La gran
esperanza
Viva con la certeza de que
todo va a terminar bien
Elena G. de White
ASOCIACIÓN CASA EDITORA SUDAMERI...
Título del original: From Here to Forever, Pacific Press Publishing Association, Nampa, ID, EE.UU.
de N.A.
Dirección: Pabl...
Índice
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La victoria
de la esperanza
Todos acompañamos con mucha emoción el rescate de los 33 mineros que quedaron atrapados, por ...
La victoria de la esperanza
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intenso y cuidadoso, hasta que el taladro rompió todas las capas de roca y los
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La gran esperanza
Tenemos crisis en todos los frentes. Quien asume una actitud apática o miedosa se aleja de la soluci...
¿Por qué existe el
sufrimiento?
Muchos observan la obra del mal con sus desgracias y
su desolación, y se preguntan cómo p...
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La gran esperanza
Hijo unigénito de Dios, era uno con el Padre eterno en naturaleza, en carácter, en propósito; el úni...
¿Por qué existe el sufrimiento?
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Él deseaba ser igual a Dios. Pero el Hijo de Dios era el Soberano reconocido
del cielo...
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La gran esperanza
se. Sostuvo que no tenía necesidad de arrepentirse, y se empeñó totalmente en el gran conflicto con...
¿Por qué existe el sufrimiento?
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aparentó promover el honor de Dios y el bien de todos los habitantes del cielo.
En su...
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La gran esperanza
Expulsado del cielo – Satanás y su hueste arrojaron la culpa de su re-
belión sobre Cristo; declar...
¿Por qué existe el sufrimiento?
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declarado que mientras que el Creador exigía la abnegación de parte de los
demás, él ...
La paz
verdadera
Dondequiera que los siervos de Dios predicaban
con fidelidad, se veían resultados que comprobaban su ori...
La paz verdadera
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rigidos a los pecadores. Los frutos se veían en personas que no rehuían la
abnegación sino que se re...
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La gran esperanza
se alegrarán de que Dios está obrando maravillosamente, cuando en realidad la obra será realizada p...
La paz verdadera
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digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley” (S. Mateo ...
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La gran esperanza
dio. Declara que la muerte es la suerte del transgresor. Solo el evangelio de
Cristo puede librar a...
La paz verdadera
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los creyentes han de ser santificados por el Espíritu Santo (Romanos 15:16).
¿Cuál es la obra del Es...
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La gran esperanza
la agonía que quebrantó el corazón del Hijo de Dios, y este pensamiento los
guiará a un espíritu de...
La paz verdadera
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Cuanto mayor sea la distancia entre Cristo y él mismo, más justo aparecerá a sus propios ojos.
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La gran esperanza
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a Cristo. Sus posesiones...
La paz verdadera
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Vida para
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que los habitantes de la Tierra se unan en su gue...
Vida para siempre
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La gran esperanza
Después de la caída, Satanás pidió a sus ángeles que inculcaran la creencia en la inmortalidad natu...
Vida para siempre
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la enseñanza de un fals...
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La gran esperanza
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Vida para siempre
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La gran esperanza
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Vida para siempre
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La gran esperanza
y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados.
Entonces también los q...
Vida para siempre
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Falsa
esperanza
La doctrina de la inmortalidad natural, tomada primero de la filosofía pagana, e incorporada en la fe cr...
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que ello implica, prestan o...
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La gran esperanza
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Falsa esperanza
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viven en la Tierra.
Adem...
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La gran esperanza
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corazón no regenera...
Falsa esperanza
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Espíritus de demonios, representando a parientes o amigos, apelarán a
nuestras más tiernas simpatías ...
Seducciones
peligrosas
El gran confl icto entre Cristo y Satanás pronto ha
de finalizar, y el maligno redobla sus esfuerz...
Seducciones peligrosas
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Satanás ve a los siervos de Dios agobiados a causa de la oscuridad que
rodea al pueblo. Él esc...
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La gran esperanza
gran adversario para crear confusión mental. La discordia y la división entre las iglesias se deben...
Seducciones peligrosas
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la Palabra de Dios ha de ser probada por la “falsamente llamada ciencia” (1
Timoteo 6:20). Deb...
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La gran esperanza
por concluyente que sea, puede convencerlos. Ninguno de los que sostienen este error puede tener un...
Seducciones peligrosas
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La gran esperanza
radamente desean verse libres de la duda. En lugar de poner en tela de juicio lo que no entienden, ...
Nuestra única
salvaguardia
Al pueblo de Dios se le indica que busque en las Escrituras su salvaguardia contra los falsos...
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Published on: Mar 4, 2016
Published in: Spiritual      
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Transcripts - La gran Esperanza

  • 1. La gran esperanza Viva con la certeza de que todo va a terminar bien Elena G. de White ASOCIACIÓN CASA EDITORA SUDAMERICANA Av. San Martín 4555, B1604CDG Florida Oeste Buenos Aires, República Argentina
  • 2. Título del original: From Here to Forever, Pacific Press Publishing Association, Nampa, ID, EE.UU. de N.A. Dirección: Pablo M. Claverie Traducción: Fernando Chaij Diseño del interior: Levi Gruber, Carlos Schefer Diseño de la tapa: Eduardo Olszewski, William de Moraes Ilustración de tapa: Shutterstock, Stockxpert Primera edición MMXI – 8.300M IMPRESO EN LA ARGENTINA Printed in Argentina Es propiedad. © 2011 ACES. Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723 ISBN 978-987-567-767-8 G. de White, Elena La gran esperanza / Elena G. de White / Dirigido por Pablo M. Claverie - 1ª ed. - Florida : Asociación Casa Editora Sudamericana, 2011. 96 p. ; 20 x 14 cm. Traducido por: Fernando Chaij ISBN 978-987-567-767-8 1. Literatura piadosa. I. Pablo M. Claverie, dir. II. Fernando Chaij, trad. III. Título. CDD 242 Se terminó de imprimir el 23 de junio de 2011 en talleres propios (Av. San Martín 4555, B1604CDG Florida Oeste, Buenos Aires). Prohibida la reproducción total o parcial de esta publicación (texto, imágenes y diseño), su manipulación informática y transmisión ya sea electrónica, mecánica, por fotocopia u otros medios, sin permiso previo del editor. -105267-
  • 3. Índice La victoria de la esperanza .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4 1 ¿Por qué existe el sufrimiento? .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7 2 La paz verdadera .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 14 3 Vida para siempre .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 24 4 Falsa esperanza .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 34 5 Seducciones peligrosas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 40 6 Nuestra única salvaguardia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 47 7 En defensa de la verdad .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 52 8 El destino del mundo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 57 9 Esperanza real . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 67 10 El gran rescate . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 77 11 La victoria del amor . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 87
  • 4. La victoria de la esperanza Todos acompañamos con mucha emoción el rescate de los 33 mineros que quedaron atrapados, por 69 días, a casi 700 metros de profundidad en una mina de oro y cobre, en el norte de la República de Chile. La mina San José, en el desierto de Atacama, sufrió un derrumbe el 5 de agosto de 2010. Durante los primeros 17 días, no hubo comunicación con el exterior. Los mineros sobrevivieron con dos cucharadas de atún enlatado, un sorbo de leche y media galleta, cada 48 horas. Recién el 22 de agosto, cuando una perforación logró llegar al lugar en donde los trabajadores estaban refugiados, apareció el mensaje de José Ojeda: “Estamos bien, en el refugio, los 33”. Entonces, la esperanza de salvación dejó de ser un espejismo y comenzó a tomar cuerpo como una posibilidad. La confirmación de que los mineros estaban vivos, y la confianza en que los técnicos, el Gobierno y todos los involucrados en el rescate harían los mayores esfuerzos, y usarían la mejor tecnología, trajo nuevo ánimo al Campamento Esperanza, que había sido montado por las familias en la proximidades de la entrada de la mina, después del accidente. Desde ese momento, se aceleraron los trabajos y tres planes de rescate se comenzaron a ejecutar. Había mucho por hacer; era necesario correr contra el tiempo, pero sin comprometer la seguridad. Fueron más de 33 días de trabajo 4
  • 5. La victoria de la esperanza 5 intenso y cuidadoso, hasta que el taladro rompió todas las capas de roca y los detalles finales del rescate comenzaron a ser calculados. El Campamento Esperanza se volvía cada vez más agitado, con los familiares que acompañaban los trabajos y la llegada de periodistas de muchos países para realizar la cobertura del evento. Finalmente, después de 69 días de espera –un récord absoluto en supervivencia–, la cápsula Fénix 2 trajo a la superficie, uno a uno, a los 33 mineros, sanos y salvos. Esas dos palabras finales –que usamos en forma habitual, sin pensar en su significado– resumen con precisión la condición de los mineros al salir de su tumba rocosa: todos tenían una excelente salud y vitalidad, además de diversas manifestaciones de una renovación espiritual, desde que recibieron las minibiblias, enviadas por la Iglesia Adventista del Séptimo Día, hasta la decisión de usar una camiseta que tenía estampada la frase: “Gracias, Señor” y el texto del Salmo 95:4. De forma más reciente, casi todos los rescatados participaron de una gira por Palestina, la que incluyó hasta un bautismo en las aguas del río Jordán. Este hecho, todavía muy presente en la memoria de todos, es otra demostración de la importancia de la fe, de la esperanza y del amor –las tres virtudes principales del cristianismo. La fe es el brazo mediante el cual nos aferramos a la omnipotencia divina. La esperanza se fundamenta en la fe, pero también se alimenta de las evidencias de la historia y de las verdades de la Revelación, y se enfoca en el futuro. También posee muchas expectativas y deseos, mientras actúa para cambiar las realidades del presente. En este punto entra en escena el amor, la mejor motivación para actuar, para modificar la historia. Es el combustible de todas las buenas acciones. El libro que usted tiene en sus manos es parte de una gran campaña desarrollada en los últimos años para destacar la esperanza, con el objetivo de plantear una visión del futuro que cambie el presente. Es una selección de once capítulos breves y sencillos, pero provocativos. Abordan algunos temas que nos interesan a todos, como la razón del sufrimiento, la paz verdadera, la vida después de la muerte y la victoria final del amor de Dios. Estos siguen un orden lógico, que comienza con el origen de los problemas y termina con la solución definitiva. Pero, entre esos dos extremos, cada uno de nosotros tiene que vivir su vida cotidiana y, en este plano, la esperanza marca la gran diferencia.
  • 6. 6 La gran esperanza Tenemos crisis en todos los frentes. Quien asume una actitud apática o miedosa se aleja de la solución. Por otro lado, quien acepta estos cuestionamientos, ejerce paciencia y se involucra en un ciclo de virtudes que incluye elementos que también se abordan en este libro: la verdad, y Dios como un guía seguro. La buena noticia es que existe una luz al final. Esta luz se está acercando para iluminar nuestro camino. Reflexione en el mensaje de este pequeño libro y su gran propuesta. Quien tiene esperanza tiene un gran futuro. Los editores.
