Política nacional ambiental
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Contenido
JUAN MAYR MALDONADO
Ministro del Medio Ambiente
CLAUDIA MARTINEZ ZULETA
Viceministra de Medio Ambiente
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politica para el desarrollo sostenible de los espacios oceánicos
Published on: Mar 4, 2016
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Transcripts - Politica zc pnaoci

  • 1. Política nacional ambiental para el desarrollo sostenible de los espacios oceánicos y las zonas costeras e insulares de Colombia
  • 2. Política nacional ambiental para el desarrollo sostenible de los espacios oceánicos y las zonas costeras e insulares de Colombia MINISTERIO DEL MEDIO AMBIENTE DIRECCION GENERAL DE ECOSISTEMAS Banco Audiovisual - INVEMAR Diciembre de 2000, Bogotá D.C.
  • 3. Contenido JUAN MAYR MALDONADO Ministro del Medio Ambiente CLAUDIA MARTINEZ ZULETA Viceministra de Medio Ambiente ANGELA ANDRADE PEREZ Directora Técnica de Ecosistemas FABIAN NAVARRETE LE BAS Coordinador Grupo Ecosistemas Acuáticos, Marinos y Costeros EQUIPO TÉCNICO Ángela Andrade Pérez Fabián Navarrete Le Bas Pedro Arenas Granados Capitán de Navio Francisco A. Arias Isaza Paula Cristina Sierra Correa David A. Alonso Carvajal EDICIÓN Apoyo INVEMAR FOTOGRAFIA Banco de Audiovisuales de INVEMAR DISEÑO, DIAGRAMACIÓN Y MONTAJE ELECTRÓNICO Acta Nocturna E.U. acta@elsitio.net.co IMPRESIÓN Panamericana Formas e Impresos S.A. Bogotá D.C., abril del 2001 Ministerio del Medio Ambiente Calle 37 No. 8 - 40 Teléfono: 338 3900 I. Presentación...................................................................................................5 II. Visión y marco conceptual ...................................................................... 9 1 Visión ecosistémica como base para el ordenamiento territorial..............................9 2 ¿Qué es la zona costera colombiana?.................................................................10 3 Definición del ámbito espacial de la zona costera colombiana .............................11 4 ¿Qué es el manejo integrado de zonas costeras...................................................13 III. Diagnóstico..................................................................................................15 1 Los usos múltiples de los espacios oceánicos y las zonas costeras..........................15 2 Marco institucional y legal .................................................................................30 IV. Elementos de política...............................................................................31 1 Principios básicos..............................................................................................31 2 Objetivos..........................................................................................................32 Objetivo general ...............................................................................................32 Objetivos específicos .........................................................................................32 3 Estrategias, programas, metas y acciones............................................................33 Ordenamiento ambiental territorial.....................................................................33 Sostenibilidad ambiental de los sectores..............................................................42 Sostenibilidad de la base natural........................................................................51 Calidad ambiental del medio marino ..................................................................57 4 Instrumentos......................................................................................................61 Base científica: conocimiento e información orientada al MIZC .............................61 Gobernabilidad. Niveles nacional, regional y local..............................................67 Educación y participación..................................................................................72 V. Financiación..................................................................................................77 Siglas.....................................................................................................................78 Anexos..................................................................................................................81
  • 4. I Presentación Juan Mayr Maldonado Ministro del Medio Ambiente Ministerio del Medio Ambiente 5 L as zonas costeras son el hogar de las tres cuartas partes de la población mundial, ellas son además, las receptoras de los impactos generados por las forma de uso del suelo por parte de la población asentada en sus cuencas hidrográficas apor- tantes. Contienen los ecosistemas de mayor diversidad y productividad, produ- cen la mayor cantidad de pesca y sostienen una significativa parte de la actividad portuaria y de transporte, la agricultura, la industria y el turismo mundiales. Los enfoques tradicionales, sectoriales, de manejo no han podido detener su degradación ambiental. El rendimiento de las inversiones se ha empobrecido, el patrón de producción es inapropia- do y no sustentable y las naciones desperdician el activo de sus recursos. La creciente y múltiple presión que se ejerce, por el desarrollo, sobre las regiones costeras, demanda es- trategias integradas de planificación y manejo para enfrentar los urgentes problemas que son cada vez más complejos e interrelacionados. Esta prioridad fue bien reconocida en la Reunión Cumbre de Río en 1992. en la Agenda 21, el documento estratégico de dicha reunión, se pone especial énfasis en la necesidad de formular e implementar en forma exitosa antes del año 2000, planes integrales de manejo costero para todas las naciones ribereñas. El enfoque integrado es fundamental para obte- ner un desarrollo sostenible de esta áreas, permitiendo así balancear el desarrollo de las actividades socioeconómicas sin comprometer el potencial y la protección de los recursos naturales. Colombia a lo largo de sus 3.000 km, de litorales en los dos océanos y en sus sistemas insulares, presenta todos los ricos, diversos y productivos tipos de ecosistemas marino- costeros del trópico. Ellos están dotados de una gran capacidad para proveer bienes y servicios que sostienen las crecientes actividades económicas, así como los diversos usos tradicionales de las comunidades locales. Sin embargo, la tendencia pasada y actual en el uso de los ecosistemas costeros de la Na- ción, es desarrollar actividades que se justifican más por su rentabilidad a corto plazo y por los beneficios que producen para sectores particulares, que por los beneficios que aportan en el largo plazo para la calidad de vida de la Sociedad Colombiana en su conjun- to. Como resultado se observa un crecimiento desordenado del turismo, planificación po- bre de la línea de la costa, contaminación a lo largo de los tramos más densamente pobla- dos y fuertemente explotados, erosión de la línea de costa, degradación y pérdida de há- bitats y disminución progresiva de la pesca. Este cúmulo de problemas se debe también a una mala planificación del uso del suelo en los litorales y a procedimientos igualmente equivocados para el control del desarrollo, uso excesivo o nocivo de los recursos costeros, sobrecarga de la capacidad de sustentación y a un manejo, monitoreo y vigilancia defi- cientes por parte del sector público. Frente a este reto, el Ministerio del Medio Ambiente, partiendo de unos elementos y ob- jetivos generales establecidos en la Constitución Política y en las funciones asignadas en la Ley 99 de 1993 relacionadas con la formulación, concertación y adopción de las políti- cas orientadas al ordenamiento ambiental del territorio costero y de los mares adyacentes, promovió desde mediados de 1996 la realización de cuatro talleres y un seminario nacio-
  • 5. nal. El proceso contó con la activa y decisoria participación de los principales actores vin- culados directamente con el desarrollo costero nacional (DNP, Ministerios y entidades ads- critas, Armada Nacional, DIMAR, COLCIENCIAS, Centros e Institutos de Investigación, Universidades, Corporaciones Autónomas y Regionales y de Desarrollo Sostenibles, enti- dades territoriales y organizaciones no gubernamentales). El día 2 de julio de 1998, una primera versión del documento de política fue presentada ante el Consejo Nacional Ambiental, en donde se realizaron aportes sustantivos sobre el contenido del mismo, aprobándose con carácter de lineamientos de política para el Orde- namiento integrado y Desarrollo Sostenible de las Zonas Costeras e Insulares de Colombia. En el contexto de la política nacional ambiental actual, proyecto colectivo ambiental, las acciones y metas planteadas se dirigen, en conjunto, a avanzar en el ordenamiento, mane- jo adecuado y recuperación de los ecosistemas continentales y marinos, fortaleciendo la capacidad nacional para la investigación científica de los mares nacionales y su biodiversi- dad asociada, haciendo especial énfasis en los ecosistemas estratégicos marinos y en las áreas afectadas por impacto humano o fenómenos naturales ( El Niño, Tsunami, Huraca- nes, etc.). Así mismo, se promoverá la elaboración y ejecución de planes de manejo cos- tero en el marco del concepto de “ Manejo Integrado de Zonas Costeras (MIZC)”, apoyado sobre información científica, buscando la participación efectiva de las entidades responsa- bles de la administración de los litorales y las comunidades locales; y, se continuará traba- jando en programas regionales de manejo y recuperación de ecosistemas marinos y coste- ros, con énfasis en su protección, uso sostenible de los recursos y en la prevención y con- trol de fuentes terrestres de contaminación marina. Así mismo, destaca la importancia en el ámbito mundial de la Cuenca del Pacífico, distin- guida como área de considerable riqueza cultural y biológica y promueve para el Pacífico Colombiano la construcción colectiva de una Agenda XXI, mediante un proceso amplio y participativo orientado a la formulación de políticas, planes y programas de corto, media- no y largo plazo que impulsen el desarrollo sostenible de la región y su articulación al pro- greso de la nación. La Agenda Pacífico XXI, se plantea como un marco concertado para la acción regional, una guía estratégica para el desarrollo sostenible del Pacífico hacia el próximo milenio. La Agenda busca definir de manera concertada con todos los actores de la región, tanto insti- tucionales como de la sociedad civil, en particular los grupos étnicos negros e indígenas, una visión del contexto político, económico, social y ambiental; unos principios y unos compromisos frente a su propio desarrollo. Esta política se articula plenamente con los objetivos y estrategias planteados en la Agen- da constituyéndose en un aporte sustantivo para incorporar dentro del ordenamiento terri- torial de la Región a sus ecosistemas marinos y costeros. Durante el período comprendido entre el 2 de julio de 1998 y el Consejo Ambiental reali- zado el 14 de junio del 2000, el Ministerio del Medio Ambiente, conjuntamente con las Corporaciones Autónomas Regionales y de Desarrollo Sostenible Costeras, los Institutos de Investigación (INVEMAR e Institutos de Investigaciones Ambientales del Pacífico) ads- critos, la Unidad de Parques Nacionales y los entes territoriales, y a través de ellos con to- dos los sectores involucrados en el desarrollo de las zonas costeras, adelantan tres pro- yectos demostrativos en el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, Gol- fo de Morrosquillo en el Mar Caribe y en la Bocana del Río Guapi en el litoral Pacífico, los cuales, sirven como referentes para la construcción e implementación de estrategias re- gionales para el Manejo Integrado de las Zonas Costeras del país y cuyos resultados han servido para retroalimentar en la práctica la propuesta de Política que se presenta. De acuerdo a los compromisos adquiridos en el Consejo Nacional Ambiental realizado el 6 Ministerio del Medio Ambiente
  • 6. Ministerio del Medio Ambiente 7 día 14 de junio de 2000, se conformó un Grupo de trabajo Interinstitucional con el fin de adelantar los ajustes del documento presentado y su articulación con las demás políticas existentes. En este Grupo participaron los Ministerios de Transporte, Minas y Energía, De- sarrollo, Salud, Comercio Exterior y Agricultura, así como la Dirección General Marítima – DIMAR – la Comisión Colombiana del Océano, el Departamento Nacional de Planeación, la Federación de Municipios, el INVEMAR y el Consejo Nacional Gremial. En desarrollo del mandato encomendado se adelantaron, a partir del día 29 de junio has- ta el 30 de octubre de 2000, ocho reuniones de concertación de las cuales surgió la nueva propuesta, que recoge y articula los aportes recibidos por dichas entidades. Refleja y de- sarrollo el enfoque y las estrategias identificadas conjuntamente en le proceso enunciado en últimos años. El documento de Política aprobado el día 5 de diciembre de 2000, se fundamenta en la promoción de la utilización de las herramientas que nos brinda el ordenamiento territorial para asignar usos sostenibles al territorio marítimo y costero nacional, a propiciar formas mejoradas de gobierno que armonicen y articulen la planificación del desarrollo costero sectorial, a la conservación y restauración de los bienes y servicios que proveen sus eco- sistemas, a la generación de conocimiento que permita la obtención de información estra- tégica para la toma de decisiones de manejo integrado de esta áreas y a impulsar procesos de autogestión comunitaria y de aprendizaje que permitan integrar a los múltiples usuarios de la zona costera en la gestión de su manejo sostenible. El Ministerio del Medio Ambiente coordinará, con el apoyo de las respectivas autorida- des ambientales regionales, el proceso de concertación regional de esta Política, con el fin de armonizar los planes de gestión ambiental de las entidades que conforman el SINA y las demás instituciones con funciones y competencias en los espacios oceánicos y zonas costeras e insulares, así como los Planes de Desarrollo y Planes de Vida de las comunida- des negras y resguardos indígenas, garantizando la participación de todos los actores so- ciales, con los objetivos, estrategias y programas propuestos, y la definición de los indica- dores de evaluación y seguimiento. Se busca entonces que estas directrices sean acogidas a escala nacional, regional y local, desarrollándose en el marco del correspondiente Plan Nacional de Desarrollo que define los responsables, acciones, recursos institucionales de infraestructura y financieros, para hacer posible, mediante su implementación, el uso sustentable de los recursos y del am- biente marino y costero de la Nación.
