19
Capítulo 1
La península de La Guajira
Riohacha, cuna de Macondo
Una mañana de la Semana Santa del 2005 tomé en el aero-...
20
Por los caminos de Cien años de soledad
20
Sus abuelos maternos vivían en Aracataca, un pueblo de la
ladera occidental ...
21
La península de La Guajira
21
un diccionario wayúu, lo cual indica que su vida y obra han recibi-
do una fuerte influen...
22
Por los caminos de Cien años de soledad
22
Arcadio Buendía, mató con la lanza a Prudencio Aguilar por
haberse burlado d...
23
La península de La Guajira
23
mi gran sueño de recorrer los lugares que fueron escenario de las
obras de García Márquez...
24
Por los caminos de Cien años de soledad
24
secuestros para exigir dinero de rescate, ni las luchas entre dis-
tintos gr...
25
La península de La Guajira
25
cuento La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de
su abuela desalmada, de...
26
Por los caminos de Cien años de soledad
26
joven mestiza con teticas de perra (supuestamente Eréndira),
podemos imagina...
27
La península de La Guajira
27
En las obras de García Márquez es frecuente que los sueños
no cumplan la función de revel...
28
Por los caminos de Cien años de soledad
28
en el cual se relata la historia de una abuela que se siente des-
consolada ...
29
La península de La Guajira
29
realidad era un pretexto para reconocer la región donde había
nacido mi madre; y sobre to...
30
Por los caminos de Cien años de soledad
30
Márquez, se presenta una escena en que un hombre que ha
conseguido trepar ap...
31
La península de La Guajira
31
miembros de la familia participan en la obtención de la sal. Los re-
gistros históricos d...
32
Por los caminos de Cien años de soledad
32
esas ocasiones tuvo en sus manos El viejo y el mar, de Ernest
Hemingway, y d...
33
La península de La Guajira
33
materna del escritor, muy comunes en esa península. García
Márquez dice al respecto que “...
34
Por los caminos de Cien años de soledad
34
rama más del intrincado árbol genealógico. Con el tiempo,
Rebeca se convirti...
35
La península de La Guajira
35
usan amuletos, porque creen que esta enfermedad se transmi-
te al entrar en contacto con ...
36
Por los caminos de Cien años de soledad
36
wayúu llamada Visitación. Ya avanzado el relato de la novela
sabemos que Arc...
37
La península de La Guajira
37
cuando un intruso irrumpe en sus cuarteles para asesinarlo,
pero sólo mata a cuchillazos ...
38
Por los caminos de Cien años de soledad
38
Su esposa vivía en una casa detrás de la iglesia de Manaure,
un pueblo que s...
39
La península de La Guajira
39
destrucción y sentimientos de rencor e injusticia, y dejó en
ruinas las ciudades, las ind...
40
Por los caminos de Cien años de soledad
40
entre los partidos políticos. La política fue una calamidad que
cayó sobre M...
41
La península de La Guajira
41
primera guerra estalló cuando el coronel Aureliano Buendía se
enteró de las irregularidad...
42
Por los caminos de Cien años de soledad
42
sufrimientos que padecen estos hijos naturales hay que inter-
pretarlos como...
43
La península de La Guajira
43
Esas cruces de ceniza encerraban dos significados: por un
lado, que eran víctimas inocent...
44
Por los caminos de Cien años de soledad
44
generales que luchaban en la zona fronteriza los mensajes del
ejército liber...
45
La península de La Guajira
45
los primeros cien años de la historia de Colombia terminan
con una soledad totalmente opu...
46
Por los caminos de Cien años de soledad
46
que por fin llegamos a una posada cerca de la playa. Había dos
casas con par...
47
La península de La Guajira
47
En la lengua de estos indios, “wayúu” significa “hombre”.
En la actualidad hay aproximada...
48
Por los caminos de Cien años de soledad
48
en el Cabo de La Vela y usaron como esclavos a los naturales
para extraer la...
49
La península de La Guajira
49
Al día siguiente salí a dar una caminata por los alrededo-
res. Una mujer sentada en una ...
50
Por los caminos de Cien años de soledad
50
van o no a la escuela, en el estado de desnutrición en que se
encuentran de ...
51
La península de La Guajira
51
Fue un magnífico espectáculo contemplar desde lo alto de
una colina la arena de las playa...
52
Por los caminos de Cien años de soledad
52
la década de los años noventa. Él mismo fue detenido varias ve-
ces por salt...
53
La península de La Guajira
53
de los años setenta, aunque se adaptaron a las costumbres del
lugar, han mantenido firmes...
54
Por los caminos de Cien años de soledad
54
cuando tenía 17 años de edad, su padre la entregó a un ganadero
de 65 a camb...
55
La península de La Guajira
55
los mares, y el invierno los visita periódicamente. En otras pa-
labras, los hombres no t...
56
Por los caminos de Cien años de soledad
56
agua en estanques, aprovechando las depresiones naturales
del terreno, y cav...
57
La península de La Guajira
57
cruzar el río para regresar a su rancho, se ahogó. Fue imposible
encontrar el cuerpo. Los...
58
Por los caminos de Cien años de soledad
58
su canto presagian la ocurrencia de un suceso, parecen ser
el origen de los ...
Por los caminos de 100 años de soledad
Por los caminos de 100 años de soledad
of 42

Por los caminos de 100 años de soledad

Una travesía emocionante por los caminos que inspiraron Cien años de soledad y una revisión por anécdotas deliciosas de la vida personal de Gabriel García Márquez. La traductora de la obra de García Márquez al japonés y amiga personal del escritor visita los lugares que inspiraron la célebre obra del nobel colombiano y entreteje pasajes de los libros de García Márquez con los hechos que marcaron su vida.
Published on: Mar 4, 2016
Published in: Entertainment & Humor      
Source: www.slideshare.net


Transcripts - Por los caminos de 100 años de soledad

  • 1. 19 Capítulo 1 La península de La Guajira Riohacha, cuna de Macondo Una mañana de la Semana Santa del 2005 tomé en el aero- puerto de la fría y oscura Bogotá el avión rumbo a Riohacha, capital del departamento de La Guajira, situada en el extre- mo norte del continente sudamericano. Al sobrevolar la re- gión oriental de la cordillera de los Andes, se ven desde la ventanilla algunas construcciones muy sencillas que aparen- temente son viviendas de pastores o campesinos. En una hora más de vuelo en dirección norte divisamos la Sierra Nevada cubierta de un blanco manto, como su nombre lo in- dica. Es una sierra que quedó aislada del cordón de la cordi- llera andina y su sistema ecológico ha favorecido una rica diversidad de flora y fauna. Al contemplar esas afiladas cum- bres de más de 5 700 metros de altura, siento que por fin he alcanzado la tierra de García Márquez. Por los caminos de.indd 19 2/16/15 12:01 PM
  • 2. 20 Por los caminos de Cien años de soledad 20 Sus abuelos maternos vivían en Aracataca, un pueblo de la ladera occidental de la Sierra Nevada que ha servido de mode- lo del imaginario Macondo. La abuela regresó a Barrancas, su pueblo natal, situado al otro lado de la Sierra, para traer a su hija Luisa Santiaga y así curar el mal de amor de Gabriel Eligio, quien más tarde sería padre del escritor. Luisa Santiaga debió andar por estrechos desfiladeros a lomo de mula para atravesar la montaña, y tardó dos semanas en llegar a su destino. En Cien años de soledad el romance entre los padres de Gabo está representado por Renata Remedios (Meme) y Mauricio Babilonia. Recuerdo claramente que cuando entrevisté a García Márquez en Cuba me aseguró que todo lo que escribe está basado en la realidad, que ha sido extraído de lo que ha visto y oído, que toda su obra está firmemente enraizada en la vida del Caribe. Una de las metas de mi viaje ha sido acercar- me y palpar esa maravillosa realidad que ha extraído de la vida cotidiana de esas tierras para volcarla en sus novelas y cuentos. De repente aparecieron ante mi vista el mar esmeralda del Caribe y la blanca arena de sus playas. En las obras de García Márquez, Bogotá es representativa del mundo lóbrego y frío de los Andes, cuna de magistrados corruptos y militares sangui- narios, en tanto que la región caribeña es un lugar multicolor y cálido, donde siguen vivas las leyendas y los mitos: un lugar clave de la novela. Bajé del avión y cuando me dirigía al modesto edificio del ae- ropuerto, un grupo de jóvenes nativos con trajes típicos nos reci- bieron al son del tambor bailando la chichamaya, una representativa danza ritual guerrera de los indios wayúus. Los es- pañoles los llamaron “guajiros”, pero ellos se llaman a sí mismos “wayúus”. El mismo García Márquez dice que lleva en su interior Por los caminos de.indd 20 2/16/15 12:01 PM
