Parábola: La Puerta Estrecha
(Mt. 7.13–14, Luc. 13:22–23)
«Entren por la puerta estrecha. Porque es ancha la puerta y espa...
unicamente a quien la hizo, sino que la dirige a todos los que le acompañaban, Su
respuesta debió caerles como balde de ag...
Negarse a sí mismo quiere decir borrar el yo como principio dominante de la vida, y hacer
que Dios sea el principio rector...
decir, sin puerta propiamente dicha. Lo que sucedía era que, por la noche, el mismo pastor
se acostaba o acurrucaba en la ...
Tres verdades importantes se desprenden de este pasaje:
(1) Existen solamente dos caminos en que uno puede caminar; uno co...
Jesucristo. Si alguien construye sobre este fundamento, ya sea con oro, plata y piedras
preciosas, o con madera, heno y pa...
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La Puerta Estrecha

¿son pocos los que van a salvarse?. ¿Quién podrá ser salvo? ¿qué buenas obras debo hacer para ganar la vida eterna? ¿son pocos los que se salvan? Estas son preguntas candentes que se presentan en el camino de la vida. Alguien le pregunta por el número de los que se salvarán. ¿Son pocos?
Published on: Mar 4, 2016
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Transcripts - La Puerta Estrecha

  • 1. Parábola: La Puerta Estrecha (Mt. 7.13–14, Luc. 13:22–23) «Entren por la puerta estrecha. Porque es ancha la puerta y espacioso el camino que conduce a la destrucción, y muchos entran por ella. Pero estrecha es la puerta y angosto el camino que conduce a la vida, y son pocos los que la encuentran» NVI En la perspectiva literaria del Dr. Lucas, aunque Cristo predica en diversos pueblos de Galilea, ya está camino de su ida final a Jerusalén (Luc_9:51), a su salida triunfal (algunos lo llaman Su entrada triunfal, pero para mí era Su salida triunfal, pues se encaminaba a su ejecución, Su entrada triunfal será al final de la septuagésima semana de Daniel), y es en dicho momento cuando alguien no especificado le pregunta: ¿son pocos los que van a salvarse?. ¿Quién podrá ser salvo? ¿qué buenas obras debo hacer para ganar la vida eterna? ¿son pocos los que se salvan? Estas son preguntas candentes que se presentan en el camino de la vida. Alguien le pregunta por el número de los que se salvarán. ¿Son pocos? Aquel hombre se dirige a Jesús como al Señor. Para él, Jesús es una autoridad destacada en asuntos de la salvación al final de los tiempos. ¿Es verdad que son pocos los que se salvarán? Para Jesús ésta es una pregunta inútil. Más bien debían preguntarse; si Israel ha escuchado el llamado de Dios, contesta no Parábola: La Puerta Estrecha por: Jorge Romero Díaz página # 1
  • 2. unicamente a quien la hizo, sino que la dirige a todos los que le acompañaban, Su respuesta debió caerles como balde de agua fría; «Habrá quienes lleguen del oriente y del occidente, del norte y del sur, para sentarse al banquete en el reino de Dios.» (Luc_13:29 NVI). Era creencia popular que por el solo hecho de ser hijos de Abraham bastaba para salvarse, sin embargo la respuesta de nuestro Señor jamas se la imaginaron, era impensable para ellos que los gentiles pudieran ser salvos; aún para los apóstoles, quienes no fue sino hasta aproximadamente 10 años después del día de pentecostés, cuando entendieron que los gentiles también podían ser salvos «—De veras, me doy cuenta de que Dios no hace distinción de personas», (Hch 10:34 RVA1989). De todos los países se convertirán y entrarán, mientras que el pueblo judío, en su mayoría, se quedará fuera. La doctrina de los fariseos dominante en la época de Jesús decía: «Todo Israel tiene participación en el mundo venidero» (Mishna, Sanhedrín 10,1) En otros círculos se pensaba en forma más pesimista: «Sólo a pocos traerá alivio el mundo venidero, a muchísimos, en cambio, fatiga». ¿Por qué pregunta el hombre por el número? ¿No busca ocultamente seguridad