  • 7. Ministerio del Medio Ambiente 9 1. VISIÓN ECOSISTÉMICA COMO BASE PARA EL ORDENAMIENTO TERRITORIAL IIVisión y marco conceptual El enfoque por ecosistemas es una es- trategia para su gestión integrada por la que se promueve la conservación y uso sostenible de los recursos de modo equitativo. Por lo tanto, la aplicación del enfoque por ecosistemas ayudará a lograr un equilibrio entre los tres objetivos del Convenio de Diversidad Biológica (Ley 165 de 1994): conservación; utilización sosteni- ble de los componentes de la biodiversi- dad; y distribución justa y equitativa de los beneficios derivados del uso de los recur- sos genéticos1 . Un enfoque por ecosistemas se basa en la aplicación de las metodologías científicas adecuadas que se concentran en niveles de la organización biológica que abarcan los procesos esenciales, las funciones y las in- teracciones entre organismos y su ambien- te. Se reconoce que los seres humanos y su diversidad cultural constituyen un comple- mento integral de los ecosistemas. Esta concentración en los procesos, fun- ciones e interacciones está en consonancia con la definición de “ecosistema” que figu- ra en el Artículo 2 del Convenio de Diversi- dad Biológica: “Por ‘Ecosistema’ se entiende un complejo dinámico de comunidades vegetales, ani- males y de microorganismos y su medio no viviente que interactúan como una unidad funcional.” En esta definición no se especifica ningu- na unidad a escala espacial particular, por lo tanto, el término “ecosistema” no corres- ponde necesariamente a los términos “bio- ma” o “zona ecológica”, pero puede referir- se a cualquier unidad en funcionamiento a cualquier escala. En realidad, la escala de análisis y de acción deben determinarse en función del problema de que se trate. Pu- diera ser, por ejemplo, un grano de suelos, un estanque, un bosque, una bioma o toda la biosfera. El enfoque por ecosistemas exige una gestión adaptable por tratar con la índole compleja y dinámica de los ecosistemas y con la esencia de un conocimiento o com- prensión completa de su funcionamiento. Los procesos de los ecosistemas son fre- cuentemente no lineales y los resultados de tales procesos ostentan lagunas temporales. El resultado son discontinuidades que lle- van a sorpresa e incertidumbre. La gestión, por lo tanto, debe ser adaptable para poder dar una respuesta a tales incertidumbres y comprende elementos de “aprender en la práctica”. Lo mismo que en el caso del principio de precaución, puede ser necesa- rio adoptar medidas, incluso cuando no se han establecido científicamente las relacio- nes completas de causa y efecto. Esta Política se formula en el marco con- ceptual de la gestión integrada de los eco- sistemas. Esto implica reconocer la integra- ción que existe entre la naturaleza y la cul- tura, siendo los seres humanos parte inte- grante de los ecosistemas. Los objetivos de la política son pues eminentemente socia- les, y representan una oportunidad para la integración de objetivos expresados en otros instrumentos de política. El mayor reto de esta aproximación, sin embargo, no es tanto científico como admi- nistrativo e institucional, para resolver el problema de la falta de coherencia y multi- plicidad de las instituciones concurrentes (Burroughs & Clark, 1995). Para poder lle- (1) UNEP/CDB/SBITA/5/1
  • 8. var a la práctica una gestión con orienta- ción ecosistémica, se hace necesario crear lo que han sido llamadas las “autoridades ecosistémicas”, o en su defecto (lo cual es más probable), propiciar la integración y coordinación de las agendas institucionales mediante comités regionales (Miller, 1996). La gestión de ecosistemas implica enton- ces la concurrencia en estos espacios de los actores y sectores involucrados, de tal suer- te que los procesos de planificación o las evaluaciones ambientales de proyectos que los afectan, deben basarse en criterios múl- tiples. 1.1.PRINCIPIOS BÁSICOS DE UN ENFOQUE ECOSISTÉMICO PARA EL O.T. • Los objetivos de gestión de los ecosiste- mas son de naturaleza social. • El manejo y la gestión de ecosistemas de- ben descentralizarse al máximo y llegar a los niveles territoriales más bajos. • Es necesario considerar los efectos que tienen ciertas acciones sobre ecosistemas adyacentes. • El manejo de los ecosistemas debe efec- tuarse dentro de sus límites de funciona- miento. • Los ecosistemas deben estudiarse de acuerdo con la escala apropiada. • Es necesario considerar la variación espa- cial y temporal de los procesos ecológi- cos. • El manejo de los ecosistemas debe reco- nocer los factores inherentes de cambio que estos conllevan. • Considerar el conocimiento acumulado de comunidades locales y poblaciones nativas, sobre las cuales debe construirse la existencia de innovaciones y prácticas. • En la gestión integrada de ecosistemas se deben involucrar todos los sectores de la sociedad y disciplinas científicas relacio- nadas en la toma de decisiones. La zona costera colombiana es un es- pacio del territorio nacional definido con características naturales, demo- gráficas, sociales, económicas y culturales propias y específicas. Está formada por una franja de anchura variable de tierra firme y espacio marítimo en donde se pre- sentan procesos de interacción entre el mar y la tierra; contiene ecosistemas muy ricos, diversos y productivos dotados de gran capacidad para proveer bienes y ser- vicios que sostienen actividades como la pesca, el turismo, la navegación, el desa- rrollo portuario, la explotación minera y donde se dan asentamientos urbanos e in- dustriales. Es un recurso natural único, frágil y limitado del país que exige un ma- nejo adecuado para asegurar su conserva- ción, su desarrollo sostenible y la preserva- ción de los valores culturales de las comu- nidades tradicionalmente allí asentadas. Las zonas costeras colombianas según sus características especiales, son parte del te- rritorio nacional y como tal deben ser in- corporadas en su ordenamiento con el pro- pósito de mantener un balance adecuado entre la preservación, la conservación y el desarrollo socioeconómico y cultural, pu- diendo ser representadas total o parcial- mente en entidades geográficas, unidades administrativas, instituciones, políticas o le- gislaciones especializadas. Igualmente es un continuo de regiones geográficas, con sus propios patrones y ca- racterísticas naturales, políticas, económicas, sociales, institucionales y culturales. Es ade- más la plataforma para el uso de los recursos marinos y se constituye en el paso obligado de acceso a los océanos, desde la tierra. Está compuesta por un mosaico de subre- giones que se definen por sus característi- cas naturales, socioeconómicas, demográfi- cas y políticas. Consecuentemente, puede afirmarse que es inicialmente y ante todo un concepto espacial con relación a una porción del territorio. 10 Ministerio del Medio Ambiente 2. ¿QUÉ ES LA ZONA COSTERA COLOMBIANA?
  • 9. La zona costera, adicionalmente, es un recurso objeto de grandes apetencias hu- manas, aceleradas en los últimos años co- mo consecuencia del desarrollo agroindus- trial, urbano, turístico, demográfico, por- tuario, situaciones de orden público etc., aprovechada en forma indiscriminada e irracional. 3. DEFINICIÓN DEL ÁMBITO ESPACIAL DE LA ZONA COSTERA COLOMBIANA La delimitación de la zona costera na- cional es un ejercicio interdisciplinario realizado con el propósito de proveer una representación cartográfica del territo- rio sobre el cual se ha de ejercer la planifi- cación y el manejo. La zona costera debe consistir en un área de anchura finita, limi- tada en extensión con el fin de permitir su ordenamiento ambiental adecuado. Dos criterios fundamentales fueron consi- derados para esta delimitación: 1. En la práctica el límite de la zona costera colombiana esta determinada por el ám- bito espacial de los problemas definidos, que se prevén resolver en el mediano y largo plazo con el desarrollo de esta Polí- tica y de sus programas y proyectos sub- siguientes orientados hacia su manejo in- tegrado, entre ellos: • Conflictos de uso y acceso por utiliza- ción competitiva del espacio costero y marino. Interferencia entre distintas ac- tividades de desarrollo. • Impactos ambientales negativos de los usos costeros múltiples que modifican la estructura y función de los ecosiste- mas costeros que soportan dichas acti- vidades. • Deterioro de la calidad ambiental de los ecosistemas (contaminación). • Considerando siempre para su adecua- da planificación y manejo, los impactos ambientales sobre los ecosistemas cos- teros generados por usos inadecuados del suelo, en los ecosistemas de las cuencas hidrográficas aportantes. 2. Deberán incluirse en toda su extensión en esta zona, los seis principales ecosis- temas o unidades de recursos costeros de la Nación, en atención a su límite es- pacial, estructural y en lo posible funcio- nal. • Arrecifes Coralinos • Ecosistemas de Manglar y Bosques de Transición • Sistemas de Playas y Acantilados • Estuarios, Deltas y Lagunas Costeras • Lechos de Pastos Marinos o Praderas de Fanerógamas • Fondos blandos sedimentarios de la plataforma continental Para los propósitos de esta Política se dis- criminan dos tipos de zona costera en el país: La Zona Costera Continental y la Zona Costera Insular. ZONA COSTERA CONTINENTAL Esta constituida por tres subzonas o fran- jas paralelas de delimitación que confor- man en su conjunto la zona costera conti- nental. En su eje longitudinal, esta zona es un continuo de subregiones costeras que se extiende a lo largo de los 3.000 kilómetros del perímetro litoral de la Nación. Dichas subzonas siempre incluyen el espacio aé- reo que se encuentra por encima del mar o del continente emergido, el lecho marino y el suelo, así como el subsuelo tanto para los dominios oceánicos y terrestres com- prendidos en la zona costera. 1. SUBZONA MARÍTIMO-COSTERA O FRANJA DE MAR AFUERA: Es la banda de ancho varia- ble comprendida entre la Línea de Marea Baja Promedio (LMBP) y el margen exter- no de la plataforma continental, corres- pondiendo este margen al borde conti- nental donde la pendiente se acentúa ha- cia el talud y el fondo oceánico abisal. Pa- ra efectos de su delimitación se ha deter- minado convencionalmente este borde Ministerio del Medio Ambiente 11
