Nacionalismo en un mundo descentrado. El papel de los Estados nacionales en la construcción del sujeto. ...
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Nacionalismo en un Mundo Descentrado

Published on: Mar 3, 2016
Source: www.slideshare.net


Transcripts - Nacionalismo en un Mundo Descentrado

  • 1. Nacionalismo en un mundo descentrado. El papel de los Estados nacionales en la construcción del sujeto. Gonzalo Hernández SanjorgeGlobalización vs. Nacionalismo. La contraposición imposible. Jorge Luis Borges (creo que refiriéndose a Chesterton, pero aquí la memoriapuede fallarme) menciona la imagen de un laberinto sin centro. Dicha imagen pareceimposible de ser aplicada a la morada del Minotauro, e incluso de aplicarse a lasversiones laberínticas usadas como ornamentación de parques y jardines. Es decir, entanto configuraciones arquitectónicas, los límites parecen inmóviles y por ello el centroes un lugar ubicable, aunque en la práctica sea más o menos difícil de hacerlo. Sinembargo, el discurso científico ha dado ejemplos de “laberintos” sin centro. Porejemplo la astrofísica ha permitido ver el universo y las galaxias como sistemas que se“descentran” permanentemente a causa de que se van expandiendo, como unaespecie de globo que se infla. Es ese constante movimiento lo que habilita a pensar enel “centro” como una idea imposible de ser fijada. En la versión borgeana la idea de un laberinto sin centro apoya su funciónmetafórica en la expresión sin centro, mientras en el último caso se apoyaba en laexpresión laberinto. Podría ser interesante aplicar esta confluencia metafórica en unlugar donde laberinto y sin centro continúan siendo metafóricas y, a la vez, esencialespara describir el objeto al que se aplican: el campo de las transformaciones culturales. Para la modernidad el laberinto de las transformaciones sociales encuentra sucentro radicalmente estable en el Estado, en la Nación, en eso que se ha llamadoEstado Nacional. He ahí el nudo articulador desde el cual se teje, se desteje y seentiende el conjunto de las transformaciones sociales. La Nación, lo nacional, sevuelve así un elemento de identificación y referencia, una categorización básica quepermite (en virtud de su centralidad) comprender y estructural el resto de losdispositivos sociales. El carácter postcentrista1 de nuestro universo cultural en el que se estructuraun nuevo tipo de subjetividad, de sujeto, radica en su configuración de universodescentrado. Esto significa que el movimiento propio de la subjetividad en nuestracultura, su expansión, ha hecho perder el lugar central que antes se le confería a losEstados nacionales. Esto no significa que los Estados nacionales no tienen ya ningúnpapel en el entramado político, simplemente significa que ahora la subjetividad social(es decir la producción social de sujeto) no queda referida a ellos. Puede citarse una gran y cataclísmica crisis en el imaginario occidental sobre lopolítico, que bien puede considerarse como análoga a las crisis a las que sobre eluniverso tuvo la revolución introducida por el pensamiento de los astrofísicos desde1 En varios pasajes cierto pudor intelectual de quien piensa desde América Latina me impedirá hablar abiertamente de postmodernidad, aunque piense insistentemente en ese término.http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/index.html 1
  • 2. Nacionalismo en un mundo descentrado. Gonzalo Hernández Sanjorge A Parte Rei 41. Sep 2005mediados del siglo XX. Se trata del momento en que los Estados nacionales resultaninsuficientes para generar centralidad y la noción de sujeto se construye,principalmente, desde otros lugares. Los cambios en la noción de sujeto (ahora ligadaa procesos de descentramientos que permiten calificar la cultura como esquizo)suponen la constatación de un cambio topográfico importante. Un cambio de sistemade producción y apropiación de sentido, un cambio de cultura. La idea de globalización es una idea que permite dar cuenta deldescentramiento de lo social respecto del estado nacional tomado como puntooriginario. Tal vez no sea ocioso recordar que la relectura de la modernidad hapermitido considerar que los estadios originales, que las situaciones originarias, sonsiempre una trampa presentadas por la justificación impropia de la realidad, es decir,por el intento de reificar una situación dada haciéndola la única posible, imponiendouna ontología donde sólo había un accidente. Pero para que el concepto deglobalización permita dar cuenta de ese descentramiento es necesario establecer allíciertos matices, ciertas precisiones mínimas pero