mismo, la tesis esencial que se espera sostener en este ensayo es que cuando el liderazgo no es ético, es por definición inefectivo para el progreso de los individuos, grupos y sociedades, y que por lo tanto, en la medida que el ejercicio de liderazgo se enajena de su condición moral pierde entonces toda eficacia. (Williamson, 1996) Traducción y adaptación propia. Poema original Our deepes fear de Marianne Williamson1 publicado en su libro A return to love (1992). Este poema fue citado por Nelson Mandela en su discurso de toma de posesión el 10 de mayo de 1994 como presidente electo de Sudáfrica. Julio 2015 | Universidad Adolfo Ibáñez 3
  • 4. El Concepto de Progreso en el Liderazgo Para efectos de este análisis, existe un desafío no menor. El desprenderse de la carga arquetípica que posee la imagen de Hitler en la historia de la humanidad no es sencillo, y el caricaturizarlo y deshumanizarlo es una forma fácil y seductora de evadir un fenómeno que es mucho más complejo y frecuente de lo que imaginamos. En efecto, nuestra inevitable tendencia humana a personificar los conflictos disminuye a su vez nuestra capacidad de realizar un examen realista ante un problema socialmente complejo. Por lo mismo, es absolutamente necesario el desarrollar una mirada holística en vez de personalista al2 respecto, con el fin de elaborar un análisis más objetivo y certero del fenómeno de Hitler en la Alemania de esa época. Por consiguiente, el análisis se expondrá desde la mirada del liderazgo adaptativo, y la razón detrás de esta elección radica en lo beneficioso que resulta el entender el liderazgo como una actividad en vez de una condición biológica, social o cultural propia del contexto o “sustancia” de un individuo cualquiera. Sin embargo, es importante advertir que es exclusivamente bajo los supuestos que establece la mirada anteriormente mencionada que podemos sostener la pregunta respecto de si Hitler efectivamente ejerció liderazgo o no. Dado que, en efecto, existen distintas formas de interpretar y evaluar el liderazgo de este personaje histórico, aspecto que es analizado por Heifetz: Si el liderazgo se define exclusivamente por la influencia, Hitler puede considerarse un líder auténtico y exitoso: movilizó a todo un país para que siguieran su visión. Fue capaz de convencer a millones de personas para que organizaran sus vidas en torno a sus ideas. Incluso añadiendo el criterio de que las metas tienen que satisfacer las necesidades de los seguidores, además de las del líder, podríamos decir que Hitler lideró. Sus muchos seguidores de Alemania compartían sus metas (…) Llegó a su posición, en parte, expresando las penurias y esperanza de muchas personas. Además, según las normas de la efectividad organizacional, Hitler ejerció un liderazgo formidable. En cientos de casos específicos de toma de decisiones, Hitler logró desarrollar la efectividad de las organizaciones alemanas. Estableció el objetivo de restaurar la economía de su país, y consiguió hacerlo dentro de un lapsus de tiempo. (Heifetz, 1997, pág. 52) Ante esto, no es propósito de este ensayo el dogmatizar la discusión y, por ende, no se pretende el afirmar o negar el nivel de asertividad de otras concepciones de liderazgo, sino que se busca hacer uso de las herramientas que el framework del liderazgo adaptativo otorga para poder responder a los cuestionamiento éticos que hemos esbozado. Desde esta perspectiva, es necesario clarificar que la palabra "liderazgo" contiene en sí misma una carga valórica, ya que comúnmente se le asocian ciertos valores y características personales tales como la influencia, la movilización, el glamour, etc., y para Heifetz en particular, el concepto de progreso. Por lo mismo, existe una resistencia natural en las personas cuando se les pide cuestionar lo que entienden por “liderazgo”, en cuanto que, al desafiar el concepto que un El holismo es una posición metodológica y epistemológica que postula cómo los sistemas y sus propiedades deben2 ser analizados en su conjunto y no solo a través de las partes que los componen, pero aún consideradas éstas separadamente. Julio 2015 | Universidad Adolfo Ibáñez 4
  • 5. individuo posee de liderazgo, a su vez se está desafiando la imagen que posee de sí mismo y que ha construido a lo largo de su biografía. Dicho esto, cabe ahora comprender a qué se refiere Heifetz y sus colaboradores cuando nos hablan del concepto de liderazgo. A partir de un análisis de su extensa bibliografía, éste se podría definir como el: 1) proceso de desafiar a un grupo de personas para que revise y adapte sus valores, normas, creencias y comportamientos, 2) realizando en ellas un trabajo adaptativo que desarrolle nuevas capacidades que les posibiliten el progreso. En efecto, en la primera parte de esta definición se hace referencia a que el liderazgo no es una condición dada y permanente en el tiempo, sino más bien una actividad. Esto implica que la efectividad no pasa por el “líder” al cual comúnmente señalamos y buscamos cuando hay problemas, sino más bien a la eficacia del proceso de intervención desde un rol cualquiera. Del mismo modo, en ninguna parte se hace mención a variables como la “credibilidad” o “autoridad”, recursos que si bien pueden ayudar y/o limitar el ejercicio del liderazgo, no son imprescindibles para el mismo. En ese sentido, para ilustrar este punto es suficiente imaginar a Mahatma Gandhi cuando recién comenzaba a intervenir en India sin poseer ninguna credibilidad ni autoridad, y quizás por eso, consciente de las limitaciones que implicaba el ostentar un cargo, jamás optó por ejercer ningún tipo de autoridad formal, pese a que informalmente sus seguidores le llamaban Bāpu, que en idioma Guyaratí significa “padre”. En esa misma línea, es posible notar cómo en el primer enunciado de la definición se expresa abiertamente algo que a priori podría parecer un tanto paradojal. Se hace mención al “proceso de desafiar a un grupo de personas para que revise y adapte sus valores, normas, creencias y comportamiento” ¿Por qué una definición de liderazgo invita a poner a las personas en un estado de incomodidad, sobre todo cuando eso implica arriesgar la popularidad e influencia que se posee? La respuesta es más descriptiva que abstracta. Por un lado, existe cierta concepción de propósito que es inherente al enunciado, en cuanto que hay un para qué en asumir dicho riesgo, pero también hay un supuesto implícito contenido en esta definición que se deriva de la biología evolutiva: para prosperar se deben experimentar ciertos aprendizajes complejos que sólo son obtenidos tras un proceso de adaptación que implica ciertas pérdidas. Para esclarecer esto último, las palabras de Heifetz, Linsky y Grashow nos pueden ser útiles: Las nuevas adaptaciones desplazan, vuelven a regular y reorganizar parte del ADN antiguo. Por analogía, el liderazgo para superar desafíos adaptativos genera pérdidas. El aprendizaje suele ser doloroso. Que una persona sea capaz de innovar puede hacer que otra persona se sienta incompetente, traicionada o insignificante. No hay muchas personas a las que les guste que las “reorganicen”. Por lo tanto, el liderazgo requiere de la capacidad diagnóstica de identificar estas pérdidas y las pautas de respuesta defensiva predecibles tanto a nivel individual como a nivel sistémico. (Heifetz, Linsky, & Grashow, 2012, pág. 39) En ese sentido, es importante retomar la pregunta que se esboza en el párrafo anterior: ¿desafiarlos para qué? Si bien a todos nos puede hacer sentido el hecho de que el aprendizaje muchas veces puede ser doloroso, la pregunta es por qué una persona debería perder o renunciar a algo para poder aprender. Para responder esto, entramos a analizar la segunda parte del enunciado: “realizando en ellas un trabajo Julio 2015 | Universidad Adolfo Ibáñez 5