  • 10. 12 Ministerio del Medio Ambiente para la isóbata de 200m. En los casos en que la plataforma se vuelve extremada- mente angosta como frente a Bocas de Ceniza, el sector de Santa Marta en la Re- gión Caribe, o el sector comprendido en- tre Cabo Corrientes y la frontera con la República de Panamá en la Región del Pa- cífico, esta banda se fijará entre la Línea de Marea Baja Promedio (LMBP) y hasta una línea paralela localizada a 12 millas náuticas de distancia mar adentro. Las áreas insulares como el Archipiélago de Islas del Rosario, Islas de San Bernardo, Isla Fuerte e Islas de Gorgona y Gorgoni- lla, localizadas sobre la plataforma conti- nental, están incluidas en esta subzona. El ancho mínimo de 12 millas náuticas pa- ra esta subzona no corresponde a una me- dida arbitraria, es la banda de territorio ma- rino adyacente al territorio emergido conti- nental donde se concentra el transporte marítimo de cabotaje, la pesca marítima ar- tesanal, toda la actividad marítima portua- ria, los principales impactos de la contami- nación marina proveniente de fuentes te- rrestres, los deportes náuticos y el acuatu- rismo marino, entre otras actividades, y es consecuente con la obligación jurídica del Estado de proteger soberanamente el mar territorial. 2. SUBZONA DE BAJAMAR Ó FRANJA DE TRAN- SICIÓN: Es la banda comprendida entre la Línea de Marea Baja Promedio (LMBP) y la Línea de Marea Alta Promedio (LMAP). El ancho de esta subzona esta básica- mente condicionada por el rango de am- plitud mareal (4 metros promedio en el litoral Pacífico, 0.5 metros en el litoral Caribe) y la pendiente de la costa o la to- pografía de los terrenos emergidos adya- centes a la línea de costa. 3. SUBZONA TERRESTRE-COSTERA Ó FRANJA DE TIERRA ADENTRO: Es la banda com- prendida desde la Línea de Marea Alta Promedio (LMAP), hasta una línea para- lela localizada a 2 km de distancia tierra adentro. Corresponde a la definición jurí- dica vigente de “Costa Nacional” (Articu- lo 1º del decreto 389 de 1931 y ratificado en los decretos No. 2324 de 1984 y No. 2663 de 1994). Cuatro criterios sin embargo deberán siempre cumplirse para delimitar geográ- ficamente el área terrestre de la Zona Costera: a. Deberán incluirse en esta subzona, el 100% de la cobertura espacial de los bosques de manglar y de los bosques de transición localizados inmediata- mente después (natal y pangal para el caso de la Región Pacífica colombiana y llanura aluvial del río Atrato). Así en- tonces la banda de los 2 km deberá fi- jarse a partir del borde externo del bos- que de manglar en el Caribe y del bos- que de transición en el Pacífico. b. El límite externo de esta banda deberá localizarse para el caso de lagunas cos- teras sin bosques de manglar asocia- dos, a 2 km. a partir de la línea de cota máxima de nivel en el orillal exterior del sistema lagunar. El limite interno corresponde igualmente a la LMAP. c. Deberán siempre incluirse dentro de esta subzona los terrenos emergidos de todas las áreas declaradas como Unida- des de Reserva (marino-costeras) perte- necientes a las áreas del Sistema de Parques Nacionales Naturales y su co- rrespondiente zona amortiguadora (se exceptúa el Parque Nacional Natural de la Sierra Nevada de Santa Marta). d. Todos los centros urbanos costeros que se extienden más allá de 2.0 km desde la LMAP, deberán estar incluidos en to- da su extensión en esta subzona. En es- te caso, el límite terrestre de esta sub- zona se fijará a 2.0 km desde el borde más externo del perímetro urbano. ZONA COSTERA INSULAR Las unidades subnacionales insulares pre- sentan un problema específico para estable- cer los límites terrestres de la zona costera. Un análisis de ecosistemas insulares define
  • 11. las islas pequeñas como unidades ambien- tales que no tienen un “área terrestre inte- rior o núcleo central que esté esencialmente distante del mar” (Towle,1985). El análisis concluyó que 10.000 km2 , casi el tamaño de Jamaica, es el punto intermedio entre islas grandes y pequeñas. Para islas menores de 10.000 km2 se puede argüir que toda la isla es una zona costera. Así que el plan formu- lando y validado de manejo integrado de la zona costera en una isla pequeña, es esen- cialmente sinónimo de su plan de desarrollo territorial del área indicada. Esta consideración es plenamente válida para nuestro Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, como el terri- torio insular oceánico más septentrional del Mar Caribe Colombiano y la Isla de Malpelo y sus diez islotes, como nuestra posición te- rritorial más occidental sobre el Océano Pa- cífico (ver Figura 1). Así entonces se establecen como límites de la zona costera del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina los si- guientes: 1. SUBZONA EMERGIDA: Comprende todo el territorio isleño emergido (islas y cayos) utilizando como referente la Línea de Marea Alta Promedio (LMAP). 2. SUBZONA DE BAJAMAR Y DE LA TERRAZA ARRECIFAL: Es la banda comprendida en- tre la Línea de Marea Alta Promedio (LMAP), la Línea de Marea Baja Prome- dio (LMBP) y el borde externo de la te- rraza prearrecifal coralina correspondien- te a la isóbata de los 100 metros. El an- cho de esta subzona esta básicamente condicionada por el desarrollo de la te- rraza arrecifal, lagunar y prearrecifal del ecosistema coralino insular. 3. SUBZONA MARÍTIMO-COSTERA O FRANJA DE MAR AFUERA: Es la banda comprendida desde el borde externo de la terraza prearrecifal coralina correspondiente a la isóbata de los 100 metros, hasta una línea paralela localizada a 12 millas náuticas de distancia mar adentro. Los límites de la zona costera de la Isla de Malpelo son los siguientes: 1. SUBZONA EMERGIDA: Comprende todo el territorio emergido (isla y rocas), utilizan- do como referente la Línea de Marea Ba- ja Promedio (LMBP). 2. SUBZONA MARÍTIMO-COSTERA O FRANJA DE MAR AFUERA: Es la banda comprendida desde la Línea de Marea Baja Promedio (LMBP), hasta una línea paralela periféri- ca localizada a 12 millas náuticas de dis- tancia. La definición del ámbito espacial de la zona costera colombiana aquí presentada, involucra un análisis y espacialización de los diferentes criterios probados que con- tribuyen a una apropiada delimitación de esta zona de particular singularidad. (Ver Figura 1) Ministerio del Medio Ambiente 13 4. ¿QUÉ ES EL MANEJO INTEGRADO DE ZONAS COSTERAS? El manejo costero integrado es un pro- ceso de planificación especial dirigi- do hacia un área compleja y dinámi- ca, que se enfoca en la interfase mar - tierra y que considera los siguientes aspectos: • Algunos conceptos fijos y otros flexibles que la demarcan, • Una ética de conservación de los ecosis- temas, • Metas socioeconómicas, • Un estilo de manejo activo participativo y de solución de problemas • Una fuerte base científica. Un programa exitoso debe basarse en un proceso de planificación completo e inte- grado tendiente a armonizar los valores cul- turales, económicos y ambientales, y a equilibrar la protección ambiental y el de- sarrollo económico, con un mínimo de nor- mas. El manejo sin un proceso integrado de planificación tiende a ser incompleto y de-
  • 12. 14 Ministerio del Medio Ambiente sintegrado, a ser más bien una actividad sectorial. La planificación integrada de las zonas costeras debe aceptarse como una parte ampliada e integral de la planificación y el ordenamiento físico territorial. Figura 1. Fronteras marinas y terrestres de Colombia
  • 13. El desarrollo en los litorales dio origen a una serie de actividades que se in- sertaron en las zonas costeras, las cuales, vienen potenciando un marcado de- terioro ambiental de los ecosistemas mari- nos y costeros. Estos usos múltiples del te- rritorio no siempre son compatibles y algu- nos son excluyentes unos de los otros, ge- nerándose conflictos por uso y acceso a los recursos naturales. A continuación se presentan las activida- des más relevantes que participan activa- mente en el desarrollo económico del país, las cuales, generan importantes impactos ambientales en los espacios oceánicos y la zona costera. 1.1. POBLACIÓN Y PATRONES DE ASENTAMIENTO La región Caribe continental, a través de los sistemas hídricos, es la receptora de to- dos los resultantes ambientales de los pro- cesos naturales y antrópicos de la región Andina que, en conjunto con la propia re- gión del Caribe, alberga cerca del 90% de la población del país, y soporta el mayor gra- do de transformación de la base natural. La zona costera del Caribe está habitada por un número aproximado de 2.800.000 habitantes en un área relativamente extensa (31.584 km2 ), lo que representa una densi- dad poblacional de 89 hab/km2 . La dinámica de crecimiento demográfico en los últimos años ha sido sin lugar a du- das una de las más significativas en el terri- torio nacional, mientras que para principios de siglo sólo representaba el 10%, para 1993 representó el 23.9%, notándose un au- mento substancial en los municipios de Ba- rranquilla con un número de habitantes pa- ra 1985 de 889.781 que representaban el 31.8%, y para 1993 de 1.095.425 habitantes equivalente al 39.1% ( crecimiento del 7.3% en 9 años); lo mismo sucede en Cartagena (531.426 habitantes - 19.1% en 1985 y 661.830 - 23.6% en 1993) y Santa Marta (218.205 habitantes - 7.8% en 1985, y 279.958 habitantes - 10.1% en 1993). Estos tres municipios, destacan como principales motivadores para el desplaza- miento de la población hacia ellos (en su mayoría desde el interior de los departa- mentos2 ), por el mejoramiento de las condi- ciones sociales (fuentes de empleo, satis- facción de necesidades básicas, educación, servicios asistenciales, entre otros), econó- micas (acceso a nuevas actividades de pro- ducción) y políticas (desplazamiento a zo- nas sin problemas de orden público). Con relación a la calidad de vida en los departamentos de la costa Caribe, los nive- les de pobreza son superiores a los del pro- medio nacional. En 1993, el 52% de las per- sonas residentes en la región podían ser consideradas como pobres, frente al 37% de todo el país. Los departamentos que al- canzan niveles altos de pobreza son: Cór- doba con 66%, Sucre con 65% y Guajira con 64%, seguidos por Magdalena con 55% y Bolívar con 54%. Solo Atlántico con 31% y San Andrés con 33% presentan niveles infe- riores con relación al país. Las condiciones sanitarias de las comuni- dades en San Andrés, costa Caribe y costa Pacifica son de las más deficitarias en el ámbito nacional. Para la costa Pacífica, por ejemplo, la cobertura actual de los servicios de acueducto en las cabeceras municipales Ministerio del Medio Ambiente 15 1. LOS USOS MÚLTIPLES DE LAS ZONAS COSTERAS COLOMBIANAS IIIDiagnóstico (2) En el Caribe a diferencia del Pacífico la migración poblacional se da por lo general del interior del departamento hacia su costa.