importantes, ya que se trata de untérmino usado en varios sentidos diferentes por el habla cotidiana. La globalización ha sido, generalmente, tematizada a partir de una serie demanifestaciones epidérmicas como las pizarras de los cambios de moneda y lasimilitud arquitectónica (antes vía escuelas arquitectónicas y ahora vía repetitividad deagentes comerciales, léase McDonald´s, Rock Café, made in Taiwan, etc.). Así leída,la globalización parece encontrar su sello más distinguible en la idea de grifa, larepetición, como marca o sello de lo mismo haciendo de las diferencias una ilusión, undato anecdótico. Las políticas generales planteadas a numerosos países por el FMI ylos esquemas de funcionamiento de otros organismos internacionales parece ir en esesentido, así como la publicidad televisiva. Se trata de la vacuidad del si mismo, que yatematizaron Adorno y Horkheimer, ahora en su versión más escandalósamentesuperficial. Luego de todo este introito sobre lo metafórico pasemos a una afirmaciónfilosófico sociológica más contundente. Si en la modernidad la producción social desubjetividad, es decir, de sujeto, encontraba en el Estado nacional la instanciafundamental (en tanto fundamento y en tanto dispositivo principal de producción) ahoranos encontramos con la existencia de una nueva topografía (al menos como escenarioposible) donde el Estado nacional ya no es la instancia fundamental de la producciónsocial de subjetividad. Dicho esto, nos encontramos con que en este nuevo espaciotopográfico de construcción del sujeto, hablar de sujeto es ya un recurso lingüísticocasi obsoleto si no es como eufemismo, como mero atajo discursivo que sirve,implícitamente, para contraponer la nueva situación a la de la modernidad. Se trata,pues, de la constatación crucial de un nuevo paisaje. Todo esto permite suponer que las discusiones sobre una constitución europeay las reorganizaciones de las estrategias de confección del Mercosur (por poner sólodos ejemplos) no son meros asuntos de retórica o de politiquería. Incluso la distanciaentre la unificación legislativa del Mercosur y un imaginario unificado de ciudadanosmercosurianos, no elimina el hecho de la globalización más allá de lo económico, sinoque muestra –a lo sumo- una descuidada y grosera pretensión de reducir lasubjetividad social a un asunto administrativo. Pero el término globalización no se agota en lo administrativo, por el contrarioes el indicador de un descentramiento en la construcción social de subjetividad. Enesto los avances de las tecnologías de la información (desde la televisión a Internet)generan un nuevo tipo de cosmopolitismo que ya resulta inevitable. Por lo tanto laglobalización no es un mero elemento a oponer al concepto de Estado nacional,porque la globalización es ya una manera de producir significado en nuestra cultura.Suponer estrategias de desarrollo nacional que no impliquen algún tipo de vínculoglobalizador significa hablar de otro mundo.http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/index.html 2
  • 3. Nacionalismo en un mundo descentrado. Gonzalo Hernández Sanjorge A Parte Rei 41. Sep 2005 A la globalización sólo se le pueden oponer también globalizaciones. Laspolíticas de resistir la globalización apelando a lo puramente local terminan porimponer una serie de tradicionalismos más que de tradiciones. De hecho losnacionalismos resultan siempre sospechosos de reaccionarios y elitistas. Pensemossino en los procesos libertadores americanos, que resultan la referencia inevitable detodo nacionalismo construido en este continente. Puede que el ideario de dichosprocesos haya sido profundamente revolucionario, pero lo que cristalizó de ellos fueprofundamente reaccionario y en un sentido literal. Simplemente se sustituyeronautoridades extranjeras por autoridades locales, sin modificación sustantiva de laoperatoria general.2 Actualmente la apelación al nacionalismo suele tener los mismosinconvenientes, parecen ser el nombre solemne para reclamos parcialistas de gruposque buscan su enclave en el poder. Lo que es peor, convertido el cosmopolitismoideológico en una tradición (en tanto a la globalización sólo se puede oponereficazmente una globlalización contraria y no lo contrario de una globalización), esosmovimientos tendrían que apelar a rasgos tradicionalistas para la configuración de unaidentidad alternativa (con el posterior esquematismo, vaciamiento y caricaturizacióndel recurso) para producir consensos amplios por parte de esos grupos. Un intentoemparentado con son las tribus urbanas esto (aunque aquí hay la fundación de untradicionalismo y no su