  • 3. 21 La península de La Guajira 21 un diccionario wayúu, lo cual indica que su vida y obra han recibi- do una fuerte influencia de la cultura de ese pueblo indígena. Eran las diez de la mañana y el sol estaba brillando en el cenit. Soplaba un aire caliente y muy húmedo. La chaqueta que me ha- bía quitado se me adhería a los brazos con sólo andar unos pasos. Elegí la ciudad portuaria de Riohacha como punto inicial de mi viaje por los senderos de Cien años de soledad porque es ahí donde comienza el relato de la novela. En el siglo xvi, cuando los bisabuelos de Úrsula Iguarán vivían en Riohacha, la aldea, lla- mada entonces Nuestra Señora de los Remedios del Río del Hacha, fue atacada por Francis Drake, un pirata que contaba con el beneplácito de la corona británica. La bisabuela, atemori- zada por las campanadas y los cañonazos cayó sentada sobre un brasero y las quemaduras que recibió entonces en su cuerpo le impidieron seguir cumpliendo normalmente su función de es- posa. Además, se mudó a una aldea de aborígenes en la monta- ña, lejos de la costa, porque no podía dormir atormentada con la pesadilla de que los hombres de Drake irrumpían en su dormi- torio con feroces mastines y le infligían vergonzosas torturas con un hierro candente. Los registros históricos cuentan que Drake atacó dos veces Riohacha, en 1568 y 1596. El primer ataque lo realizó a princi- pios del mes de junio. Por entonces, Riohacha, una pequeña al- dea de apenas sesenta casas, tenía fama de ser una colonia rica, capaz de entregar cuantiosos tesoros a la Corona de España. Hay testimonios de que, al oír los cañonazos, los habitantes de Riohacha huyeron y los piratas invadieron el pueblo, saquearon y quemaron las casas. En la novela se cuenta que en el poblado indígena adonde se habían mudado los bisabuelos de Úrsula, su marido, José Por los caminos de.indd 21 2/16/15 12:01 PM
  • 4. 22 Por los caminos de Cien años de soledad 22 Arcadio Buendía, mató con la lanza a Prudencio Aguilar por haberse burlado de su impotencia, y que como el muerto se les aparecía con expresión de tristeza en busca de agua para lavar la sangre de su cuello, José Arcadio se dirigió con sus amigos por un camino contrario a la dirección de Riohacha para hacer que el muerto descansara en paz, hasta que finalmente llegó a Macondo después de deambular durante más de dos años por la falda de la Sierra Nevada.. Hacia el final del relato, Gabo escribe que “Francis Drake había asaltado Riohacha solamente para que ellos [Aureliano y Amaranta Úrsula que son descendientes de José Arcadio Buendía y Úrsula Iguarán] pudieran buscarse por los laberin- tos más intrincados de la sangre, hasta engendrar el animal mi- tológico que había de poner término a la estirpe”. De esta manera es como —partiendo de un hecho histórico— nace la imaginaria Macondo. García Márquez se vale frecuentemente de este método de fusionar la ficción con la realidad. Podemos afirmar que ese corsario, con el título de Sir que le confirió la Corona británica, cumple en la novela una función importante para reforzar la trama del cuento. Vientos del desierto A la caminata por la playa de Riohacha me referiré más adelan- te. Al salir del aeropuerto subimos al automóvil de la agencia de viajes que nos estaba esperando y partimos de inmediato a reco- rrer la península de La Guajira. Hacía el viaje junto con Graciela y Vera, dos encantadoras personas de mi edad que se ofrecieron generosamente a acompañarme para que pudiera materializar Por los caminos de.indd 22 2/16/15 12:01 PM
  • 5. 23 La península de La Guajira 23 mi gran sueño de recorrer los lugares que fueron escenario de las obras de García Márquez. Ambas consideran que el arte de com- poner poemas ocupa un lugar muy importante en la vida. Graciela tiene en Bogotá una consultoría legal especializada en casos de divorcio y Vera es una periodista independiente que envía sus artículos y reportajes a los periódicos y tiene además a su cargo, como disc-jockey, un programa radiofónico. Con Graciela enta- blé una amistad desde que nos conocimos en México en un via- je en autobús al interior del país para participar en una lectura de poemas. Las dos fuimos invitadas al Congreso Internacional de Poesía Femenina, celebrado en el otoño del año 2000. Cuando le conté que pensaba hacer en breve realidad mi añora- do sueño, me dijo que sería peligroso que fuese yo sola y se ofre- ció para acompañarme con su amiga Vera. Con Graciela mantuve correspondencia durante varios meses para coordinar el proyecto del viaje y elegimos el des- canso de Semana Santa, ya que por esas fechas el Ejército co- lombiano mantiene la alerta en las principales rutas y así resultaba más fácil viajar en un país en que la situación políti- ca era inestable. Cuando llegué a Bogotá, Graciela ya tenía preparado un minucioso itinerario. Como para una mujer re- sulta muy difícil conducir en el desierto de La Guajira, alquiló una camioneta japonesa de doble tracción (4x4) que condujo un hombre muy fornido, llamado Rafael. Al poco tiempo de abandonar Riohacha se transita por una ancha carretera de tierra amarilla, salpicada de guijarros, que se prolonga en línea recta. El territorio de La Guajira colinda con territorio venezolano. Hay re- gistros de que ya en el siglo xvi se practicaba el comercio clan- destino, y sigue realizándose con los licores, el tabaco, la marihuana, la cocaína, etc., etc. Además, no son raros los Por los caminos de.indd 23 2/16/15 12:01 PM
  • 6. 24 Por los caminos de Cien años de soledad 24 secuestros para exigir dinero de rescate, ni las luchas entre dis- tintos grupos de mafiosos. Como había oído decir que no hacía mucho un investigador japonés fue secuestrado en La Guajira, tomé las precauciones ne- cesarias para pasar inadvertida. Al principio me recomendaron que ocupara el asiento trasero. Antes de salir de Japón, me habían advertido que en lugar de gafas de sol llevara unas gafas de buceo, porque en el desierto, aunque se cierren las ventanillas del coche, es imposible impedir que se cuele esa arenilla fina. Mientras las buscaba, descubrí que lo ideal eran las gafas protectoras contra el polen, que tienen membranas laterales de plástico. Con estas gafas y un gorro de visera ancha sujetado por un pañuelo, podía cubrirme casi toda la cara sin que nadie se diera cuenta de que era una extranjera. Así equipada, pude instalarme en el asiento delantero para disfrutar mejor del paisaje. En un costado del camino hay algunos indios wayúus sentados, esperando hasta quién sabe cuándo que pase un vehículo que los recoja. Los wayúus llevan siglos viviendo en estas tierras junto con los “cimarrones”, como llamaban a los esclavos que habían logrado huir. Me preguntaba dón- de tendrían sus casas porque desde el coche no se veía nin- guna vivienda. A lo largo de la carretera se extendían unos matorrales y Rafael, con largos años de experiencia de viajar por el desierto, me explicó que eran árboles que por los fuertes vientos no pueden crecer y quedan achaparrados. A excepción de la temporada de lluvias, en los meses de octubre y noviembre soplan vientos muy recios y los árboles crecen retorcidos con raíces nudosas y profundas, buscando aferrarse a la tierra. El bramido del viento que persiste en este desierto, escenario del Por los caminos de.indd 24 2/16/15 12:01 PM
  • 7. 25 La península de La Guajira 25 cuento La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada, desde un principio me causó una fuerte impresión. Es el viento que presagia un infortunio, el viento re- cio que hace temblar la casa hasta los cimientos, un viento ma- ligno que arrebata la esperanza de seguir viviendo, como se describe al comienzo del relato: “empezó el viento de su des- gracia”, y más adelante: “una ranchería de calles miserables y ardientes, donde los chivos se suicidaban de desolación cuan- do soplaba el viento de la desgracia.” El sueño de Eréndira No fue en La Guajira donde García Márquez se enteró por pri- mera vez de la historia de la abuela que obligaba a su nieta a prostituirse, que es el tema central del relato. Él mismo ha es- crito que mucho tiempo antes, en un remoto pueblo del Caribe, supo de la existencia de una matrona que obligaba a prostituirse a una niña de 11 años que bien podía ser su nieta. Es de suponer que escuchó el relato por la radio o de boca de alguien cuando viajaba a Sucre durante las vacaciones para vi- sitar a su familia, allá por los años 1944 o 1945. La despiadada mujer explotaba a la niña y la obligaba a acostarse con decenas de clientes en una especie de prostíbulo ambulante con una banda de música, tiendas y puestos de bebidas alcohólicas y comidas, que iba de un pueblo a otro siguiendo el itinerario de las fiestas patronales y que permanecía tres días en cada pue- blo. Por la descripción que hace en Cien años de soledad, en la que Aureliano, todavía virgen, le entrega dinero a una mujer y entra temeroso en un cuarto donde encuentra acostada a una Por los caminos de.indd 25 2/16/15 12:01 PM
  • 8. 26 Por los caminos de Cien años de soledad 26 joven mestiza con teticas de perra (supuestamente Eréndira), podemos imaginar cuán fuerte fue la impresión que recibió al oír narrar aquella historia. —Anoche soñé que estaba esperando una carta —dijo la abuela. Eréndira, que nunca hablaba si no era por motivos ineludi- bles, preguntó: —¿Qué día era en el sueño? —Jueves. —Entonces era una carta con malas noticias —dijo Eréndira—, pero no llegará nunca. El hecho de que Gabo presente a Eréndira como una mujer guajira con la facultad de interpretar los sueños nos sugiere que se inspiró en las visitas que hizo a esas tierras entre los años 1950 y 1953. Entre los wayúus, los sueños cumplen la función de orde- nar el pasado y predecir el futuro. Y como los sueños son algo frecuente, en lugar de decir “Buenas noches” dicen “Que ten- gas un sueño propicio”, o “Hasta mañana y que tengas un buen sueño”, y en las mañanas, en lugar de decir “Buenos días” usan la expresión “¿Con qué has soñado?”. Para los wayúus, los sue- ños revelan la verdad oculta, son el puente que une la realidad cotidiana con lo sobrenatural, y ésta es la razón de que traten de interpretar todo lo que se manifiesta en ellos. En las comu- nidades guajiras se hace una clasificación de los sueños (ne- fastos y propicios), y tanto unos como otros son provechosos para el individuo y la comunidad. Cuando alguien tiene un sueño nefasto se le aconseja obrar con prudencia y los demás le ayudan a mitigar su ansiedad. Por los caminos de.indd 26 2/16/15 12:01 PM