  • 6. adaptativo que desarrolle nuevas capacidades que les posibiliten el progreso”. El concepto de trabajo adaptativo deriva de la antropología y psicología social, en palabras del propio Heiftez: Durante casi cuatro millones de años, nuestros primeros antepasados vivieron en pequeñas tribus que cazaban y recolectaban alimentos. Progresivamente, fueron sofisticando el diseño de las herramientas y de las técnicas de caza y de transporte. Su capacidad física fue aumentando a medida que desarrollaban sistemas, mediante el cambio evolutivo, para ampliar su ámbito de actuación. Gracias a lo que antropólogos y psicólogos han identificado como la capacidad de aprender de nuestros mayores, los primeros seres humanos empezaron a formar culturas con normas que se sostenían por sí mismas y que requerían una mínima intervención de las autoridades para su cumplimiento. Las normas culturales otorgaron a los seres humanos una capacidad de adaptación y de expansión extraordinarias cuando, hace relativamente poco, unos doce mil años aproximadamente, aprendieron a domesticar animales y a cultivar plantas; la nueva capacidad de almacenar alimentos permitió, y exigió, asentamientos más permanentes. Ahora, grandes grupos vivían juntos, lo que trajo una nueva necesidad: gobernar organizaciones y comunidades amplias (…) El proceso de adaptación de nuestros primeros antepasados a las nuevas posibilidades y desafíos continuó durante el curso de la historia escrita, con el crecimiento y la variación en el alcance, la estructura, el gobierno, la estrategia y la coordinación de la empresa política y comercial. La manera de entender la gestión de estos procesos ha seguido una evolución similar, hasta llegar a nuestros tiempos y a lo que llamamos liderazgo adaptativo. (Heifetz, Linsky, & Grashow, 2012, pág. 36) Por tanto, cuando hacemos mención a un proceso de adaptación, hacemos referencia a la evolución que deben experimentar los grupos e individuos en sus formas de interactuar – a nivel de las dinámicas, prácticas y procesos-, como también respecto de la capacidad de sensibilizarse en cuanto se enfrentan a un desafío desconocido y complejo. Del mismo modo, la noción de progreso que está comprendida en la segunda parte de la definición guarda una estrecha relación con la lógica darwinista, en cuanto se relaciona con cuánta capacidad posee un sistema para poder experimentar ciertos cambios esenciales pero conservando a su vez lo que más valoran como grupo. De ahí que definamos el progreso como el “desarrollo de una capacidad nueva que permite que el sistema social crezca en entornos nuevos y hostiles (mediante un) proceso de aprendizaje social y político que conduce a la mejora de la situación del grupo, la comunidad, la organización, el país o el mundo” (Heifetz, Linsky, & Grashow, 2012, pág. 372). Sin embargo, este último aspecto es particularmente complejo, dado que, al hablar de una “mejora en la condición del grupo”, se deja espacio para entrar en los cuestionamientos éticos de qué se entiende por esa mejora, quién o quiénes la definen, y finalmente, cuál concepción de mejora es la que prevalece cuando compiten múltiples interpretaciones al respecto. En concordancia, si recogemos las distintas definiciones e interrogantes que han emergido, ciertamente podríamos construir preguntas que permitieran estructurar un examen más profundo del proceso de movilización de masas llevado a cabo por Hitler, y por defecto, por un sujeto cualquiera. En ese sentido, entre las múltiples preguntas que pueden surgir respecto de la figura del Tercer Reich, es pertinente esforzarse por elaborar interrogantes que tengan un enfoque práctico y que facilite el contraste con los hechos Julio 2015 | Universidad Adolfo Ibáñez 6
  • 7. históricos de los cuales se tienen conocimiento. Por lo mismo, para efectos de este análisis, el examinar el contexto en el cual se desenvolvió Adolf Hitler es sumamente relevante al momento de querer entablar distinciones y develar ciertos insights desde una perspectiva más objetiva y realista, sobre todo cuando el personaje en cuestión tiene todavía - a 70 años de su muerte- un peso histórico y simbólico enorme en el relato postmoderno de la sociedad actual. Diagnóstico de la Alemania (pre) Nazi Tras declararse el fin oficial de la Primera Guerra Mundial el 28 de junio de 1919, Alemania quedó derrotada política, económica y moralmente. Esto derivó en un frustrado intento por implementar una democracia liberal (República de Weimar) que reemplazara las anteriores monarquías. Las razones del fracaso pueden encontrarse en gran medida en la dificultad que tenían los grupos tradicionalistas, herederos de la aristocracia prusiana, para validar y adaptarse a la nueva situación política. En palabras de Alexander (Jeffrey, 1992), “como no podían aceptar la legítima autoridad del establishment legal “modernista”, el sistema de control social no tenía modo de adjudicar, o aun reprimir, los conflictos cada vez más agresivos de la sociedad alemana”. De este modo, esto sentó una base para que emergiera un conflicto a nivel de paradigmas respecto de cómo se iba a construir la narrativa e identidad de la Alemania post Primera Guerra Mundial. Adicionalmente, al empezar el siglo se comenzó a gestar una nueva ideología que años más tarde se transformó en lo que conocemos como nacionalsocialismo. Esta corriente se fundaba en gran medida en la idea de la superioridad de la raza aria, inspirando un profundo antisemitismo, un fuerte apoyo a la violencia como mecanismo de “limpieza” social y a la validación de los regímenes totalitaristas como forma legítima de gobierno. Partidario de estas teorías, surgió desde el anonimato un personaje singular, Adolf Hitler, un aspirante a artista austriaco que decidió unirse al Partido Obrero Alemán tras concluir la Primera Guerra Mundial. En 1920, este partido fundado en Münich adoptó el nombre de Partido Nacionalsocialista Alemán del Trabajo y, al año siguiente, Hitler se convirtió en su líder. En ese sentido,Adolf Hitler en su libro Mein Kampf logra transmitir con bastante claridad el3 programa del movimiento y, como bien se puede apreciar en el siguiente extracto, su formulación tiene un asidero conceptual que proponía una visión propia sobre el humanismo, el pacifismo, la superioridad de la raza aria y el antisemitismo: Lo que nadie podrá dudar es que la Tierra estará expuesta a las más duras luchas por la existencia de la Humanidad. Al final, vence siempre el instinto de conservación. Bajo la presión de éste, desaparece lo que llamamos espíritu humanitario como expresión de una mezcla de locura, cobardía y pretendida sabiduría. Si la Humanidad se hizo grande en la lucha eterna, en la paz eterna desaparecerá. Para nosotros, los alemanes, el signo de la colonización interna es funesto, pues inmediatamente refuerza la opinión de haber encontrado un medio que, de acuerdo con el espíritu pacifista, permite situarnos en una vida de entorpecimiento, en un “ganar” El primer volumen de Mi lucha, de 400 páginas, fue publicado en el otoño de 1925. La impresión de este libro es3 considerada, por las leyes de varios países, un crimen federal, al que pueden aplicarse penas que van desde el pago de una pequeña multa hasta varios meses de cárcel, a diferencia de otros libros con ideologías extremistas. Julio 2015 | Universidad Adolfo Ibáñez 7