  • 14. 16 Ministerio del Medio Ambiente alcanza un promedio del 48% y el alcantari- llado tiene un promedio del 10%, inferior a los promedios nacionales. La cobertura del acueducto en las zonas rurales alcanza sólo el 13%, mientras la de alcantarillado alrede- dor de 2% (sin incluir Buenaventura). Con relación al aseo, los sistemas de recolección presentan coberturas del 10% y carece de mecanismos de disposición de desechos. El archipiélago de San Andrés y Providen- cia, se encuentra habitado por un número aproximado de 79.000 habitantes, lo cual lo convierte en uno de los más densamente poblados del Mar Caribe. Más del 70% de la población se concentra en la zona norte de la Isla de San Andrés, generando una fuerte demanda de servicios básicos, la mayoría de ellos insatisfechos por la baja capacidad de atención de la entidades prestadoras de servicios, y adicionalmente, una acelerada presión sobre los recursos naturales exis- tentes en la Isla3 . La zona costera del Pacífico, está habitada por un número aproximado de 543.600 ha- bitantes en un área de 34.000 km2 y tiene una densidad poblacional de 16 hab/km2 . En los últimos años el crecimiento demo- gráfico fue 23.91% notándose un aumento en los dos principales municipios de la re- gión costera, ubicados dentro de los secto- res geográficos comprendidos entre cabo Corrientes y bahía Ancón de Sardina: Bue- naventura, que en 1985 presentaba una po- blación de 193.185 habitantes, que repre- sentaban el 44 % de la población costera, en 1993 representaba el 42%, con una po- blación de 227.478 habitantes. Tumaco, por su parte, reportó en 1985, un total de 94.230 habitantes para un 21.48%, y en 1993, 115.67 para un 21.28%. Este mayor o menor desarrollo socioeco- nómico en los sectores mencionados no ha ido acorde con la conservación histórica, cultural, arquitectónica y ambiental ni con el uso sostenible de los recursos de la zona costera, por el contrario, se ha generado degradación paulatina del medio a través de los agentes de transformación antrópica directos o indirectos. Así, el aumento de- mográfico coincide con el aumento en los patrones de contaminación física (materia- les sólidos, basuras y desperdicios, derra- mes de hidrocarburos), química (sustancias orgánicas e inorgánicas de diferente natura- leza: residuos de petróleo, productos quí- micos, aguas residuales industriales y do- mésticas, carbón, sedimentos), biológica o bacteriológica (involucra microorganismos provenientes esencialmente de aguas servi- das), y contaminación por sustancias tóxi- cas (plaguicidas y metales pesados), algu- nas de ellas con picos fluctuantes por ac- ción del turismo. 1.2. PESCA Y ACUICULTURA Realizar un análisis histórico de la pro- ducción pesquera, frente a su diversidad y potenciales, nos puede dotar de elementos de juicio para encontrar razones, necesida- des, lineamientos de manejo y ordenamien- to pesquero y visualizar el comportamiento de la pesca industrial, artesanal y de subsis- tencia frente al manejo integrado de las zo- nas costeras. Colombia, ha carecido de un desarrollo tecnológico pesquero planificado que con- sulte los stocks, sus rendimientos máximos sostenibles, y el esfuerzo pesquero. Tradi- cionalmente, y como uno de los ejemplos tangibles en el país, la extracción de cama- rones soportó la industria pesquera, y fue el recurso imperante a extraer entre 1950 y 1970 en el ámbito mundial, y en esta vía ac- tuamos. En cuanto a producción pesquera, la par- ticipación porcentual de las dos costas, se mantuvo en niveles normales entre 1975 y 1987, representando para el período un 10.03% en el Atlántico y 22.21% en el Pacífi- co. Pero a partir de 1988 con el auge de la extracción de atunes, el Pacífico entre 1988 y 1993 pasó a representar el 52.50% y el Atlántico permaneció en su nivel normal con un 8.54%. Una aparente medida de la actividad pes- quera en ambos océanos, lo puede dar la (3) DANE, 1993. XVI censo nacional de población y V de vivienda
  • 15. Ministerio del Medio Ambiente 17 flota pesquera, respecto de la cual se puede decir que en 1985 en el Atlántico estaba constituida por 129 unidades, distribuidas: 86 para camarón de aguas someras; 2 para camarón de aguas profundas; 22 para pesca blanca; 4 para atunes; y 15 para langosta, pesca blanca y caracol. De bandera extran- jera 81 y 48 nacionales. Según INPA, op. cit. (1994), la flota pes- quera a finales de 1993 estaba constituida por 180 unidades distribuidas 68 de bande- ra nacional y 112 de bandera extranjera. Por tipo de pesquerías: 42 atuneras (40 ex- tranjeros, 2 nacionales); 2 para camarón de aguas profundas; 78 para camarón de aguas someras; 24 para demersales; para langosta 15; para caracol 3; y langosta, caracoles y demersales 16. Entre 1985 y 1993, la flota atunera ha crecido en un 950%. En el Pacífico, para 1985 la flota la consti- tuían 138 barcos, de los cuales 114 para ca- marón de aguas someras; 4 para camarón de aguas profundas; 2 para atunes; 18 en pesca blanca. La composición de la flota correspondía a un 88% de bandera nacional y el 12% de bandera extranjera. Según INPA, 1994, la flota pesquera a fi- nales de 1993 estaba constituida por 186 motonaves, de las cuales 66.13% (123) de bandera nacional y 63 (33.87%) de bandera extranjera. Con dedicación a los atunes 26 (21 con bandera extranjera y 5 nacionales); 25 para camarón de aguas profundas; 74 para camarón de aguas someras; 55 para demersales; 1 para pelágicos costeros me- dianos; 5 para pelágicos costeros peque- ños. INPA/PNUD/FAO, 1994, reporta como flota atunera para el Pacífico 38 motonaves, 29% de bandera nacional y 71% de bandera extranjera. La flota pesquera atunera entre 1985 y 1994 ha tenido un crecimiento del 1800% según los datos INPA/PNUD/FAO, op. cit. (1994), y 1200% respecto a datos INPA, 1994. La pesquería de camarones de aguas someras, entre 1985 y 1994 ha decre- cido en un 35.08%. El escenario pesquero en el Atlántico, lo dominan a 1993, la pesquería del atún que tuvo en 1985 respecto al desembarco de peces una participación del 13.28% (971 Ton), para pasar al 62.49% en 1993 (5.009.2 Ton); y referida a la producción total en 1985 y 1993 el 9.27% y 50.69% res- pectivamente. La pesquería del langostino ha sufrido muchos altibajos y en 1985 re- presentaba el 21.63% (2.267 t), y en 1993 fue del 12.25% (1.210.4 t). Las diferentes especies de tiburones han pasado de un modesto 0.52% (55.0 t), en 1985, a un 3.11% (307.2 t). En general, se puede decir que atunes, tiburones y camarones repre- sentan en la pesquería del Atlántico el 66.05% de la producción desembarcada. En cuanto a la relación potenciales: de- sembarcos; los scómbridos y los camarones deben ser regulados, para evitar la sobre- pesca. Estos últimos, aún considerando las mejores estimas, presentan evidencias de sobrepesca. El camarón blanco, se halla en estado de sobrepesca y el Rendimiento Máximo Sos- tenible establecido por Mora, 1988, no apli- cado cuando era necesario debe ser revali- dado, estableciendo una cuota que permita la sostenibilidad del recurso. Colombia, posee 19.267 pescadores arte- sanales de aguas marítimas, y 52.000 de aguas continentales que generan 45.000 empleos indirectos (Gutiérrez y Valderra- ma, 1997). Respecto a la generación de empleo por parte de la pesca industrial, para las dos costas, se estiman en 10.500 los puestos de trabajo a excepción de la tripulación. (IN- PA/PNUD/FAO, 1994). La pesca artesanal (continental y marina), posee canales de comercialización externos a las comunidades, y una producción ocul- ta en las cifras reportadas por la pesca in- dustrial, y sin considerar el valor agregado puede representar ingresos directos a los pescadores de US$ 50 millones/año. La pesca artesanal marítima, accede a los mismos recursos a los que accede la pesca industrial con un menor desarrollo tecnoló- gico y en 1996, desembarcó 8.809 tonela- das en el Pacífico y 8.132 toneladas en el
  • 16. 18 Ministerio del Medio Ambiente Atlántico, para un total de 16.941 toneladas que representan respecto al total nacional el 10.59%. Las exportaciones de productos pesque- ros y acuícolas experimentaron un gran cambio entre 1985 y 1996, al aumentar las ventas en un 417.7% y 16.1% en promedio anual en términos de valor, constituyéndo- se en este último año en el cuarto renglón agropecuario de exportación con cerca de 80.000 toneladas y US$ 164.1 millones. El saldo de la balanza comercial de produc- tos pesqueros durante el mismo período fue positivo para el país, pues pasó de US$ 30.7 millones a US$ 135.4 millones, especial- mente debido a la dinámica exportadora del atún y del camarón de cultivo (DNP, 1997). Respecto a los stocks de camarones, el inadecuado manejo y/o la dificultad en la aplicación de las acciones de conservación que se ha dado al recurso, han ocasionado que su participación porcentual vaya en descenso. La camaronicultura aportó 9.432 toneladas en 1992, y 7.327 t en 1993, mien- tras que la producción de los dos océanos alcanzó 5.078.9 t (1992) y 4.284.1 t (1993). Si analizamos sólo el langostino, objetivo de la camaronicultura, los dos océanos de- sembarcaron 2.850.8 t (1992), y 1.759.3 t (1993), es decir los desembarcos marinos representaron el 30% y 24% respecto a la camaronicultura de los años analizados. Pa- ra 1996, la camaronicultura ha descendido a 5.231 t, debido a problemas causados por la introducción del Síndrome del Taura. (INDERENA, 1989 e INPA, 1992 - 1996). De la misma forma el desembarco en el mismo año descendió a 1.801 t (INPA, 1997). En aguas marítimas solamente algunos re- cursos como atunes, carduma y algunas es- pecies pelágicas, pueden ser objeto de pro- cesos industriales de captura. La sobrepes- ca ha afectado las poblaciones de camaro- nes, langosta, y caracol de pala. Para 1996, la producción de acuicultura fue de 30.002 toneladas (continental: 24.771 toneladas y 5.231 toneladas para la marina), en donde la camaronicultura mari- na representó el 17.4%, (INPA, 1997). El camarón marino es cultivado en los de- partamentos de Bolívar, Córdoba, Sucre y Atlántico con 3.874 toneladas que represen- tan el 74% de la producción nacional. En la costa Pacífica la producción se concentra en el departamento de Nariño con el 26% del producido nacional con 1.357 tonela- das. El cultivo del camarón marino se ha de- sarrollado a escala industrial y artesanal desde mediados de los 80’s. Según datos de imágenes de satélite, existen alrededor de 67.000 ha. para desarrollar este tipo de cultivos - 50.000 ha. en la costa Atlántica y 17.000 ha. en la costa Pacífica - ; actual- mente hay 2.045 ha. adecuadas para este fin en el Caribe y 1.507 ha. en el Pacífico, para un total de 3.552 a nivel nacional. Los ecosistemas de manglar se encuen- tran entre los sistemas más productivos con un rendimiento neto promedio cercano a los 10 g. De materia orgánica/m2 /año, sien- do la producción de hojarasca la base de la riqueza orgánica que se encuentra en el pi- so del manglar. Los procesos de fragmenta- ción y descomposición de las hojas, me- diante la contribución de los organismos consumidores en los niveles tróficos bajos, hacen disponible la materia orgánica para consumo “in situ” y para exportación des- de el manglar hacia los esteros, lagunas y sistemas cercanos. Esta exportación es de 7 a 15 t/ha/año (Cintrón, 1981; Cintrón et. al. 1983), esti- mándose a su vez que por lo menos un 10% de la misma es transformada en tejido de peces y otros organismos, lo que explica la importancia del manglar en el sustento de la fracción biótica del ecosistema y en el aporte a la riqueza de los estuarios. Baker (1982), menciona que en condiciones ópti- mas, la producción primaria bruta del man- glar puede sobrepasar las 20.000 Kcal/m2 /a- ño, que es la más alta de las comunidades marinas o terrestres, tales como la agricul- tura mecanizada (12.000 Kcal/m2 /año) y el océano abierto (1.000 Kcal/m2 /año). De ahí que en reclamaciones por desastres deriva-
  • 17. Ministerio del Medio Ambiente 19 dos de derrames de hidrocarburos, el costo estimado de una hectárea de mangle se tasa como mínimo en US $ 200.000, que proyec- tado en el tiempo se hace mucho mayor. Esto tiene un claro ejemplo frente a lo que ocurre en el Golfo de Morrosquillo, que al ver cortado el flujo ciénaga - océano, ha visto disminuida su pesca de 1.100 To- n/año, a 90 Ton/año (Alvarado 1996). Cla- ro que allí confluyen otros factores, pero definitivamente la irracionalidad de la vía Tolú - Coveñas y el desarrollo turístico cos- tero que afectó el manglar, fueron definiti- vos en el cierre del flujo energético. Recientemente, el equipo científico pes- quero del Sudeste de Asia (SEAFDEC), de- terminó que en el mercado la cosecha bio- lógica de una hectárea de mangle bien ma- nejada es de US$ 10.000, lo cual es un poco menos que los rendimientos económicos netos derivados de una hectárea que sea cultivada intensivamente en camarón (SA- MUDRA, 1996). Ahora mismo, todos poseemos argumen- tos en pro y en contra, pero es de lamentar que no hubiéramos realizado valoraciones económicas y ambientales previas al mon- taje de la acuicultura costera, a fin de haber tomado determinaciones ciertas que no nos tuvieran ante las incertidumbres conceptua- les, prácticas y manejo de intereses en los que nos movemos. La valoración biogénica del ecosistema - vs. - la implementación de la acuicultura y sus potenciales efectos po- sitivos o negativos (incluido lo socioeconó- mico), debieron haber sido las herramien- tas para la toma certera de decisiones, pero ello no se hizo, simplemente se procedió. Históricamente, las consideraciones bioló- gicas, han llegado tarde, o no se han tenido en cuenta, primando otros conceptos y tipo de decisiones. Que nacionalmente no tengamos series históricas valederas de calidad de aguas, ni una base de datos cierta alrededor de la camaronicultura y de la acuicultura, no inhibe a nadie para aseverar que a mayo- res dimensiones de cultivo y variedades de más rendimiento, son más graves los cho- ques con el ambiente porque se comienzan a incrementar el uso de fertilizantes, pla- guicidas, herbicidas, antibióticos etc. Defi- nitivamente, como lo describe e identifica Munita (1991), lo que altera el ambiente es siempre la codicia, no la tecnología pro- ductiva. Todos los métodos pueden ser apli- cados de un modo sostenible. La camaronicultura llegó improvisada a América Latina. Colombia, Ecuador y Pana- má se dieron los primeros intentos en la dé- cada del 70 a través de cooperaciones téc- nicas con Taiwan. En los tres países, pero en mayor grado en Ecuador, fueron destrui- dos y afectado los bosques de mangle para dar lugar a los criaderos, allí se habla de 120.000 ha. Las enfermedades cobraron igualmente sus impuestos, pero los criado- res ecuatorianos evitaron las epidemias de- vastadoras y el desastre masivo que afectó a la industria de Taiwan porque pudieron recurrir a nuevas tierras, es decir a nuevas áreas de mangle. La pérdida de grandes áreas de manglar conduce a una disminución en la diversi- dad de especies presentes, reducción de la densidad y árboles de poca altura que se asocia con la disminución en los volúme- nes de captura de los recursos objeto de la pesca artesanal y, paralelamente, con una menor oferta natural de larvas de camarón. El éxito ecuatoriano como en otras partes del mundo no ha estado excento de pro- blemas, pues han tenido alarmante reduc- ción de las reservas naturales de las que se obtienen las larvas de camarón, los produc- tores comenzaron a abandonar el cultivo extensivo para pasar al semi-intensivo. En Colombia, a otra escala, ocurrió y ocurre al- go similar (Larsson, 1992). La maricultura, muy a pesar de su gran desa- rrollo productivo basado en especies foráneas y trasplante de nativas, puede estar producien- do en el medio natural erosión genética y ha permitido el ingreso de vectores epidemiológi- cos, como el Síndrome del Taura y la Mancha Blanca, por falta de controles y aplicación de conceptos ambientales para la utilización de estas especies. Ahora, la denominada “conta-