  • 7. ¿Por qué existe el sufrimiento? Muchos observan la obra del mal con sus desgracias y su desolación, y se preguntan cómo puede existir esto bajo la soberanía de Uno que es infinito en sabiduría, poder y amor. Los que son propensos a la duda dicen esto como una excusa para rechazar las palabras de las Sagradas Escrituras. La tradición y las falsas interpretaciones han oscurecido la enseñanza de la Biblia concerniente al carácter de Dios, la naturaleza de su gobierno y los principios que rigen la forma en que él se relaciona con el pecado. Es imposible explicar el origen del pecado como para dar una razón de su existencia. Sin embargo, puede entenderse lo suficiente con respecto a su iniciación y su situación final como para que resulten plenamente manifiestas la justicia y la benevolencia de Dios. Dios de ninguna manera es responsable del mal; él no ha retirado arbitrariamente la gracia divina, ni ha habido deficiencia en el gobierno de Dios que diera ocasión a la rebelión. El pecado es un intruso por cuya presencia no puede darse ninguna razón. Excusarlo sería defenderlo. Si se pudiera encontrar una excusa por él, dejaría de ser pecado. El pecado es el desarrollo de un principio que está en guerra con la Ley de amor, la cual es el fundamento del gobierno divino. Antes de la entrada del mal, había paz y gozo por todo el universo. El amor a Dios era supremo, y el amor mutuo entre los seres era imparcial. Cristo, el 7
  • 8. 8 La gran esperanza Hijo unigénito de Dios, era uno con el Padre eterno en naturaleza, en carácter, en propósito; el único ser que podía entrar en todos los consejos y los propósitos de Dios. “Porque por él fueron creadas todas las cosas, en los cielos... ora sean tronos, o dominios, o principados, o poderes” (Colosenses 1:16, VM). Siendo la Ley de amor el fundamento del gobierno de Dios, la felicidad de todos los seres creados dependía de su armonía con sus principios de justicia. Dios de ninguna manera se complace en una lealtad forzada, y a todos concede libertad de elección, con el fin de que puedan rendirle un servicio voluntario. Pero hubo uno que escogió pervertir esta libertad. El pecado se originó con uno que, siendo el primero después de Cristo, había sido el más honrado por Dios. Antes de su caída, Lucifer era el primero de los querubines cubridores, santo e incontaminado. “Así ha dicho Jehová el Señor: Tú eras el sello, de la perfección, lleno de sabiduría, y acabado de hermosura. En Edén, en el huerto de Dios estuviste; de toda piedra preciosa era tu vestidura... Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas. Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad... Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor”. “Pusiste tu corazón como corazón de Dios”. “Tú que decías... Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré... sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo” (Ezequiel 28:12-17, 6; Isaías 14:13, 14). Codiciando el honor que el Padre había otorgado a su Hijo, este príncipe de los ángeles aspiró a poseer un poder que era prerrogativa de Cristo solamente ejercer. Una nota discordante ahora echó a perder la armonía celestial. La exaltación del yo despertó presentimientos de mal en la mente de aquellos para quienes la gloria de Dios era suprema. Los concilios celestiales intercedieron ante Lucifer. El Hijo de Dios presentó delante de él la bondad y la justicia del Creador, y la naturaleza sagrada de su Ley. Al apartarse de ella, Lucifer iba a deshonrar a su Hacedor y traer ruina sobre sí mismo. Pero la amonestación solamente despertó resistencia. Lucifer permitió que prevalecieran los celos contra Cristo. El orgullo alimentó el deseo de supremacía. Los altos honores conferidos a Lucifer no despertaron un sentimiento de gratitud hacia el Creador.
  • 9. ¿Por qué existe el sufrimiento? 9 Él deseaba ser igual a Dios. Pero el Hijo de Dios era el Soberano reconocido del cielo, uno en poder y autoridad con el Padre. Cristo participaba en todos los consejos de Dios, mas a Lucifer no se le permitía entrar en los propósitos divinos. “¿Por qué –preguntó este ángel poderoso– debe Cristo tener la supremacía? ¿Por qué él resulta honrado de esta manera sobre Lucifer?” Descontento entre los ángeles – Abandonando su lugar en la presen- cia de Dios, Lucifer salió a difundir el descontento entre los ángeles. Actuando con un sigilo misterioso, ocultando su verdadero propósito bajo la apariencia de reverencia hacia Dios, trataba de excitar el desafecto hacia las leyes que gobernaban a los seres celestiales, diciendo que ellas imponían restricciones innecesarias. Siendo que los ángeles eran de naturaleza santa, insistía en que Una y otra vez se estos debían obedecer los dictados de su prole ofreció perdón pia voluntad. Dios había obrado con injusticia a condición de al otorgarle supremo honor a Cristo. Él alearrepentimiento y gaba que no se proponía la exaltación propia sino que estaba tratando de lograr libertad sumisión. para todos los habitantes del cielo, con el fin de que ellos alcanzaran una existencia superior. Dios soportó por largo tiempo a Lucifer. Este no fue degradado de su posición exaltada aun cuando empezó a presentar declaraciones falsas ante los ángeles. Una y otra vez se le ofreció perdón a condición de arrepentimiento y sumisión. Se hicieron esfuerzos que solamente el amor infinito podía idear para convencerlo de su error. El descontento nunca se había conocido en el cielo. Lucifer mismo, al principio, no entendía la verdadera naturaleza de sus sentimientos. Cuando se comprobó que su insatisfacción no tenía causa, Lucifer se convenció de que los principios divinos eran justos y de que él debía reconocerlos ante todo el cielo. Si hubiera hecho esto, se habría salvado a sí mismo y a muchos ángeles. Si hubiera estado dispuesto a regresar a Dios, y hubiera estado satisfecho de ocupar el lugar que le fuera señalado, habría sido restablecido en su función. Pero el orgullo le impidió someter-
  • 10. 10 La gran esperanza se. Sostuvo que no tenía necesidad de arrepentirse, y se empeñó totalmente en el gran conflicto contra su Hacedor. Todas las facultades de su mente maestra se empeñaron ahora en una obra de engaño, para asegurarse la simpatía de los ángeles. Satanás afirmó que había sido juzgado erróneamente y que su libertad había sido restringida. Con engañosas interpretaciones de las palabras de Cristo, trató de usar falsedades, acusando al Hijo de Dios de que deseaba humillarlo ante los habitantes del cielo. A todos aquellos a quienes no podía sobornar y ganar para su lado, los acusó de indiferencia a los intereses de los seres celestiales. Usó el recurso de falsear el carácter del Creador. Su método consistía en llevar la perplejidad a la mente de los ángeles con argumentos sutiles en cuanto a los propósitos de Dios. Todo lo que era sencillo lo envolvía en el misterio y, mediante una perversión astuta, arrojaba dudas sobre las más sencillas declaraciones del Todopoderoso. Su alta posición daba más fuerza a sus argumentos. Muchos fueron inducidos a unirse con él en la rebelión. El espíritu de desafecto culminó en una rebelión abierta – Dios, en su sabiduría, permitió que Satanás llevara adelante su obra, hasta que el espíritu de desafecto remató en la revuelta. Era necesario que sus planes se desarrollaran plenamente, para que su verdadera naturaleza pudiera ser apreciada por todos. Lucifer era grandemente amado por los seres angelicales, y su influencia sobre ellos era poderosa. El gobierno de Dios incluía no solamente a los habitantes del cielo, sino también de todos los mundos que él había creado; y Satanás pensó que si él podía llevar consigo a los ángeles en su rebelión también podía hacerlo en los otros mundos. Empleando la astucia y el fraude, su poder para engañar era muy grande. Aun los ángeles leales no podían discernir plenamente su carácter ni ver a qué cosa estaba conduciendo su obra. Satanás había sido tan altamente honrado, y todos sus actos estaban tan envueltos en el misterio, que era difícil que los ángeles descubrieran la verdadera naturaleza de su obra. Hasta que no se desarrolla plenamente, el pecado no aparece como el mal que realmente es. Los seres celestiales no podían discernir las consecuencias de apartarse de la Ley divina. Al comienzo, Satanás
  • 11. ¿Por qué existe el sufrimiento? 11 aparentó promover el honor de Dios y el bien de todos los habitantes del cielo. En su relación con el pecado, Dios podía emplear solamente la justicia y la verdad. Satanás podía usar lo que Dios no podía: la adulación y el engaño. El verdadero carácter del usurpador debía ser entendido por todos. Debía tener tiempo para manifestarse a sí mismo mediante sus obras malvadas. Satanás achacaba a Dios la discordia que su propia conducta había causado en el cielo. Todo el mal, declaraba él, era el resultado de la administración divina. Por lo tanto, era necesario que se evidenciaran las consecuencias de los cambios que él proponía en la Ley divina. Pero su propia obra debía condenarlo; el universo entero debía ver al engañador desenmascarado. Aun cuando se decidió que él no podía quedar más en el cielo, la Sabiduría infinita no destruyó a Satanás. La lealtad de las criaturas de Dios debe descansar sobre la confianza en la justicia divina. Los habitantes del cielo y de los otros mundos, al no estar preparados para comprender las consecuencias del pecado, no podían entonces haber visto la justicia y la misericordia de Dios en la destrucción de Satanás. Si él hubiera sido inmediatamente eliminado de la existencia, ellos habrían servido a Dios más bien por temor que por amor. La influencia del engañador no habría sido completamente destruida; ni el espíritu de rebelión, erradicado. Por el bien del universo a través de las edades eternas, Satanás debía desarrollar más plenamente sus principios, para que sus acusaciones contra el gobierno divino pudieran ser vistas tal como son por todos los seres creados. La rebelión de Satanás había de ser, para el universo, un testimonio de los terribles resultados del pecado. Su gobierno debía mostrar los frutos de apartarse de la autoridad divina. La historia de este terrible experimento de rebelión había de ser una salvaguardia perpetua para todas las santas inteligencias, que debía salvarlas del pecado y de su castigo. Cuando se anunció que, junto con todos sus simpatizantes, el gran usurpador debía ser arrojado de las moradas de bendición, el dirigente rebelde abiertamente declaró su desacato a la Ley del Creador. Denunció los estatutos divinos como una restricción de la libertad y afirmó su propósito de obtener la abolición de la Ley. Libres de esta restricción, las huestes del cielo podrían entrar en un estado de existencia más exaltado.