  • 8. la existencia (…) En tanto y en cuanto el alemán medio se haya convencido de poder garantizarse por ese medio la vida y el futuro, cualquier intento de una interpretación activa, y por tanto fructífera de las necesidades vitales de Alemania, estará condenada al fracaso (...) Teniendo presente esas consecuencias, se debe convenir que no es por azar que, en primer lugar, son siempre los judíos los que procuran y saben inocular en el espíritu del pueblo ideas tan mortalmente peligrosas. (Hitler, 1993, pág. 84) Y fue precisamente sobre esa visión que, con insospechada rapidez, este movimiento comenzó a crecer y a ganar adeptos, debido en gran medida a la inteligente utilización propagandista del sueño de una patria recuperada, libre de las enormes limitaciones impuestas por el Tratado de Versalles de la Primera Guerra Mundial , como también por el temor al4 comunismo y las tensiones sociales originadas por la depresión económica y el desempleo. En ese contexto, Hitler asumió el poder legítimamente tras ser nombrado canciller del III Reich, con lo cual comenzó la dictadura del partido. Históricamente, se ha explicado esto debido en gran medida a un efectivo manejo de la propaganda y de las intervenciones realizadas frente al pueblo alemán. No obstante, todo este montaje buscaba principalmente neutralizar la verdadera realidad de Alemania en esa época que era la de una sociedad alicaída y castigada por la comunidad internacional. De este modo, el nazismo ocultó su naturaleza antidemocrática tras una ambigua filosofía en la que se mezclaban las evocaciones a la tradición romántica de una Alemania "bárbara" y vital, el culto y la exaltación de la fuerza, el desprecio por los ideales democráticos - vistos como señal evidente de debilidad y de escasa virilidad-, la exaltación racista de un pueblo alemán “destinado” a destruir y sustituir a las otras razas inferiores y decadentes, y otros temas políticos más concretos como la polémica en torno al Tratado de Versalles, la creciente militarización de la economía y de toda la vida nacional mediante la introducción en todos los niveles del Führerprinzip , y la necesidad de una inmensa5 expansión industrial como única solución ante la crisis económica. Sin embargo, un análisis más sociológico de la Alemania pre-nazi da cuenta de un fraccionamiento nacional mucho más delicado y sigiloso que lo mencionado hasta el momento. Jeffrey lo deja muy claro en su libro donde realiza un diagnóstico bastante más sistémico del problema, identificando certeramente las distintas De las muchas disposiciones del tratado, una de las más importantes y controvertidas estipulaba que Alemania y4 sus aliados aceptasen toda la responsabilidad moral y material de haber causado la guerra y, bajo los términos de los ensayos 231-248,1 deberían desarmarse, realizar importantes concesiones territoriales a los vencedores y pagar exorbitantes indemnizaciones económicas a los Estados victoriosos. Führerprinzip es un término alemán traducible como “principio de autoridad”. Se refiere a un sistema jerárquico5 de líderes (similar al sistema militar) que tienen una absoluta responsabilidad en el área de su competencia y que deben responder sólo a una autoridad superior pretendiendo obediencia absoluta de sus subalternos. El Führerprinzip fue un concepto político y propagandístico en el Nacionalsocialismo alemán. Julio 2015 | Universidad Adolfo Ibáñez 8
  • 9. facciones que se encontraban en conflicto. En sus palabras: (Talcott Parsons ) cree que en Alemania se6 desarrolló una versión más extrema de lo que ocurrió en todo Occidente: la sociedad quedó dividida en un sector “moderno” que estaba profundamente involucrado en estructuras recientes, impersonales y racionalizadas, y un sector “tradicional” que se oponía a ellas. Los grupos tradicionalistas experimentaban gran angustia por la disolución de las viejas pautas, y enfatizaban el fin de la certidumbre religiosa, la destrucción de la simplicidad rural y la pérdida de la estabilidad económica. El sector modernista experimentaba angustia a causa de su posición vulnerable en el filo cortante de la racionalización (...) Un grupo nuevo como la clase obrera industrial alemana entendía que aún no había recibido su parte; un grupo más viejo como los pequeños granjeros entendía, por el contrario, que estaba perdiendo prestigio y seguridad económica en comparación con el grupo obrero (...) Los miembros de la clase industrial, por otra parte, experimentaban un aumento del control sobre las disponibilidades pero se sentían privados de un acceso igualitario a los símbolos del prestigio. Ningún grupo de la sociedad alemana estaba satisfecho con su suerte. Estas tensiones inusitadamente grandes entre los sectores modernizadores y tradicionales facilitaron la creación de chivos expiatorios. Cada grupo estaba frustrado, y cada cual externalizaba su frustración como agresión contra los que definía como “criminales”. Para la izquierda modernizante —obreros, intelectuales, científicos, comunistas— los chivos expiatorios eran los grupos de la vieja Alemania, la aristocracia, la clase media baja, los líderes religiosos, y segmentos de la nueva clase alta que se había aliado con ellos. Para la derecha tradicionalista, los chivos expiatorios eran los socialistas, los intelectuales, los científicos y los judíos. Estaba montado el escenario para una batalla a muerte. (Jeffrey, 1992, pág. 45) En ese contexto, no ha de sorprender que el pueblo alemán viera en Adolf Hitler a “uno de los suyos”, en el sentido que funcionaba como un repositorio inmejorable de los anhelos y dolores de una sociedad que necesitaba un símbolo que diera cierta contención. Con todo, independiente de la situación que existía antes de que Adolf Hitler ejerciera el poder, y considerando la barbaridad asociada a su rol durante ese siglo, con un saldo de cerca de 6 millones de muertos en los campos de concentración y los cerca de 60 millones de personas fallecidas por efecto de la Segunda Guerra Mundial , muchos utilizan su imagen7 como un caso ejemplar de liderazgo negativo, personificando en él todo el fenómeno social que se desplegó en esa época. Reflexionando sobre este último punto, quizás debido a las consecuencias del nazismo y a las atrocidades cometidas durante el régimen del Führer, Hitler ha sido personificado como el gran arquetipo del “mal Talcott Parsons, a quien hace referencia Alexander (1990), fue un sociólogo estadounidense y uno de los grandes6 representantes del funcionalismo estructuralista, cuya contribución más notable fue la difusión del concepto de "acción social". Para él, el funcionalismo estructural supone que las sociedades tienden a la autorregulación, así también como a la interrelación constante de todos sus elementos (valores, metas, funciones, etc.). Por supuesto que de ningún modo se responsabiliza de manera única y exclusiva a Hitler o la Alemania Nazi de7 estas cifras, hacerlo sería una fuerte evasión. Julio 2015 | Universidad Adolfo Ibáñez 9
  • 10. moderno”, una suerte de Nerón contemporáneo que al estar más próximo a nuestra época pareciese adquirir una mayor magnitud de malignidad. Cuestionamientos al liderazgo de Hitler Cabe preguntarse cuánto desafió Hitler al pueblo alemán respecto de los valores, normas, creencias y comportamientos que los habían llevado a estar en las condiciones que se encontraban. Si bien Hitler movilizó efectivamente a todo un país hacia su visión de lo que consideraba que era necesario para que el pueblo alemán saliera adelante, debemos recordar que el liderazgo no se define únicamente por el nivel de influencia que se tiene sobre los seguidores. En efecto, si suponemos que el liderazgo no sólo debe satisfacer las necesidades de los seguidores sino también elevarlos y lograr en ellos una profunda reflexión y análisis del problema, entonces Hitler no ejerció liderazgo, sino que más bien impuso –a veces a través de la seducción de sus discursos y otras mediante la coerción- una visión que no se hizo cargo de los conflictos de valores que existían entre las distintas facciones que estaban involucradas en el desafío de reconstruir la moral, la economía y la configuración política de un pueblo fuertemente castigado por la comunidad internacional en el Tratado de Versalles de 1919. No obstante, el sometimiento del pueblo alemán durante la Alemania Nazi es un fenómeno mucho más complejo. Aunque superficialmente parezca un pensamiento antagónico, un segundo análisis más profundo apunta a que Hitler también fue manipulado por el sistema social para evadir