  • 9. 27 La península de La Guajira 27 En las obras de García Márquez es frecuente que los sueños no cumplan la función de revelar algo concreto de la realidad pre- sente, sino de prever el futuro; como ocurre con Macondo en Cien años de Soledad, un pueblo que recibe ese nombre por un sueño que tuvo José Arcadio Buendía, o en El amor en tiempos del cólera, cuando en un sueño de Fermina Daza se explica la razón de que ella se case con el doctor Urbino y no con Florentino Ariza. Como se ha señalado, la manera en que García Márquez hace uso de los sueños se debe a la influencia de la cultura wayúu. En sus novelas y en sus memorias, los wayúus interpretan los sueños como una revelación del alma, pues cumplen la función de inter- mediarios. Es un testimonio de la función cultural que el sueño de wayúu desempeñaba en casa de sus abuelos. La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada se publicó primero bajo la forma de guión, de fragmentos de película y posteriormente bajo la forma de cuen- to. El autor refiere en su obra que en uno de los viajes que realizó vendiendo libros de Medicina y enciclopedias por La Guajira, cerca de la frontera con Venezuela, vio por primera vez el nombre “Eréndira” en los letreros de un burdel ambulante: “Eréndira es mejor - Vaya y vuelva - Eréndira lo espera - Esto no es vida sin Eréndira.” Ese es el origen del nombre de la niña. A principios de 1950, García Márquez conoció personal- mente a Rafael Escalona, autor de vallenatos, historias cantadas que tienen su origen en los cantos de vaquería de los peones de las haciendas cuando trasladaban el ganado. Son cantos inspira- dos en los juglares que heredaron los romances llegados de España. García Márquez nos dice que en la creación del mun- do poético de Eréndira ha desempeñado un importante papel el vallenato titulado La patillalera, compuesto por Escalona, Por los caminos de.indd 27 2/16/15 12:01 PM
  • 10. 28 Por los caminos de Cien años de soledad 28 en el cual se relata la historia de una abuela que se siente des- consolada al saber que el dueño de un camión sedujo y se llevó a su nieta más querida. Es de suponer que en la creación de Eréndira se combinan el relato de la abuela que obliga a su nieta a prostituirse, el nombre “Eréndira” en los letreros del burdel ambulante y el vallenato La patillalera, que relata el incidente ocurrido en el pueblo de Patillar, departamento de César. García Márquez pudo reunirse con varios personajes loca- les y recoger historias y leyendas del lugar durante la visita que realizó al departamento de César, vecino a La Guajira, invitado por Rafael Escalona, un hombre joven pero ya muy conocido por sus famosos vallenatos. Mucho de lo que pudo recoger en esa visita se lo había contado ya su abuelo cuando niño, en espe- cial las historias de los dirigentes del mítico Partido Liberal, o de cuando los miembros de este partido se rebelaron contra el des- potismo del gobierno del Partido Conservador, inconformes por no recibir sus pensiones pese a que habían participado como co- roneles, igual que su abuelo, en la Guerra de los Mil Días (1899- 1902). Es aquí donde se afianza el personaje principal de El coronel no tiene quien le escriba, con su abuelo como modelo. Las visitas que realizó posteriormente durante varios meses a los pueblos de los departamentos de César y de La Guajira desperta- ron su interés como escritor y le dieron la clave para reconstruir las anécdotas y relatos del pasado. Los viajes que realizaba por las tierras de sus antepasados, las tierras de sus abuelos maternos, a cuyo cuidado estaba, le hi- cieron descubrir que su identidad cultural tenía sus raíces en La Guajira. En el prólogo a los cuentos de Georges Simenon, García Márquez dice: “andaba vendiendo enciclopedias y libros técnicos a plazos por los pueblos de la Guajira colombiana. En Por los caminos de.indd 28 2/16/15 12:01 PM
  • 11. 29 La península de La Guajira 29 realidad era un pretexto para reconocer la región donde había nacido mi madre; y sobre todo donde la habían mandado sus pa- dres para contrariar sus amores con el telegrafista de Aracataca. Quería en primer término compararla con la que había oído de- cir desde niño, y explorarla aún más por mi cuenta, porque ha- bía presentido que allí estaban mis raíces de escritor.” Sus palabras ponen de manifiesto que esos viajes lo condujeron a sus orígenes y a descubrir su vocación de escritor. La ley de la tierra Después de casi dos horas de andar por un camino en medio del desierto llegamos a un pueblo llamado Uribia. Hacía un calor intenso y no se veía un alma. Parecía un lugar deshabitado. Vimos que en un edificio de madera, frente a la pequeña plaza, había una cantina y allí fuimos a beber algo y a descansar un rato. Varios hombres del lugar bebían cerveza. Estábamos pen- sando qué pedir cuando uno de ellos nos invitó a tomar cerveza, tal vez porque las tres éramos mujeres o porque le pareció raro ver a una japonesa. Estaba refrescando con un trago mi garganta reseca cuando Vera se levantó para ir al lavabo y me llamó: “Ven, Satoko”. Fui tras ella y descubrí que detrás de la pared de la barra había un recinto amplio con piso de cemento que parecía ser un salón de baile. En las paredes descascaradas y pintadas de un color rojizo se veían dibujos de notas musicales y de parejas bai- lando. Del techo oscuro colgaba un ventilador inmóvil. “¡Qué sa- lón más desabrido!, aunque la cortina verde de terciopelo creaba un ambiente de fiesta”, pensé. (Recuerdo que en la película La viuda de Montiel, basada en la obra homónima de García Por los caminos de.indd 29 2/16/15 12:01 PM
  • 12. 30 Por los caminos de Cien años de soledad 30 Márquez, se presenta una escena en que un hombre que ha conseguido trepar aprovechándose del poder político, baila en una cantina idéntica a la que me refiero). Imagino que los fines de semana irá ahí la orquesta y el salón estará muy concurrido y profusamente iluminado. Rafael, el conductor, nos dijo que la jurisdicción de la policía colombiana llega hasta Uribia, y que más adelante, cuando entre- mos en tierras bajo control de los wayúus, si surge algún incon- veniente deberemos acatar sus reglas. En sus memorias, tituladas Vivir para contarla, García Márquez se refiere a la ley de los wayúus y dice que, en la Guajira, cuando un miembro de la familia recibe una ofensa, todos los varones de la familia del ofensor tienen la obligación de rendir cuentas y dar una compensación. Un caso real de esta ley se dio cuando su abuelo, que vivía en Barrancas, se batió en duelo en 1908 y dio muerte a su ad- versario. Como resultado, tuvo que trasladarse a Aracataca para eludir las venganzas de los parientes del finado, conforme a la ley de los wayúus. En este hecho real se basa el relato del duelo entre José Arcadio Buendía y Prudencio Aguilar a causa del agravio infligido por este último. Se cree que las leyes de La Guajira se basan en las costumbres de diversos clanes o tri- bus. En general predominan los casos de venganza, que siguen dejando un saldo de numerosas muertes. Las salinas de Manaure Salimos de Uribia y al cabo de unos veinte minutos llegamos al mu- nicipio de Manaure. Es el pueblo donde viven quienes trabajan en las salinas de la costa. Como no hay otras ocupaciones, todos los Por los caminos de.indd 30 2/16/15 12:01 PM
  • 13. 31 La península de La Guajira 31 miembros de la familia participan en la obtención de la sal. Los re- gistros históricos dicen que el comercio de la sal existía ya aquí an- tes de que llegaran los españoles. En la actualidad, el trabajo consiste en extraer el agua de mar mediante el uso de una gruesa manguera para llevarla a las “granjas” y allí dejar que la salmuera se evapore. Primero toma un color rojizo y cuando emblanquece el proceso termina. Gracias a los fuertes vientos, el agua se evapora de forma natural en el término de ocho meses. A veces queda algo de tierra mezclada en la sal. Unas granjas tienen ya el color blan- quecino mientras que otras están todavía rojizas. En las granjas ya listas para la cosecha, hombres y mujeres juntan la sal con la ayuda de unos azadones de madera. Todos tienen la piel oscura y, por las arrugas de sus manos y rostros, aparentan mucha más edad de la que realmente tienen, tal vez como resultado de los fuertes vientos y los implacables rayos del sol. Formando una hilera, los mucha- chos cargan en sus cabezas las bolsas de sal y las llevan a un ca- mión. Al otro lado de la salina se ve una refinería. La sal refinada se vende a los consumidores y la que no se refina se destina al ganado. García Márquez visitó este pueblo en varias ocasiones cuan- do vendía enciclopedias pero, como él mismo dijo, más como un pretexto para reconocer la región donde había nacido su madre. Ya en el siglo xx el proceso de obtención y refinamiento de la sal se había mecanizado y como se había abaratado su precio, mu- chos abandonaron ese trabajo artesanal. Además, ¿quién iba a comprar costosas enciclopedias de Medicina en un pueblo don- de la gente está obligada a realizar trabajos muy sacrificados con magros ingresos? Podemos imaginarnos también la difícil situa- ción económica del escritor en tales circunstancias. En las horas del día en que había un sol abrasador, permanecía en el hotel leyendo lo que tenía a su alcance. Cuenta que en una de Por los caminos de.indd 31 2/16/15 12:01 PM