  • 12. 12 La gran esperanza Expulsado del cielo – Satanás y su hueste arrojaron la culpa de su re- belión sobre Cristo; declararon que si no hubieran sido reprobados nunca se habrían rebelado. Contumaces y desafiantes, y sin embargo reclamando en forma blasfema ser víctimas inocentes de un poder opresivo, el archirrebelde y sus simpatizantes fueron expulsados del cielo (ver Apocalipsis 12:7-9). El espíritu de Satanás también inspira rebelión sobre la Tierra en los hijos de desobediencia. A semejanza de él, estos prometen a los hombres libertad por la transgresión de la ley de Dios. La reprobación del pecado todavía despierta odio. Satanás induce a los hombres a justificarse a sí mismos y a buscar la simpatía de otros en su pecado. En lugar de corregir sus errores, excitan indignación contra quien los reprueba, acusándolo de ser la causa de la dificultad. Usando la misma falsa representación del carácter de Dios que él había practicado en el cielo, haciendo que se considere a Dios como severo y tiránico, Satanás indujo al hombre al pecado. Declaró que las restricciones de Dios son injustas y que ellas condujeron al hombre a la caída, así como lo han inducido a él mismo a su rebelión. Al expulsar a Satanás del cielo, Dios manifestó su justicia y su honor. Pero, cuando el hombre pecó, Dios le dio evidencia de su amor cediendo a su Hijo para que muriera por la raza caída. En la Expiación se revela el carácter de Dios. El poderoso argumento de la cruz demuestra que el pecado de ninguna manera podía atribuirse al gobierno de Dios. Durante el ministerio terrenal del Salvador, el gran engañador fue desenmascarado. La atrevida blasfemia de su exigencia de que Cristo le rindiera homenaje, la malicia siempre creciente con que lo persiguió de lugar en lugar, inspirando el corazón de los sacerdotes y el del pueblo a rechazar su amor y a clamar: “¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!”, todo esto despertó el asombro y la indignación del universo. El príncipe del mal ejerció todo su poder y su astucia para destruir a Jesús. Satanás empleó a hombres como agentes suyos para llenar la vida del Salvador de sufrimiento y dolor. Los fuegos acumulados de la envidia y la malicia, del odio y la venganza, explotaron en el Calvario contra el Hijo de Dios. Ahora la culpa de Satanás se destacó sin excusa. Había revelado sus verdaderos sentimientos. Las acusaciones mentirosas del diablo contra el carácter divino aparecieron con toda claridad. Él había acusado a Dios de buscar la exaltación de sí mismo al exigir obediencia de parte de sus criaturas, y había
  • 13. ¿Por qué existe el sufrimiento? 13 declarado que mientras que el Creador exigía la abnegación de parte de los demás, él mismo no practicaba ninguna abnegación ni hacía ningún sacrificio. Ahora se veía que el Gobernante del universo había hecho el mayor sacrificio que el amor puede realizar, pues “Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo” (2 Corintios 5:19). Con el fin de destruir el pecado, Cristo se había humillado a sí mismo y había llegado a ser obediente hasta la muerte. Un argumento en favor del hombre – Todo el cielo vio la justicia de Dios revelada. Lucifer había aseverado que la raza pecadora estaba más allá de toda redención. Pero la penalidad de la Ley cayó sobre aquel que era igual a Dios, y el hombre estaba libre para aceptar la justicia de Cristo y, por el arrepentimiento y la humillación, triunfar sobre el Dios le dio poder de Satanás. evidencia de su Pero, no fue solamente para redimir al amor cediendo a hombre por lo que Cristo vino a la tierra a su Hijo para que morir. Él vino a demostrar a todos los mundos que la Ley de Dios es incambiable. La muriera por la muerte de Cristo prueba que ella es inmutaraza caída. ble, y demuestra que la justicia y la misericordia son el fundamento del gobierno de Dios. En el juicio final, se verá que no existe ninguna causa para el pecado. Cuando el Juez de toda la Tierra interrogue a Satanás: “¿Por qué te has rebelado contra mí?”, el originador del pecado no podrá presentar ninguna excusa. En el clamor que señaló la muerte del Salvador, “sonó el toque de agonía de Satanás”. El gran conflicto quedó entonces definido; la erradicación final del mal, asegurada. Cuando venga “el día ardiente como un horno... todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama” (Malaquías 4:1). Nunca volverá a manifestarse el mal. La Ley de Dios será honrada como la ley de la libertad. Habiendo pasado por tal prueba y experiencia, la creación no se apartará nunca más de la lealtad a aquel cuyo carácter quedó manifestado como un amor insondable y una sabiduría infinita.
  • 14. La paz verdadera Dondequiera que los siervos de Dios predicaban con fidelidad, se veían resultados que comprobaban su origen divino. Los pecadores sentían despertarse su conciencia. Una profunda convicción tomaba posesión de su mente y su corazón. Tenían conciencia de la justicia de Dios, y clamaban: “¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” (Romanos 7:24). Al serles revelada la cruz, veían que nada sino los méritos de Cristo podía expiar sus transgresiones. Por medio de la sangre de Jesús, ellos lograban el perdón de “los pecados pasados” (Romanos 3:25). Los que creían y eran bautizados iniciaban una vida nueva, por la fe en el Hijo de Dios, para seguir en sus pisadas, para reflejar su carácter y para purificarse a sí mismos como él es puro. Las cosas que una vez odiaban ahora las amaban, y las cosas que una vez amaban ahora las odiaban. El orgulloso se hacía humilde, los vanidosos y arrogantes se convertían en serios y discretos. Los borrachos se hacían sobrio; y los corrompidos, puros. Los cristianos no buscaban el adorno “exterior del rizado de los cabellos, del ataviarse con joyas de oro y el de la compostura de los vestidos, sino el oculto en el corazón, que consiste en la incorrupción de un espíritu manso y tranquilo; ésa es la hermosura en la presencia de Dios” (1 S. Pedro 3:3, 4, versión Nácar-Colunga). Los reavivamientos se caracterizaban por solemnes llamamientos di- 14
  • 15. La paz verdadera 15 rigidos a los pecadores. Los frutos se veían en personas que no rehuían la abnegación sino que se regocijaban en ser tenidas por dignas de sufrir por causa de Cristo. Los hombres contemplaban una transformación en los que profesaban el nombre de Jesús. Tales eran los resultados que en las épocas pasadas se manifestaban en los despertares religiosos. Pero muchos reavivamientos de los tiempos modernos representan un señalado contraste con aquellas manifestaciones. Es cierto que muchos profesan haberse convertido, y hay grandes aumentos en el número de miembros de iglesia. Sin embargo los resultados no son tales que justifiquen la creencia de que se haya producido un aumento correspondiente de la verdadera vida espiritual. La luz que brilla por un tiempo pronto se apaga. Los reavivamientos populares demasiado a menudo excitan las emociones, y satisfacen el amor por lo que es nuevo y extraordinario. Pero los nuevos conversos poseen poco deseo de escuchar la verdad de la Biblia. A menos que un servicio religioso tenga algo de sensacional, no presenta atracción para ellos. Para toda alma verdaderamente convertida, la relación con Dios y con las cosas eternas será su mayor interés en la vida. ¿Dónde está en las iglesias populares el espíritu de consagración a Dios? Los conversos no renuncian al orgullo ni al amor al mundo. No están más dispuestos a negarse a sí mismos y a seguir al manso y humilde Jesús que antes de su conversión. La piedad casi ha desaparecido de muchas de las iglesias. Mas, a pesar de la amplia decadencia de la fe, hay verdaderos seguidores de Cristo en estas iglesias. Antes de que caigan los juicios finales de Dios, habrá dentro del pueblo cristiano un reavivamiento de la piedad primitiva como no ha sido presenciado desde los tiempos apostólicos. El Espíritu de Dios será derramado. Muchos se separarán de las iglesias en las cuales el amor al mundo ha suplantado el amor a Dios y a su Palabra. Muchos dirigentes y muchos creyentes aceptarán con alegría las grandes verdades que preparan a un pueblo para la segunda venida del Señor. El enemigo de las almas desea impedir esta obra y, antes de que llegue el tiempo para que se produzca este movimiento, él tratará de impedirlo introduciendo una falsificación. En las iglesias que él pueda poner bajo su control, hará parecer que la bendición de Dios se está derramando. Multitudes
  • 16. 16 La gran esperanza se alegrarán de que Dios está obrando maravillosamente, cuando en realidad la obra será realizada por otro espíritu. Bajo un manto religioso, Satanás tratará de extender su influencia sobre el mundo cristiano. Hay una excitación emocional, una mezcla de lo verdadero y lo falso, apta para engañar. Sin embargo, a la luz de la Palabra de Dios, no es difícil determinar la naturaleza de estos movimientos. Dondequiera que los hombres descuiden el testimonio de la Biblia, y se aparten de las verdades claras –que son una prueba para el alma, ya que requieren abnegación y renuncia al mundo–, podemos estar seguros de que la bendición de Dios no es concedida. Y, usando la regla de que “por sus frutos los conoceréis” (S. Mateo 7:16), es evidente que estos movimientos no son la obra del Espíritu de Dios. Las verdades de la Palabra de Dios son el escudo contra los engaños de Satanás. El descuido de estas verdades ha abierto la puerta a los males ahora tan extendidos por todo el mundo. La importancia de la ley de Dios se ha perdido de vista en gran medida. Una falsa concepción de la ley divina ha conducido a errores con respecto a la conversión y la santificación, rebajando la norma de piedad. Aquí es donde ha de hallarse el secreto de la falta del Espíritu de Dios en los reavivamientos de nuestro tiempo. La ley de libertad – Muchos maestros religiosos aseguran que Cris- to, por su muerte, abolió la Ley. Algunos la presentan como un yugo pesado y, en contraste con la “esclavitud” de la Ley, presentan la “libertad” que ha de gozarse bajo el evangelio. Pero los profetas y los apóstoles no consideraron de esta manera la santa ley de Dios. Dijo David: “Andaré en libertad, porque busqué tus mandamientos” (Salmo 119:45). El apóstol Santiago se refiere al Decálogo como “la perfecta ley, la de la libertad” (Santiago 1:25). El revelador de Patmos pronuncia una bendición sobre los que “guardan sus mandamientos, para que su potencia sea en el árbol de la vida, y que entren por las puertas en la ciudad” (Apocalipsis 22:14, RVA). Si hubiera sido posible que la Ley fuera cambiada o anulada, Cristo no habría necesitado morir para salvar al hombre de la penalidad del pecado. El Hijo de Dios vino a engrandecer la Ley y hacerla honorable (Isaías 42:21). Él dijo: “No penséis que he venido para abrogar la ley... De cierto os
  • 17. La paz verdadera 17 digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley” (S. Mateo 5:17, 18). Con respecto a sí mismo, declaró: “El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón” (Salmo 40:8). La ley de Dios es inmutable porque es una revelación del carácter de su Autor. Dios es amor, y su ley es amor. “El cumplimiento de la ley es el amor” (Romanos 13:10). Dijo el salmista: “Tu ley [es] la verdad”; “todos tus mandamientos son justicia” (Salmo 119:142, 172). Y San Pablo declara: “La ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno” (Romanos 7:12). Una ley semejante debe ser tan eterna como su Autor. La obra de la conversión y la santificación consiste en reconciliar a los hombres con Dios, poniéndolos en armonía con los principios de su Ley. En el principio, el hombre estaba en perfecto acuerdo con la ley de La ley de Dios es Dios. Pero el pecado lo apartó de su Haceinmutable porque dor. Su corazón estaba en guerra con la ley es una revelación de Dios. “Los designios de la carne son enedel carácter de su mistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden” (Romanos Autor. 8:7). Pero “de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito”, para que el hombre pudiera ser reconciliado con Dios, restaurado a la armonía con su Hacedor. Este cambio es el nuevo nacimiento, sin el cual nadie “puede ver el reino de Dios” (S. Juan 3:16, 3). Convicción de pecado – El primer paso en la reconciliación con Dios es estar convencido de que uno es pecador. “El pecado es infracción de la ley”. “Por medio de la ley es el conocimiento del pecado” (1 S. Juan 3:4; Romanos 3:20). Con el fin de que pueda ver su culpa, el pecador debe considerar su situación frente al espejo de Dios, que muestra lo que debe ser un carácter justo y le permite a la persona ver los defectos del suyo. La Ley revela al hombre su pecado, pero no proporciona ningún reme-