en el número? Si todo Israel se ha de salvar, entonces él está seguro. Si el número es pequeño, ¿para qué molestarse? Los números son un impedimento para lo que quiere nuestro Señor con su predicación. Es notoria la ausencia de cifras de convertidos en el NT después de pentecostés. En lugar de responder a la pregunta con un simple si o no, Nuestro Señor Jesús explicó que a pesar de que muchos saben algo acerca de Dios, solo algunos han recibido su perdón. Escuchar sus palabras o admirar sus milagros no es suficiente, es fundamental arrepentirse, cambiar nuestra mente, dar la espalda al pecado y confiar en Dios para recibir Su salvación, nuestro Señor esta enseñando que pocos llegarán a la vida que él ofrece. Son pocos los que andan por el camino angosto, que entran por la puerta estrecha y se salvan. Por otro lado, son muchos los que andan por el camino espacioso que les conduce inevitablemente a la perdición eterna. Nuestro Señor Jesús llama a tomar partido por el actual ofrecimiento de Dios. Esto es lo que importa, no saber el número... La salvación al final de los tiempos se asemeja a un banquete que se celebra en una sala cuya puerta es estrecha. Hay que imaginársela muy estrecha, delante de dicha puerta se produce gran aglomeración, todos quieren entrar y participar en el banquete, sólo el que emplea la fuerza puede abrirse paso entre la multitud apiñada. Sólo el que se impone a las fatigas de una competencia puede lograr entrar. Jesús invita: Esforzaos (Gr. Agonízomai = luchar con todas las fuerzas que han de decidir la victoria. Mat. 22:37). Lo que esto significa es que debemos negarnos a nosotros mismos Mat. 16:24, Mar. 8:3, Luc. 9:23, El negarse a sí mismo nos dice William Barclay, quiere decir en todos los momentos de la vida decirle no al yo y sí a Dios. Negarse a sí mismo quiere decir una vez y por todas y para siempre destronar el yo y entronizar a Dios. Parábola: La Puerta Estrecha por: Jorge Romero Díaz página # 2
  • 3. Negarse a sí mismo quiere decir borrar el yo como principio dominante de la vida, y hacer que Dios sea el principio rector, o más aún, la pasión dominante de la vida. Una vida de constante negación al yo es una vida de constante afirmación de Dios. Es decir: debe rendirle a Jesucristo una obediencia total. La vida cristiana es un constante seguir a nuestro Líder, una obediencia constante en pensamiento, palabra y obra, a Jesucristo. El cristiano sigue las huellas de Cristo, dondequiera que Él guíe. Los escritos apocalípticos, que por los días de Jesús hablaban mucho del tiempo final y de la gloria, contaban entre las mayores satisfacciones de aquellos que iban por los caminos del Altísimo, «el haber combatido en dura pelea para dominar la malicia ingénita». Nuestro Señor Jesucristo combatió de esta manera en el huerto de los Olivos, poniendo en tensión todas sus fuerzas tomó en su mano el cáliz de la pasión y la muerte que le estaba reservada. De estos esfuerzos y de este combate escribe Pablo: «Pelea la buena batalla de la fe; haz tuya la vida eterna, a la que fuiste llamado y por la cual hiciste aquella admirable declaración de fe delante de muchos testigos.» (1Ti_6:12) NVI. Y otra vez: «He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, me he mantenido en la fe. Por lo demás me espera la corona de justicia que el Señor, el juez justo, me otorgará en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que con amor hayan esperado su venida.» (2Ti_4:7-8) NVI. La puerta estrecha sólo está abierta por cierto tiempo. Desde que Jesús anunció el tiempo de salvación (Luc_4:18-21), está abierta la puerta. El plazo vence para cada ser humano cuando dejamos de existir, y en forma global será cuando venga el Señor al final de la septuagésima semana de Daniel. ¿Cuándo será ese día? ¿Cuándo se cerrará la puerta? Nadie lo sabe. (Mat. 24:36) Sin