los cambios que el entorno le imponía al pueblo alemán. En este aspecto, hay distintos enfoques históricos que han examinado el efecto de Hitler en Alemania, y existe una fuerte dicotomía en los análisis que se realizan respecto de su responsabilidad histórica en la sociedad nazi. Por un lado, están los análisis de los historiadores “intencionalistas” (o también “Hitlercéntricos”), que adjudican toda la responsabilidad a Hitler, condenándolo como el gran arquitecto del genocidio y Segunda Guerra Mundial. Y, de manera contraria, existen también las i n t e r p r e t a c i o n e s d e a u t o r e s m á s “estructuralistas” (o “funcionalistas”), que no focalizan el estudio únicamente en las intenciones y los actos del Führer, sino que consideran la fuerza de las circunstancias históricas en el momento de creación y funcionamiento del régimen nazi como uno de los factores decisivos al momento de evitar el análisis, por parte del pueblo alemán, respecto de cuál era el trabajo adaptativo que realmente debían realizar para superar los problemas que enfrentaban como nación. En esa línea, es desde la concepción estructuralista que abordaremos el presente ensayo, entendiendo la “sociedad nazi” como un sistema complejo con distintas facciones relacionadas entre sí, donde Adolf Hitler - como fenómeno- tuvo un rol protagónico y fundamental, pero que por sí mismo no es capaz de explicar y sustentar el devenir de esa época. En concordancia, es importante considerar también cuánta capacidad adaptativa y cuánto8 aprendizaje logró instalar Hitler en el pueblo alemán para hacer frente a los distintos desafíos que debían enfrentar. En esa línea, según el criterio del trabajo adaptativo, tampoco ejerció liderazgo: Hitler movilizó espectacularmente a la sociedad, tanto en términos sociales como económicos, pero en dirección a evitar la realidad. Evocó visiones La “capacidad adaptativa” se podría definir como el nivel de desequilibrio que una persona o grupo determinado es8 capaz de sostener, dada la fortaleza del ambiente contenedor que poseen y el alto nivel de sensibilidad que tienen al momento de sentir la tensión en cuanto la circunstancias cambian. (Eichholz, 2015) Julio 2015 | Universidad Adolfo Ibáñez 10
  • 11. románticas de Alemania y, a su vez, victimizó al pueblo alemán como recurso para convencerlo. En efecto, Hitler no solo erró en el diagnóstico de los males de la condición de Alemania sino que también fortaleció la dependencia de los sistemas jerárquicos al momento de tomar decisiones, lo que se tradujo en un sistema de gobierno dictatorial, que no permitía mecanismos democráticos que incorporaran la visión de las distintas facciones de la sociedad alemana. En efecto, toda esa distorsión de la realidad quedó claramente reflejada en las diversas formas de propaganda que el régimen nazista desarrolló. Los soldados, pese a que estaban perdiendo desde hace tiempo, se convencían de que la única solución al problema de Alemania era la que promovía el régimen Nazi; y no solo ellos, sino también las personas comunes y corrientes que de manera voluntaria denunciaban a los judíos ante las autoridades. Lo anterior queda claramente ejemplificado en un artículo de Vega (2005) publicado en El Mercurio que analiza la propaganda Nazi y sostiene: “Apesar de los intensos bombardeos aliados y de las ciudades convertidas en ruinas, la propaganda invitó al pueblo alemán a no cejar, a no perder el espíritu e, incluso, a reforzar la confianza en Hitler. Para esto, "inventó" armas secretas y fortalezas impenetrables para que la gente, aun con una bayoneta entre pecho y espalda, siguiera creyendo en la esvástica.” Finalmente, cabe el cuestionarse un aspecto fundamental respecto de la forma en que el Tercer Reich movilizó a la sociedad alemana de la época: ¿Quién definió el progreso en torno al cual el pueblo Alemán se encaminó, y cuánta revisión y adecuación de esa concepción de progreso lograba sostener la sociedad Nazi? Hitler inspiró a las personas con el bien común deAlemania, pero éste era el de una sociedad fragmentada y excluyente, cuya única forma de sobrevivir era eliminando otros valores y formas de pensar. Aplicaciones del Liderazgo Adaptativo Puesto que, detrás de todo el análisis desarrollado a lo largo de este ensayo, las aplicaciones prácticas que se pueden extraer de las preguntas éticas asociadas al ejercicio del liderazgo apuntan directamente al nivel de aprendizaje y capacidad adaptativa de un grupo, ¿qué elementos correspondientes al framework del liderazgo adaptativo podemos utilizar para ejercer un liderazgo ético? I. La importancia de realizar iterativamente exámenes realistas9 Es este ejercicio una de las garantías de que el proceso adaptativo que sucede y las intervenciones que durante éste se efectúen tienen un propósito alineado con lo que el sistema necesita o anhela . No es suficiente10 realizar un único diagnóstico en todo el proceso, sacar una “foto” de lo que ocurre es estático y no incorpora los cambios que ocurren tras cada intervención. Por lo mismo, es necesario generar la capacidad de poder intervenir y “estar en el balcón” simultáneamente, analizando en tiempo real lo que ocurre en el sistema tras cada En su bibliografía, Heifetz habla de esto como “Subirse al balcón”, los jesuitas lo llamaban “Reflexión en la9 acción”. A veces el sistema no ha determinado nada. Simplemente tiene un anhelo, un esbozo, una opinión o un sueño. A10 veces el camino se va haciendo al andar. Julio 2015 | Universidad Adolfo Ibáñez 11
  • 12. estímulo. En ese sentido, la única manera de producir un examen realista de lo que está pasando es precisamente a través de un ejercicio de abstracción, intentando identificar patrones de respuesta de los distintos grupos de interés que interactúan dentro del sistema. No se trata sólo de entender la importancia y configuración de los elementos que existen dentro de una organización, como por ejemplo lo son las historias, las normas, las autoridades, las expectativas, los roles, el nivel de desequilibrio y contención, etc., sino también de la interacción que tienen y tendrán estos componentes al momento de abordar un desafío determinado en términos políticos .11 II. La importancia de desafiar los supuestos asociados a nuestra definición del12 problema y su solución El no hacerlo limita la capacidad de cuestionar la visión personal que se posee ante un problema determinado, lo cual implica que nunca se cuestiona si se está realizando el trabajo adaptativo correcto para solucionar el problema o no. Para llevar a cabo un trabajo adaptativo, la visión debe seguir el contorno de la realidad, y no sólo ser atractiva y despertar pasiones. Es importante determinar bien cuál es la situación actual y ser precisos en identificar cómo el desafío adaptativo divide el sistema en distintas facciones que luego se manifiestan de distintas formas al momento de intervenir en él. Esto no implica que quien esté movilizando al grupo no tenga una visión de futuro -es necesario que posea un propósito y cierta convicción- . No obstante, tiene que tener la suficiente apertura y humildad de comprender que el bien común trasciende su rol y propósito personal. En ese sentido, cuando se cae en la persuasión es un claro síntoma de que estamos profundamente apegados a nuestro concepto “propio” de lo que entendemos es el bien común para un grupo determinado. Quizá lo más complejo de este aspecto es determinar cuándo el propósito personal de quien está movilizando al grupo es “trascendido” por el del sistema social. La respuesta es simple, pero el proceso es complejo: el grupo es capaz cuando ha compartido y socializado un diagnóstico realista y, a su vez, se ha generado la suficiente capacidad y madurez en el sistema como para que ellos mismos puedan construir la imagen de lo que entienden como un futuro esperanzador. Una visión de futuro que nunca es desafiada por sus seguidores es un síntoma de que vamos en el rumbo equivocado porque no incorporamos la visión de los otros durante el proceso. En general, cuando las personas piden “más liderazgo”, lo que realmente están diciendo es que anhelan progreso y un estado de bienestar mayor, pero no alguien que les imponga una visión que los lleve a destruir los fundamentos de su ética y moral. Entendido lo “político” en su concepción más filosófica.11 Cuando hablo de “nuestra” no me refiero únicamente a la subjetiva del individuo, sino que a la construida por el12 colectivo del cual forma parte el individuo. Julio 2015 | Universidad Adolfo Ibáñez 12