  • 18. 18 La gran esperanza dio. Declara que la muerte es la suerte del transgresor. Solo el evangelio de Cristo puede librar al hombre de la condenación y de la contaminación del pecado. El pecador debe ejercer arrepentimiento hacia Dios, cuya Ley ha sido transgredida, y fe en Cristo, su sacrificio expiatorio. Así obtiene el perdón de “los pecados cometidos anteriormente” (Romanos 3:25, VM) y llega a ser un hijo de Dios. ¿Está él ahora libre para transgredir la Ley de Dios? Dice San Pablo: “¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley”. “Los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?” San Juan también declara: “Este es el amor de Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos”. En el nuevo nacimiento, el corazón es puesto en armonía con Dios y en armonía con su Ley. Cuando este cambio ha ocurrido en el pecador, él ha pasado de muerte a vida, de la transgresión y la rebelión a la obediencia y la lealtad. La antigua vida ha terminado; la nueva vida de reconciliación, fe y amor ha comenzado. Entonces, “la justicia de la ley” se cumplirá “en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu”. Y el lenguaje del alma será: “¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación” (Romanos 3:31; 6:2; 1 S. Juan 5:3; Romanos 8:4; Salmo 119:97). Sin la Ley, los hombres no tienen verdadera convicción del pecado y no sienten ninguna necesidad de arrepentimiento. No se dan cuenta de que necesitan la sangre expiatoria de Cristo. La esperanza de la salvación es aceptada sin un cambio radical del corazón y sin una reforma de la vida. Así abundan las conversiones superficiales, y multitudes que nunca han sido unidas con Cristo se unen a la iglesia. ¿Qué es la santificación? – Teorías erróneas con respecto a la santificación también surgen del descuido o del rechazo de la Ley divina. Estas teorías, falsas en materia de doctrina y peligrosas en cuanto a los resultados prácticos, están hallando aceptación general. San Pablo declara: “La voluntad de Dios es vuestra santificación” (1 Tesalonicenses 4:3). La Biblia enseña claramente qué es la santificación y cómo ha de conseguirse. El Salvador oró por sus discípulos: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (S. Juan 17:17). Y San Pablo enseña que
  • 19. La paz verdadera 19 los creyentes han de ser santificados por el Espíritu Santo (Romanos 15:16). ¿Cuál es la obra del Espíritu Santo? Jesús les dijo a sus discípulos: “Cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad” (S. Juan 16:13). Y el salmista dice: “Tu ley [es] la verdad” (Salmo 119:142). Puesto que la ley de Dios es santa, justa y buena, un carácter formado por la obediencia a la Ley será santo. Cristo es el perfecto ejemplo de un carácter tal. Él dice: “He guardado los mandamientos de mi Padre”. “Hago siempre lo que le agrada” (S. Juan 15:10; 8:29). Los seguidores de Cristo han de llegar a ser semejantes a él; por la gracia de Dios, han de formar caracteres que estén de acuerdo con los principios de su santa Ley. Esta es la santificación bíblica. Solo por medio de la fe – Esta obra puede realizarse solamente por medio de la fe en Cristo, por el poder del Espíritu Santo, que mora en el corazón. El cristiano sentirá las tentaciones del pecado, pero se mantendrá constantemente en guerra contra él. Aquí es donde se necesita la ayuda de Cristo. La debilidad humana se une con el poder divino, y la fe exclama: “Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Corintios 15:57). La obra de la santificación es progresiva. Cuando en la conversión el pecador encuentra paz con Dios, la vida cristiana apenas ha comenzado. Ahora ha de extenderse hacia “la perfección”; ha de crecer “a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”. El apóstol Pablo nos dice: “Una cosa hago: Olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está adelante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Hebreos 6:1; Efesios 4:13; Filipenses 3:13, 14). Los que experimentan la santificación bíblica manifestarán humildad. Verán su propia indignidad en contraste con la perfección del Infinito. El profeta Daniel es un ejemplo de verdadera santificación. En lugar de pretender ser puro y santo, este honrado profeta se identificó a sí mismo con los que eran verdaderamente pecadores en Israel, al interceder ante Dios en favor de su pueblo (Daniel 9:15, 18, 20; 10:8, 11). No puede haber exaltación propia ni pretensión jactanciosa en cuanto a que se está libre de pecado por parte de aquellos que caminan a la sombra de la cruz del Calvario. Ellos sienten que fue su pecado el que produjo
  • 20. 20 La gran esperanza la agonía que quebrantó el corazón del Hijo de Dios, y este pensamiento los guiará a un espíritu de humildad. Los que viven más cerca de Jesús comprenden más claramente la debilidad y la pecaminosidad de su condición humana, y su única esperanza está en los méritos de un Salvador crucificado y resucitado. La santificación que es ahora muy popular en el mundo religioso lleva consigo un espíritu de exaltación propia y descuido de la Ley de Dios que la señala como ajena a la Biblia. Sus defensores enseñan que la santificación es una obra instantánea, por la cual, mediante la “fe solamente”, ellos logran la perfecta santidad. “Cree solamente –dicen ellos–, y la bendición es tuya”. No se espera que haya más esfuerzo de parte de quien la recibe. Al mismo tiempo, niegan la autoridad de la Ley de Dios, insistiendo en que están exentos de la obligación de guardar los mandamientos. Pero ¿es posible ser santo sin llegar a estar en armonía con los principios que expresan la naturaleza y la voluntad de Dios? El testimonio de la Palabra de Dios está en contra de esta doctrina engañosa de una fe sin obras. No es fe lo que reclama el favor del Cielo sin cumplir con las condiciones según las cuales la misericordia ha de ser concedida. Esto es presunción (ver Santiago 2:14-24). Nadie se engañe a sí mismo pensando que puede llegar a ser santo mientras viola voluntariamente uno de los requisitos de Dios. El pecado cometido voluntariamente silencia la voz del Espíritu y separa el alma de Dios. Aunque San Juan habla mucho del amor, no titubea en revelar el verdadero carácter de las personas que pretenden estar santificadas mientras viven transgrediendo la Ley de Dios. “El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado” (1 S. Juan 2:4, 5). Aquí está la prueba de la profesión de cada hombre. Si los hombres empequeñecen y les restan importancia a los preceptos de Dios, si violan el menor de estos mandamientos y así enseñan a los hombres (S. Mateo 5:18, 19), podemos saber que su pretensión es sin fundamento. El declarar que uno está libre de pecado es evidencia de que quien lo afirma está lejos de ser santo. No tiene un verdadero concepto de la infinita pureza y de la santidad de Dios, y de la malignidad del mal y del pecado.
  • 21. La paz verdadera 21 Cuanto mayor sea la distancia entre Cristo y él mismo, más justo aparecerá a sus propios ojos. La santificación bíblica – La santificación abarca el ser entero: el espíritu, el alma y el cuerpo (ver 1 Tesalonicenses 5:23). A los cristianos se les pide que presenten sus cuerpos como “sacrificio vivo, santo, agradable a Dios” (Romanos 12:1). Toda práctica que debilite las fuerzas físicas o mentales incapacita al hombre para el servicio de su Creador. Los que aman a Dios tratarán constantemente de colocar toda facultad de su ser en armonía con las leyes que promueven su capacidad para hacer la voluntad divina. Ellos no debilitarán ni contaminarán la ofrenda que presenten a su Padre celestial satisfaciendo el apetito o la pasión. Toda gratificación pecaminosa tiende a El testimonio de oscurecer y a debilitar las percepciones menla Palabra de Dios tales y espirituales; la Palabra o el Espíritu de está en contra Dios pueden hacer apenas una débil impresión en el corazón. “Limpiémonos de toda de esta doctrina contaminación de carne y de espíritu, perengañosa de una feccionando la santidad en el temor de Dios” fe sin obras. (2 Corintios 7:1). ¡Cuántos cristianos profesos están debilitando su semejanza divina por la glotonería, las bebidas alcohólicas, la participación en los placeres prohibidos! Y la iglesia demasiado a menudo estimula el mal y lo fomenta, apelando a los apetitos, el amor al lucro y los placeres, para llenar su tesorería, que el amor a Cristo es demasiado débil para colmar. Si Jesús entrara en las iglesias de nuestros días y contemplara los festejos que allí se realizan en el nombre de la religión, ¿no echaría él a esos profanadores como arrojó del Templo a los cambiadores de monedas? “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados con precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo” (1 Corintios 6:19, 20). La persona cuyo cuerpo es templo del Espíritu San-
  • 22. 22 La gran esperanza to no será esclavizada con un hábito pernicioso. Sus facultades pertenecen a Cristo. Sus posesiones son del Señor. ¿Cómo podría malgastar el capital que le ha sido confiado? Los cristianos profesos gastan anualmente una inmensa suma en satisfacciones perniciosas. Se despoja a Dios de los diezmos y las ofrendas, mientras que ellos consumen sobre el altar de la pasión destructora más de lo que dan para aliviar a los pobres o sostener el evangelio. Si todos los que profesan a Cristo fueran verdaderamente santificados, sus medios, en lugar de ser gastados en placeres inútiles y perjudiciales, serían entregados a la tesorería del Señor. Los cristianos darían un ejemplo de temperancia y sacrifico de sí mismos. Entonces serían la luz del mundo. “Los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida” (1 S. Juan 2:16) dominan a las multitudes. Pero los seguidores de Cristo tienen una vocación más elevada. “Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo”. Para los que cumplen las condiciones, la promesa de Dios es: “Yo os recibiré, y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso” (2 Corintios 6:17, 18). Cada paso dado en la fe y la obediencia coloca al alma en más estrecha relación con la Luz del mundo. Los brillantes rayos del Sol de justicia brillan sobre los siervos de Dios, y ellos han de reflejar esos rayos. Las estrellas nos dicen que hay una luz en los cielos cuya gloria las hace brillar; así también los cristianos manifiestan que hay un Dios sobre el Trono cuyo carácter vale la pena alabar e imitar. La santidad de su carácter será manifiesta en sus testigos. Por medio de los méritos de Cristo, tenemos acceso al trono del Poder infinito. “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?” Jesús dice: “Si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” “Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré”. “Pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido” (Romanos 8:32; S. Lucas 11:13; S. Juan 14:14; 16:24). Cada uno tiene el privilegio de vivir de tal manera que Dios lo apruebe y lo bendiga. No es la voluntad de nuestro Padre celestial que estemos continuamente bajo la condenación de las tinieblas. No existe evidencia de ver-
  • 23. La paz verdadera 23 dadera humildad en andar siempre con la cabeza gacha y el corazón lleno de pensamientos relativos al yo. Podemos ir a Jesús y ser limpiados, y estar en presencia de la Ley irreprensibles y sin remordimiento. Por medio de Jesús, los hijos caídos de Adán llegan a ser “hijos de Dios”. Él “no se avergüenza de llamarlos hermanos”. La vida cristiana debe ser una vida de fe, de victoria y de gozo en Dios. “El gozo de Jehová es vuestra fuerza”. “Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús” (Hebreos 2:11; Nehemías 8:10; 1 Tesalonicenses 5:16-18). Tales son los frutos de la conversión y la santificación bíblicas; y es debido a que los grandes principios de la justicia establecidos en la Ley son considerados con indiferencia por lo que estos frutos se observan raramente. Esta es la razón por la cual se manifiesta tan poco de esa labor profunda y permanente del Espíritu que caracterizó los primeros reavivamientos. Contemplando es como somos cambiados. Cuando se descuidan los sagrados preceptos en los cuales Dios ha abierto a los hombres la perfección y la santidad de su carácter, y la mente de las personas es atraída a las enseñanzas y las teorías humanas, el resultado ha sido una declinación de la piedad en la iglesia. Solo cuando la ley de Dios es restaurada a la posición que le corresponde puede haber un reavivamiento de la fe y la piedad primitivas entre los que profesan ser el pueblo del Señor.