  • 14. 32 Por los caminos de Cien años de soledad 32 esas ocasiones tuvo en sus manos El viejo y el mar, de Ernest Hemingway, y dice que el impacto de su lectura fue “como un taco de dinamita.” Quienes estudian sus obras señalan que …la tremenda influencia de Faulkner quedó así contrarrestada, y, por otra parte, la extensión, la estructura y el estilo transparen- tes del relato de Hemingway le proporcionaron un laboratorio idóneo para escudriñar a fondo los trucos formales del relato cor- to, que, con gran maestría, iba a manejar dentro de poco a partir de Relato de un náufrago y El coronel no tiene quien le escriba. Uno de los dueños del hotel en que se hospedaba dice, recor- dando aquellos años: “Era muy delgado, con el pelo enmaraña- do, los ojos saltones y los bigotes bien cuidados. Ágil en su andar, aparecía puntualmente a la hora de comer. Tenía muy buen apetito pero muy poco dinero.” De todos los lugares de La Guajira, Manaure era el que le resultaba más familiar. Su madre, Luisa Santiaga, que de muy niña había sufrido de paludismo, volvió a tener esta enferme- dad al poco tiempo de terminar sus estudios en la escuela, ra- zón por la que los padres la dejaron varios meses al cuidado de sus parientes. De esa madre sus hijos oyeron decir muchas ve- ces que ese pueblo era como un paraíso. Los ritos funerarios de los wayúus En su momento llegó a haber más de veinte clanes o tribus de indios wayúus en la península de La Guajira, pero ahora hay muchos mestizos. Iguarán Cotes son los apellidos de la abuela Por los caminos de.indd 32 2/16/15 12:01 PM
  • 15. 33 La península de La Guajira 33 materna del escritor, muy comunes en esa península. García Márquez dice al respecto que “toda la Provincia estaba satura- da de Iguaranes y Cotes, “cuya conciencia de casta tenía el po- der de una maraña impenetrable”. Y en Cien años de soledad, el joven Aureliano, con dotes de visionario, predice que “alguien va a venir” y aparece en el pue- blo una joven a quien llamaron Rebeca. Desde el momento en que llegó se sentó a chuparse el dedo en el mecedor (…), sin que diera señal alguna de entender lo que le preguntaban. Llevaba un traje de diagonal teñido de negro, gastado por el uso, y unos desconchados botines de charol. Tenía el cabello sostenido detrás de las orejas con moños de cintas negras. Usaba un escapulario con las imágenes borradas por el sudor y en la muñeca derecha un colmillo de animal carní- voro montado en un soporte de cobre como amuleto contra el mal de ojo. (…) y cuando le dieron de comer se quedó con el pla- to en las piernas sin probarlo. Se llegó inclusive a creer que era sordomuda, hasta que los indios le preguntaron en su lengua si quería un poco de agua y ella movió los ojos como si los hubiera reconocido y dijo que sí con la cabeza. El talego de lona con los huesos de sus padres que tenía esa niña de apenas 11 años, traída a la casa de José Arcadio Buendía por un comerciante de cueros, hacía un ruido seme- jante al cloqueo de una gallina. Se negaba a comer otra cosa que no fuera tierra y cal. Según la carta que traía, enviada por un desconocido, la niña era prima segunda de Úrsula. Ni Úrsula ni su marido recordaban los nombres de esos parientes que figuraban en la carta y tuvieron que aceptarlo como una Por los caminos de.indd 33 2/16/15 12:01 PM
  • 16. 34 Por los caminos de Cien años de soledad 34 rama más del intrincado árbol genealógico. Con el tiempo, Rebeca se convirtió en un miembro más de la familia, pero el color verdoso de su piel y su vientre tenso como un tambor evi- denciaban un estado de mala nutrición, detalle que interpreté como señal de la pobreza en que se encontraba Manaure. ¿Por qué Rebeca llevaba consigo los huesos de sus padres en el talego? ¿Por qué tenía ese amuleto para ahuyentar los malos espíritus? Mientras me hacía estas preguntas, leí algu- nos libros que me ayudaron a descifrar los mitos y símbolos de los wayúus y las costumbres de inhumar a sus muertos. Se dice que, cuando alguien muere, dejan reposar el cadá- ver algún tiempo para que el alma del muerto se haga a la idea de despedirse de su familia y de su casa. Después lavan el cuerpo, lo secan, lo visten y lo velan todos los integrantes de su familia. Las plañideras se turnan para llorar ante el muerto y los hombres tienen que embriagarse y conversar en voz alta todo el tiempo que dure el velatorio. La primera etapa termina con el entierro del féretro. Tres años después exhuman los res- tos y los lavan hasta dejarlos bien limpios para enterrarlos por segunda vez, pero antes los familiares realizan un rito que con- siste en colocar los huesos en una urna de barro o en un talego que depositan en una vasija grande donde guardan los restos de la rama materna de la familia. Sin embargo, parece que en época más reciente hay muchos casos en que depositan los huesos independientemente. La persona que se encarga de ex- humar y limpiar los huesos debe usar guantes y, dentro de lo posible, no ingerir alimentos, pues si no se contagian a través de esas manos de lo que llaman los chamanes la “enfermedad que transmiten los huesos”. El ayuno que observan durante varios días también sirve para evitar ese contagio. Además, Por los caminos de.indd 34 2/16/15 12:01 PM
  • 17. 35 La península de La Guajira 35 usan amuletos, porque creen que esta enfermedad se transmi- te al entrar en contacto con los huesos del difunto cuando ha- yan sido vistos por un demonio. Teniendo en cuenta lo antedicho, podemos entender por qué Rebeca llevaba consigo los huesos de sus padres con el amuleto y se resistía a probar bocado. Sin lugar a dudas, llegó después de terminada la segunda etapa del rito funerario y lleva- ba consigo los huesos porque no los habían depositado junto con los restos de su familia materna. El que llevara un escapula- rio, prenda reservada para religiosos y religiosas, y vistiera de ne- gro con moños de cintas negras en el cabello indica que estaba de luto. Después de varias semanas Rebeca ya se había repuesto y comenzó a jugar con Arcadio y Amaranta, quienes llegaron a considerarla una hermanita mayor. Rebeca recuperó el apetito y también aprendió a usar bien los cubiertos. Pero un poco más tarde toda la gente de Macondo comenzó a sufrir de insomnio. Rebeca había transmitido la epidemia de los huesos, tal vez por no haber usado guantes o por no haber observado co- rrectamente el ayuno. Rebeca, Amaranta y Arcadio, tres personajes de Cien años de soledad que pertenecen a la segunda generación, forman un grupo aparte de la familia. La razón está en que sólo ellos ha- blan la lengua guajira. Cuando llegó, Rebeca no respondía si le hablaban en español, pero cuando los indios le hablaron en su idioma se tranquilizó como si se hubiera encontrado con gente conocida. Amaranta y Arcadio aprendieron la lengua guajira antes que el español, aprendieron a tomar sopa de la- garto y a comer huevos de arañas porque por entonces todos estaban tan ocupados en Macondo que Úrsula los había deja- do a ellos y a su hermano menor Cataure con una niñera Por los caminos de.indd 35 2/16/15 12:01 PM
  • 18. 36 Por los caminos de Cien años de soledad 36 wayúu llamada Visitación. Ya avanzado el relato de la novela sabemos que Arcadio dominaba mejor la lengua guajira que el español: “Nunca logró comunicarse con nadie mejor que lo hizo con Visitación y Cataure en su lengua”. Por otra parte, los personajes que no pertenecen a la segunda generación no ha- blan guajiro. Con la llegada a Macondo de Visitación y de Cataure se destaca la presencia del mundo de los wayúu en la obra. Desde su primera novela, titulada La hojarasca, en todas sus obras notamos la presencia del mundo de los aborígenes como un pequeño cosmos. Luisa Santiaga, su madre, ha con- firmado que en la casa de García Márquez tenían tres emplea- das domésticas wayúus, llamadas Remedios (Meme de La hojarasca), Visitación y Lucía. El escritor vuelca en su obra la experiencia personal de cuando vivía en Aracataca: “Eran gen- tes distintas que aportaban un pensamiento y una cultura a esa casa, en la que éstos eran españoles, y en las que los mayores no apreciaban ni creían. Pero yo vivía a nivel de los indios, y ellos me contaban historias y me metían supersticiones, ideas que yo notaba que no tenía la abuela, porque ella tenía otras”. Las sucesivas guerras de Macondo A excepción de los nombres de lugares de países extranjeros, en la obra de García Márquez son muy pocos los topónimos de sitios reales de Colombia, como Riohacha o Valledupar. Además del relato que trata de Rebeca, el nombre de Manaure se menciona como enclave de las tropas revolucionarias, a mi- tad de la novela el coronel Aureliano Buendía no cae en la un- décima emboscada, es uno de los que la evitó; asimismo, Por los caminos de.indd 36 2/16/15 12:01 PM