  • 18. 20 Ministerio del Medio Ambiente minación biológica”, ocurre a través de la utili- zación de híbridos y de organismos genética- mente modificados. Durante 1996, el valor de las exportacio- nes aumentó en un 5.1% respecto del año anterior. Es significativa la importancia de la langosta, pues se aumentó en un 40% la explotación respecto al año anterior. Las postlarvas de camarón entran a partir de es- te año como producto colombiano en el mercado internacional y genera buenas ex- pectativas hacia el futuro (INPA, 1996). Sin embargo, las importaciones de 1996 fueron las más altas de los últimos 26 años. El atún es uno de los productos con un alto índice, ya que representa el 4% del total y aumenta a un 8% en relación con el año an- terior. Esto conduce a concluir que la co- mercialización del producto a escala nacio- nal es deficiente ya que no existe un consu- mo satisfactorio del procesado en el país. Por otra parte, la importación de harina de pescado en 1996 fue de 43.835 toneladas lo que desfavorece la balanza comercial de los productos pesqueros y baja la influencia del subsector como generador de divisas. 1.3. DISPOSICIÓN FINAL DE RESIDUOS Los impactos ambientales en la costa Ca- ribe no son muy alentadores, si se conside- ra que el desarrollo habitacional, aporta cerca de 800.000 toneladas anuales de sedi- mentos a la cuenca del río Magdalena, y vierte una carga contaminante (medida co- mo DQO) de 50.000 toneladas al año, y au- nado con los procesos de erosión, aproxi- madamente el río descarga anualmente 275 millones de toneladas de sedimentos. En esta región, el promedio anual del uso de fertilizantes ha sido de 55 kg/ha de culti- vo y en 1989 de 90 kg/ha cultivo, generán- dose, por el aporte de nutrientes, fenóme- nos de eutroficación por su descarga conti- nua en sistemas cerrados (proliferación de algas, cambios en la estructura de las comu- nidades, disminución biodiversidad, mor- tandad de peces, agotamiento del oxígeno disuelto). Por otra parte, el promedio anual de uso de plaguicidas fue entre 1974 y 1977 de 19.344 toneladas métricas, y entre 1982 - 1984 de 16.100 toneladas métricas, gene- rándose impactos por la afectación de es- pecies no seleccionadas como objetivo y, consecuentemente, contaminación de ali- mentos por su alta toxicidad y bioacumula- ción en la biota marino-costera. Las cargas provenientes de aguas residua- les domésticas se traducen en 26.300 t/año de DBO, 42.120 t/año de SST, 7.118 t/año de NT, 986 t/año de PT, y 620 t/año de gra- sas y aceites. Las descargas provenientes de fuentes in- dustriales representan 14.693 t/año de DBO, 23.738 t/año de SST, 4.300 t/año de NT, 2.100 de PT, 1.693 t/año de derivados del petróleo y grasas, y se detecta la pre- sencia de metales pesados mercurio, cro- mo, etc.). De acuerdo con estudios recientes reali- zados por diferentes entidades se considera que, en la zona del litoral Pacífico, la des- carga de sólidos en suspensión asciende a 4.400 t/día como producto de las activida- des de la población existente en esa región. Al mismo tiempo las actividades económi- cas aportan al ecosistema cerca de 84.000 galones/año de residuos de combustibles y más de 27 millones de toneladas/año de só- lidos, a través de fuentes de agua. Para 1995, las descargas de origen domés- tico, en el Pacífico Colombiano ascienden a 52 millones de m3 /año, y generan una DBO5 de 7.280 toneladas, lo que represen- ta aumento anual de 1.320 t/año respecto a 1989. Respecto a las aguas residuales de origen industrial, el Pacífico colombiano genera 0.65 millones de m3 que corresponden a 48 mil toneladas anuales de DBO5. El total de la carga orgánica asociada a los vertimientos municipales en términos de DBO5, es del orden de 10.672.406 t/año. El sector industrial en Buenaventura en descargas domésticas arroja al Pacífico un volumen anual de 2.258 m3 , con una carga asociada en DBO5 de 6.572.4 t/año para 1995.
  • 19. Ministerio del Medio Ambiente 21 Considerando la población litoral en 369.617 habitantes (DANE, 1993), que no tiene acceso a ningún servicio de agua, al- cantarillado, y disposición técnica de resi- duos sólidos, y exceptuando a Buenaventu- ra y a Tumaco, los vertimientos municipa- les a 1995 ascienden a 26.982.041 m3 /año; una descarga de materia orgánica medida como DBO5 de 2.550.357 t/año; 5.913.872 t/año de DQO; sólidos suspendidos que as- cienden a 5.913.872 t/año; aportes de Fós- foro de 147.846.8 t/año y de Nitrógeno de 1.219.738 t/año. 1.4. PUERTOS Y TRANSPORTE MARÍTIMO El sistema portuario nacional movilizó 64.6 millones de toneladas durante 1996, distribuidas así: • Carbón 25,4 MTA • Hidrocarburos 22.8 MTA • Otras cargas (graneles y general) 16.4 MTA TOTAL 64.6 MTA La capacidad portuaria actual destina un alto porcentaje de utilización para el movi- miento de hidrocarburos, lo cual, disminu- ye cada vez más la capacidad para la movi- lización de otras cargas, por lo que el au- mento de la capacidad, es necesaria, más aún, si tenemos en cuenta que el movi- miento total de carga para 1997 fue de 73.1 MTA. El caso específico del carbón ha tenido una significativa tasa de incremento anual, situación que se estima continuará con la misma tendencia con el desarrollo de nue- vos proyectos y el incremento de la deman- da mundial. Según los Planes de Expansión Portuaria, para poder atender esta demanda, en la Costa Atlántica, se requiere del aumento de la capacidad de los terminales actuales y, eventualmente, de la construcción de otros nuevos (Puerto Carbonífero Integrado en Puerto Zuñiga - Santa Marta , Puerto de Aguas Profundas en Bocas de Ceniza - Ba- rranquilla y uno adicional en Bahía Portete - La Guajira). En la Costa Pacífica, se requiere imple- mentar un plan de expansión para lo cual se adelantan los estudios pertinentes para identificar una localización adecuada, de nuevas infraestructuras. Ante esta perspectiva, la expansión del sector debe ser evaluada a la luz de los im- pactos ambientales derivados del desarrollo portuario relacionados con la productivi- dad y estabilidad de las zonas costeras, en- tre ellos: a) destrucción y/o alteración de áreas de manglar y cuerpos de agua asocia- dos; b) alteración de los patrones de drena- je de los sistemas lagunares costeros por la construcción de canales y vías de acceso; c) degradación de los hábitats costeros por obras de dragado de canales de acceso y mantenimiento de infraestructuras; y d) de- rrames de sustancias tóxicas e incremento continuo de la contaminación. Por otra parte, los puertos prestan servi- cio y favorecen el desarrollo de otros secto- res así: a. Sector minero y energético: la extracción de gas y petróleo en altamar, requiere fa- cilidades portuarias. La exportación e im- portación de minerales y combustibles, igualmente exigen de una infraestructura portuaria de apoyo. b. Sector naviero: en la medida que la in- fraestructura portuaria se modernice, el sector naviero tendrá más posibilidades de avanzar en su desarrollo, especialmen- te en lo que se refiere al aumento de la capacidad de carga movilizada por navío. La industria de la navegación requiere de canales de acceso, puertos, astilleros y áreas de almacenamiento de la carga. c. Sector pesquero: la industria de la pesca necesita contar con muelles acondiciona- dos para la descarga de la materia prima y carga de productos de exportación. d. Sector agrícola: este sector utiliza los puertos para el recibo de insumos y para la importación y exportación de materias primas y productos. e. Sector Turístico: en la medida que la in-
  • 20. 22 Ministerio del Medio Ambiente fraestructura portuaria se modernice, este sector tendrá más posibilidades de avanzar en su desarrollo, especialmente en lo que se refiere los cruceros de turismo prove- nientes del Caribe (Ramos, et al, 1997). Sin embargo, el desarrollo del sector por- tuario y de transporte marítimo, tan impor- tante para el país, provoca algunos conflic- tos con otras actividades económicas, entre los cuales se anotan: 1. Competencia por el uso del espacio cos- tero tanto en su dimensión vertical como horizontal para el desarrollo de otras ac- tividades, tales como la pesca, el turismo recreativo y ecológico, el acceso a playas de uso público, la urbanización, y la lo- calización de industrias. 2. Conflictos por los cambios en la utiliza- ción de los ecosistemas y recursos mari- nos y costeros. Los impactos que provo- ca el desarrollo de la actividad, cuando se adelanta sin los controles y medidas necesarias para evitar el deterioro de los ecosistemas, provocan cambios en el uso del medio de sustentación natural y que afecta el nivel de ingresos de las comuni- dades que tradicionalmente han explota- do los recursos que dicho medio ofrecía. 3. La pérdida de calidad en las aguas por mala disposición de basuras y desechos marítimos o por mal manejo de los mate- riales dragados, puede originar cambios en las potencialidades del recurso hídri- co, limitándose el desarrollo de otras ac- tividades como la pesca artesanal, los de- portes náuticos, el turismo, etc. 4. Los programas de expansión del sector y de modernización de la infraestructura, y el crecimiento industrial consecuente, pueden dar lugar a cambios en la com- posición de la población, causa de con- flictos sociales por pérdida de identidad cultural, competencia por fuentes de em- pleo, por uso de recursos, etc. En igual forma, existen algunas activida- des que afectan el desarrollo del sector por- tuario, especialmente en áreas declaradas para un uso único, definidas y delimitadas para adelantar sólo investigación científica, preservación y conservación de hábitats, turismo recreativo y ecológico, construc- ción de infraestructura hotelera y residen- cial, la pesca artesanal o comercial, y la ma- ricultura4 . La actividad portuaria genera algunos im- pactos ambientales negativos tanto en la zona costera como tierra adentro, los cuales deben ser tenidos en cuenta en el análisis de los planes de expansión, y definir las medidas de mitigación5 . Entre los más co- nocidos están: Sobre la calidad del agua • Disminución del nivel de oxigeno disuel- to e incremento del nivel de nutrientes (eutroficación) • Introducción de sustancias tóxicas y alta- mente nocivas al medio marino del puer- to por las descargas accidentales y por operaciones portuarias y de manteni- miento. (4) Sobre este aspecto el Plan de Expansión Portuario 1993-1995, estableció que en las playas y terrenos de bajamar de las zonas ya habilitadas en el plan anterior, la SGP podrá otorgar nuevas concesiones teniendo en cuenta las consideraciones específicas de tipo de carga, siempre y cuando se cumplan las siguientes condiciones: La zona no sea zona de reserva o esté localizada en parque na- tural, señalada por la Ley. La zona no diste más de 50 km de la red vial y exista un plan de inversión pública o privada que asegure la financiación y el desarrollo de la infraestructura física. Cuando la zona esté situada en distritos turísticos definidos por ley o nor- mas constitucionales, el establecimiento de nuevos puertos, requiere que el Consejo Distrital o municipal respectivo apruebe un cuerdo en este sentido. Así mismo, el Ministerio de Desarrollo de oficio o a solicitud de quienes tengan interés en obtener concesio- nes portuarias, remitirá a los alcaldes de los distritos y alos respectivos Consejos su concepto sobre el impacto del proyecto en el de- sarrollo turístico de la zona, quienes lo podrán tener en cuenta. La SGP al estudiar la solicitud portuaria en los Distritos Turísticos verificará que los respectivos Consejos se hayan pronunciado fa- vorablemente y antes de emitir la resolución aprobatoria oirá la opinión de los Ministros de de Hacienda y Crédito Público, Desarrollo, Transportes, Minas y Comercio Exterior, así como al DNP y al Director del Departamento Administrativo de la Presidencia de la Re- pública, acerca de la conveniencia de la solicitud y de las condiciones a las que deben someterse la sociedad portuaria que quiera que se le otorgue una concesión. (5) Es necesario tener en cuenta que los puertos producen impactos desde la ubicación del puerto, construcción y obras y durante las operaciones de carga y de la industria portuaria.