recuperación), cuyo carácter es la segmentación de la ciudadsin fines universalistas, aunque en su interior se organiza una identidad monótonabasada en la generalidad del concepto que se exterioriza como estereotipo.La globalizaicón como una forma de construcción de sujeto. La globalizaciónmás allá de lo epidérmico. La noción de Estado nacional debe ser resignificada a la luz de las variacionesde los procesos de producción social de subjetividad y no meramente a causa decoyunturas políticas, de consecuencias reversibles de estrategias políticas (y por lotanto de opciones que pueden eliminarse). No estamos sólo en un momento más de lamodernidad, estamos en un momento que tiene de derivar en un ámbitoprofundamente diferente. Para entender esto es necesario separar la globalización, enel sentido más generalizado (como antes se mencionó) y lo que podríamos llamar laglobalizavilidad con lo cual se pretende apelar al carácter novedoso por el cual lasubjetividad del sujeto puede quedar referida a casi cualquier instancia territorial ytemporal –vía las tecnologías de la información y del consumo- con lo cual esareferencia ya no se encuentra organizada en relación al Estado nacional. Esta posibilidad, dada –desde una óptica postestrucutralista- por lavisualización del ser humano como una máquina deseante y el sujeto como un residuoque juega el papel de una referencia accidental y transitoria -pasando a ser laidentidad una suerte de tendencia estadística- no siempre aparece emparentado conel sistema de democracia radical que ese tipo de relaciones requiere para cumplirsetotalmente. Dicho de otra manera, cualquiera puede ser lo que quiera (inclusoconstruyendo identidades que son una suerte de frankenstein con suturas más omenos groseras, acaso Mickel Jackson sea el ícono del Frankesntein contemporáneo),pero eso no implica que se viva en un sistema de respeto y tolerancia sobre el otro, talcomo la postmodernidad parecería exigir, prometer, o poner en la base de laexplicación del surgimiento de la superación de la modernidad. La mayor libertad en la2 Con esto no quiero decir que mejor no hubieran ocurrido, simplemente quiero remarcar que la operatoria de los sistemas de poder y dominio no variaron sustancialmente aunque en términos históricos resulte imortante la participación de nuevos sectores sociales al interior de la distribución del poder político para explicar cambios y movimientos posteriores.http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/index.html 3
  • 4. Nacionalismo en un mundo descentrado. Gonzalo Hernández Sanjorge A Parte Rei 41. Sep 2005aparición de nuevos actores sociales y nuevas identidades antes impensadas comoreferencias públicas de identidad (y por lo tanto de agrupamiento) no debe tampocohacer creer que estamos ante un momento de irrestricta libertad y de apariciónvitalmente irrefrenable de viejas conductas que antes no tenían espacio público.Pensemos por ejemplo en la situación de la dislocación entre el sexo y el género.Mientras en la modernidad el género aparecía vinculado al sexo, de maneradeterminante, ahora sexo y género no se encuentran en una correlación necesaria. Asíparece que asistimos a una liberación del travesti, figura que se encuentra en una fasede explosión mediática. Cierto que el travesti, en cuanto signo cultural, delata laexistencia de una ruptura entre lo biológico y la personalidad, lo que supone unaruptura sustantiva frente al anterior modelo de producción de sujeto, abriendo laposibilidad de concebir y vivenciar un espacio no cartesiano de producción del sujeto.Sin embargo, el travesti en cuanto experiencia concreta, en cuanto signo puramentegrupal, resulta no tener ese papel en la práctica. Si observamos, el travestí comohomosexual masculino resulta que es puesto en los medios masivos de comunicaciónen tanto es un nuevo objeto de deseo para el hombre. Es llamativo (aunque fácilmenteexplicable por la organización masculina del discurso informativo y publicitario) que lahomosexualidad femenina no tenga la misma participación mediática. Esta distinción pareciera tener dos consecuencias inmediatas. La primera esque el nacionalismo no puede oponerse a globalización, en tanto con ambos nombresse determinen fenómenos que, básicamente, son administrativos y que, lógicamente,no se presentan como contradictorios. Por lo tanto la globalizivilidad no se opone a losEstados nacionales sino que estos deben reconocerla para subsistir, por eso mismodeben resignarse a quedar acotados como administraciones de identidades, decampos identitarios, y no como la forma fundamental de generación social