  • 19. 37 La península de La Guajira 37 cuando un intruso irrumpe en sus cuarteles para asesinarlo, pero sólo mata a cuchillazos a un íntimo amigo de éste que es- taba durmiendo en su cama, y también como el lugar de resi- dencia de la familia del general José Raquel Moncada, nombrado alcalde de Macondo. Diez días después de haberse dado a conocer en un comunica- do conjunto el cese del fuego entre las tropas rebeldes y el gobierno, el coronel Aureliano Buendía se levantó en armas cerca de la frontera occidental con el fin de instalar en el gobierno al Partido Liberal, pero fracasó en su intento. El hecho de que des- pués se levantara en armas siete veces en el término de un año, de- muestra que había elegido el camino de la lucha; actitud que contrasta con la asumida por el general Moncada, partidario de los conservadores, quien el mismo día en que terminó el conflicto ar- mado ocupó el cargo de alcalde de Macondo. A pesar de ser ambos enemigos irreconciliables, se respetaban y se tenían confianza. Acordaron el cese del fuego, canjearon prisioneros y, tras escuchar las opiniones de ambas partes, consideraron el establecimiento de un gobierno humanitario. El general Moncada asumió el cargo de Alcalde, se quitó el uniforme y dispuso que la policía no por- tara armas. Mientras llevaba a cabo una política de mutua confian- za entre liberales y conservadores, lo que pareció hacer que la pesadilla de las guerras internas ya fuera cosa del pasado, el coro- nel Aureliano Buendía regresó con sus tropas rebeldes y lo hizo prisionero. Desoyendo los ruegos de Úrsula, que le decía que el general Moncada había sido el mejor gobernante que habíatenido Macondo, lo mandó fusilar. Antes de que lo llevaran frente al pelo- tón de fusilamiento, el general Moncada pidió que se le entregasen a su esposa sus lentes, la medalla de la Virgen, el reloj y el anillo ma- trimonial, para que los guardara como recuerdo. Por los caminos de.indd 37 2/16/15 12:01 PM
  • 20. 38 Por los caminos de Cien años de soledad 38 Su esposa vivía en una casa detrás de la iglesia de Manaure, un pueblo que solamente tiene una calle larga: La primera vez que estuvo en Manaure después del fusilamien- to del general Moncada se apresuró a cumplir la última volun- tad de su víctima, y la viuda recibió los lentes, la medalla, el reloj y el anillo, pero no le permitió pasar de la puerta. —No entre, coronel —le dijo—. Usted mandará en su guerra, pero yo mando en mi casa. El coronel Aureliano Buendía no dio ninguna muestra de ren- cor, pero su espíritu sólo encontró el sosiego cuando su guar- dia personal saqueó y redujo a cenizas la casa de la viuda. El general Moncada había predicho que Aureliano se con- vertiría en el dictador más despótico y sanguinario de la histo- ria de Colombia. Pero cuando el dictador tuvo en sus manos el poder absoluto, se fue hundiendo en la soledad. Hacerse due- ño de un poder absoluto conduce a una monomaníaca sole- dad. Sus subalternos cumplen ciegamente las órdenes y la crueldad desorbitada alcanza niveles impredecibles. Antes de que el déspota imparta las órdenes o aún antes de que las con- ciba, son ejecutadas con resultados que rebasan sus designios. Las sucesivas contiendas que asolan a Macondo se co- rresponden con las guerras internas que sufrió Colombia des- de su independencia. La fragilidad de la base política del nuevo Estado en el siglo xix está ejemplificada en las incesantes con- tiendas entre el Partido Liberal y el Partido Conservador. La úl- tima de esa serie de guerras, y la más cruenta de la historia del país, fue la “de los Mil Días”, que duró tres años con un saldo de diez mil muertos. Dejó al país dividido en dos bandos, sembró Por los caminos de.indd 38 2/16/15 12:01 PM
  • 21. 39 La península de La Guajira 39 destrucción y sentimientos de rencor e injusticia, y dejó en ruinas las ciudades, las industrias y las haciendas. Y sumado a toda esta tragedia, Colombia perdió el territorio que hoy es Panamá. Como se cuenta en la novela, esa guerra finalizó con los acuerdos de Neerlandia, como el documento que firmó Aureliano Buendía, pero estas luchas no se realizaron entre soldados, sino entre ciudadanos armados bajo la bandera de los partidos políticos. Los cien años del título de la novela abarcan, a grosso modo, el período que va desde que comienza la desintegración de la Gran Colombia en 1830 hasta 1930, año en que se pone fin a la hege- monía del Partido Conservador, el cual se mantuvo en el poder durante cuarenta y cinco años. Esos cien años están precedidos y seguidos de dos violentos incidentes; uno fue protagonizado por los separatistas y tuvo como resultado la desintegración de la Gran Colombia (lo que son ahora Ecuador, Panamá y Venezuela, y Colombia, en aquel entonces la Nueva Granada), y el otro, la ola de violencia política que comenzó con el cambio de gobierno en 1930 y persiste en la actualidad. Ese período de cien años se describe como la historia de Macondo desde su principio hasta su final. Su estructura cir- cular conduce al lector desde un caos de nuevas creaciones a otro caos que todo lo fusiona y le da fin. En el principio de esta novela presenciamos un nuevo acto de creación: “El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo”. José Arcadio Buendía era el patriarca de Macondo, “una al- dea feliz, donde nadie era mayor de treinta años y donde nadie había muerto”. Sin embargo, ese estado paradisíaco no iba a du- rar mucho tiempo. Se hicieron presentes el odio y la violencia Por los caminos de.indd 39 2/16/15 12:01 PM
  • 22. 40 Por los caminos de Cien años de soledad 40 entre los partidos políticos. La política fue una calamidad que cayó sobre Macondo. Por entonces Aureliano Buendía no era nada más que un humilde vecino de Macondo sin idea clara de lo que significaba la política. Quien le enseñó el arte de hacer maldades fue Moscote, el nuevo Alcalde de Macondo nombra- do por el gobierno y quien después sería su suegro. En cierta ocasión, en vísperas de las elecciones, don Apolinar Moscote regresó de uno de sus frecuentes viajes, preocupado por la situación política del país. Los liberales estaban decididos a lan- zarse a la guerra. Como Aureliano tenía en esa época nociones muy confusas sobre las diferencias entre conservadores y liberales, su suegro le daba lecciones esquemáticas. Los liberales, le decía, eran masones; gente de mala índole, partidaria de ahorcar a los curas, de implantar el matrimonio civil y el divorcio, de reconocer iguales de- rechos a los hijos naturales que a los legítimos, y de despedazar al país en un sistema federal que despojara de poderes a la autoridad suprema. Los conservadores, en cambio, que habían recibido el poder directamente de Dios, propugnaban por la estabilidad del or- den público y la moral familiar; eran los defensores de la fe de Cristo, del principio de autoridad, y no estaban dispuestos a permi- tir que el país fuera descuartizado en entidades autónomas. La exposición que hace Moscote era muy aproximada al clima político que prevalecía en Colombia por aquel entonces. Este panorama muestra que el pueblo se había dejado arrastrar por un fanatismo casi religioso. Por un sentimiento humanitario, Aureliano simpatizaba con la postura del Partido Liberal con respecto a los derechos de los hijos naturales, pero no llegaba a entender cosas que no se podían tocar con las manos. La Por los caminos de.indd 40 2/16/15 12:01 PM
  • 23. 41 La península de La Guajira 41 primera guerra estalló cuando el coronel Aureliano Buendía se enteró de las irregularidades cometidas en las elecciones por el Partido Conservador, a cuyos seguidores tildó de tramposos, cuando los soldados recorrieron casa por casa decomisando ar- mas de cacería, machetes y hasta cuchillos de cocina, y sintió indignación cuando se mostraron pruebas de que los liberales estaban preparándose para la lucha. El Partido Conservador no era el único que cometía errores políticos. Cuando Aureliano Buendía gobernaba en Macondo, cometió el exceso de obligar a todos los afiliados a llevar un brazalete de color rojo, símbolo del Partido Liberal, abusó del poder y se convirtió en el gobernante más sanguinario que hubo en Macondo. Llegó hasta encerrar en la sacristía al padre Nicanor, primer párroco del pueblo que ofició en la ceremonia de su casamiento, y amenazó con fusilarlo si no cumplía la orden de oficiar misa y tocar a vuelo las campanas solamente para celebrar el triunfo del Partido Liberal. Las cruces de ceniza García Márquez nos cuenta en sus memorias que uno de sus recuerdos más fantásticos son las cruces que traían pintadas en la frente los diecisiete hijos que su abuelo había engendra- do en sus correrías durante la guerra, cuando venían a Aracataca para felicitarlo en el día de su cumpleaños ,después de la misa del miércoles de ceniza. Dice el escritor que esas cruces de ceniza que el padre Angarita les había dibujado en la frente le parecían un emblema sobrenatural cuyo misterio ha- bría de perseguirlo durante años. En Cien años de soledad, los Por los caminos de.indd 41 2/16/15 12:01 PM
  • 24. 42 Por los caminos de Cien años de soledad 42 sufrimientos que padecen estos hijos naturales hay que inter- pretarlos como un comentario que hace el autor sobre el as- pecto religioso en la confrontación política de los colombianos. Esos diecisiete muchachos llegaron a Macondo cuando todavía resonaba la algarabía de los festejos por la firma de los acuerdos de paz de Neerlandia, en los que el coronel recibió la condecoración de la Orden del Mérito. El color de su piel y sus facciones eran muy distintos, pero si algo tenían en co- mún, era un “aire solitario” que revelaba su procedencia. Eran el fruto de su simiente, engendrados por las mujeres que en- contró en el desierto del amor o por muchachas que fueron lle- vadas a la alcoba de un militar famoso para mejorar la estirpe. El sacerdote les había pintado en sus frentes con ceniza una cruz que no se podía borrar, como señal de que eran hijos de Aureliano Buendía. Finalmente terminaron sus vidas asesina- dos por el solo hecho de ser hijos del coronel. En el curso de esa semana, por distintos lugares del litoral, sus diecisiete hijos fueron cazados como conejos por criminales in- visibles que apuntaron al centro de sus cruces de ceniza. Aureliano Triste salía de la casa de su madre, a las siete de la noche, cuando un disparo de fusil surgido de la oscuridad le perforó la frente. Aureliano Centeno fue encontrado en la ha- maca que solía colgar en la fábrica, con un punzón de picar hie- lo clavado hasta la empuñadura entre las cejas. Aureliano Serrador había dejado a su novia en casa de sus padres después de llevarla al cine, y regresaba por la iluminada Calle de los Turcos cuando alguien que nunca fue identificado entre la mu- chedumbre disparó un tiro de revólver que lo derribó dentro de un caldero de manteca hirviendo. Por los caminos de.indd 42 2/16/15 12:01 PM
