¿Por qué Debemos Predicar? Casi todo predicador se ha hecho en secreto la terrible pregunta “¿Losestoy ganando?” La ...
par de años antes. Si los asirios podía arrepentirse, entonces seguramente Israel,el pueblo de Dios haría lo mismo. ...
nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.” Debemos serel portavoz de los rugidos del mensaje de Dio...
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Por qué debemos predicar

Published on: Mar 4, 2016
Published in: Spiritual      
Source: www.slideshare.net


Transcripts - Por qué debemos predicar

  • 1. ¿Por qué Debemos Predicar? Casi todo predicador se ha hecho en secreto la terrible pregunta “¿Losestoy ganando?” La tendencia después de haber proclamado el mensaje de Diosen una mañana del domingo o en cualquier otro momento a menudo se puedever en los resultados en las vidas de los oyentes. Cuando aquel predicador vieneárido, y la falta de “resultados” son evidentes, el desánimo puede venirsefácilmente. En tiempos como este, ¿de dónde obtiene el predicador la motivaciónpara levantarse y proclamar el mensaje a la semana siguiente? Veamos que pasa en los tiempos del profeta Amós. Fue un período queparecía tener una gran esperanza para el futuro. El imperio asirio estaba endescenso, las fronteras del reino de Israel estaban en rápida expansión, y lariqueza comenzó a verterse en el reino una vez más. Nunca habían estado másseguros desde la época del gran rey Salomón, más de 170 años anteriores. Lasociedad estaba contenta con quiénes eran y dónde estaban como pueblo. Elpoder, el prestigio, la prosperidad y la paz estaban al alcance de la mano de lanación. Esta realidad parecía sólida sin embargo, era sólo la más completa de lasfachadas. La verdad del asunto es que la observancia religiosa del pueblo no eramás que una observancia hipócrita, y la gran mayoría de la población de la tierraera oprimida y agobiada, a expensas de los nobles ricos y poderosos dentro de laestructura gubernamental. Según a 1 Reyes 14:27, la única razón de que Dios nojuzgó a la nación inmediatamente fue porque Él no les había dado a conocer queestaba a punto de borrar su nombre de debajo de los cielos. Lo que la gente nosabía era que la sentencia final estaba apenas a 38 años de distancia. Amos entra en su púlpito y entrega el caso de Dios contra las personasfarisaicas, satisfechas de su tiempo. En Amos 3, Amós indica el caso de Dioscontra el pueblo y les revela la naturaleza sólida de la sentencia de Dios.Esencialmente, su elección como pueblo escogido de Dios formaba la base parasu condena. El veredicto de Dios contra el pecado estaba claro y era convincente.Las personas serían juzgadas por su iniquidad. Cuando Amos proclamó primero sumensaje, debió haber esperado algún tipo de arrepentimiento de la gente concorazón duro. Después de todo, él había oído hablar de los resultadossorprendentes de la proclamación de Jonás en el extremo norte de Nínive sólo un
  • 2. par de años antes. Si los asirios podía arrepentirse, entonces seguramente Israel,el pueblo de Dios haría lo mismo. Amos proclama su mensaje, y sin embargo la gente no lo recibe. En el texto,parece evidente que cuestionaron a Amos, y no le creyeron, porque Amos se veobligado a emprender una progresión retórica que demuestra su culpabilidad.Querían pruebas. Su respuesta demuestra el punto de Dios. Amos les da suevidencia y concluye diciendo, “Si el león ruge, ¿quién no temerá? Si habla Jehováel Señor, ¿quién no profetizará?” La razón por la que la gente podía saber que eljuicio de Dios iba a venir, era porque el profeta de Dios estaba delante de ellos, yel rugido estridente del león todo-poderoso todavía sonaba a los oídos de eseprofeta. Debido a que Amos había oído ese rugido, tenía una responsabilidad anteDios de proclamar el mensaje que había recibido. La situación no ha cambiado mucho en nuestros días. Vivimos en un mundoy una sociedad donde las personas se contentan con vivir sus vidas conscientesdel hecho de que están ligados a la dura y tóxica realidad de sus pecados. Toda lapersuasión en el mundo parece ser incapaz de moverlos. Están muertos en susdelitos y pecados, y por lo tanto no escuchan el rugido del león en su condición.Esas personas –nuestros vecinos, compañeros de trabajo, amigos, y muchas vecesla congregación– necesitan de un mensajero. Nosotros, como pueblo de Dios, queha llegado a un conocimiento salvador del Dador de la vida, hemos de ser elmensajero. Somos los únicos en el lugar de Amós, y estamos llamados aproclamar la buena noticia del Evangelio de Dios. El León de Judá ha llegado, y ha rugido con una voz que sigue resonando enlos pasillos del tiempo, ¡incluso 2.000 años más tarde! ¿Ha escuchado ese rugido yresuena esa explosión en sus oídos? Si lo ha escuchado, entonces usted tiene laresponsabilidad de proclamar el mensaje de la vida a un mundo agonizante quese encuentra en la sentencia incontenible de Dios, independientemente de sureacción a ella. Al igual que los días Amos, el juicio de Dios se precipitarápidamente hacia la humanidad porque “está establecido para los hombres quemueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27). Nuestro mundo está perdido, muriendo, y en la esclavitud. El Caso de Dioscontra el pecado es irrefutable, y su sentencia es abrumadora. Debido a quehemos escuchado el rugido de la voz de Dios en la persona de Cristo, se nos haconfiado el mensaje de la reconciliación. Como Pablo explica en 2 Corintios 5:20,“somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de
  • 3. nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.” Debemos serel portavoz de los rugidos del mensaje de Dios. ¡No existe mayor honor, deber, ogozo! Esta es la razón por la que predicamos, aun cuando la gente que lo escuchano parece “recibirlo”. ¡Si usted ha escuchado que ruge, entonces usted, como elmensajero de Dios es llamado a escuchar con gozo, reverenciarlo y proclamarlo!Tomado de Shepherds Fellowship Pulpit Magazine

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