desubjetividad. Por lo tanto el Estado nacional resulta ser una referencia de identidadsocial de carácter no primordial, de orden secundario. Pensemos nuevamente en lasllamadas tribus urbanas, ellas se estructuran en base a elementos puramenteexteriores y estereotipados (ropas, movimientos, lenguaje, etc.), allí la aparición decualquier solidaridad territorial más amplia aparece secundariamente y la referencia aun objetivo universalista que pretenda generar o referir a un estado es casiinsignificante o, incluso en muchos casos, absolutamente nula. La producción socialde identidad no se estructura ya por el Estado nacional. La segunda consecuencia de la distinción antes planteada es que laglobalización aparece siempre como una reificación: la de lo accidental comosustancial (que ha generado la satanización de esta etapa cultural considerándolameramente un momento del consumo exorbitado). Por lo tanto la globalización quedareducida en el imaginario a los aspectos más superficiales, es decir, a los másepidérmicos y visibles y, por tanto, a las manifestaciones que resultan desde unordenamiento de poder dado. Por eso, generalmente, se tiende a repudiar laglobalización oponiéndole un estado nacional sin entender la manera en que laglobalizavilidad forma parte de nuestra cultura, haciendo impropia y sin fertilidad taloposición.Globalización vs. Nacionalismo: el juego de las falsas dicotomías. El gesto de espanto con que el grueso de la población mira a las tribus urbanases el mismo gesto de espanto con el cual la modernidad miraba a los pueblosprimitivos (los bárbaros, para continuar con el lenguaje griego). La forma distintiva delas culturas primitivas es el uso del cuerpo como forma de diferenciación fija del grupohttp://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/index.html 4
  • 5. Nacionalismo en un mundo descentrado. Gonzalo Hernández Sanjorge A Parte Rei 41. Sep 2005entre otros grupos (tatuajes, cortes, máscaras, vestimentas, coloridos, maquillajes,etc.). Allí la ley, que siempre implica una pertenencia, se ejerce como una marca sobrela carne, sobre la exterioridad del individuo. Lo que importa no es tanto que la leyrestituya un orden, el orden del mundo, sino que los cuerpos marcados, configuran unorden donde los lugares son reconstruidos como sitios marcados. El cuerpo llevasobre sí una proliferación de signos que pueden ir hasta el barroquismo, en la medidaen que ese lenguaje se imprime sobre la carne. El hecho de que la primitivez se repitaen grupos actuales vía piercing y tatuajes (por ejemplo) muestra elaboraciones deidentidades grupales excesivamente pobres en lo que refiere a un imaginariointroyectado, tanto que necesita siempre hacerse presente como superficie, comopermanencia de una marca. A falta de unidad ideológica surte efecto unificador elmismo uso de ropas, de peinados, etc. Se trata de un sistema de representaciónescénica de la identidad. Con el tiempo y la cultura, esa sobreimpresión dejó de ser necesaria. Puedepensarse, pues, que esa marcación tendió a desvanecerse, a desaparecer. Sinembargo nada de ello ocurrió. La producción social de identidad no necesitó marcar elterritorio visible (o al menos, no hacerlo de la misma manera, como marca indeleble ala vista). Ello puede hipotetizarse mediante el supuesto de que la introyección de laidentidad socialmente producida por los dispositivos de producción social desubjetividad era lo suficientemente fuerte y estable como para no necesitar esasmarcas estrictas. Así fue posible, luego de una larga historia, que los estamentossociales se fundieran al interior de las clases sociales. La cultura, como mediación,supuso la dilución de la marca absolutamente visible en beneficio de una comunidadcada vez menos restringida. Así es posible participar de la ideología que vuelve a todauna sociedad una cultura sin pertenenecer directamente a los estamentos donde seproduce esa ideología como parte de un interés propio. Dicho de otra manera: toda lacultura se ve permeada por la forma cultural de producción social de subjetividad a talpunto que podemos encontrar ahora defensores del capitalismo entre lo obreros,mujeres que promueven (con sus conductas y sus opciones) el machismo, etc.3 Por lotanto cada colectivo debe ser revisado antes de proponer solidaridades que ya nopueden establecerse fácilmente4. Por supuesto que toda esta historia (esta especie defases históricas de la identidad) resulta sólo una organización inteligible pero enningún momento pretendo sugerir que todo ha funcionado homogénea yperfectamente, por el contrario es fácil encontrar la