  • 25. 43 La península de La Guajira 43 Esas cruces de ceniza encerraban dos significados: por un lado, que eran víctimas inocentes de una guerra fratricida que dejó al país dividido y, por otro, que esa era la señal peca- minosa que se les había puesto para indicar que la Iglesia acabaría con los que apoyaban al Partido Liberal. Con esta descripción el autor nos sugiere que en Colombia la Iglesia se pronuncia abiertamente como tradicional protectora del Partido Conservador. El recuerdo de las guerras del abuelo La imagen del coronel Aureliano Buendía la tomó Gabo de un personaje real, el general Rafael Uribe, quien nació en el seno de una familia de campesinos, en sus años de estudiante in- gresó en las filas del Partido Liberal, participó en las guerras internas, se convirtió en un líder carismático y dirigió las cam- pañas de la sangrienta y asoladora Guerra de los Mil Días. García Márquez quiso reflejar en la novela los recuerdos de las historias del general Uribe que le contaba su abuelo. Rafael Uribe es un personaje histórico que contribuyó a llevar la lu- cha a su fin y en quien el autor basa gran parte de su relato. Nicolás Márquez, abuelo del escritor, se unió en las gue- rras a las filas del Partido Liberal, en las cuales obtuvo el gra- do de coronel y, aunque su nombre no figura en la historia de la Guerra de los Mil Días, sí se menciona en los informes de los generales bajo cuyo mando estuvo durante los recios en- frentamientos que ocurrieron cerca de Riohacha, y en los cuales desempeñó vitales y peligrosas misiones como envia- do secreto para llevar desde el departamento de César a los Por los caminos de.indd 43 2/16/15 12:01 PM
  • 26. 44 Por los caminos de Cien años de soledad 44 generales que luchaban en la zona fronteriza los mensajes del ejército liberal sobre el suministro de armamentos. Mientras paseaba de niño por las calles de Aracataca de la mano de su abuelo, García Márquez oía las historias de las guerras que él le contaba. Es indudable que la imagen de dignidad y patrio- tismo de su abuelo ocupaba un lugar muy especial en su mundo. Escuchaba absorto que su abuelo había recibido del enemigo un tiro en la ingle y que muchas veces se halló en situaciones muy difíciles que logró superar con valentía. La imagen del coronel Márquez, que es modelo del coronel Aureliano Buendía de la novela, se entremezcla en el desarrollo de la obra con la del ge- neral Uribe, hasta el punto de que no se distingue la realidad de la ficción. Por otra parte, las sucesivas órdenes de pintar las casas de rojo o de azul hicieron que al final ya no se distinguiera de qué color eran. Más tarde, dirigiendo la vista al pasado, el coronel Aureliano Buendía se pregunta si aquellas guerras se dieron para no pintar sus casas de azul. Después de veinte años de guerra, llega a la conclusión de que sólo estaban luchando por el poder. Estos episodios y personajes que aparecen a lo largo de la novela son una sátira de la situación política colombiana. Gracias al toque tropical de su estilo, que tal vez les haga inter- pretar a los japoneses la realidad política colombiana como algo mitológico, el mensaje que ha dejado en Cien años de sole- dad está claramente expresado: hay que ponerle fin a toda cos- ta a ese ciclo vicioso de cruentas venganzas desatadas por un odio absurdo entre dos familias que son las únicas que inte- gran el país. Y, también, que hay que cambiar la estructura en que el pueblo inocente es víctima de las manipulaciones de políticos y dirigentes ignorantes. Como dice el mismo autor, Por los caminos de.indd 44 2/16/15 12:01 PM
  • 27. 45 La península de La Guajira 45 los primeros cien años de la historia de Colombia terminan con una soledad totalmente opuesta a la solidaridad, y ése es el mensaje central de la novela. En el Cabo de La Vela Mucha gente va de vacaciones con sus familias a las playas ve- cinas a las salinas de Manaure, con el fin de nadar o hacer sur- fing en sus aguas de color esmeralda. Almorzamos en uno de los puestos de comida que se instalan para atraer a turistas: una carpa que parecía una tienda de beduinos, donde sola- mente servían pescado frito. Como la carpa estaba cerrada por los cuatro costados, pudimos salvarnos de comer pescado con arena si soplaba el viento. Rafael nos dijo que para llegar al Cabo de La Vela desde Manaure se tardaba más de una hora. Hasta ese día habíamos andado por caminos de tierra bien anchos, pero a poco de salir de Manaure nos encontramos en medio de un desierto de are- na, sin acertar dónde estaba el camino. Rafael condujo si- guiendo las huellas que se veían en la arena. Aparte de algunos cactus y árboles achaparrados con sus raíces descubiertas por los fuertes vientos, nada verde se veía en ese desierto amarillo. Sí pudimos ver bolsas y envases de plástico, lo único que nos hacía recordar la época en que vivíamos. En algunos tramos del camino las ruedas del vehículo se hundían en la arena y gi- raban en vano sin que se pudiera avanzar. Cada vez que esto ocurría, Rafael tenía que detener el motor y volver a arrancar. No recuerdo cuántas veces mi cabeza dio contra el techo del coche en los bamboleos y traqueteos por ese desierto hasta Por los caminos de.indd 45 2/16/15 12:01 PM
  • 28. 46 Por los caminos de Cien años de soledad 46 que por fin llegamos a una posada cerca de la playa. Había dos casas con paredes rústicas de madera sin cepillar y techo de paja, con mallas en las ventanas. Dentro de una de las casas había varios camastros y en la otra hamacas. Del techo colga- ban unas lamparillas eléctricas, por lo que era de suponer que de noche las encendían con un generador casero. Lo que nos encantó fue que hubiera inodoro y ducha, pero el agua era sala- da. Graciela y Vera, bien previsoras, habían comprado en Riohacha más de diez enormes garrafones de agua, gracias a lo cual también podíamos asearnos y lavarnos los dientes con agua dulce. Cuando les ayudaba a cargarlos, lo hice sin pensar mu- cho para qué compraban tantos. La dueña de la pensión nos dijo que había nacido y creci- do en el Cabo de La Vela. Los empleados que trabajaban en la limpieza y en la cocina también eran indios wayúus que vivían cerca. Sentí curiosidad por saber dónde estaba la aldea de los wayúus, porque alrededor de la pensión solamente se alcanza- ba a ver el desierto de arena y el mar. Todos eran muy bajos de estatura y de piel oscura, pero no negra. Los wayúus son uno de los grupos étnicos minoritarios del continente americano y aparentemente descienden de los indios arawaks de la región de Guayana, que opusieron fuerte resistencia a los europeos. Se dice que los arawaks ocupaban una vasta región de las Antillas (Cuba, Jamaica, etc.) Los indígenas trataron al grupo de Cristóbal Colón con generosidad cuando llegó a las islas del Caribe. Eso me pare- ció extraño, porque yo creía que tras ser maltratados y explo- tados por los españoles habían caído víctimas de las enfermedades que les contagiaron los europeos y se habían extinto al cabo de un siglo. Por los caminos de.indd 46 2/16/15 12:01 PM
  • 29. 47 La península de La Guajira 47 En la lengua de estos indios, “wayúu” significa “hombre”. En la actualidad hay aproximadamente unos trescientos mil wayúus, que en su mayoría residen en el departamento de La Guajira y en el vecino estado venezolano de Zulia. Antes de la lle- gada de los españoles eran nómadas dedicados a la caza, la pesca y la recolección de frutos silvestres. A comienzos del siglo xx se asentaron. Los varones se dedicaron a la cría de ovejas y formaron unas comunidades seminómadas que migraban en busca de pastos para el ganado. Como el clima ha cambiado y ahora llueve menos, el pastoreo es una tarea dura que deja pocos in- gresos; por lo tanto, va aumentando el número de quienes abandonan ese estilo de vida para establecerse en centros ur- banos. García Márquez relata en sus memorias que cuando su abuelo se trasladó a Aracataca, llevó con él a tres indios guaji- ros que había comprado por cien pesos, lo cual demuestra que a pesar de haberse abolido ya la esclavitud, se siguió practican- do ese tráfico hasta épocas más bien recientes. El Cabo de La Vela es el punto más septentrional del continente sudamericano. En Cien años de soledad, el coro- nel Aureliano Buendía, cuyo paradero se desconocía y a quien se daba por muerto, desembarca ahí, procedente de las Antillas, al frente de las tropas revolucionarias. A finales del siglo xv este cabo era el lugar de acceso al continente desde el Caribe y por ahí vinieron el conquistador Alonso de Ojeda y Américo Vespucio. A principios del siglo xvi, dada la abun- dancia de perlas de excelente calidad, los españoles fundaron en la península de La Guajira la primera ciudad con el recono- cimiento de la Corona. Antes de llegar los europeos, ya los nativos se dedicaban a la recolección de perlas en ese lugar. Después de su arribo, los españoles fundaron una compañía Por los caminos de.indd 47 2/16/15 12:01 PM