  • 21. Ministerio del Medio Ambiente 23 • Incremento de la salinidad y temperatura por descargas de efluentes térmicos (con- taminación térmica) • Cambios en el patrón de migraciones de organismos marinos. Sobre la calidad del aire • Cambios en la temperatura ambiental del área del puerto • Irritación de mucosas respiratorias de tra- bajadores expuestos en recintos cerrados donde existen emanaciones de gases. • Reacciones de fotoxidación y condicio- nes de lluvia ácida. Sobre los sedimentos de fondo (contamina- ción) • Contaminación de los sedimentos del fondo • Efectos sobre la fauna bentónica • Contaminación de acuíferos cautivos por filtración • Degradación de ecosistemas por conta- minación persistente. • Introducción de compuestos tóxicos Sobre los ecosistemas marinos y costeros • Pérdida de la biodiversidad ocasionada por la tala y devastación del manglar, dragado de los canales de acceso, relle- nado de espacios litorales, muerte de praderas de fanerógamas, construcción de vías terrestres. • Eliminación de hábitats intermareales. • Obstrucción del flujo natural de las aguas. • Cambios estructurales en los ecosistemas costeros. • Cubrimiento de la cobertura vegetal y cambios en hábitats terrestres Sobre el Paisaje • Impactos luminicos sobre la población local • Deterioro a causa de emisiones de hu- mos, gases, ruido, etc. • Alteración de la línea de costa con los consecuentes riesgos frente a los cam- bios globales. • Perdida de calidad estética y paisajística. Impactos Socioculturales y económicos • Conflictos sociales con la población local • Sobrecarga, sobreuso y ocupación de la red vial. • Desarrollo urbano y de infraestructura de las comunidades locales No obstante, el desarrollo portuario en una determinada zona costera, produce be- neficios económicos tangibles a través de los empleos directos e indirectos que se ge- neran, el crecimiento industrial, comercial y turístico asociado, lo cual se traduce en me- jores niveles de vida para la población be- neficiada (Ramos, et al, 1997). El transporte marítimo presta servicio y favorece el desarrollo de otros sectores así: a. Sector minero y energético: La extracción de gas y petróleo en altamar, requiere fa- cilidades tanto de embarcaciones como de instalaciones portuarias adecuadas. La exportación e importación de minerales y combustibles, igualmente exige el apo- yo de este sector. b. Sector portuario: En la medida que la los buques sean mas especializados y con nuevas tecnologías como los tercera y cuarta generación el sector portuario tien- de a avanzar en su desarrollo, especial- mente en lo que se refiere al aumento de la capacidad de movilización de las cargas. c. Sector pesquero: La industria de la pesca necesita contar con muelles acondiciona- dos para la descarga de la materia prima y carga de productos de exportación. d. Sector agrícola: Este sector utiliza los puertos y navíos adecuados para la mo- vilización de insumos y productos pes- queros. e. Sector Turístico: En la medida que la in- fraestructura portuaria se modernice, este sector tendrá más posibilidades de avan-
  • 22. 24 Ministerio del Medio Ambiente zar en su desarrollo, especialmente en lo que se refiere los cruceros de turismo provenientes del Caribe. f. Sector defensa: con este sector surge un conflicto al hacer valer los derechos de una empresa marítima referente al pro- teccionismo de los demás países para mover cargas militares, si existiera este ti- po de empresa se exigiría a los demás países reciprocidad en este tipo de trans- porte. El poder marítimo de un país esta con- formado por su poder naval y su flota mercante, al no existir este lógicamente se debilita el poder marítimo. g. Sector Industrial - Construcciones Navales: Una de las industrias más sólidas surgi- das a través de los diferentes conflictos a nivel mundial, las construcciones y repa- raciones navales, proporcionan fluentes de trabajo en todas las zonas portuarias nacionales. Industrialmente sería llegar a un estado de modernización acorde con las necesidades existentes a nivel del Ca- ribe, las proyecciones serían de un gran emporio naval. La actividad genera algunos impactos am- bientales negativos tanto en la zona costera como en las aguas marinas. Entre los más conocidos están: Sobre la calidad del agua • Creación de conglomerados de alquitrán • Liberación de compuestos solubles en el agua y daño a su calidad • Impregnación de fauna • Vertimientos de residuos oleosos y de ba- suras que causan deterioro en la calidad del agua y de los ecosistemas. Sobre la ecología costera y marina • Alteración de la biota de la zona por el ingreso de organismos extraños transpor- tados en el agua de lastre de las embar- caciones siendo de mayor impacto los organismos tóxicos. • Manchas de playas y cubrimiento de fau- na intertidial. • Cubrimiento de vegetación costera y so- focación de la fauna sésil. • Los vertimientos de petróleos, aceites, re- siduos aceitosos y mezclas oleosas pro- venientes de los barcos pueden producir daños en los recursos pesqueros. • Obstrucción de rutas migratorias de pe- ces y otras especies. • Disminución del contenido de oxigeno disuelto en la columna de agua. Sobre la salud • Incide negativamente en los niveles de morbimortalidad causada por enferme- dades de transmisión sexual debido a la promiscuidad de tripulaciones de las na- ves. 1.5. INFRAESTRUCTURA COSTERA Alteraciones ocasionadas por la construcción vial Si bien los impactos se manifiestan gene- ralmente en espacios rurales, la construc- ción de carreteras principales es presionada por agentes urbanos con poder de gestión y decisión. Son problemas comunes al de- sarrollo vial: • Los procesos de erosión y remoción en masa, la contaminación de suelos y aguas, • Los cambios en los patrones de drenaje y obstrucción de vegetación. • Los cambios de uso de la tierra. • Las migraciones de la fauna. • El fraccionamiento de predios agrope- cuarios y asentamientos humanos. • La salinización de suelos. • La desecación de zonas de ciénagas y planos inundables, la destrucción de las obras civiles construidas, etc. En la Vía -Parque Nacional Natural Isla de Salamanca y la Ciénaga Grande de Santa Marta, carretera Ciénaga - Barranquilla, en el Golfo de Morrosquillo y la Ciénaga de La Caimanera - Carretera Tolú - Coveñas- am- plias franjas de manglar han sufrido graves
  • 23. Ministerio del Medio Ambiente 25 efectos ambientales, en algunos casos irre- versibles, por la construcción no planifica- da de vías. El impacto ambiental inicial de la cons- trucción se magnifica por la difusión de ac- tividades humanas en el área circunvecina a la zona de derecho de vía, cambio de uso del suelo por la introducción de cultivos y ganaderías, infraestructura de vivienda y hotelera, etc. 1.6. ACTIVIDADES AGROPECUARIAS Y AGROINDUSTRIALES La producción agrícola del Caribe esta constituida por los bienes que se producen básicamente por el autoconsumo y la venta de pequeños excedentes en los mercados locales y los bienes conformados por pro- ductos orientados hacia la comercialización en mercado de tamaño relativamente mayor. El área que ocupa la agricultura es de 665.000 hectáreas (Hernández, 1992), cuya composición en términos generales varía de un año a otro, especialmente en los cul- tivos comerciales, los cuales se centran en el banano, maíz, yuca, algodón y arroz. En el Archipiélago de San Andrés, Provi- dencia y Santa Catalina, el sector se en- cuentra muy deprimido ya que todas las zo- nas aptas en San Andrés se dedican al culti- vo de coco, perturbando la capacidad de cuencas y por ende el régimen hidrológico de la isla. En Providencia se limita a culti- vos de autoabastecimiento aunque estas zonas están afectadas por la erosión, lo que sugiere un nuevo reordenamiento de la ac- tividad. Los suelos de Santa Catalina y Providen- cia son en general de baja calidad desde el punto de vista agrológico, y en más del 65% no se recomienda su uso agropecuario (IGAC, 1975). Más del 52% de los suelos de Providencia revelan algún grado de inter- vención humana que supera el área poten- cialmente aprovechable y crea conflictos de uso (Marquéz, 1996). En el Pacífico, independiente de la apti- tud de los suelos, el aprovechamiento tiene que ver, más con el conocimiento práctico de sus pobladores, que los induce a cultivar únicamente lo que esperan consumir, que con políticas gubernamentales. El problema no es de carencia de tierra ni de produc- ción, sino de un aprovechamiento más cali- ficado. Los principales impactos causados por la agricultura son los asociados con la defo- restación, cambios importantes en la hidro- logía de las aguas superficiales y subterrá- neas, erosión de la tierra y sedimentación, pérdida de fertilidad de los suelos, polu- ción con agroquímicos, residuos sólidos, pérdida y fraccionamiento de hábitats y vi- da silvestre, y desechos líquidos y contami- nación a través de la escorrentía por activi- dades ganaderas y pecuarias. El continuo aporte de excedentes de in- sumos agropecuarios contaminantes de los ríos afluentes de ambas regiones, al igual que sedimentos provenientes de todas la cuencas, contribuyen a la degradación de los ecosistemas acuáticos, esta situación es especialmente notoria en los sistemas cena- gosos de los planos de inundación (áreas asociadas con ecosistemas de manglar), al acelerar los procesos de colmatación y eu- troficación agravados por la contaminación con agroquímicos biocidas, detergentes, químicos entre otros. El uso de compuestos como plaguicidas en los campos agrícolas y sanidad pública trae como consecuencia la presencia de re- siduos en el ambiente, en los cultivos y en los alimentos. Compuestos como el DDT, aldrin, heptacloro-epoxido, entre otros po- seen diferencias químicas apreciables y afectan a los ecosistemas de diferentes for- mas. Gran parte de los organoclorados son asimilados por la biota y almacenados en los tejidos y órganos grasos, otra parte es excretada al medio en heces y orina, sin embargo esta excreción en organismos acuáticos es menor que su acumulación, al- canzando concentraciones más altas que las del medio circundante. En el Caribe se han detectado organoclo- rados en sitios como la Ciénaga Grande de Santa Marta (CGSM), zona norte de la Bahía