  • 13. III. La importancia de fomentar y proteger las voces disidentes Tener una sola interpretación es equivalente a no tener ninguna. Eliminar todas aquellas facciones y personas que no comparten nuestra escala de valores y cosmovisión es errar en el trabajo adaptativo, dado que éste no solo trata de examinar la realidad sino también de comprender que la “realidad” que cada sujeto percibe depende significativamente de lo que ese individuo valora. En particular, una forma que sirve para comprender esto es aplicando una de las propiedades de los sistemas complejos que recoge Gharajedaghi llamada “propiedad emergente” (Gharajedaghi, 2011). Este concepto sostiene que es a través de la interacción de todos los componentes de un sistema que surgen ciertos atributos o propiedades que serían imposibles de manifestarse o generarse en la singularidad de una de sus partes. Es decir, las propiedades del todo no son siempre reductibles a las características de las partes. Un ejemplo simple de caracterizar esto es el fenómeno de la “humedad”. Como bien pueden concebir, tanto el hidrógeno como el oxígeno carecen de “humedad”, dicha propiedad solo emerge cuando estos dos elementos se combinan de una manera determinada y generan un atributo nuevo que solo es propio de la interacción entre estos dos elementos. En ese sentido, el efecto que se puede producir en los sistemas sociales, dependiendo de cómo es llevado el proceso, no es menor; podemos generar una gran “bomba atómica” que termine por violentar a las personas, o bien una nueva fuente de energía para seguir subsistiendo como grupo. De similar modo, desde una visión más ecosistémica, los sistemas naturales y sociales con mayor capacidad y éxito de adaptación son aquellos que poseen y valoran la diversidad, pues les permite sobrevivir e innovar en ambientes hostiles y cambiantes: el pool de “ADN” natural y cultural es más amplio y permite desarrollar las capacidades nuevas que el sistema necesita. En este sentido, la heterogeneidad produce resilience a partir de las13 interacciones que se producen en un contexto de diversidad, y un sistema social que aniquila la pluralidad de interpretaciones atenta contra su propia sobrevivencia en el largo plazo, al menos en términos culturales. Más aún, si consideramos que “una cultura es una red cerrada de conversaciones” (Maturana & Verden-Zoller, 1997, pág. 11) entonces se torna evidente la importancia de tener garantías para que distintas voces surjan dentro de esa “red cerrada” propia de cada sistema social. Ahora, entonces, tenemos los elementos que nos permitirán cuestionar la efectividad de Hitler, desde el framework del liderazgo adaptativo, al momento de “liderar” los desafíos de Alemania. Y, frente a eso, podemos decir que si bien él generó una enorme influencia sobre los demás, logrando persuadir a millones de personas para que adaptaran sus valores en torno a su visión personal de “progreso” – que estaba claramente expresada en su obra Mein Kampf -, y que a su vez, se hizo cargo de las expectativas de sus seguidores de manera formidable, logrando, por ejemplo, restaurar la economía de Alemania durante un lapsus de tiempo, no obstante esto, no ejerció liderazgo según la mirada del liderazgo Capacidad que desarrollan aquellos sistemas que, a pesar de experimentar situaciones de alto riesgo, superan la13 adversidad y sobreviven. Julio 2015 | Universidad Adolfo Ibáñez 13
  • 14. adaptativo. De hecho, no cumplió con ninguno de los tres puntos anteriormente mencionados. Primero, no hizo un examen realista de los problemas de Alemania, y por lo mismo, no fue preciso en identificar y testear qué era lo que experimentaba el pueblo conforme avanzaba con su estrategia. De haberlo hecho, entonces habría caído en cuenta rápidamente que el desafío no tenía que ver con el exterminio de un “enemigo interno” - que eran todos quienes tenían una forma de pensar y sentir distinta al nazismo, y cuya máxima expresión fue el Holocausto- sino que por el contrario, que la solución del problema tenía que ver con la inclusión e involucramiento de éstos en el desarrollo de una nueva nación que soportara el proceso de reconstrucción moral y económico de Alemania post Primera Guerra Mundial. Por el contrario, construyó un relato en dirección contraria a afrontar los problemas reales que tenían como nación, sustentado más en la fantasía y una retórica romántica que en la objetividad de la situación que se encontraba. Segundo, no permitió desafiar el concepto de bien común que él tenía de Alemania. Jamás generó el espacio para que se cuestionara si los supuestos sobre el cual se había fundamentado el nazismo eran los correctos. En ese sentido, no existió ningún ejercicio de validación de si las ideas y valores que promovía Hitler eran los más aptos para el progreso de la nación, muy por el contrario, los asesores más cercanos de Hitler , ya14 fuese por la ceguera de la devoción o por el temor a ser eliminados, no sostenían una actitud socrática respecto las definiciones que él tomaba y las acciones que cometía. Por lo mismo, el hecho de haberse rodeado y aconsejado de sus seguidores más devotos hacía imposible desarrollar una cultura interna dentro de su círculo de hierro que entendiera los cuestionamientos como una herramienta útil para el ejercicio del liderazgo. Y finalmente, conectado a lo anterior, no fomentó ni protegió las voces disidentes. En una primera instancia, dentro de su grupo de asesores, pero luego también dentro de la nación. En ese sentido, no existían mecanismos democráticos ni ningún tipo de institucionalidad que protegiera y promoviera que facciones con una visión distinta a la del nazismo pudiera manifestarse, por lo cual la supresión de la diversidad realizada por Hitler atentó desde un principio contra la supervivencia de Alemania en el largo plazo, por cuanto era insostenible en términos culturales y económicos el aislamiento, como también el suponer que no emergerían más pronto que tarde grupos disidentes dentro del propio nazismo .15 Esto deja entrever una premisa fundamental: el progreso debe ser definido por todo el sistema, por muy complejo que esto pueda resultar en la práctica. Cuando una facción progresa a costa de eliminar los intereses y anhelos de otros, ya sea socavándolos moralmente o eliminándolos, sin incluirlos en lo que entienden como el bien común, entonces no se está ejerciendo liderazgo. Esto, si se considera que desde la perspectiva del liderazgo adaptativo es imposible que un grupo progrese como tal si antes no revisa y adapta los valores, normas, creencias y comportamientos que se encuentran en conflicto, para lo cual es necesario Para ahondar en esto, vale ver la estrecha relación y obediencia que tenía Hitler sobre su “círculo de hierro”14 compuesto por Herman Willhelm Göring, Joseph Goebbels, Martin Bormann, Heinrich Himmler y Rudolf Hess. Respecto de este último, si bien existe cierta controversia respecto de su supuesta “traición” a Hitler, existen otras versiones que hablan que todas sus acciones fueron en coordinación con el Führer. De hecho, el coronel nazi alemán Claus Von Stauffenberg, junto a otros militares y políticos de la época,15 protaginizaron un intento de atentado para acabar con la vida de Hitler el 20 de julio de 1944, con el propósito de tomar el control del país. Julio 2015 | Universidad Adolfo Ibáñez 14