lugar a dudas; la puerta es nuestro Señor Jesucristo (Juan 10:9) Yo soy la puerta; el que entre por medio de mí, será salvo [Lit. se mantendrá seguro]; entrará, y saldrá, y hallará pastos. (Jua_10:9 RV1977) Empezó diciendo: "Yo soy la puerta.» En los tiempos de nuestro Señor había dos clases de refugios: 1. En los pueblos había corrales comunitarios donde se metían todos los rebaños de los vecinos cuando volvían a casa por la noche. Estaban protegidos por una puerta recia de la que solamente el portero tenía la llave. Era a esa clase de aprisco a la que se refería Jesús en Juan 10:2-3. 2. Pero, cuando el tiempo lo permitía y las ovejas no volvían por la noche al pueblo, se recogían en rediles al aire libre, que eran y son «apriscos cercados con un vallado de estacas y redes» (Dicc. RAE), con una abertura por la que entran y salen las ovejas; es Parábola: La Puerta Estrecha por: Jorge Romero Díaz página # 3
  • 4. decir, sin puerta propiamente dicha. Lo que sucedía era que, por la noche, el mismo pastor se acostaba o acurrucaba en la abertura, de forma que ninguna oveja podía salir sin pasar por encima de su cuerpo. Literalmente: el pastor era la puerta. Eso era lo que Jesús tenía en mente cuando dijo: «Yo soy la puerta.» A través de Él, y sólo por medio de Él, podemos tener acceso a la presencia de Dios. «Por medio de Él ―decía el apóstol Pablo― tenemos acceso al Padre» (Ef. 2:18 ). "Él ―escribe el autor a los Hebreos― es el camino nuevo y vivo» (Heb. 10:20 ). Jesús abre el camino hacia Dios. Hasta que vino Jesús, solo se podía pensar en Dios ―en el mejor de los casos― como un extraño, o ―en el peor de los casos― como un enemigo. Pero Jesús vino para enseñarnos y mostrarnos cómo es Dios, y para abrirnos el camino hacia Él. No hay otra puerta por la que podamos tener entrada a la presencia de Dios.(Hch_4:12; Heb_4:3;16), y solo a través de Él podemos salir y encontrar delicados pastos y aguas de reposo. El reino es como una casa con una puerta angosta que ofrece una admisión limitada. Se cierra cuando comienza la fiesta (Mat. 25:10) y entonces será demasiado tarde para entrar. No valdrá la pena clamar que se conoce a Jesús si no ha habido una respuesta previa a su mensaje. No hay posibilidad de una admisión automática para nadie. Algunos judíos serán excluidos y en su lugar se encontrarán gentiles de todo el mundo junto con los santos de los tiempos del Antiguo Pacto o A.T. Los que piensen que deben ser los primeros se encontrarán con que serán los últimos. Una vez más se enfatiza la lección de la necesidad del arrepentimiento (Lucas cap. 13): la salvación y el juicio no pueden ser separados. Para describir algo de lo que quiere decir esa entrada a Dios, Nuestro Señor Jesús usa una frase hebrea bien conocida. Dice que, por Él, podemos entrar y salir. El poder ir y venir sin impedimento era la manera judía de describir una vida totalmente segura y a salvo. Cuando uno puede entrar y salir sin miedo en su casa o en su país, eso quiere decir que hay paz, que las fuerzas de la ley y del orden funcionan, y que se goza de completa seguridad. El líder de la nación debe ser "el que salga delante de ellos y que entre delante de ellos, que los saque y los introduzca» (Núm. 27:17 ). De la persona que es obediente a Dios se dice que será bendito en su entrar y bendito en su salir (Deu. 28:6 ). El salmista está seguro de que Dios siempre guardará su salida y su entrada (Sal.121:8 ). Una vez que descubrimos, por medio de Jesucristo, cómo es Dios, adquirimos un nuevo sentido de libertad y de seguridad. Si sabemos que nuestra vida está en las manos de Dios así, las preocupaciones y los temores desaparecen.(Juan 10:28) La puerta a la vida eterna es estrecha (Juan_10:7-9). Pero esto no significa que sea difícil ser cristiano. Significa que hay muchas maneras de vivir la vida, pero un solo camino para vivir eternamente con Dios: Creer el evangelio (1 Cor. 15:1-4). Jesús es el único camino a la salvación, porque El murió por nuestros pecados y nos hizo justos delante de Dios. Vivir a su manera puede no ser fácil, pero es agradable a sus ojos. Parábola: La Puerta Estrecha por: Jorge Romero Díaz página # 4