  • 24. 26 Ministerio del Medio Ambiente de Cartagena, ciénaga de la Virgen, zona industrial de Mamonal, desembocadura del canal del Dique y Castillo Grande. En otras áreas del Caribe no se conocen estudios al respecto, al igual que para la costa Pacífica colombiana. En términos de ganadería y productos pe- cuarios, uno de los grandes problemas am- bientales que se derivan de estas activida- des es la contaminación por coliformes fe- cales, sangre, piel, pelo y aportes de nu- trientes a los cursos de agua. 1.7. MINAS Y ENERGÍA Las actividades relacionadas con el sector minero - energético generan diversos tipos de impactos negativos sobre los espacios oceánicos y las zonas costeras, tales como la generación de altos volúmenes de resi- duos sólidos durante la fase de extracción en la minería, al igual que la generación de gran cantidad de polvo por el movimiento de tierra y piedra. De igual manera se sabe que la movilización de algunos contami- nantes minerales como el plomo, el cobre y el zinc pueden producir contaminación al agua subterránea por lixiviados, como tam- bién se sabe que el cianuro y el mercurio usado en la extracción del oro pueden oca- sionar muertes de peces y otras especies. También es conocido que durante el pro- cesamiento de los minerales se genera mu- cha materia particulada y los procesos de secado con quemadores y calcinación ge- neran carbones y el ácido por lixiviación es común en las tierras y cursos de agua alre- dedor de las minas. La costa Caribe tiene aproximadamente dos quintas partes de las reservas de car- bón existentes en el país hasta el momen- to6 , más del 70% del gas natural y la totali- dad del ferroniquel; abundantes son tam- bién las reservas de sal7 en Manaure, Bahía- Honda y Galerazamba. Por otra parte, se considera que si bien la actividad minera no se encuentra lo sufi- cientemente desarrollada en los espacios oceánicos y las zonas costeras, la misma ofrece potencialidades importantes para su explotación en el país, contribuyendo de esta manera al desarrollo de la región siem- pre y cuando se adelante considerando los criterios ambientales requeridos y las medi- das de manejo adecuadas para la conserva- ción del entorno y del ambiente. En cuanto a hidrocarburos se sabe que la extracción de gas y petróleo, el procesa- miento, el almacenaje y el transporte son causa de serios problemas de contamina- ción por residuos químicos orgánicos. Los datos relativos a la toxicidad de estos, pre- vén efectos biológicos a corto y largo pla- zo, causados por revestimiento y asfixia de los organismos y los generados por la toxi- cidad del petróleo. Los efectos a corto pla- zo tienen que ver con la disminución en la transmisión de la luz que afecta la fotosín- tesis y de ahí en adelante la incidencia so- bre la red trófica, por su parte, los efectos a largo plazo tienen que ver con la interfe- rencia de hormonas naturales y daño sobre terminaciones sensoriales gustativas en or- ganismos vivos en toda la cadena trófica. En el Caribe colombiano existen proble- mas locales de contaminación por petróleo en áreas como el Golfo de Morrosquillo, Bahía de Cartagena y Santa Marta, mientras que los aportes en Castilletes y Punta Estre- lla en la Guajira se deben probablemente a las actividades petrolíferas en Venezuela cuyos residuos son transportados por las corrientes a través del Golfo de Coquiba- coa. En el Pacífico (ensenada de Tumaco, Ba- hía Guapi, Isla Gorgona, Bahía de Buena- ventura, Bahía Málaga, Bahía Solano y Ba- hía Cupica), Marrugo (1992), muestra que las concentraciones de hidrocarburos di- sueltos y dispersos en agua son bajos en to- do el litoral; estas bajas concentraciones (6) La ubicación de relativamente nuevos puertos carboníferos en el Caribe (sector 5 principalmente) sin miramientos al entorno natural (tanto de pobladores como de unidades ecológicas presentes) podría ocacionar daños irreversibles al sistema, por lo que tomado co- mo ejemplo, permite ver la necesidad de una planificación del uso del ambiente costero con participación activa del sector económi- co involucrado y las entidades ambientales competentes, bajo el siempre acuñado principio de uso sostenible. Así también con los demás sectores industriales productivos de incidencia sobre la costa Caribe. (7) Hasta 1970 las reservas de sal eran la explotación minera básica de la costa Caribe (Caribe Colombia, 1990).
  • 25. Ministerio del Medio Ambiente 27 pueden deberse a la gran dinámica de las aguas en el sector, donde los cambios ma- reales pueden alcanzar alturas de 5 metros que permiten el intercambio de las aguas oceánicas ricas en oxigeno y menos conta- minadas. Otro factor es que en la zona, ex- cepto Tumaco, se manipulan hidrocarburos livianos como gasolina diesel y aceites lu- bricantes que logran evaporarse en menos de 48 horas. También se han realizado me- diciones de hidrocarburos totales y aromá- ticos en sedimentos, encontrándose las ma- yores concentraciones en el puente del Pín- do (Tumaco) y el muelle petrolero de Bue- naventura, datos estos que comparados con los reportados por la NOOA (1990) para áreas criticas de contaminación por petró- leo colocan esta región en la categoría de sitio altamente contaminado (Marrugo, 1992). En la región Caribe, la actividad energéti- ca por su lado tiene importancia en la pro- ducción mediante plantas térmicas del 15% de total de energía eléctrica del país con una cobertura del 75% para la parte urbana y del 20% para la parte rural (Corelca, 1989); sin embargo, el potencial de hidroe- léctrico es solo del 2.5% del total del país. 1.8. TURISMO Y RECREACIÓN Por encima del petróleo y de los ingresos de las exportaciones de café, el turismo es considerado hoy día como una de las prin- cipales actividades económicas ubicándose en tercer renglón del comercio exterior co- lombiano. En nuestro país la tasa de participación del turismo en el PIB en los años compren- didos entre 1990 y 1996 reflejó una tenden- cia ascendente, situándose en promedio en este periodo en 2.29%. La industria hotelera del país, teniendo como base los hoteles inscritos en la Cor- poración Nacional de Turismo, produjo du- rante 1996 $ 2.7 billones en ventas registra- do un crecimiento de 261.057 millones. El turismo en la región Caribe Continental es una actividad importante que se ve afec- tada y a veces excluida por los desarrollos industriales cuyos residuos son vertidos di- rectamente a las zonas del litoral. La activi- dad turística a su vez, ejerce una considera- ble presión contaminante sobre los ecosis- temas costeros, debido a las limitaciones de la infraestructura hotelera para absorber la sobrecarga de desechos generados por la población flotante. Además, la creciente di- versificación de la actividad turística ha comprometido importantes extensiones de playas para proyectos urbanísticos (ejem- plo: playas de Santa Verónica, Palmarito, Puerto Colombia, Prado Mar, Salgar, entre otras tantas en la costa Caribe, o Ladrilleros y Juanchaco en la costa Pacífica) y también relleno de zonas de inundación para apro- piación por particulares con fines semejan- tes; esta adecuación de zonas es creciente lo que genera una afección más sobre las unidades ecológicas en estos sectores. Entre los principales problemas de mane- jo en el Archipiélago de San Andrés y Pro- videncia, se encuentra la presión y degra- dación de sus atractivos escénicos por parte del desarrollo comercial, turístico y urbano, el cual ha hecho un uso inadecuado de los espacios. Las tendencias actuales en el desarrollo in- sular giran alrededor de su aprovechamiento turístico, el cual representa la principal acti- vidad económica de las islas, con efectos so- bre todas las demás actividades locales, so- bre su gente y su cultura; los patrones han sido sustituidos por modelos traídos desde el continente y de otras islas caribeñas. Para el Pacífico la industria como tal del turismo es aún muy débil aunque la región posee un alto potencial para su desarrollo. Con relación al proceso de deterioro de los ecosistemas con alta aptitud para el tu- rismo, generado por las alteraciones produ- cidas por la dinámica de funcionamiento de esta industria, se puede afirmar que tanto instituciones, como los prestadores del ser- vicio y los propios turistas, se encuentran comprometidos. La masificación del turismo que exige un incremento en la infraestructura, de hote- les, carreteras, restaurantes, centros comer-
  • 26. 28 Ministerio del Medio Ambiente ciales y de esparcimiento, no ha tenido en cuenta las variables ambientales y ecosisté- micas por lo que, en muchos casos, los im- pactos ambientales generados por este mo- tivo no son tenidos en cuenta dentro de los procesos de planificación. Como sucede en los distintos servicios ba- sados en recursos naturales es imprescindi- ble analizar la capacidad regulatoria del Es- tado al dar acceso privado a actividades vin- culadas al uso sostenible de la biodiversidad costera y marina. Dichos marcos regulato- rios deben ser consistentes con los límites de la unidad natural que se regula (ecosiste- ma), más que a las jurisdicciones y norma- tivas particulares que muchas veces respon- den a criterios históricos superados por la evidencia científica. A ese respecto parece interesante analizar experiencias compara- das para algunos ecosistemas específicos, como los manglares, en donde el área de manejo a partir de la línea de más alta ma- rea promedio se amplía para dar debido respeto de los requerimientos ecosistémi- cos, según este documento de Política. Se estima también fundamental contrastar la eficiencia de los derechos de propiedad con respecto a la debida cautela del bien común, y en ese sentido insertar la conside- ración de la actividad turística y el interés privado en la necesidad de asegurar el de- recho a la recreación de la población. 1.9. DESARROLLO INDUSTRIAL Y COMERCIAL Entre los problemas más significativos que trae el desarrollo industrial y comercial en general, se pueden mencionar la descarga de residuos peligrosos en el ambiente, descarga de aguas residuales no tratadas a las fuentes de agua, descarga de residuos sólidos, sedi- mentos y basuras, descargas de aceites y fe- noles entre otros; como también la demanda de agua potable y de otros servicios básicos, igualmente la descarga de gases y partículas contaminantes a la atmósfera. Los anteriores problemas redundan en impactos negativos al entorno tales como: destrucción y degradación de ecosistemas y hábitats marinos y costeros, como estuarios y manglares, deforestación, sedimentación y degradación de los recursos vivos. 1.10. ÁREAS PROTEGIDAS PARA LA CONSERVACIÓN DE LOS ECOSISTEMAS COSTEROS Y MARINOS Y SUS RECURSOS En los tratados firmados en Río de Janeiro en 1992, se reconoce la importancia que la protección de espacios naturales representa para el objetivo común de conservar en el largo plazo la diversidad biológica del pla- neta. En Colombia, el establecimiento de áreas protegidas de carácter estricto ha sido un elemento clave para la conservación de la naturaleza y el Estado ha definido en este contexto, la estrategia de conservación más clara y contundente, utilizando como ins- trumento fundamental el Sistema de Par- ques Nacionales. El país cuenta en la actualidad con 9.200.000 ha. de extensión en áreas prote- gidas estrictas dentro del Sistema de Par- ques Nacionales, aproximadamente un 8,5% del territorio nacional, lo cual, resulta aún insuficiente respecto a los estándares internacionales y a las metas propuestas desde mediados de los 70’s, cuando la Unión Internacional para la Conservación de la naturaleza estipuló, dentro de la Estra- tegia Mundial para la Conservación, el 10% de cada territorio nacional como el mínimo deseable en áreas protegidas intangibles. La Política Ambiental de Colombia esta- blece, en materia de Áreas Naturales Prote- gidas, que éstas deben basar su misión en dos aspectos primordiales: la conservación del patrimonio natural y cultural y la racio- nalización del aprovechamiento de recur- sos naturales en el marco de un desarrollo humano sostenible. Desde esta perspectiva, las Áreas Protegidas se constituyen en áreas fundamentales para el desarrollo nacional por los bienes y servicios ambientales que estas prestan en forma directa e indirecta a las poblaciones locales y a las regiones. Con el fin de garantizar la conservación de la enorme biodiversidad del país, Co- lombia ha venido implementando desde la