  • 15. que la diversidad del sistema florezca y sea orquestada, en vez de ser suprimida y marginada. Con todo, el caso de Hitler se podría tildar de “atípico” y “poco probable”. No obstante, este análisis debe ser llevado a un terreno mucho más cercano y práctico. El cuestionamiento surge cuando nos ponemos en el escenario de que nosotros mismos, sin ánimo alguno de dolo, lleguemos al extremo de cometer errores similares a los que cometió Hitler. Ya sea en nuestros grupos de trabajo, organizaciones, aulas o familias, la tentación de cegarse por las convicciones y creencias personales es bastante grande. Y, por lo mismo, el espíritu de este ensayo busca entregar reflexiones que puedan ser útiles al momento de enfrentarse a un grupo que anhela liderazgo y exige soluciones a problemas que no sabemos abordar. Los puntos ciegos que se tienen cuando conducimos un grupo a través de la incertidumbre son variados, y en esos casos la importancia de lo ético y moral adquiere mayor importancia y protagonismo. El Liderazgo Moral Para Marshall Ganz el liderazgo se vuelve moral cuando se acepta la responsabilidad de hacer que otros alcancen un bien común bajo condiciones de incertidumbre (Ganz, 2010). En ese sentido, en la medida que nuestros valores y emociones motivan, infunden y energizan las acciones de un grupo de personas que se encuentran en un escenario de desequilibrio, entonces nos comenzamos a adentrar en el pantanoso terreno de lo ético y moral .16 En esa línea, basados en Ganz, existen al menos tres aspectos que debemos analizar y desafiar si queremos generar un juicio respecto de la ética del liderazgo que estamos ejerciendo. Siguiendo esta idea, cuando el erudito Hillel enuncia, un par de décadas antes de Cristo, el aforismo; “Si yo no me ocupo de mí, ¿quién lo hará? Y si solo me preocupo de mí, ¿qué soy? Y si no es ahora, ¿cuándo?”, nos da ciertas luces respecto de los tres principales dilemas que enfrenta quien busca el progreso y bien común de un grupo de personas. 1. ¿Cuán consciente eres de ti mismo, en términos de tus capacidades y limitaciones, al momento de ejercer liderazgo? Solo tú puedes experimentarte y conocerte verdaderamente. Ypor eso, en la medida que cada persona individualmente se haga consciente de sí misma, de su impacto y sus propias brechas, entonces el grupo completo velará por sí mismo sistémicamente. Por lo mismo, uno de los primeros pasos es sostener la siguiente paradoja: aceptar conscientemente tu valor y responsabilidad de movilizar un grupo en un contexto de incertidumbre y, a su vez, comprender que darle una significancia excesiva a tu ego merma tu efectividad y es un distractor que te empuja a pensar más en tus necesidades que en el progreso El uso de las palabras “ética” y “moral” está sujeto a diversos convencionalismos y que cada autor, época o16 corriente filosófica las utilizan de diversas maneras. Etimológicamente, “ética” y “moral”, aunque de orígenes distintos, tienen el mismo significado. Sin embargo, en la actualidad han pasado a significar cosas distintas y hacen referencia a ámbitos o niveles diferentes. La moral tiene que ver con el nivel práctico o de la acción, la ética con el nivel teórico o de la reflexión. Moral es el conjunto de principios, criterios, normas y valores que dirigen nuestro comportamiento. La moral nos hace actuar de una determinada manera y nos permite saber qué debemos hacer en una situación concreta. Ética es la reflexión teórica sobre la moral. La ética es la encargada de discutir y fundamentar reflexivamente ese conjunto de principios o normas que constituyen nuestra moral. Por lo tanto, en la moral y ética se plantean cuestiones distintas. La moral tiene que ver el nivel práctico de la acción y trata de responder a la pregunta ¿qué debo hacer?, mientras que la ética con el nivel teórico de la reflexión y trata de responder a preguntas del tipo ¿qué es la moral? ¿cómo se aplica la reflexión a la vida cotidiana? Julio 2015 | Universidad Adolfo Ibáñez 15
  • 16. del grupo. La única forma de acceder a tu propia experiencia es a través de tu historia. El ser consciente de tu historia personal, de tu self y de17 las “voces internas” que te presionan a actuar de un modo determinado, tiene un gran impacto en el proceso de liderazgo. Por lo mismo, es fundamental tomar conciencia respecto del por qué consideras algunas cosas más importantes que otras, o cuáles son los orígenes de los valores y lealtades que te conducen a tomar ciertas decisiones y, sobre todo, cómo expresas tu self en los mensajes que estás enviando y en las acciones que estás realizando. El solo hecho de reflexionar respecto de quién o qué te autoriza a poner a un grupo de personas en un estado de incomodidad gatilla un ejercicio de introspección que te obligará a revisar tus propios apegos a tu historia, lealtades y sentido de propósito. 2. ¿Cuánto prescindes de ti mismo en las dinámicas que experimenta el grupo para que ellos, por sí mismos, tengan el suficiente espacio de construir su visión de futuro? En la sociedad actual occidental no es tan intuitivo el sostener que el Yo no es rival del Nosotros.Asaber, el Nosotros no es la suma de los individuos, sino que una relación que tiene una dimensión comunitaria, y es precisamente este tipo de conciencia holística lo que permite que convivan posiciones contradictorias y emociones simultáneas. Por lo mismo, cuando ejercemos liderazgo, existen ciertas tentaciones asociadas al Yo de las cuales debemos estar alertas, más aún cuando entendemos que la dependencia que podemos generar en un sistema social atenta contra el progreso de éste y, que a su vez, el apetito delYo por ser necesarios, por desplegarse por sobre el Nosotros, adquiere diferentes formas conforme la estructura psíquica de cada individuo. En ese sentido, según Heifetz (Liderazgo sin respuestas fáciles, 1997) podríamos categorizar estos deseos en tres diferentes tipos (no excluyentes entre sí); el primero, de Poder y Control, que nace del anhelo de ser el “héroe” que pone orden frente al caos; el segundo, de Afirmación e Importancia, que es la tendencia a permitir y/o reforzar una visión pretenciosa de sí mismo; y la tercera, de Intimidad y Placer, que es el la inclinación a desvirtuar las relaciones de poder en términos afectivos. En esa línea, cuando Hillel afirma “Y si solo me preocupo de mí, ¿qué soy?”, se refiere particularmente al efecto que producen los otros en mí y, recíprocamente, yo en los otros; y, puesto en un extremo, en la cosificación del Yo cuando no se preocupa del Nosotros. Si hablamos de comenzar a considerar al otro de manera más iterativa, entonces se torna fundamental el modelar la virtud del respeto , entendida como una condición sine18 qua non para la supervivencia y prosperidad de un grupo determinado en el largo plazo. En ese sentido, el respeto por el otro lo entendemos como un esfuerzo consciente y constante de aceptar lo que no entendemos de él, mas no como un acatamiento. La esencia de ver al otro queda Sí mismo. En su acepción de sustantivo, designa de manera muy general lo que define a la persona en su17 individualidad. El self o la identidad no es una cosa fija e inmutable, dado que no puede separarse de la sociedad y de las circunstancias es la que está definida, pues éstas son las condiciones que hacen posible su definición y uso social. “La palabra Respeto procede etimológicamente del latín respectus, que significa “acción de mirar atrás”,18 “consideración, atención”; sugiere entonces como una mirada atenta, tomar algo en consideración. El respeto es reconocer el derecho ajeno; es el reconocimiento, consideración, atención o deferencia, que se deben a las otras personas.” Extraído el 23 de junio de 2015 de http://conceptodefinicion.de/respeto/ Julio 2015 | Universidad Adolfo Ibáñez 16