coexistencia de varios modos eintensidades en la producción e introyección de identidad en un momentodeterminado. Vistas así las cosas, el Estado nacional como referente de la modernidad en laproducción de subjetividad, propuso una serie de falsas dicotomías. El problema nofue nunca entre en capitalismo y el comunismo, lo mismo que no lo fue entre elmachismo y el feminismo. Nada de eso. La oposición real es entre quienes están afavor de la vida y la libertad, tratando de radicalizar la democracia con el respeto y eljuego dialógico que ello supone, y quienes están a favor de la dominación y la muerte.3 Lo cual debiera ser ligado a la afirmación de Foucault de que el poder no existe como lugar único y discriminatorio, sino que se ejercita permenantemente por todos los individuos, ya que el poder cruza todas las relaciones.4 Por ello cuando un partido político dice apelar a la comunión con el proletariado esto sólo es entendible como tendencia estadística pues ese colectivo posee demasiados elementos dentro que debieran ser revisados y testeados uno por uno. Los colectivos organizados por caracteres no ideológicos (el proletariado definido según posesión o no de medios de producción) poseen una estructura absolutamente poco homogénea. La noción de clase como noción ideológicamente completa y como consecuencia inevitable de una praxis social, resulta inevitablemente obsoleta. Eso hace imposible concebir un partido como representante de esa voz única.http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/index.html 5
  • 6. Nacionalismo en un mundo descentrado. Gonzalo Hernández Sanjorge A Parte Rei 41. Sep 2005Esa es la verdadera disyunción. La única que, de asumirla, puede llevarnos aestablecer una ruptura severa y de fondo con la modernidad, con su forma deproducción social de subjetividad. Por ello mismo, la dicotomía entre globalización y Estado nacional no resulta niprovechosa ni eficiente. Es otra vez errar el tiro. El Estado nacional sólo puedeentenderse hoy como una forma de administración local, con el consabido riesgo deque apostar por apoyar el made in here (la industria local) o apostar por apoyar losemprendimientos a partir de la localidad del ciudadano no terminan por ser todo lobeneficioso que se espera en virtud de que la dicotomía democracia – dominación norecorta adhesiones a partir de la pertenencia a un lugar de nacimiento. Recordemos(únicamente a modo de ejemplo) que las interconexiones y vinculacionesempresariales hacen muchas veces que la competencia sea solo superficial ya quemuchas marcas competidoras pertenecen a una misma empresa. Una pretendidasolución a ese riesgo, buscando minimizarlo es acentuar lo político más en la palabraEstado que en la palabra nacional. Lamentablemente eso tampoco es seguridad delapoyo real a la radicalización de la democracia erradicando políticas de dominaciónbasadas en criterios de posesión de una sacrosanta verdad revelada y a la que losdemás no pueden acceder por estar alienados.El individuo como fantasía. Organizada así la mirada es posible concluir que el Estado nacional fue solo unmomento necesario de la globalización y, por lo tanto, su existencia tendía a susuperación. Es que el Estado nacional, como generación de un tipo particular desujeto, fue la superación de ese momento primitivo en que la producción social desubjetividad se instauraba como una marca absoluta en el cuerpo del individuo. Elpaso del estamento o la casta a la clase social es el paso a la movilidad social, cuandotal cosa permite mantener el sistema general de producción de subjetividad social. Dela marca feroz en la carne hemos pasado a la pasión, a la marca sutil al interior de lacorporalidad, marca que organiza el cuerpo y sus acciones. El trabajo de marcaje seoculta, como en la división macho – hembra se oculta la acción cultural haciendoaparecer el género como una consecuencia propia de la división biológica de lossexos. Antes el cuerpo estaba marcado, ahora el cuerpo es en sí mismo una marca, elindicador de una marca. Lo que tienen en común esos tres momentos puestos en secuencia (laorganización primitiva de la producción de subjetividad, el Estado nacional y laglobalización –con el perdón de la aberración en la nomenclatura) es que todaspertenecen, en definitiva a un modo de funcionamiento del concepto donde quedacancelada toda posibilidad de individuación. El individuo nunca ha existido, en tanto setrata de incluirlo en un grupo general. La diferencia queda diluida ante lo mismo, loigual. Recordemos que la larga búsqueda búsqueda de definir al ser humano en virtudde una esencia, fue parte del mismo proceso de eliminación de toda diferenciaindividual. Todo ese trabajo sobre los individuos resultó ser parte de una operatoria delcontrol social. La globalización (como cosmopolitismo de lo mismo) remite a un nuevo estadiode pérdida de individuación mediante el afianzamiento de un si mísmo vacío y, porello, igual a todo sí mismo. La idea de familia, sangre, raza, etc, no hace sinorepresentar de manera bestial la vivencia de ese impulso hacia lo mismo queevidencia una suerte de necesidad compulsiva de erradicar todo lo que fuera lo otro.http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/index.html 6