  • 5. Tres verdades importantes se desprenden de este pasaje: (1) Existen solamente dos caminos en que uno puede caminar; uno conduce a la vida y el otro a la perdición (comp. Jer. 21:8). (2) Todos los hombres tienen que escoger uno de los dos caminos. No hay ni la más mínima insinuación en el Nuevo Pacto o N.T. de un tercer camino, o de la posibilidad de la neutralidad. (3) El camino que conduce a la vida es más difícil, y son pocos los que lo escogen; por otro lado, el camino espacioso es más fácil y atrae la mayoría de las personas. Muchos buscarán entrar y no podrán, no por falta de capacidad en la sala (cf. Jua_14:2), sino porque no se amoldan a entrar por esa alegórica “puerta estrecha.” Además, en un momento determinado, el dueño de la casa se levantará y cerrará la puerta. Ya no podrán entrar más. Ellos llamarán insistentemente y le alegarán, para que les abra, que le conocen (Mat_7:22), que son sus conciudadanos, que han comido y bebido con él, que le oyeron predicar en sus plazas. Pero les dirá que no les “conoce” — con el sentido enfático de “amor” — (Mat_7:23). No bastaba ser conciudadanos suyos para salvarse, como el rabinismo defendía por su descendencia de Abraham (Luc_3:8), ni haber comido o bebido con él en banquetes a que le invitaron, para espiarle; ni haber oído predicar o presentarle insidias en sus plazas. Cristo los “desconoce” como miembros del Reino. No le “oyeron” como había que oírle, no obraron como exigía ese escucharle. “Apartará” de sí a todos los que fueron así “obradores de iniquidad” (Mat_7:23). Es Cristo, que aparece aquí con los poderes judiciales, que en el A.T. eran poderes divinos exclusivamente reservados a Yahwéh, dando sentencia definitiva en el último juicio. Allí tendrán el terrible dolor expresado con la metáfora bíblica de desesperación: “llanto y crujir de dientes” (Mat_8:12). Habrá sorpresas en el Reino de Dios. Los que ocupan puestos importantes en este mundo puede que no tengan mucha importancia en el siguiente; y otros en los que nadie se fija aquí, puede que sean los príncipes en el mundo venidero. Se cuenta de una señora que estaba acostumbrada a muchos lujos y a que la trataran con respeto. Se murió y, cuando llegó al Cielo, vino un ángel para guiarla a su casa. Pasaron por delante de muchos palacios estupendos, y la mujer esperaba que cualquiera de ellos fuera el suyo. Salieron de la calle principal del Cielo y recorrieron las afueras, donde las casas eran mucho más modestas; y por último llegaron a una que no era mucho más que una covacha. " Esa es tu casa», le dijo el ángel guía. «¿Qué? -protestó la mujer-. ¡Esa no puede ser mi casa!» "Lo siento ─le dijo el ángel─, pero eso es todo lo que pudimos construirte con los materiales que nos mandaste desde abajo.» «Porque nadie puede poner un fundamento diferente del que ya está puesto, que es Parábola: La Puerta Estrecha por: Jorge Romero Díaz página # 5
  • 6. Jesucristo. Si alguien construye sobre este fundamento, ya sea con oro, plata y piedras preciosas, o con madera, heno y paja, su obra se mostrará tal cual es, pues el día del juicio la dejará al descubierto. El fuego la dará a conocer, y pondrá a prueba la calidad del trabajo de cada uno. Si lo que alguien ha construido permanece, recibirá su recompensa, pero si su obra es consumida por las llamas, él sufrirá pérdida. Será salvo, pero como quien pasa por el fuego» (1Co 3:11-15 NVI) Parábola: La Puerta Estrecha por: Jorge Romero Díaz página # 6

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