  • 17. fielmente impregnada en una frase de Humberto Maturana cuando sostiene que "sin aceptación y respeto por sí mismo uno no puede aceptar y respetar al otro, y sin aceptar al otro como un legítimo otro en la convivencia, no hay fenómeno social" (Maturana, Emociones y lenguaje en educación y política, 2002). Sin respeto no se pueden orquestar los conflictos entre las distintas facciones y, por consiguiente, el sistema se vuelve incapaz de dialogar y prosperar. Mientras menos respeto exista en una sociedad, mayor es la probabilidad de que el conflicto social implique una pérdida en términos de la representatividad y participación de las diferentes facciones dentro del sistema. Por lo mismo, sólo en la medida que exista el suficiente respeto y aceptación- según la concepción antes descrita - será sostenible para ese ecosistema el poder prescindir de ti de una manera sustentable. 3. ¿Cuán capaz es el grupo de sostener la esperanza sin perder de vista sus limitaciones debido y pese a la angustia que provoca la19 incertidumbre? El cuestionarnos respecto de cómo experimentamos –en términos emocionales o anímicos— la incertidumbre nos sitúa directamente en las acciones que realizamos diariamente a lo largo de un proceso adaptativo. Cada decisión que un grupo toma al momento de enfrentarse a un dilema refuerza o restringe la libertad y capacidad de las personas para innovar en la solución de problemas complejos. En ese sentido, el cuestionarse interrogantes como cuánta capacidad adaptativa existe en el sistema social para que el grupo pueda –a través de los recursos que posee o que pueda desarrollar— aproximarse al futuro que anhelan, o qué nuevas maneras de pensar y de actuar está dispuesto a adoptar el grupo en nombre de sus creencias más profundas, nos ayudan a dilucidar qué limitaciones poseemos como ecosistema al enfrentar un desafío ante el cual no conocemos la solución. Por lo mismo, es fundamental entender el fenómeno de la incertidumbre desde dos dimensiones; la primera, que es debido a la incertidumbre que nos volvemos incompetentes, dado que necesitamos aprender nuevas soluciones y formas de abordar desafíos que no se encuentran en nuestro repertorio; y segundo, que es pese a la incertidumbre que debemos hacernos cargo de los desafíos para prosperar como grupo. En ese sentido, el corporeizar el concepto de incertidumbre es fundamental, por cuanto es una de las fuentes más grandes de potenciales oportunidades de adaptación que le permiten a las personas y organizaciones reinventarse a sí mismas, pero a su vez, y de manera casi inalienable, una de las grandes fuentes de angustia del ser. En esa línea, cuando Friedrich Hölderlin sostiene “Allí donde está el peligro, crece también lo que salva”, nos transporta directamente a la importancia de estar-ahí en la incertidumbre para Es importante comprender la diferencia entre angustia y miedo. En palabras de Heidegger: “Angustia es19 radicalmente distinto de miedo. Tenemos miedo siempre de tal o cual ente determinado que nos amenaza en un determinado respecto. El miedo de algo es siempre miedo a algo determinado. Como el miedo se caracteriza por esta determinación del de y del a, resulta que el temeroso y medroso queda sujeto a la circunstancia que le amedrenta. Al esforzarse por escapar de ello –de ese algo determinado– pierde la seguridad para todo lo demás; es decir, «pierde la cabeza». La angustia no permite que sobrevenga semejante confusión. Lejos de ello, háyase penetrada por una especial tranquilidad. Es verdad que la angustia es siempre angustia de…, pero no de tal o cual cosa. La angustia de… es siempre angustia por…, pero no por esto o lo otro. Sin embargo, esta indeterminación de aquello de que y por qué nos angustiamos no es una mera ausencia de determinación, sino la imposibilidad esencial de ser determinado.” (Heidegger, 1974, pág. 50) Julio 2015 | Universidad Adolfo Ibáñez 17
  • 18. nuestro progreso. De similar modo, cuando Martin Heidegger afirma “No queda asidero ninguno. (..) Sólo resta el puro existir en la conmoción de ese estar en suspenso en que no hay nada donde agarrase” (Heidegger, 1974, pág. 51), nos invita a considerar la importancia –ontológica y óntica- de los estados de ánimo y sentimientos asociados a la incertidumbre, entendiéndolos ya no como fenómenos pasajeros de los que un individuo o grupo puedan desprenderse, sino que, por el contrario, como un elemento constitutivo esencial cuando se trata de comprender al sujeto en sus circunstancias, en el devenir del ahora. En ese sentido, la necesidad incesante de los seres humanos de acumular seguridad para su autocuidado, de construir estabilidades y regularidades, cuya máxima expresión de esta superestructura de autoprotección es por definición la cultura dominante de un sistema social determinado, es una de las principales razones por las cuales el desarrollar la capacidad de construir y sostener la esperanza es fundamental para el progreso de un grupo que transita por la angustia de lo desconocido. Reflexiones Finales Es temible quien ejerce liderazgo por parecer arbitrario, y, por ende, injusto, pero también el liderazgo en sí mismo, como fenómeno, por amenazar y hacer desaparecer la codificación de ciertas normas, principios y conductas que nos entregan estabilidad. Sin embargo, quizás tan fundamental como los cuestionamientos éticos inherentes a la decisión – consciente o inconsciente— de movilizar un grupo en un contexto de incertidumbre, es también importante el cuestionarse respecto de qué es lo que pierde un grupo si no se moviliza. En ese sentido, si bien a lo largo de todo el análisis se ha puesto un mayor énfasis en la complejidad asociada a la acción ejercida por una persona al enfrentarse a un desafío adaptativo, es también igual de importante determinar el costo social que implica la inacción por parte de ellos. Para ilustrar, si Nelson Mandela hubiese decidido no actuar, debido al pánico de ser el responsable ético y moralmente de un grupo determinado, entonces quizás jamás se habría avanzado tanto en la lucha contra el apartheid. Por lo mismo, dado lo inevitable que es tener puntos ciegos al momento de diagnosticar e intervenir sobre un grupo de personas en un contexto de incertidumbre, se vuelve imperativo el modelar un valor inalienable al ejercicio del liderazgo: la humildad . Pero no en su acepción20 de sumisión o bajeza, sino más bien como la “virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento” . Ante esto,21 conceptos como “libertad”, “capacidad”, “progreso” y “esperanza” sugieren una revisión profunda respecto de cómo nos hemos relacionado a lo largo de nuestra historia con estas ideas. Hay algo que claramente se deja entrever detrás de todo este análisis, y es que ejercicio del liderazgo, cuando no se ejerce moralmente, no es efectivo. Y, en ese sentido, la necesidad de mirar y mirarnos a nosotros mismos se vuelve Respecto de este concepto, es interesante revisar una cita del I Ching que afirma: “La modestia no debe20 confundirse con la bondad débil que todo lo permite. Cuando alguien tiene un puesto de responsabilidad, en ciertas circunstancias debe saber actuar con energía. Sin embargo, es necesario tratar de no imponerse a los demás haciendo alarde personal de la superioridad, sino de asegurar la posición en su alrededor. Las medidas a tomar deben ser puramente objetivas sin herir la susceptibilidad de las otras personas. La humildad también debe manifestarse en la severidad.” (Anónimo, 2014, pág. 59) "Humildad". En el Diccionario de la Lengua Española. Fuente electrónica [en línea, consultado el 23-04-13].21 Madrid, España: Real Academia Española. Julio 2015 | Universidad Adolfo Ibáñez 18