  • 30. 48 Por los caminos de Cien años de soledad 48 en el Cabo de La Vela y usaron como esclavos a los naturales para extraer las perlas y exportarlas, hasta que con el tiempo esos cultivos se agotaron y ya no quedan vestigios de aquella empresa. Decidimos ir a ver la puesta de sol en el extremo del Cabo de La Vela y, por ello, nos montamos a toda prisa en el auto- móvil. Con el mismo objetivo se habían juntado más turistas de lo que imaginábamos. Grupos de jóvenes trataban de enar- bolar la bandera colombiana y camarógrafos de la televisión querían filmarlos. En la parte más alta del Cabo se arremolina- ba una multitud. Subimos por un sendero estrecho y comenzó a soplar un viento huracanado. Entre los que subían y bajaban por ese camino estrecho se armaban trifulcas al tropezar unos con otros. Ya en la cima del cabo, haciendo lo posible para que no nos derribara el viento, contemplamos el sol poniente, que tomó pri- mero un color naranja y después amarillo, hasta que quedó oculto tras unas nubes en el horizonte. Lamentamos no haber podido dis- frutar del magnífico espectáculo que ofrecen los últimos rayos del sol que se va hundiendo en el mar Caribe. Al alzar la vista, el cielo ya estaba tachonado de estrellas. Volvimos a la pensión y me tumbé en el camastro. Ya avan- zada la noche bajó rápidamente la temperatura. Era un frío in- tenso que no podía imaginar cuando sufríamos el calor del día. Me acosté con la ropa puesta y me cubrí con las prendas que había traído, pero fue en vano. Durante toda la noche se oía un sonido como de lluvia; era el roce de los granos de arena al des- lizarse arrastrados por el viento, y eso me hizo recordar escenas de la película Eréndira. Cuando vi esa película, creí que ése era un efecto musical de fondo y no un sonido característico de la península de La Guajira. Por los caminos de.indd 48 2/16/15 12:01 PM
  • 31. 49 La península de La Guajira 49 Al día siguiente salí a dar una caminata por los alrededo- res. Una mujer sentada en una silla para bañistas había venido con sus hijos a vender artesanías a los turistas y huéspedes de la pensión. Vestía una prenda de profusos colores llamada “manta guajira”, que llega hasta los tobillos, y tenía la cara cu- bierta de un tinte renegrido. Es un método tradicional de las mujeres guajiras para protegerse del sol; el tinte, según dicen, se prepara con hierbas medicinales. El día anterior, cuando salí a caminar, pensé que no alcanzaba a ver casas en las in- mediaciones porque comenzaba a anochecer, pero a pleno día tampoco las vi. No lejos de donde estaba el generador de elec- tricidad había algo que no sé si será justo llamarlo “casa”. Era un recinto sin techo, precariamente cercado con tablas, con una mesa, una silla y una hamaca colgada de ganchos en las ta- blas de la pared. También había una camisa colgada. Daba la im- presión de que allí vivía gente. Había visto muchas viviendas de indígenas pero nunca una como ésta, totalmente vacía. Al cami- nar por la playa descubrí otra estructura similar. Dos niños de unos 8 o 10 años, que traían unos calzones cortos y descoloridos, muy bajitos de estatura y con los vientres anormalmente hincha- dos, asaban pescados en un fogón armado con piedras. Aparentemente ellos mismos los habían pescado y se dispo- nían a comerlos. —¿Y tus padres? —pregunté. —Teníamos a mi mamá, pero se murió en Maicao —me respondió uno. Mientras caminábamos le pregunté a Graciela si esos ni- ños van a la escuela y me contestó que La Guajira es el depar- tamento más pobre de Colombia y que son muchos los niños que no reciben educación escolar. Y agregó que, aparte de si Por los caminos de.indd 49 2/16/15 12:01 PM
  • 32. 50 Por los caminos de Cien años de soledad 50 van o no a la escuela, en el estado de desnutrición en que se encuentran de ninguna manera crecerán como es debido. Me dijo que es muy posible que hayan quedado huérfanos y ni si- quiera sepan quién es su padre. Hay por aquí muchos niños como éstos, que son reclutados por los paramilitares o por los guerrilleros y tienen un final triste. Me explicó que la mayoría de la población del país es indigente, y que la extrema pobreza en que se encuentran los indios de La Guajira es la más seve- ra. En Cerrejón, en el sur de la península de La Guajira, se ex- plota un yacimiento carbonífero para alimentar una planta estadounidense generadora de energía y se realiza la extrac- ción de minerales. Las tierras de las inmediaciones han sido voladas con dinamita o están contaminadas y ya no son ap- tas para el cultivo. Como resultado, no sólo han quedado destruidas las comunidades de indios wayúus que han veni- do dedicándose desde tiempos ancestrales al cultivo del ta- baco, sino que además los nativos y los afroamericanos que allí vivían han sido expulsados por paramilitares pagados por los administradores de la compañía minera. En la creencia de los wayúus, cuando una persona muere, su alma visita regularmente un lugar llamado Pilón de Azúcar. Según Rafael, el chofer, desde ese sitio se puede contemplar una vista muy hermosa, y allí fuimos. Para los wayúus, el alma es como la sombra que siempre acompaña a la persona y el alma nos confía el sueño, donde lo que ocurre le está ocurriendo a nuestra alma. Se enferma porque el alma ha descuidado el cuerpo y la única manera de librarse de la muerte es pedir la ayuda de un chamán para que la busque y la devuelva al cuerpo. Y el alma que ha abandonado definitivamente el cuerpo, mejor dicho, las almas de quienes mueren, pasan por Pilón de Azúcar. Por los caminos de.indd 50 2/16/15 12:01 PM
  • 33. 51 La península de La Guajira 51 Fue un magnífico espectáculo contemplar desde lo alto de una colina la arena de las playas brillando como el oro bajo la luz del sol, y el mar azul y transparente. Decidimos bajar para nadar en la playa que nos pareció más atractiva, pero soplaba un vien- to mucho más fuerte de lo que pensábamos. Dentro del agua se podía aguantar, pero al salir a la playa sentíamos en el cuerpo los pinchazos como agujas de la arena que levantaba el viento. El mar azul y límpido que teníamos ante la vista superaba en her- mosura lo que hasta entonces había visto yo en las islas del Caribe, pero tuvimos que resignarnos a regresar de inmediato. Maicao, paraíso del comercio clandestino Partimos del Cabo de La Vela rumbo a Maicao, una ciudad co- mercial ubicada cerca de la frontera con Venezuela, famosa por ser un puerto franco y un lugar donde es frecuente el contraban- do. Hay informes de que en toda la península prospera el de café, bebidas alcohólicas, tabaco y estupefacientes, y no es ex- traño encontrar restos de aviones accidentados que lo transpor- taban. Se podría decir que el contrabando se ha convertido en una actividad cotidiana a nivel popular y Maicao es famosa por el volumen de ese tráfico ilícito. A medida que avanzamos, la ve- getación se hizo más abundante. Rafael nos contó que durante diez años desde que comenzó a trabajar de conductor y a pasar por esta zona, no había día en que no viera cadáveres de chofe- res de camiones robados. Y nos dijo que los encuentros más san- grientos entre grupos mafiosos, los ataques para robar cargamentos de contrabando y la participación de las fuerzas ar- madas fueron más notorios durante el boom de la marihuana en Por los caminos de.indd 51 2/16/15 12:01 PM
  • 34. 52 Por los caminos de Cien años de soledad 52 la década de los años noventa. Él mismo fue detenido varias ve- ces por salteadores, pero lo dejaron en libertad al ver que no llevaba nada de contrabando. La cocaína es otra de las drogas que se trafican en las zonas fronterizas. El gobierno colombia- no asesora a los campesinos para que abandonen el cultivo de la coca y lo sustituyan por el de la yuca, pero siguen cultivando la coca porque la yuca no les da para comer. En La increíble y triste historia de Eréndira, Ulises, quien va a liberar a la protagonista de su despiadada abuela, es hijo de un contrabandista de La Guajira, y su abuelo y su padre también lo son. Uno de ellos muere acribillado por los dis- paros de un rival. Ya cerca de Maicao notamos que a lo largo del camino había gente con bidones de polietileno: ellos venden gasolina que han ido a comprar a Venezuela, donde es más ba- rata. Como no tienen establecido un precio, Rafael abrió la ventana y la compró después de un largo regateo. En Maicao abunda todo tipo de tiendas. Hay edificios y puestos callejeros que venden ropa y zapatos. Por la ropa que vestían los dependientes se asemejaba a uno de esos bazares típicos del Medio Oriente. Maicao es uno de los lugares del país donde hay mayor número de inmigrantes del mundo ára- be y su mezquita es la más imponente de toda América Latina. En su mayoría son inmigrantes de países como Siria, Líbano, Palestina y Jordania, que llegaron a Colombia a finales del siglo xix, cuando esa zona estaba bajo la administración del Imperio Otomano, razón por la que se les sigue llamando “turcos”. Pienso que los bazares de las obras de García Márquez son como las tiendas que se ven allí. Los primeros árabes que lle- garon eran maronitas y muchos de ellos se casaron con católi- cos, pero los inmigrantes musulmanes que llegaron después Por los caminos de.indd 52 2/16/15 12:01 PM