  • 7. Nacionalismo en un mundo descentrado. Gonzalo Hernández Sanjorge A Parte Rei 41. Sep 2005 Se podría proseguir la idea de la marcación en la carne por la forma deproducción social de subjetividad mostrando que en la globalización ya no esnecesaria ninguna marca en el cuerpo. Por lo tanto ahora el sexo puede ser desligadoabsolutamente del género. Y cabría preguntarse si esto es más un elemento de lapostmodernidad o un resultado de afianzamiento de los sistemas de control operadosen la modernidad. Podría pensarse que la introyección del sí mismo vacío de lamodernidad es de tal vigor y grado de fijación que el cuerpo parece no necesitarninguna marca particular. El sueño de la movilidad social absoluta (mejor ejemplificadoen la versión extrema del sueño americano) hace que las marcas sean coyunturales yno sustantivas (vestimenta, ademanes, palabras en el discurso, etc.). Dicho de otramanera, nada significa nada por sí mismo y todo depende de cómo juega en elsistema de producción y apropiación de sentido que configura una cultura. Hastaahora la desarticulación entre sexo y género no ha resultado un elemento que permitala vivencia de una nueva libertad de manera plena, en sentido social. Es el imperio del nihilismo, pero no del nihilismo como recordatorio de lainexistencia de una verdad última, de la palabra de Dios, que llevaría a la necesidadde asumir el juego democrático y de respeto por la diferencia (poniendo la democraciacomo límite ultimo de legitimación de la existencia de la diferencia) como forma únicade resolución de la vida social. Algo que tuviera esas consecuencias sería un nihilismopostmoderno. Pero hay también un nihilismo moderno, un nihilismo que proclama elfinal de la historia en virtud del agotamiento de la producción social de subjetividad porparte de la modernidad. Este nihilismo es el que ve en la muerte (ajena y propia) y enel sometimiento una posibilidad real para solución de conflictos. La falta de un Dios setraduce inmediatamente como negación del ser humano y entonces cualquier barbarieestá legitimada por la falta de un canon único. El nihilismo modernista es aquel que tras asumir la inexistencia de un modeloúnico siente el terror de la falta de un padre y entonces busca sucedáneos a esasensación. Es particularmente llamativo el hecho constatado sociológicamente sobrela alta participación de jóvenes en el fenómeno de las tribus urbanas. La necesidad deuna identidad cerrada se manifiesta allí como guetización que busca un placebo depadre. Y nuevamente el cuerpo vuelve a ser un dispositivo a marcar, solo que en estecaso tratando de hacer de lo accidental algo sustantivo (vestimenta, peinados,piercing, tatuajes, etc.). El cuerpo se pretende como el lucimiento de una diferencia,pero termina siendo una diferencia cuya producción es una producción en masa, y porlo tanto solo puede aparecer como una diferencia grupal. Es la misma lógica quepostula la publicidad (la lógica de la producción social de subjetividad) cuandopretende garantizarnos que tendremos algo único de un producto que se producemasivamente.La radicalización de la democracia y el nuevo sujeto. La cultura (en tanto sistema de mediación y anclaje) es una forma deapropiación y producción de sentido, es decir es una forma particular de articulaciónde los dispositivos productores de subjetividad. La cultura cambia cuando lo quecambia es el sujeto que allí se construye, dicho de otra manera, cuando hay un cambioen la apropiación y producción social de subjetividad. Por supuesto que toda la producción social de subjetividad, que todos losdispositivos de producción de sujeto producen siempre un plus respecto de esaproducción de subjetividad socialmente instituida, tal que es esa misma operatoriaexcedente la que hace posible que la subjetividad social cambie, que nos podamosencontrar un nuevo sujeto. Es ese mismo plus el que permite explicar el cambio entrehttp://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/index.html 7