  • 24. Vida para siempre Satanás, que incitó la rebelión en el cielo, procura que los habitantes de la Tierra se unan en su guerra contra Dios. Adán y Eva habían sido perfectamente felices obedeciendo la ley de Dios; y esto era un constante testimonio contra la declaración que Satanás había hecho en el cielo de que la ley de Dios era opresiva. Lucifer determinó provocar la caída de la pareja edénica, con el fin de poder poseer la Tierra y allí establecer su reino en oposición al Altísimo. Adán y Eva habían sido advertidos contra este peligroso adversario, pero él actuó de una manera tenebrosa, ocultando sus propósitos. Empleando la serpiente como su médium, la cual era de un aspecto fascinante, se dirigió a Eva con estas palabras: “¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?” Eva se aventuró a dialogar con él y cayó víctima de sus trampas. “La mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni lo tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal” (Génesis 3:1-5). Eva cedió y, por su influencia, Adán fue inducido a pecar. Ellos acepta- 24
  • 25. Vida para siempre 25 ron las palabras de la serpiente; desconfiaron de su Creador y se imaginaron que este les estaba restringiendo la libertad. Pero, finalmente, ¿cómo comprendió Adán el significado de las palabras: “En el día que comiereis de él de seguro morirás” (2:17)? ¿Fue elevado a un grado más alto de existencia? Adán se dio cuenta de que no era este el significado de la sentencia divina. Dios declaró que, como penalidad por su pecado, el hombre regresaría a ser tierra: “Polvo eres, y al polvo volverás” (3:19). Las palabras de Satanás: “Serán abiertos vuestros ojos” resultaron ser verdad solamente en el sentido de que sus ojos fueron abiertos para discernir su locura. Conocieron el mal y probaron los amargos frutos de la transgresión. El árbol de la vida tenía el poder de perpetuar la existencia. Si Adán hubiera continuado gozando de libre acceso a este árbol, habría vivido para siempre; pero cuando pecó fue privado de llegar a él, y quedó sujeto a la muerte. La inmortalidad había sido perdida a causa de la transgresión. No habría habido ninguna esperanza para la raza caída si Dios, mediante el sacrificio de su propio Hijo, no hubiera traído la inmortalidad en sus alas. Aunque “la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”, Cristo “sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio”. Solamente por medio de Cristo puede obtenerse la inmortalidad. “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida” (Romanos 5:12; 2 Timoteo 1:10; S. Juan 3:36). La gran mentira – El que prometió vida por la desobediencia era el gran engañador. Y la declaración de la serpiente en el Edén, “No moriréis”, fue el primer sermón que se predicó sobre la inmortalidad del alma. Sin embargo, esta declaración, aunque descansa únicamente en la autoridad de Satanás, resuena desde los púlpitos y es recibida por la mayoría del género humano con tanta prontitud como por nuestros primeros padres. A la divina sentencia: “El alma que pecare, esa morirá” (Ezequiel 18:20), se le da el sentido siguiente: El alma que pecare no morirá, sino que vivirá eternamente. Si al hombre, después de su caída, se le hubiese permitido libre acceso al árbol de la vida, el pecado se habría inmortalizado. Pero ni un solo miembro de la familia de Adán tuvo permiso para participar del fruto vitalizador. Por lo tanto, no hay ningún pecador inmortal.
  • 26. 26 La gran esperanza Después de la caída, Satanás pidió a sus ángeles que inculcaran la creencia en la inmortalidad natural del hombre. Habiendo inducido a la gente a recibir este error, habían de inducirla a concluir que el pecador vivirá en una eterna miseria. Ahora el príncipe de las tinieblas representa a Dios como un tirano vengador, y declara que él arroja en el infierno a todos los que no le agradan y que, mientras ellos se queman en las llamas eternas, el Creador mira con satisfacción lo que les pasa. Así, el archiengañador viste con esos atributos al Benefactor de la humanidad. La crueldad es satánica. Dios es amor. Satanás es el enemigo que tienta al hombre a pecar y luego lo destruye, si puede. ¡Cuán repugnante es para el amor, la misericordia y la justicia, la doctrina de que los pecadores muertos son atormentados en un infierno que arde eternamente, y de que por los pecados de una breve vida terrenal ellos sufren tortura por todo el tiempo que Dios viva! ¿Dónde, en la Palabra de Dios, se encuentra tal enseñanza? ¿Han de ser los sentimientos humanitarios reemplazados por la crueldad del salvaje? No, tal no es la enseñanza del Libro de Dios. “Vivo yo, dice Jehová el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos; ¿por qué moriréis?” (Ezequiel 33:11). ¿Se deleita Dios en presenciar torturas incesantes? ¿Se alegra él con los gemidos y los gritos de las criaturas que sufren, y a las cuales mantiene en las llamas? ¿Pueden estos horrendos sonidos ser música en los oídos del Amor infinito? ¡Oh, terrible blasfemia! La gloria de Dios no resulta exaltada al perpetuar el pecado por siglos sin fin. La herejía del tormento eterno – La herejía del tormento eterno ha producido un gran mal. La religión de la Biblia, llena de amor y bondad, resulta oscurecida por la superstición y vestida de terror. Satanás ha pintado el carácter de Dios con colores falsos. Nuestro Creador misericordioso es temido, y aun odiado. Los conceptos aterradores acerca de Dios, que se han esparcido por el mundo a causa de la enseñanza impartida desde el púlpito, han hecho millones de escépticos y de incrédulos. El tormento eterno es una de las falsas doctrinas, el vino de las abominaciones (Apocalipsis 14:8; 17:2) que Babilonia da a beber a todas las nacio-
  • 27. Vida para siempre 27 nes. Ministros de Cristo aceptaron esta herejía de Roma así como recibieron la enseñanza de un falso día de reposo. Si nos apartamos de la Palabra de Dios y aceptamos falsas doctrinas porque nuestros padres las enseñaron, caemos bajo la condenación pronunciada sobre Babilonia; estamos bebiendo del vino de sus abominaciones. Una numerosa clase de personas es inducida al error opuesto. Ellas ven que las Escrituras presentan a Dios como el ser de amor y compasión, y no pueden creer que él reducirá a sus criaturas a un infierno que arde y quema perpetuamente. Al creer que el alma es naturalmente inmortal, llegan a la conclusión de que todo el género humano será salvo. Así, el pecador puede vivir en sus placeres egoístas, desoyendo los requerimientos del Creador y, sin embargo, ser recibido en el favor de Dios. Tal doctrina, debido a que implica pensar presuntuosamente de la misericordia de Dios ignorando La gloria de Dios su justicia, agrada al corazón carnal. no resulta exaltada La salvación universal es contraria a la Biblia – Los que creen en la salvación al perpetuar el pecado por siglos sin fin. universal les hacen decir a las Escrituras lo que no dicen. El profeso ministro de Cristo reitera la falsedad pronunciada por la serpiente en el Edén: “No moriréis... El día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios”. Él declara que los más viles pecadores –el asesino, el ladrón, el adúltero– entrarán después de la muerte en un estado de bendita inmortalidad. ¡Una fábula agradable, por cierto, adecuada para satisfacer al corazón carnal! Si fuera verdad que todos los hombres pasan directamente al cielo a la hora del fallecimiento, bien podríamos desear la muerte en lugar de la vida. Muchos han sido inducidos, por esta creencia, a poner fin a su existencia. Abrumados con dificultades y chascos, parece fácil quebrar el hilo de la vida para elevarse de este modo a la bendición del mundo inmortal. Dios ha dado en su Palabra evidencias decisivas de que castigará al trans-
  • 28. 28 La gran esperanza gresor de su ley. ¿Es él demasiado misericordioso como para ejecutar justicia con el pecador? Contemplen la cruz del Calvario. La muerte del Hijo de Dios testifica que “la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23), que toda violación de la ley de Dios debe recibir retribución. Cristo, el Ser impecable, se hizo pecado por el hombre. Llevó la culpa de la transgresión y soportó el ocultamiento del rostro de su Padre hasta que su corazón fue quebrantado y su vida depuesta, y todo esto para que los pecadores pudieran ser redimidos. Por lo tanto, toda alma que rehúsa participar de la expiación provista a un precio semejante debe llevar sobre su propia persona la culpa y el castigo de la transgresión. Las condiciones son claras – “Al que tuviere sed, le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida”. Esta promesa se hace solamente a los que tienen sed. “El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo” (Apocalipsis 21:6, 7). Se especifican las condiciones para heredar todas las cosas: tenemos que vencer el pecado. “No le irá bien al impío” (Eclesiastés 8:13). El pecador está acumulando sobre sí “ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras”: “tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo” (Romanos 2:5, 6, 9). “Ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios”. “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor”. “Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad. Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira” (Efesios 5:5; Hebreos 12:14; Apocalipsis 22:14, 15). Dios ha transmitido a los hombres declaraciones con respecto a su carácter y su modo de proceder con el pecador. “Destruirá a todos los impíos”. “Los transgresores serán todos a una destruidos; la posteridad de los impíos será extinguida” (Salmo 145:20; 37:38). La autoridad del gobierno divino terminará la rebelión; sin embargo, la justicia retributiva será acorde con el carácter de Dios como Ser misericordioso y benévolo. Dios no fuerza la voluntad. Él no se complace en una obediencia escla-
  • 29. Vida para siempre 29 vizada. Desea que las criaturas de sus manos lo amen porque él merece el amor. Quiere que le obedezcan porque tienen un aprecio inteligente de su sabiduría, justicia y benevolencia. Los principios del gobierno divino están en armonía con el precepto del Salvador: “Amad a vuestros enemigos” (S. Mateo 5:44). Dios ejecuta justicia sobre el malvado por el bien del universo y aun por el bien de aquellos que son motivo de sus juicios. Él quiere hacerlos felices, si puede. Los rodea de las manifestaciones de su amor y continúa sus ofertas de misericordia; pero ellos desprecian su amor, rechazan su ley y no reciben su misericordia. Constantemente reciben sus dones, pero deshonran al Dador. El Señor tiene larga paciencia con la perversidad; pero a estos rebeldes, ¿los aprisionará con cadenas a su lado y los obligará a hacer su voluntad? No están preparados para entrar en el cielo – Los que han ele- gido a Satanás como su dirigente no están preparados para entrar en la presencia de Dios. El orgullo, el engaño, la licencia, la crueldad se han fijado en sus caracteres. ¿Pueden ellos entrar en el cielo para morar para siempre con aquellos a quienes odiaban en la Tierra? La verdad no será nunca agradable para un mentiroso; la mansedumbre no satisfará al orgullo propio; la pureza no será aceptable para la corrupción; el amor desinteresado no resultará atractivo para el egoísta. ¿Qué gozo puede ofrecer el cielo para los que están absortos en sus intereses egoístas? ¿Podrían aquellos cuyo corazón está lleno de odio hacia Dios, un Dios de verdad y santidad, mezclarse con la multitud del cielo y unir sus cantos de alabanza con ella? Se les concedieron años de prueba y de gracia, pero ellos nunca educaron la mente para amar la pureza. Nunca aprendieron el lenguaje del cielo. Ahora es demasiado tarde. Una vida de rebelión contra Dios los ha descalificado para el cielo. Su pureza y paz serían una tortura para ellos; la gloria de Dios sería un fuego consumidor. Anhelarían huir de ese lugar sagrado y darían la bienvenida a la destrucción, para esconderse del rostro de aquel que murió para redimirnos. El destino de los malos es fijado por su propia elección. Su exclusión del cielo es voluntaria y ha sido elegida por ellos mismos, y es a la vez un acto justo y misericordioso por parte de Dios. Como las aguas del di-