  • 19. fundamental si pretendemos que los sistemas prosperen. El hacer (y hacernos) las preguntas correctas nos puede ayudar, tanto individual como grupalmente, a no caer en los errores clásicos de todo proceso de movilización, los cuales en su peor versión han tomado formas de dictaduras, genocidios, asesinatos y guerras. La revisión profunda e individual de las acciones e inacciones que cometemos cotidianamente es la única garantía de obrar con conciencia del bien común de un grupo. En ese sentido, el cómo hacemos que un grupo experimente la combinación de tensión y contención tiene una incidencia directa en el ritmo de desarrollo de su capacidad adaptativa. Y, por lo tanto, el hacernos preguntas como “¿Es esta la dinámica que el grupo necesita para prosperar?”, “¿Para qué quiero ejercer liderazgo?”, “¿Cuánta dependencia he generado en el grupo para que resuelvan por sí mismos los problemas?”, “¿Es esta forma de generar desequilibrio la más ética, o quizás existe otra?”, “¿Cuánto me he dejado seducir por mi propia necesidad de controlar, ser admirado y/o sentirme querido a lo largo del proceso?”, “¿Estoy dispuestos a renunciar a lo que más valoro y necesito como individuo en beneficio de los demás?, “¿De quién aprendí a ejercer mi poder de esta determinada manera?”… son solo algunos de los muchos cuestionamientos que debemos realizarnos iterativamente para estar atentos de no convertirnos en el gran obstáculo del desarrollo y progreso de un grupo determinado. A lo anterior, cabe el realizarnos la pregunta implícita detrás de todo este ensayo: ¿En qué falló Hitler, desde una mirada ética del liderazgo, al momento de “liderar” los desafíos de Alemania? Primero, no estaba consciente de sus necesidades de afirmación e importancia que legítimamente tenía - que quede claro, todos y cada uno de nosotros tiene distintos tipos de apetitos-, por lo cual al momento de asumir el poder se transformó en alguien profundamente peligroso que actuaba para satisfacer sus propias necesidades en vez de apostar por el beneficio de Alemania. Es irresponsable el asumir un desafío sin estar consciente de tus brechas personales, podría ser equivalente a conducir un bus del transporte público lleno de pasajeros y en estado de ebriedad , y no hay nada que genere más22 embriaguez en los seres humanos que el poder. Segundo, Hitler generó una dependencia enorme de su figura, sin generar ninguna capacidad ni libertad para que el pueblo Alemán, por medio de diferentes mecanismos participativos e inclusivos, pudiese tomar definiciones diferentes respecto de las decisiones que se estaban tomando, ni mucho menos permitió que las personas se agruparan y movilizaran para exponer sus puntos de vista. En ese sentido, es fundamental comprender que Hitler erró al confundir su concepto de “pueblo alemán” con la facción de los alemanes “pura sangre” propiamente tal, esto dado que la diversidad del ecosistema que existía en Alemania estaba compuesta por diferentes grupos étnicos, religiosos y políticos, los cuales podrían haber sido grandes aliados al momento de reconstruir la economía y moral de un país severamente castigado por la comunidad internacional. Y finalmente, como tercer punto, Hitler no se hizo cargo de las limitaciones inherentes al proceso de adaptación que supuestamente debió experimentar el pueblo Alemán para prosperar en el contexto que se encontraban, las cuales por defecto generan una gran angustia y desesperanza. En ese sentido, era inevitable que frente al alto Es interesante el mencionar que una de las acepciones del significado de embriaguez es “enajenamiento del22 ánimo”, según la Real Academia Española (RAE). Bajo esa definición, nuestros propios apetitos o tentaciones nos ponen en una constante situación de “embriaguez”. Julio 2015 | Universidad Adolfo Ibáñez 19
  • 20. nivel de desequilibrio existente tras el fin de la Primera Guerra Mundial el sistema social tuviera menos recursos para “rearmarse”, y por ende, buscaran con desesperación que una figura de autoridad pusiera orden, lo cual era una solución técnica a un problema adaptativo . En ese sentido,23 Hitler fue un evidente caso de exceso de autoridad y escasez de liderazgo. Y por lo mismo, no ha de sorprendernos que la narrativa pública que Hitler había construido no tuviese bien definido cuál era el desafío que debían abordar como nación para el progreso, y tampoco se hacía cargo de los temores y barreras técnicas que existían para llevarlo a cabo – no quedaba claro cuál era la estrategia, solo se acataba que se debía ir a la guerra y exterminar al pueblo judío -. El síntoma más claro de lo anterior es que con la muerte de Hitler, al parecer moría también la esperanza del bienestar del pueblo alemán, es decir, no había algo intangible que trascendiera su figura y que diera certidumbre y optimismo más allá de lo que él representaba. Quizás si Hitler se hubiese realizado las preguntas correctas, o hubiese comprendido parte de los conceptos que se han desarrollado, habría existido la remota posibilidad de que millones de personas se hubiesen salvado y otras miles de atrocidades jamás se hubiesen cometido. Por consiguiente, si tal posibilidad existe, por muy minúscula que esta sea, entonces vale la pena sumergirse en la dimensión ética del liderazgo. Nunca se sabe cuándo puede aparecer un nuevo pequeño gran dictador en nuestras familias, aulas, organizaciones y países o, inclusive, frente al espejo que vemos cada mañana. Probablemente, mientras más pasión y ganas se tienen de cambiar el mundo, mientras más fuerte sea el llamado a cambiar una realidad, entonces más peligroso se es para los otros y para sí mismo. Y, sin embargo, emerge la arriesgada paradoja: ninguno de esos riesgos debiesen paralizarlo, pues, como escribió Marianne Williamson, “mientras dejamos que nuestra propia luz brille, inconscientemente autorizamos a otras personas para hacer lo mismo. Y en la medida que nos liberamos de nuestros propios temores, nuestra presencia automáticamente libera a otros” (Williamson, 1996), y es ese el espíritu detrás de este ensayo, un llamado a que todos se sientan “autorizados” a ejercer liderazgo, pero no desde la ceguera del ego y la angustia, sino que desde la luz que da la humildad y la esperanza.
 Esto es posible observarlo en muchos otros casos, como por ejemplo lo acontecido con Augusto Pinochet en el23 gobierno de Salvador Allende. Julio 2015 | Universidad Adolfo Ibáñez 20
  • 21. Referencias Bibliográficas Bello, D., & Valenzuela, E. (2014). Manual de ciencia política. Santiago: RIL editores. Eichholz, J. C. (2015). Capacidad Adaptativa. Bogotá: LID Editorial Colombia SAS. Ganz, M. (2010). Leading Change: Leadership, Organization, and Social Movements. In N. Nohria, & R. Khurana, Handbook of Leadership Theory and Practice (pp. 527-568). Boston: Harvard Business School Press. Gharajedaghi, J. (2011). Systems thinking. Burlington: Elsevier. Heidegger, M. (1974). ¿Qué es la metafísica? In J. Bergamín, Antología de Cruz y Raya (pp. 45-59). Madrid: Ediciones Turner. Heifetz, R. A. (1997). Liderazgo sin respuestas fáciles. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica. Heifetz, R. A., & Linsky, M. (2003). Liderazgo sin límites. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica. Heifetz, R. A., Linsky, M., & Grashow, A. (2012). La práctica del liderazgo adaptativo. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica. Hitler, A. (1993). Mi lucha. Barcelona: Editors S.A. Hobsbawm, E. (2000). Historial del siglo XX. Barcelona: Editorial Crítica. Jeffrey, A. C. (1992). Las teorías sociológicas desde la Segunda Guerra Mundial. Barcelona: Editorial Gedisa. Maturana, H. (2002). Emociones y lenguaje en educación y política. Santiago: Dolmen Ediciones. Maturana, H., & Verden-Zoller, G. (1997). Amor y juego. Fundamentos olvidados de lo humano. Santiago: Instituto de Terapia Cognitiva. Vega, G. (23 de Abril de 2005). Propaganda Nazi: el arma más poderosa del Tercer Reich. El Mercurio . Vitkine, A. (2011). Mein Kampf. Historia de un libro. Barcelona: Editorial Anagrama. Williamson, M. (1996). A return to love. HarperCollins e-books. Julio 2015 | Universidad Adolfo Ibáñez 21