  • 8. Nacionalismo en un mundo descentrado. Gonzalo Hernández Sanjorge A Parte Rei 41. Sep 2005una cultura y otra, haciendo posible explicarlo como una fenómeno social sinnecesidad de incluir agentes externos o sentidos inmanentes. En este encuadre esque debiera ser entendida la hipótesis de dos tipos de nihilismo, uno modernista y otropostmodernista (si se me permite tal cosa). La modernidad produjo elementos quemás allá de sustentar la modernidad han permitido quebrarla o, al menos, avizorar ladirección de las líneas de resquebrajamiento. El funcionamiento de la modernidad ensu instauración social de subjetividad produjo también un sujeto de otro tipo gracias aque la relación entre individuo y sociedad es siempre una relación de mutuointercambio y determinación. De esta manera es que se puede ver en la cultura laafirmación hegeliana (más conocida en la versión retomada por Marx) de que unfenómeno contiene en sí mismo las causas de su superación y que permiten explicarel viejo dilema griego por el cual algo que era deja de ser lo que era y algo que no erapasa a ser. Todas las marcas instauradas en la producción social de subjetividad generanefectos secundarios que pueden contener las contradicciones necesarias paraprovocar cambios radicales en la forma de producción de sentido de una cultura. Essólo mediante la contradicción que se opera el movimiento de los fenómenos y de larealidad, como ya postulara, a su manera, el antiguo Heráclito. Es de esta manera que la subjetividad es siempre, y antes que nada, un asuntosocial. Los sujetos no pueden ser considerados aisladamente de su cultura. Lasubjetividad -en su propia operatoria- produce y –a su vez- es producida. Es estamutua interdeterminación que permite entender la manera en que los sujetos a pesarde ser funcionales a un sistema siempre son, en alguna medida, disfuncionales puestoda máquina deseante funciona siempre al costo de funcionar un poco mal. Suponer que en el nuevo contexto cultural el nacionalismo ya no es la formaprimordial de producir estabilidad en el sistema -de producir subjetividad social-significa que la globalizavilidad es un echo. Pensar en el nacionalismo como unregreso a la instancia micro de lo social (el sueño –a nivel de Estado- del regreso a larelación face to face) puede ser un bonito sueño, pero es un sueño imposible de serllevado adelante por el nuevo tipo de sujeto de este estadio cultural. No hay proyectopolítico (ni política social adecuada) si no es adecuada al tipo de sujeto que debellevarlo adelante. El nacionalismo no puede sino ser la administración de una solidaridadrestaurativa dentro de un campo administrativamente delimitado. No puede sino seruna suerte de acción que tienda a disminuir y eliminar los desequilibrios producidospor la globalización. El sujeto, como construcción, ya no se elabora desde el centramiento, desde laidea de homogeneidad y unicidad, sino desde la posibilidad constante dedescentramiento, de desplazamientos, de movimientos continuos. No se trata siquierade un salirse de sí mismo porque ya no hay sí mismo. En términos estrictos asistimosa la muerte del sujeto, a la proliferación del agente, que en virtud de su operatoria desubjetividad (propia y socialmente producida) produce efectos de superficie,accidentes sin sustancia. Al nacionalismo en este universo polifónico donde lo social se ha fragmentadocasi al infinito, donde (siguiendo a Vatimo) parece existir un conjunto infinito dedialectos sin lengua madre, lo que le queda es la generación de simpatías entregrupos de proximidad territorial en virtud de las instancias administrativas que loscolocan en el mismo territorio físico. El nacionalismo, en el mejor de los casos, nopuede ser sino la apelación a un conjunto de tradiciones que, necesariamente, tendránun aspecto global. Pero las tradiciones a las que se apelen deben ser las tradicionesposibles de ser llevadas adelante por el nuevo tipo de sujeto, posibles de ser aplicadasen el nuevo territorio de producción social de subjetividad. Por lo tanto, para un sujetoque pide el derecho a (sos)tener y vivir su propia voz sin una entidad paternalista yhttp://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/index.html 8
  • 9. Nacionalismo en un mundo descentrado. Gonzalo Hernández Sanjorge A Parte Rei 41. Sep 2005omnicomprensiva que organice la centralidad y el regreso a la unicidad, esa tradiciónno puede ser otra que la democrática y en especial la radicalización de la democracia.http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/index.html 9

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