  • 30. 30 La gran esperanza luvio, los fuegos del día final declararán el veredicto divino de que los que persistieron en la maldad son incurables. Su voluntad ha sido ejercitada en la rebelión. Cuando termine la vida, es demasiado tarde para volver los pensamientos de la transgresión a la obediencia, del odio al amor. La paga del pecado – “La paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”. Aunque la vida es la herencia de los justos, la muerte es la recompensa de los pecadores. “La muerte segunda” es presentada en la Biblia en contraste con la vida eterna (Romanos 6:23; ver Apocalipsis 20:14). Como consecuencia del pecado de Adán, la muerte pasó a toda la raza humana. Todos van a la tumba de la misma manera. Y, por medio del plan de salvación, todos habrán de ser rescatados de la tumba: “Ha de haber resurrección de los muertos, así de justos como de injustos”. “Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados”. Pero queda establecida una distinción entre las dos clases de personas que serán resucitadas: “Todos los que están en los sepulcros oirán su voz [la del Hijo del Hombre]; y los que hicieron lo bueno saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación” (Hechos 24:15; 1 Corintios 15:22; S. Juan 5:28, 29). La primera resurrección – Los que han sido “tenidos por dignos” de resucitar para la vida eterna son llamados dichosos y santos. “La segunda muerte no tiene potestad sobre éstos” (S. Lucas 20:35; Apocalipsis 20:6). Pero, los que no hayan obtenido el perdón por medio del arrepentimiento y la fe deben recibir “la paga del pecado”, el castigo “según sus obras”, y terminarán en “la muerte segunda”. Siendo que es imposible para Dios salvar al pecador en sus pecados, él lo priva de la existencia a la cual ha perdido el derecho y de la cual se ha manifestado indigno. “De aquí a poco no existirá el malo; observarás su lugar, y no estará allí... Serán como si no hubieran sido” (Salmo 37:10; Abdías 16). Se hundirán indefectiblemente en un olvido eterno e irreparable. Y así se pondrá fin al pecado. “Destruiste al malo, borraste el nombre de ellos eternamente y para siempre. Los enemigos han perecido; han que-
  • 31. Vida para siempre 31 dado desolados para siempre” (Salmo 9:5, 6). San Juan, el autor del Apocalipsis, escuchó una antífona universal de alabanza que no era interrumpida por ninguna disonancia. Ni un alma perdida blasfemará a Dios mientras se quema en un tormento que nunca termina. Ningún ser desgraciado en el infierno mezclará sus clamores con los cantos de los salvados. Sobre el error de la inmortalidad natural descansa la doctrina de que los muertos son conscientes. Pero, a semejanza del tormento eterno, esta se opone a las Escrituras, a la razón y a nuestros sentimientos de humanidad. De acuerdo con la creencia popular, los redimidos en el cielo están al tanto de todo lo que ocurre en la Tierra. Pero ¿cómo podrá haber felicidad para los muertos si están al tanto de todas las pruebas de los vivos, si los ven soportando dolores, sufrimientos, chascos y angustias en la vida? ¡Y cuán desconsoladora es la creencia de que tan pronto como se acaba el “Porque así como aliento de vida del cuerpo, el alma del impeen Adán todos nitente es enviada a las llamas del infierno! mueren, también ¿Qué dicen las Escrituras? Que el hombre en Cristo todos no está consciente en la muerte; “pues sale su aliento, y vuelve a la tierra; en ese mismo día serán vivificados”. perecen sus pensamientos”. “Los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben... su amor y su odio y su envidia fenecieron ya; y nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol”. “Porque el Seol [la tumba] no te exaltará, ni te alabará la muerte; ni los que descienden al sepulcro esperarán tu verdad”. “En la muerte no hay memoria de ti; en el Seol [la tumba], ¿quién te alabará?” (Salmo 146:4; Eclesiastés 9:5, 6; Isaías 38:18; Salmo 6:5). San Pedro, en el Día de Pentecostés, declaró: “David... murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy”. “Porque David no subió a los cielos” (Hechos 2:29, 34). El hecho de que David permanezca en la tumba hasta la resurrección prueba que los justos no van al cielo en ocasión de la muerte. Dijo San Pablo: “Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó;
  • 32. 32 La gran esperanza y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron” (1 Corintios 15:16-18). Si durante cuatro mil años los justos hubieran ido directamente al cielo cuando morían, ¿cómo podía San Pablo haber dicho que si no hay resurrección, “también los que durmieron en Cristo perecieron”? No habría necesidad de resurrección. Cuando estaba por dejar a sus discípulos, Jesús no les dijo que ellos irían pronto a reunírsele: “Voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo” (S. Juan 14:2, 3). El apóstol Pablo nos dice además que “el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor”. Y añade: “Por lo tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras” (1 Tesalonicenses 4:16-18). A la venida del Señor, las cadenas de la tumba serán quebrantadas y los “muertos en Cristo” serán resucitados para vida eterna. Todos han de ser juzgados de acuerdo con las cosas escritas en los libros y han de ser recompensados según sus obras. Este juicio no ocurre en ocasión de la muerte. “Por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia”. “¡He aquí que viene el Señor, con las huestes innumerables de sus santos ángeles, para ejecutar juicio sobre todos!” (Hechos 17:31; S. Judas 14, 15, VM). Pero si los muertos ya están gozando de la bienaventuranza del cielo o están retorciéndose en las llamas del infierno ¿qué necesidad hay de un juicio futuro? La Palabra de Dios puede ser entendida por las mentes comunes, pero ¿qué espíritu imparcial puede encontrar sabiduría o justicia en la teoría corriente? ¿Recibirán acaso los justos el elogio: “Bien, buen siervo y fiel... entra en el gozo de tu Señor”, cuando han estado morando en la presencia de Dios por largos siglos? ¿Se sacará a los malos del lugar de tormento para hacerles oír la siguiente sentencia del Juez de toda la Tierra: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno” (S. Mateo 25:21, 41)? La teoría de la inmortalidad del alma fue una de esas falsas doctrinas que Roma extrajo del paganismo. Lutero la clasificó entre las “fábulas mons-
  • 33. Vida para siempre 33 truosas que forman parte del estercolero romano de las decretales”.1 La Biblia enseña que los muertos duermen hasta la resurrección. ¡Bendito reposo para los justos cansados! El tiempo, sea largo o corto, es solamente un momento para ellos. Duermen; son despertados por la trompeta de Dios, que los llama a una gloriosa inmortalidad: “Porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles... Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria” (1 Corintios 15:52-54). Llamados de su sueño, reanudarán el curso de sus pensamientos en el preciso lugar donde estos fueron interrumpidos por la muerte. La última sensación que sintieron fue la angustia de la muerte; el último pensamiento era que estaban cayendo bajo el poder de la tumba. Cuando se levanten del sepulcro, sus primeros pensamientos de regocijo hallarán expresión en el clamor triunfal: “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?” (1 Corintios 15:55). ____________ Referencia 1 E. Petavel, The Problem of Immortality [El problema de la inmortalidad], p. 255.
  • 34. Falsa esperanza La doctrina de la inmortalidad natural, tomada primero de la filosofía pagana, e incorporada en la fe cristiana durante la época de tinieblas de la gran apostasía, ha sido colocada en lugar de la verdad de que “los muertos nada saben” (Eclesiastés 9:5). Multitudes creen que los espíritus de los muertos son los “espíritus ministradores, enviados para hacer servicio a favor de los que han de heredar la salvación” (Hebreos 1:14, VM). La creencia de que los espíritus de los muertos regresan para ayudar a los vivos ha preparado el camino para el espiritismo moderno. Si los muertos resultan privilegiados con un conocimiento mucho mayor del que tenían anteriormente, ¿por qué no regresan a la Tierra e instruyen a los vivos? Si los espíritus de los muertos pueden acercarse a sus amigos en la Tierra, ¿por qué no se comunican con ellos? ¿Cómo pueden los que creen que el hombre es consciente después de la muerte rechazar la “luz divina” comunicada por espíritus glorificados? Aquí existe un medio considerado como sagrado, que Satanás usa para trabajar. Los ángeles caídos aparecen como mensajeros del mundo de los espíritus. El príncipe del mal tiene poder para reproducir delante de los hombres la apariencia de amigos que han muerto. La falsificación es perfecta, lograda con exactitud maravillosa. Muchos resultan consolados con la seguri- 34
  • 35. Falsa esperanza 35 dad de que sus amados están gozando en el cielo. Sin sospechar el peligro que ello implica, prestan oídos a “espíritus engañadores y a doctrinas de demonios” (1 Timoteo 4:1). Personificando a los que fueron a la tumba sin estar preparados, dicen estar felices de ocupar posiciones exaltadas en el cielo. Supuestos visitantes del mundo de los espíritus a veces transmiten advertencias que resultan correctas. Entonces, cuando ganan la confianza, presentan doctrinas que minan la fe en las Escrituras. El hecho de que declaren ciertas verdades y a veces anuncien acontecimientos futuros, les da una apariencia de confiabilidad, y sus falsas enseñanzas resultan aceptadas. La ley de Dios es anulada; y el Espíritu de gracia, despreciado. Los espíritus niegan la divinidad de Cristo y colocan al Creador al mismo nivel de ellos mismos. Aunque es verdad que a veces se ha querido hacer pasar el fraude por manifestaciones genuinas, ha habido también notables exhibiciones de poder sobrenatural, que es obra directa de los malos ángeles. Muchos creen que el espiritismo es meramente una impostura humana. Pero, cuando lleguen a verse frente a frente con manifestaciones que no puedan sino considerar como sobrenaturales, serán engañados y las aceptarán como el gran poder de Dios. Con la ayuda de Satanás, los magos de Faraón falsificaron la obra de Dios (ver Éxodo 7:10-12). San Pablo testifica que la venida del Señor ha de ser precedida por la “obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de iniquidad” (2 Tesalonicenses 2:9, 10). Y San Juan declara: “Hace grandes señales, de tal manera que aun hace descender fuego del cielo a la tierra delante de los hombres, y engaña a los moradores de la tierra con las señales que se le ha permitido hacer” (Apocalipsis 13:13, 14). Aquí no se predicen meras imposturas. Los hombres son engañados por milagros que los agentes de Satanás hacen, no que pretenden hacer. Satanás se dirige a los intelectuales – A las personas cultas y re- finadas, el príncipe de las tinieblas les presenta el espiritismo en sus aspectos más refinados e intelectuales. Deleita la fantasía humana con escenas que cautivan, y con imágenes elocuentes de amor y caridad. Induce a los hombres a enorgullecerse tanto de su propia sabiduría que en su corazón desprecian al Eterno.