  • 35. 53 La península de La Guajira 53 de los años setenta, aunque se adaptaron a las costumbres del lugar, han mantenido firmes sus creencias hasta el día de hoy. Graciela me dijo que podía estar tranquila porque allá no venden imitaciones, que toda la mercadería es robada o llevada de contrabando, aunque sus palabras no me parecieron propia- mente las de un jurisconsulto. En los escaparates de una tienda de cosméticos mostraban cantidades de perfumes de marcas famosas, como Christian Dior o Yves Saint Laurent, y en unos carritos tenían amontonados otros productos de menor categoría a precios de rebaja. En una tienda de carteras Graciela descubrió enseguida el último modelo de Louis Vuitton y se lo compró. Yo buscaba unos lentes con montura de buen diseño, pero aban- doné la idea porque todas eran de estilo tropical. Lo que real- mente me sorprendió fue ver llegar a Vera con un nuevo asiento de repuesto para el retrete de su casa. Lo cargamos en el carro y seguimos el viaje. Una visita a la ranchería de los wayúus Al día siguiente de regresar a Riohacha recibí una invitación sor- presa. Me invitaron a visitar una aldea de los wayúus, que ellos llaman “ranchería”, como la que se menciona al principio de Cien años de soledad, y a la que fue a vivir el bisabuelo de Úrsula con su mujer, porque ella no podía dormir a causa de las pesadillas en las que los ingleses venían a atacarla. Elisenda, la empleada de la agencia que organizó nuestro viaje, vivía en la ranchería y fue quien se encargó de preparar nuestra visita. Recuerdo que cuan- do estuve en Cartagena, una mujer de unos 40 años que había na- cido en una ranchería del departamento de César me contó que, Por los caminos de.indd 53 2/16/15 12:01 PM
  • 36. 54 Por los caminos de Cien años de soledad 54 cuando tenía 17 años de edad, su padre la entregó a un ganadero de 65 a cambio de treinta ovejas. Elisenda nos contó que la cos- tumbre de vender a las hijas todavía persiste, pero que Elisenda abandonó la ranchería a tiempo y se casó libremente. De camino por el desierto de La Guajira llegamos por fin a una de esas rancherías, de las que no habíamos podido descu- brir ni siquiera su sombra. Aproximadamente a una hora del centro de Riohacha se acaban las casas y sigue un camino ar- bolado. Entramos por un gran portón de madera a un claro ro- deado de árboles raquíticos que casi no proyectaban sombra, y al fondo estaba la ranchería. Las construcciones eran similares a las que vimos en el Cabo de La Vela, con paredes de madera y techos de palma, pero no tan miserables. Elisenda se encargó de acompañarnos. Las casas estaban dispersas en un matorral de arbustos y había corrales para el ganado, un sitio más amplio de lo que imaginaba. Allí vivían unas cien personas; todas parientes de la madre de Elisenda y, como la abuela de García Márquez, apellidadas Iguarán. Son grupos familiares matriarcales con un antepasado mítico co- mún, en los que los hijos de distintos padres heredan el apelli- do materno y viven juntos. En estas comunidades, la autoridad de las mujeres supera la de los varones. Es posible que la organización social de esta etnia se base en su mitología. La lluvia de primavera es la madre de los wa- yúus, que nacieron de Jepirachi, el viento del noreste que se origina en el Cabo de la Vela. El invierno, hermano de la lluvia de primavera, es el tío materno y uno de los seres sobrenatura- les más importantes de su mitología, y está casado con seres hiperfemeninos asociados a determinados lugares de la penín- sula. Esos seres son dueños de todos los que habitan la tierra y Por los caminos de.indd 54 2/16/15 12:01 PM
  • 37. 55 La península de La Guajira 55 los mares, y el invierno los visita periódicamente. En otras pa- labras, los hombres no tienen residencia fija y mantienen vín- culos con varias mujeres de la península. En la ranchería que visitamos también tenían una escuela. Antes obligaban a los niños a aprender el español, pero ahora las clases se imparten en su lengua, llamada wayúunaiki. En el claro que hay en el centro de la aldea, una pareja nos hizo una demostración de las danzas de cortejo. La mujer vestía manta guajira de color rojo y llevaba un mantón del mismo color que le cubría la cabeza. Su rostro, apenas visible, tenía unos di- bujos de color negro. El hombre llevaba taparrabo y un gorro te- jido, también de color rojo, adornado con plumas de aves. La pareja bailaba al compás de unos rústicos tambores, a veces acercándose y otras alejándose entre sí. Nos habían preparado un recibimiento que era demasiado para nosotras tres. Las chozas en que habitan y cocinan están hechas de madera con rendijas, para que estén bien aireadas, y tienen unos quioscos con los pilares gruesos y los tejados de hierba sin paredes donde trabajan o reciben a los visitantes. Las muje- res que tejían o hilaban me mostraron unas hamacas y bol- sos de diversos tamaños. La madre de Elisenda, una anciana que tendría más de 80 años, enseñaba a tejer a las muchachas. Según su tradición, la mítica araña Walekerü les enseñó a los wayúus el arte del tejido, y es costumbre que las abuelas trans- mitan a sus nietas este arte en la adolescencia. Ellas mismas van a las tiendas de artesanías de Riohacha a vender sus trabajos. En un lugar retirado de la aldea hay un pozo. En las zonas más secas de las costas del Caribe el agua tiene un valor inesti- mable. Según las crónicas de los españoles que llegaron en el siglo xvi, durante la época de lluvias los nativos juntaban el Por los caminos de.indd 55 2/16/15 12:01 PM
  • 38. 56 Por los caminos de Cien años de soledad 56 agua en estanques, aprovechando las depresiones naturales del terreno, y cavaban pozos. El control y distribución de las aguas es una tradición muy arraigada en la cultura wayúu y ha sido frecuentemente motivo de disputas. Esto no ocurría en la ranchería que visitamos, pero en el desierto, donde las tribus no tienen asentamiento fijo, se producen enfrentamientos entre quienes administran los estanques que ha construido el gobierno conforme a un plan de ayuda y los que usan el agua. Me interesé mucho por conocer de qué manera solucionan esas disputas. Los viajeros franceses que visitaron esta zona en el siglo xix dejaron sus impresiones en un libro titulado Riohacha y los indios de La Guajira. ¿Cómo quiere que el indio no sea vengativo e interesado cuan- do la venganza y el interés son la base de sus leyes y se le enseña al niño, tan pronto como alcanza la edad de la razón, a vengar a su padre, indicándole el nombre del asesino? Igualmente si oca- sionó una herida, un accidente, un perjuicio, aun involuntaria- mente, tiene que pagar a la víctima el precio de la sangre, reparar el mal causado proporcionalmente al daño y a la canti- dad del ofendido. No se conocen sino dos castigos: la muerte y el despojo de sus bienes. Y cuando se transgrede esa ley, se procede de la siguiente ma- nera: Un día un indio vino trayendo dividivi y cueros a un habitante de Riohacha. Éste, para agradecerle, le dio algunos tragos de ron y hacia la tarde, el indio, totalmente borracho, al querer Por los caminos de.indd 56 2/16/15 12:01 PM
  • 39. 57 La península de La Guajira 57 cruzar el río para regresar a su rancho, se ahogó. Fue imposible encontrar el cuerpo. Los parientes vinieron a reclamar el valor, el precio de la sangre, al riohachero, por dos razones: la primera, porque el pariente murió al servicio de un civilizado, en el curso de un trabajo que le había encomendado; la segunda, porque el ron fue la causa de su pérdida. Para evitar represalias y una multitud de disgustos, el civili- zado tuvo que pagar (…). Si no hubiere pagado, los indios ha- brían podido matar al primer colombiano que hubiesen encontrado en su camino, siempre en función de su ley bárbara: El colombiano lo hizo, el colombiano pagará. Cuando le pregunté a Elisenda si en La Guajira regía la ley del “ojo por ojo y diente por diente”, me respondió que la cosa no era tan simple; que cuando una parte ha sido víctima de un atropello o de un agravio, es costumbre so- pesar primero las fuerzas de los enfrentados para buscar la manera de minimizar el costo material y humano, y para restaurar las relaciones y el respeto entre ambas partes. Una vez alcanzado un equilibrio, se hacen las paces, pero si las negociaciones fracasan, hacen la guerra. E incluso en estos casos extremos queda el recurso de solicitar los buenos oficios de una persona conocedora de la historia y experimentada en estos litigios, a la que llaman “palabre- ro”, que intercede y, con su poder persuasivo, les recuerda lo sangrientas que fueron en el pasado las luchas por asun- tos como éste, cuán importante es mantener la paz y res- petar la vida humana, etc., etc., hasta que finalmente consigue que se llegue a un acuerdo. Las Pütchi pü, unas “aves prudentes y sabias” de la mitología wayúu, que con Por los caminos de.indd 57 2/16/15 12:01 PM
  • 40. 58 Por los caminos de Cien años de soledad 58 su canto presagian la ocurrencia de un suceso, parecen ser el origen de los llamados “palabreros”, a quienes todos res- petan y tienen por sabios. Al atardecer salimos de Riohacha y nos encaminamos a Santa Marta, una ciudad portuaria que por sus vastas playas de blanca arena es conocida como “La perla de América”. Por los caminos de.indd 58 2/16/15 12:01 PM

Related Documents