  • 27. ÁREA UBICACIÓN EXTENSIÓN(Ha) ÁMBITO Parque Nacional Natural Tayrona Caribe 13. 000 Costero marino Parque Nacional Natural Caribe 383.000 Costero Sierra Nevada de Santa Marta Parque Nacional Natural Caribe 120.000 Costero marino Los Corales del Rosario y San Bernardo Parque Nacional Natural Caribe 995 Costero marino Old Providence McBean Lagoon Vía Parque Isla de Salamanca Caribe 56.200 Costero Santuario de Fauna y Caribe 26.810 Costero Flora Ciénaga Grande de Santa Marta Parque Nacional Natural Gorgona Pacifico 61.887,5 Isla Oceánica, costero marino Parque Nacional Natural Utría Pacifico 54.000 Costero marino Parque Nacional Natural Sanquianga Pacifico 80.000 Costero Santuario de Fauna y Flora Malpelo Pacífico 38.971 Isla Oceánica, costero marino Las áreas del Sistema de Parques Naciona- les son responsabilidad del Ministerio del Me- dio Ambiente, administradas a través de la Unidad Administrativa Especial del Sistema de Parques Nacionales, una dependencia es- pecial de carácter ejecutivo, operativo y admi- nistrativo organizada desde el año de 1.994. EL SISTEMA NACIONAL DE ÁREAS NATURALES PROTEGIDAS - SINAP A pesar de la existencia de cerca de 34 categorías de Áreas Protegidas en el país, categorías cuya administración recae en las diferentes autoridades ambientales de ca- rácter nacional, regional y local, éstas no se encuentran suficientemente reglamentadas y por lo tanto su administración y manejo ha sido limitado, por esta razón, en el año de 1.998 con la reestructuración del Minis- terio del Medio Ambiente se le atribuyen nuevas funciones a la Unidad Administrati- va Especial del Sistema de Parque Naciona- les para coordinar y dictar las políticas y di- rectrices generales para la consolidación de Ministerio del Medio Ambiente 29 década de los 60, una estrategia para la conservación de dicha biodiversidad, a tra- vés del establecimiento, administración y manejo de áreas protegidas, pertenecientes al Sistema de Parques Nacionales, que cuenta con cinco categorías de carácter es- tricto: Parques Nacionales, Reservas Nacio- nales, Santuarios de Fauna y Flora, Vía Par- que, Área Natural Unica. En la actualidad el Sistema cuenta con 46 Áreas de las cuales once (11) son de carác- ter costero y marino, siete (7) de ellas en el Caribe (1’603.010 Ha) y cuatro (4) en el Pa- cifico (234.658,5 Ha)
  • 28. 30 Ministerio del Medio Ambiente un Sistema Nacional de Áreas Naturales Protegidas, que integre las diferentes cate- gorías de manejo, le de una mayor respon- sabilidad a los gobiernos regionales y loca- les para la declaración y administración de áreas protegidas y que permita comple- mentar la representatividad ecosistémica, que en la actualidad se esta conservando a través del Sistema de Parques Nacionales y se garantice la conectividad entre dichas áreas, entre otros, a través del estableci- miento de corredores biológicos. El SINAP, es la integración de áreas prote- gidas que en una gama de categorías per- mita asumir metas de conservación, reco- nociendo la diversidad de modelos con los que se asume el territorio, contribuyendo a la solución de las problemáticas de diferen- te escala, y garantizando en todo caso su viabilidad en el ámbito regional. Se basa en un conjunto de principios, ins- trumentos, estrategias y marcos normativos que regulan de manera legítima las áreas protegidas que permitan el cumplimiento de los objetivos nacionales de conserva- ción, constituyéndose en un aporte dinámi- co y participativo en el proceso de ordena- miento territorial del país. La misión del SINAP, es generar un proce- so con interacciones efectivas entre actores institucionales y sociales en favor de la con- servación, con el enfoque de representativi- dad y función social de la misma, teniendo como insumo para la discusión los nuevos lineamientos de la política con participación social promovida por la Unidad de Parques. 2. MARCO INSTITUCIONAL Y LEGAL No existe un marco legal específico con relación a las zonas costeras co- lombianas, aunque sí existen nor- mas e instituciones que tienen que ver con su manejo. En la actualidad, el manejo se determina por normas sectoriales específi- cas en materia de pesca y acuicultura, mi- nería, turismo, puertos, transporte maríti- mo, bosques, las cuales, aunque brindan un marco legal no tienen una visión inte- gradora para la solución de conflictos, per- diendo por tanto su eficiencia. En conclusión, uno de los principales problemas que se da para el manejo de la zona costera es la falta de coordinación en- tre las instituciones involucradas y de una aproximación integrada a la búsqueda de soluciones a la problemática ecosistémica. De acuerdo con el análisis realizado, más de una entidad realiza actividades similares dentro del mismo ámbito de cobertura, creándose duplicidad e inadecuada asigna- ción de funciones, lo cual obstaculiza un manejo eficaz. Se han realizado esfuerzos de coordinación, pero estos mecanismos no han sido los más efectivos. Por ello, es necesario tener claro el problema a abor- dar, así como tener un intercambio de in- formación fluido entre las instituciones.
  • 29. IVElementos de política Ministerio del Medio Ambiente 31 1. PRINCIPIOS BÁSICOS La gestión ambiental está enmarcada en el conjunto de principios funda- mentales desarrollados por la Ley 99 de 1993, los cuales se dirigen, entre otros, a asegurar que la formulación, concertación y adopción de las políticas orientadas al or- denamiento ambiental del territorio costero y de los mares adyacentes sean temas de inaplazable consideración en los procesos de toma de decisiones tanto en el ámbito público como privado. Dentro de dicho conjunto, se busca aplicar los siguientes principios: • El desarrollo presente y futuro de la Na- ción depende crecientemente de los eco- sistemas y recursos costeros. • El área costera nacional constituye un sis- tema único de recursos que requiere en- foques especiales de manejo y planifica- ción. La armonización de la planificación de la base natural costera es indispensa- ble para proteger y conservar las caracte- rísticas estructurales y funcionales de sus ecosistemas. • La biodiversidad costera y marina es pa- trimonio de la Nación y tiene un valor es- tratégico para su desarrollo presente y fu- turo, su conservación y uso sostenible re- quieren enfoque intersectorial y deben ser abordados en forma descentralizada, incluyendo la participación del Estado en todos sus niveles y de la Sociedad Civil. • El agua es la mayor fuerza integradora de los sistemas de recursos costeros y entre estos y los sistemas de cuencas hidrográ- ficas de la Nación. • De la conservación de los procesos natu- rales que soportan la gran capacidad para proveer bienes y servicios de los ecosis- temas de la región costera nacional, de- pende la rentabilidad en el mediano y largo plazo de las actividades productivas sectoriales como turismo, pesca/acuicul- tura, comercio, navegación y puertos, agricultura y otras actividades económi- cas, así como los diversos usos tradicio- nales de las comunidades locales. • Los conflictos por uso y acceso a los re- cursos marinos y costeros en el país son incrementales en el espacio y en el tiem- po por lo que se promoverá la disminu- ción del traslado de los problemas am- bientales hacia áreas geográficas y hacia otras generaciones. • Los costos ambientales en los procesos productivos que se realizan o tienen inci- dencia sobre las zonas costeras deberán siempre ser internalizados, creando cons- ciencia sobre la importancia de asumirlos y por ende, generando una mayor res- ponsabilidad ambiental por la necesidad evidente de conservar y no según la dis- ponibilidad presupuestal para cubrir di- chos costos. • La coparticipación decisoria plurisectorial y de los actores sociales interesados (de manera particular indígenas, afrocolom- bianos, raizales y minorías en general) pa- ra la definición de los problemas costeros, el establecimiento de los objetivos del manejo de los ecosistemas y los medios para alcanzar estos objetivos, es requisito indispensable para propiciar un equitati- vo, transparente y dinámico proceso de
  • 30. 32 Ministerio del Medio Ambiente gobierno, que involucre y sirva a la gente, que pueda asegurar el sustento para ésta y las futuras generaciones, y que conserve saludables los ecosistemas para el uso preferencial de los habitantes costeros. • Se reconoce el acceso equitativo a los bienes de uso público presentes en los espacios oceánicos y las zonas costeras colombianas por parte de todos los ciu- dadanos, así como a los beneficios eco- nómicos que ellos generan. • La mejor información que genera el co- nocimiento interdisciplinario sobre como funcionan los ecosistemas marinos y cos- teros de la Nación y de como responden estos a las actividades humanas debe ser siempre accesible, llamando a la acción responsable en aquellas situaciones don- de existe incertidumbre acerca de las re- laciones precisas de causa-efecto que de- terminan los problemas en la Z.C. • El análisis de los temas o asuntos claves de manejo y ordenamiento ambiental de los espacios oceánicos y las zonas coste- ras, debe tener siempre un enfoque pros- pectivo. Este siempre deberá partir de las raíces históricas de la situación actual y prever las implicaciones de dichos facto- res históricos en las tendencias observa- bles de largo plazo, en cuanto a cambio social y a la condición y uso de los eco- sistemas y recursos costeros. • La elección de las estrategias de ordena- miento ambiental y manejo integrado de los espacios oceánicos y las zonas coste- ras, están basadas en una perspectiva sis- témica, la cual reconoce las interconexio- nes entre los distintos ecosistemas mari- nos y costeros. Esta perspectiva sistémica requiere una aproximación multisectorial en el diseño e implementación de las es- trategias de manejo. • Un programa de ordenamiento ambiental y manejo integrado de los espacios oceá- nicos y las zonas costeras, es un proceso dinámico en el tiempo y en el espacio que continúa por tiempo considerable. Requiere siempre revisión y actualiza- ción, no es un proyecto de corto plazo. 2. OBJETIVOS OBJETIVO GENERAL PROPENDER POR EL DESARROLLO SOSTENIBLE DE LOS ESPACIOS OCEÁNICOS Y LAS ZONAS COSTERAS, QUE PERMITA MEDIANTE SU MANEJO INTEGRADO, CONTRIBUIR AL MEJORAMIENTO DE LA CALIDAD DE VIDA DE LA POBLACIÓN COLOMBIANA, AL DESARROLLO ARMÓNICO DE LAS ACTIVIDADES PRODUCTIVAS Y A LA CONSERVACIÓN Y PRESERVACIÓN DE LOS ECOSISTEMAS Y RECURSOS MARINOS Y COSTEROS. OBJETIVOS ESPECÍFICOS 1. Incluir los ecosistemas marinos y coste- ros dentro del ordenamiento territorial de la nación, reconociéndolos como par- te integral y estratégica del territorio, pa- ra armonizar sus usos y las actividades que allí se realicen. 2. Establecer lineamientos ambientales para el desarrollo de actividades productivas que se realizan en los espacios oceánicos y las zonas costeras. 3. Adoptar medidas de conservación, reha- bilitación y/o restauración de los ecosis- temas marinos y costeros y sus recursos, para preservar la diversidad biológica y garantizar la sostenibilidad de la oferta de bienes y prestación de servicios am- bientales. 4. Proporcionar un ambiente marino y cos- tero sano para contribuir al mejoramien- to de la calidad de vida de la población costera.

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