  • 36. 36 La gran esperanza Satanás seduce a los hombres ahora como sedujo a Eva en el Edén, despertando la ambición de la exaltación propia. “Seréis como Dios –dijo él–, sabiendo el bien y el mal” (Génesis 3:5). El espiritismo enseña “que el hombre es un ser en constante progreso... que marcha hacia la divinidad”. Y de nuevo: “El juicio será justo, porque será el juicio que cada uno haga de sí mismo... El trono del tribunal está en nosotros mismos”. También declara: “Toda persona justa y perfecta es Cristo”. Así, Satanás ha presentado la naturaleza del hombre como la única regla de juicio. Esto es progreso no hacia arriba sino hacia abajo. El hombre jamás se elevará más arriba que su propia norma de pureza o bondad. Si el yo es el ideal más elevado, nunca se alcanzará nada más exaltado. Solo la gracia de Dios tiene el poder de impulsar al hombre hacia arriba. La conducta del individuo que depende de sí mismo es necesariamente descendente. Se dirige a los amadores del placer – A los que son indulgentes consigo mismos, a los que aman el placer, a los sensuales, el espiritismo se presenta bajo un disfraz menos sutil. En sus formas groseras, ellos encuentran lo que está de acuerdo con sus propias inclinaciones. Satanás toma nota de los pecados que todo individuo está inclinado a cometer y entonces trata de que no falten oportunidades para gratificar esa tendencia. Tienta a los hombres, mediante la intemperancia, a debilitar sus facultades físicas, mentales y morales. Destruye a miles induciéndolos a ser complacientes con la pasión, embruteciendo la naturaleza humana. Y, para completar su obra, los espíritus declaran que “el verdadero conocimiento coloca al hombre por encima de toda ley”; y que “cualquier cosa es recta”; que “Dios no condena”; y que “ningún pecado implica culpabilidad”. Cuando la gente cree que el deseo es la ley más elevada, que la libertad es licencia, que el hombre es responsable solamente ante sí mismo, ¿quién puede admirarse de que la corrupción abunde por doquiera? Multitudes aceptan con avidez enseñanzas que inducen a la licencia moral. Satanás arrastra y hace caer en su red a millares que profesan seguir a Cristo. Pero Dios ha dado suficiente luz para descubrir la trampa. El mismo fundamento del espiritismo está en conflicto con las Escrituras. La Biblia declara que los muertos nada saben, que los pensamientos de ellos han pe-
  • 37. Falsa esperanza 37 recido; que ya no tienen parte en los gozos o en los sufrimientos de los que viven en la Tierra. Además, Dios ha prohibido la pretendida comunicación con los espíritus de los muertos. La Biblia declara que “los espíritus”, como se ha denominado a estos visitantes de otros mundos, “son espíritus de demonios” (ver Números 25:1-3; Salmo 106:28; 1 Corintios 10:20; Apocalipsis 16:14). El tratar con ellos estaba prohibido bajo pena de muerte (ver Levítico 19:31; 20:27). Pero el espiritismo se ha abierto paso en los círculos científicos, ha invadido las iglesias y ha encontrado una favorable acogida en los cuerpos legislativos, aun en las cortes de los reyes. Este gigantesco engaño es un reavivamiento de la condenada hechicería de antaño, cubierta ahora con un nuevo disfraz. Al presentar la idea de que los hombres más viles están en el cielo, Satanás dice al Solo la gracia mundo: “No importa que crean o no crean de Dios tiene el en Dios o en la Biblia; vivan como quieran; el cielo es el hogar de ustedes”. La Palabra de poder de impulsar Dios declara: “¡Ay de los que a lo malo dicen al hombre hacia bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz arriba. tinieblas, y de las tinieblas luz!” (Isaías 5:20). Se presenta la Biblia como una ficción – Los apóstoles son personificados por espíritus mentirosos, y aparecen como contradiciendo lo que escribieron cuando estaban en la Tierra. Satanás hace creer al mundo que la Biblia es una ficción, un libro adecuado para la infancia de la raza humana, pero que ha de ser considerado como anticuado. Así arroja sombras sobre el Libro que ha de juzgarlo a él y a sus seguidores; y presenta al Salvador del mundo como un ser común. Y los que aceptan las manifestaciones del espiritismo sostienen que no hay nada milagroso en la vida de nuestro Salvador. Declaran que los milagros que ellos hacen son superiores a las obras de Cristo. El espiritismo está actualmente asumiendo una apariencia cristiana. Pero sus enseñanzas no pueden ser negadas ni pueden esconderse. En su forma presente, es un engaño de los más peligrosos y sutiles. Ahora profesa acep-
  • 38. 38 La gran esperanza tar a Cristo y la Biblia, pero esta es interpretada de una manera que agrada al corazón no regenerado. Habla del amor como el principal atributo de Dios, pero lo rebaja hasta llegar a constituirlo en un sentimentalismo enfermizo que hace muy poca distinción entre el bien y el mal. Las denuncias que Dios hace del pecado, los requisitos de su santa ley, se ocultan de la vista. Ciertas fábulas inducen a los hombres a rechazar la Biblia como el fundamento de su fe. Cristo es negado tan ciertamente como antes, pero el engaño pasa inadvertido. Pocos son los que tienen un concepto adecuado del poder engañoso del espiritismo. Muchos se meten con él meramente para satisfacer su curiosidad. Sin embargo, se llenarían de horror ante el pensamiento de someterse al control de los espíritus. Pero se aventuran en terreno prohibido, y el destructor ejerce su poder sobre ellos en contra de su propia voluntad. Una vez que son inducidos a someter su mente a la dirección de Satanás, este los mantiene cautivos. Nada sino el poder de Dios, en respuesta a la oración ferviente, puede librar a estas almas. Todos los que acarician voluntariamente un pecado conocido están invitando a las tentaciones de Satanás. Se separan a sí mismos de Dios y de la custodia de sus ángeles, y quedan sin defensa. “Y si os dijeren: Preguntad a los encantadores y a los adivinos, que susurran hablando, responded: ¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos por los vivos? ¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido” (Isaías 8:19, 20). Si los hombres hubieran estado dispuestos a recibir la verdad con respecto a la naturaleza del hombre y al estado de los muertos, verían en el espiritismo el poder de Satanás y los milagros mentirosos que este emplea. Pero multitudes cierran sus ojos a la luz, y Satanás teje sus trampas en derredor de ellos. “Por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos... Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira” (2 Tesalonicenses 2:10, 11). Los que se oponen al espiritismo enfrentan a Satanás y a sus ángeles. Satanás no cederá una sola pulgada de terreno a menos que sea rechazado por mensajeros celestiales. Él puede citar las Escrituras pervirtiendo sus enseñanzas. Pero ellos, los que quieren permanecer en pie en este tiempo de peligro, deben entender por sí mismos el testimonio de las Escrituras.
  • 39. Falsa esperanza 39 Espíritus de demonios, representando a parientes o amigos, apelarán a nuestras más tiernas simpatías y obrarán milagros. Debemos resistirlos con la verdad bíblica de que los muertos nada saben, y que los que aparecen de esta manera son espíritus de demonios. Todos aquellos cuya fe no esté fundada en la Palabra de Dios serán engañados y vencidos. Satanás “obra con todo engaño de iniquidad”, y sus engaños aumentarán. Pero, los que busquen un conocimiento de la verdad y purifiquen sus almas hallarán en el Dios de la verdad una defensa segura. El Salvador enviará prestamente a todo ángel del cielo para proteger a su pueblo antes de dejar que una sola alma que confía en él sea vencida por Satanás. Los que se consuelan a sí mismos con la seguridad de que no hay castigo para el pecador, los que renuncian a las verdades que el Cielo ha provisto como una defensa para el día de angustia, aceptarán las mentiras ofrecidas por Satanás, las engañosas pretensiones del espiritismo. Los burladores presentarán como ridículas las declaraciones de las Escrituras concernientes al plan de salvación y a la retribución que recibirán los que rechazan la verdad. Fingen tener mucha lástima de las mentes que son tan estrechas, débiles y supersticiosas que obedecen los requisitos de la ley de Dios. Ellos han cedido tan plenamente al tentador, y están tan estrechamente unidos con él e imbuidos de su espíritu, que no tienen ninguna inclinación a deshacerse de sus trampas. El fundamento de la obra de Satanás fue colocado cuando este dijo en el Edén: “No moriréis... El día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal” (Génesis 3:4, 5). Satanás presentará su obra maestra de engaño al fin del tiempo. Dijo el profeta: “Y vi... tres espíritus inmundos a manera de ranas... son espíritus de demonios, que hacen señales, y van a los reyes de la tierra en todo el mundo, para reunirlos a la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso” (Apocalipsis 16:13, 14). Excepto los que son guardados por el poder de Dios sobre la base de la fe en su Palabra, el mundo entero será arrastrado a las filas de este engaño. Los hombres se están dejando adormecer en una seguridad fatal, para ser despertados solamente por el derramamiento de la ira de Dios.
  • 40. Seducciones peligrosas El gran confl icto entre Cristo y Satanás pronto ha de finalizar, y el maligno redobla sus esfuerzos para hacer fracasar la obra de Cristo en favor del hombre. El mantener a las personas en la oscuridad y la impenitencia, hasta que la mediación del Salvador termine, es el objetivo que el diablo trata de obtener. Cuando prevalece la indiferencia en la iglesia, él no está preocupado. Pero, cuando las almas preguntan: “¿Qué debo hacer para ser salvo?”, entonces se hace presente para oponerse con su poder a Cristo y trata de destruir la influencia del Espíritu Santo. En una ocasión, cuando los ángeles vinieron a presentarse delante del Señor, Satanás también vino, no para reverenciar al Rey eterno, sino para hacer triunfar sus malignos designios contra los justos (ver Job 1:6). Y así también ahora está presente cuando los hombres se reúnen para realizar un culto, y trabaja con diligencia para dominar la mente de los adoradores. Cuando ve al mensajero de Dios estudiando las Escrituras, toma nota del tema que ha de ser presentado. Entonces, hace uso de toda su astucia y pericia para arreglar las cosas de tal modo que el mensaje de la vida no llegue a aquellos a quienes está engañando precisamente sobre ese punto. Los que más necesitan la amonestación serán urgidos a ocuparse en algún negocio, o entretenidos de alguna otra manera, para que no escuchen la Palabra. 40
  • 41. Seducciones peligrosas 41 Satanás ve a los siervos de Dios agobiados a causa de la oscuridad que rodea al pueblo. Él escucha sus oraciones por medio de las cuales piden gracia divina y poder para quebrantar el ensalmo de la indiferencia y la indolencia. Entonces, con renovado celo, tienta a los hombres a complacer el apetito o cualquier otra forma de sensualidad, y así adormece sus sensibilidades, de manera que dejan de escuchar precisamente las cosas que más necesitan aprender. Satanás sabe que todos los que descuidan la oración y el estudio de las Escrituras serán vencidos por sus ataques. Por lo tanto, inventa todo método posible para ocupar su mente. Sus ayudadores, que son su mano derecha, están siempre activos cuando Dios trabaja. Ellos presentarán a los más fervientes y abnegados siervos de Cristo como engañadores. Su obra consiste en torcer los motivos de todo acto noble, hacer circular insinuaciones y levantar sospechas en la mente de los que carecen de experiencia. Pero puede verse fácilmente de quién son hijos, el ejemplo de quién siguen y las órdenes de quién realizan. “Por sus frutos los conoceréis” (S. Mateo 7:16; ver también Apocalipsis 12:10). La verdad santifica – El gran engañador tiene muchas herejías preparadas para adecuarse a los diversos gustos de aquellos a quienes quiere arruinar. Su plan consiste en introducir en la iglesia elementos hipócritas, no regenerados, que estimularán la duda y la incredulidad. Muchos que no tienen verdadera fe en Dios aceptan solo algunos principios de verdad y pasan por cristianos, y así pueden introducir errores como si fueran doctrinas de las Escrituras. Satanás sabe que la verdad, recibida con amor, santifica el alma. Por lo tanto, trata de sustituirla por falsas teorías, fábulas y otro evangelio. Desde el comienzo, los siervos de Dios han luchado contra falsos maestros, que no son solamente hombres viciosos, sino también enseñan falsedades fatales para el alma. Elías, Jeremías, San Pablo, firmemente se opusieron a los que apartaban a los hombres de la Palabra de Dios. La liberalidad que considera una fe correcta como algo sin importancia no encontraba el favor de los santos defensores de la verdad. Las interpretaciones vagas y fantasiosas de las Escrituras, y las teorías contradictorias que imperan en el mundo cristiano, son la obra de nuestro
  • 42. 42 La gran esperanza gran adversario para crear confusión mental. La discordia y la división entre las iglesias se deben en gran medida a la costumbre de torcer las Escrituras para tratar de fundamentar una idea favorita. Con el propósito de sostener doctrinas erróneas, algunos se valen de pasajes de la Biblia separados de su contexto, mencionando solamente la mitad de un versículo para probar su punto, cuando la porción restante muestra que el significado es lo opuesto. Con la astucia de la serpiente, se atrincheran detrás de declaraciones desconectadas que usan para satisfacer deseos carnales. Otros se valen de figuras y símbolos, los interpretan para acomodarlos a su fantasía, con poca consideración hacia el testimonio de la Biblia como su propio intérprete, y entonces presentan sus ideas ilusorias como enseñanza de la Biblia. La Biblia entera es una guía – Cuando se emprende el estudio de las Escrituras sin un espíritu de oración ni disposición a aprender, los pasajes más sencillos son privados de su verdadero significado. La Biblia entera debe ser dada al pueblo tal como está. Dios dio la segura palabra de la profecía; los ángeles y aun Cristo mismo vinieron para darles a conocer a Daniel y a San Juan las cosas que deben acontecer pronto (Apocalipsis 1:1). Los asuntos importantes que conciernen a nuestra salvación no fueron revelados de una manera tal que causaran perplejidad y desviaran a los que honradamente están buscando la verdad. La Palabra de Dios es clara para todos los que la estudian con espíritu de oración. Bajo el clamor de liberalidad, los hombres son enceguecidos por los engaños de su adversario. Él tiene éxito en reemplazar la Biblia por especulaciones humanas; así la ley de Dios es puesta a un lado, y las iglesias se hallan bajo la esclavitud del pecado en tanto que pretenden estar libres. Dios ha permitido que un diluvio de luz inundara el mundo en materia de descubrimientos científicos. Pero, aun las más poderosas mentes, si no son guiadas por la Palabra de Dios, se descarrían en sus intentos de investigar las relaciones que hay entre la ciencia y la Revelación. El conocimiento humano es parcial e imperfecto; por lo tanto, muchos no pueden armonizar sus puntos de vista científicos con las Escrituras. Muchos aceptan meras teorías como hechos científicos, y piensan que
  • 43. Seducciones peligrosas 43 la Palabra de Dios ha de ser probada por la “falsamente llamada ciencia” (1 Timoteo 6:20). Debido a que no pueden explicar al Creador y sus obras por las leyes naturales, consideran la historia bíblica indigna de confianza. Los que dudan del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento demasiado a menudo dan un paso más, y dudan de la existencia de Dios. Al perder su ancla, chocan contra las rocas de la incredulidad. El mantener a los hombres haciendo conjeturas con respecto a lo que Dios no ha revelado es la obra maestra de los engaños de Satanás. Lucifer estaba insatisfecho porque no le fueron revelados todos los secretos de los propósitos de Dios, y entonces desconoció lo que había sido revelado. Ahora él trata de poner en los hombres el mismo espíritu y así hacer que también rechacen los mandatos directos de Dios. Cuanto menos espirituales se presenten las doctrinas y cuanto menos abnegación requieran, mayor es el favor con el cual serán recibidas. Satanás está listo para satisfacer el deseo del corazón, y presenta el engaño en lugar de la verdad. Es así como el Papado logró dominar a las mentes humanas. Y, al rechazar la verdad porque ella implica una cruz, los protestantes están siguiendo el mismo sendero. Todos los que procuren la conveniencia y la comodidad, para no estar en desacuerdo con el mundo, serán dejados para que reciban “herejías destructoras” como si fueran verdades (2 S. Pedro 2:1). Puede ser que alguno mire con horror algún engaño, pero recibirá prestamente otro. “Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron la verdad, sino que se complacieron en la injusticia” (2 Tesalonicenses 2:11, 12). Errores peligrosos – Entre los agentes más engañosos del gran impostor están los milagros mentirosos del espiritismo. Cuando los hombres rechazan la verdad, caen presa de este engaño. Otro error doctrinal es el negar la divinidad de Cristo, y pretender que él no existió antes de su advenimiento a este mundo. Esta teoría contradice las declaraciones de nuestro Salvador concernientes a su relación con el Padre y a su preexistencia. Mina la fe en la Biblia como una revelación de Dios. Si los hombres rechazan el testimonio de la Escritura concernientes a la divinidad de Cristo, es en vano argumentar con ellos; ninguna razón,
  • 44. 44 La gran esperanza por concluyente que sea, puede convencerlos. Ninguno de los que sostienen este error puede tener una verdadera concepción de Cristo o del plan de Dios para la redención del hombre. Otro error grave es la creencia de que Satanás no existe como un ser personal, que este nombre se usa en las Escrituras meramente para representar los malos pensamientos de los hombres y sus malos deseos. La enseñanza de que la segunda venida de Cristo se realiza con relación a la muerte de cada individuo es un argumento que distrae las mentes de la venida personal de Jesús en las nubes del cielo. Satanás ha estado diciendo: “Mirad, está en los aposentos” (ver S. Mateo 24:23-26), y muchos se han perdido por aceptar este engaño. Por otra parte, los hombres de ciencia pretenden que no puede haber ninguna respuesta a la oración; esto sería una violación de las leyes naturales; sería un milagro, y los milagros no existen, según ellos. El universo, dicen, está gobernado por leyes fijas, y Dios mismo no hace nada en contra de esas leyes. Así, representan a Dios como sometido a sus propias leyes, como si estas pudieran anular la libertad de Dios. ¿No obraron milagros Cristo y sus apóstoles? El mismo Salvador está tan dispuesto a escuchar la oración de fe hoy como cuando anduvo en forma visible entre los hombres. Lo natural coopera con lo sobrenatural. Forma parte del plan de Dios el concedernos, en respuesta a la oración de fe, lo que no nos daría si no lo pidiéramos así. Rasgos sobresalientes de la Palabra – Las doctrinas erróneas enseñadas por las iglesias anulan los rasgos sobresalientes de la Palabra de Dios. Pocos se detienen con el rechazo de una sola verdad. Casi todos van descartando uno tras otro los principios de la verdad, hasta que se convierten en incrédulos. Los errores de la teología popular han conducido a más de una persona a la incredulidad. Es imposible para ellas aceptar doctrinas que violan el sentido común de la justicia, la misericordia y la benevolencia. Y, puesto que esas doctrinas son presentadas como enseñanzas de la Biblia, esas personas rehúsan recibir ese libro como la Palabra de Dios. Por otra parte, otros miran la Palabra de Dios con desconfianza, porque
  • 45. Seducciones peligrosas 45 ella reprueba y condena el pecado. Los que no están dispuestos a obedecerla se esfuerzan por derrocar su autoridad. No pocos se convierten en incrédulos para justificar el descuido del deber. Algunos, demasiado amantes de la comodidad, no quieren realizar nada que implique abnegación, y adquieren una reputación de sabiduría superior al criticar la Biblia. Muchos creen que es una virtud aliarse con la incredulidad, el escepticismo y la duda. Pero, bajo una apariencia de candor, se hallará que existe confianza propia y orgullo. Hay quienes se deleitan en encontrar en las Escrituras algo que confunda las mentes de los demás. Algunos razonan, al principio, tomando partido con el lado erróneo por un mero amor a la controversia. Pero, habiendo expresado abiertamente su incredulidad, sienten que deben continuar manteniendo su posición. Así se unen con los impíos. Suficientes evidencias – Dios ha dado en su Palabra evidencias sufi- cientes de su carácter divino. Sin embargo, las mentes finitas no pueden comprender plenamente los propósitos del Infinito: “¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!” (Romanos 11:33). Pero podemos discernir el amor ilimitado y la misericordia de Dios unidos a su infinito poder. Nuestro Padre en los cielos nos revelará tanto como nos conviene conocer; y más allá de ese punto debemos confiar en la Mano que es omnipotente, en el Corazón que está lleno de amor. Dios nunca quitará toda excusa para la incredulidad. Los que están buscando ganchos para colgar sus dudas en ellos los encontrarán. Y, los que rechazan obedecer hasta que toda objeción haya sido quitada nunca descubrirán la luz. El corazón irregenerado está en enemistad con Dios. Pero la fe es inspirada por el Espíritu Santo y florecerá al ser acogida. Nadie puede llegar a ser fuerte en la fe sin un esfuerzo determinado. Si los hombres se permiten cavilar, hallarán que sus dudas resultarán más confirmadas. A la vez, los que dudan y desconfían de la seguridad de su gracia deshonran a Cristo. Son árboles improductivos que les quitan el sol a las otras plantas, y que las harán decaer y morir bajo su sombra destructora. La obra de la vida de estas personas aparecerá como un testimonio permanente en contra de ellas. Existe solamente una línea de conducta que pueden seguir los que hon-
  • 46. 46 La gran esperanza radamente desean verse libres de la duda. En lugar de poner en tela de juicio lo que no entienden, presten atención a la luz que ya brilla sobre ellos, y recibirán mayor luz. Satanás puede presentar una falsificación tan cercana a la verdad que engañe a los que están dispuestos a ser engañados, a los que anhelan ahorrarse el sacrificio exigido por la verdad. Pero es imposible mantener bajo su poder a una sola alma que honradamente desea conocer la verdad a toda costa. Cristo es la verdad y la “luz verdadera, que alumbra a todo hombre” que viene “a este mundo”. “El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios” (S. Juan 1:9; 7:17). El Señor permite que su pueblo se vea sujeto a la tremenda prueba de la tentación, no porque a él le plazca verlo en problemas, sino porque esto es esencial para la victoria final de sus hijos. Dios no puede proteger a sus hijos completamente de la tentación y a la vez ser consecuente con su propia gloria, pues el objeto de la prueba es prepararlos para resistir todas las seducciones del mal. Ni los hombres malos ni los demonios pueden impedir que los hijos de Dios tengan su presencia, si estos confiesan sus pecados y se apartan de ellos, y reclaman el cumplimiento de sus promesas. Toda tentación, abierta o secreta, puede ser resistida con éxito, “no con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos” (Zacarías 4:6). “¿Quién es aquel que os podrá hacer daño, si vosotros seguís el bien?” (1 S. Pedro 3:13). Satanás sabe bien que el alma más débil que permanece en Cristo puede más que todas las huestes de las tinieblas. Por lo tanto, trata de apartar a los soldados de la cruz de su tremenda fortaleza, mientras permanece disfrazado, listo para destruir a los que se aventuran en su terreno. Podemos estar seguros solamente al confiar en Dios y al obedecer todos sus mandamientos. Ningún hombre está seguro por un día ni por una hora sin oración. Rueguen al Señor que les conceda sabiduría para comprender su Palabra. Satanás es un experto en citar las Escrituras para dar su propia interpretación a pasajes, mediante lo cual espera hacernos tropezar. Debemos estudiar con humildad de corazón. A la vez que debemos estar constantemente en guardia contra los engaños del diablo, debemos orar con fe continuamente: “No nos dejes caer en tentación” (S. Mateo 6:13, VM).
  • 47. Nuestra única salvaguardia Al pueblo de Dios se le indica que busque en las Escrituras su salvaguardia contra los falsos maestros y los espíritus de las tinieblas. Satanás emplea todo medio posible para impedir que los hombres obtengan el conocimiento de la Biblia, cuyo claro lenguaje revela sus engaños. El último gran engaño se desplegará pronto ante nosotros. El Anticristo va a efectuar obras maravillosas ante nuestra vista. La falsificación se asemejará tanto a la verdad que será imposible distinguir entre las dos cosas, a no ser con la ayuda de las Escrituras. Los que se empeñan en obedecer todos los mandamientos de Dios encontrarán oposición y tendrán que enfrentar el ridículo. Para soportar la prueba, deben entender la verdad de Dios tal como está revelada en su Palabra. Tan solo los que han fortalecido su mente con las verdades de la Biblia permanecerán de pie en el último gran conflicto. Antes de su crucifixión, el Salvador explicó a sus discípulos que él sería muerto y resucitaría. Pero las palabras fueron desterradas de la mente de los discípulos. Cuando llegó la prueba, la muerte de Jesús destruyó las esperanzas de estos tan completamente como si no les hubiera advertido de antemano. Así también, en las profecías, el futuro está abierto ante nosotros tal como fue presentado por Cristo delante de los discípulos. Los acontecimientos relacionados con 47

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