NARRATIVA DE LOS AÑOS 40 A LOS 70 2º BACHILLERATO H INSTITUTO CRISTÓBAL DE M...
ESQUEMAI. COORDENADAS HISTÓRICASa) Periodizaciónb) Rupturac) Literatura condicionadaII. NARRAT...
I. COORDENADAS HISTÓRICASA) PERIODIZACIÓN• En el plano histórico, se distinguen dos principales etapas:- DICTADURA (19...
B) RUPTURA • La Guerra Civil y la Dictadura posterior suponen para la literatura y arte una ruptura: se acaba con la...
C) LITERATURA CONDICIONADA • Durante la Dictadura la producción literaria estuvo condicionada por factores como:* ...
II. LA NARRATIVAA) LA POSGUERRA (AÑOS 40)• Pobreza literaria muy notable• Estéticamente la ruptura es total con las te...
Hemos de reparar también en LA NOVELA DE EVASIÓN:• Emplea técnicas realistas y ofrece tres tipos de obrasNovelas de los ...
INTENTOS RENOVADORES* A partir de 1942, algunos autores muestran en sus obras el deseo de superar la novela de evasión.Hay...
LA FAMILIA DE PASCUAL DUARTE (Camilo José Cela)Tenía una perrilla perdiguera -la Chispa-, medio ruin, medio bravía, pero q...
Nada (Carmen Laforet)Infiltrándome entre aquella gente, empujando a algunos, logré escurrirme hasta elapartado rincón del ...
Se iniciaba ya el otoño. Los árboles de la cuidad comenzaban a acusar laofensiva de la estación. Por las calles había hoja...
B) EL REALISMO SOCIAL DE LOS 50 • Conforme avanza la década de los 50, ...
ObjetivismoInspirado en movimientos extranjeros(noveau roman, novela conductista)Novela como testimonio de la época ycomo ...
Inclinó la cabeza contra las manos que había enlazado fuertemente. Lo que siguió lo entendí más confuso porque sepuso a mo...
"- A mi padre y a mí nos pilló la guerra en el puebloy en el pueblo nos quedamos. Cuando subí porprimera vez, después, aún...
C) LA RENOVACIÓN DE LOS 60• Cansancio de la novela social (pobreza en calidad y poco eficaz)• Se busca renovar• Infl...
En un piso de la calle 52 Este de Nueva York, antelos ojos conmovidos de una mujer y un hombre queoyen tras las ventanas c...
Mucho más tarde, cuando Jaime Astarloa quisoreunir los fragmentos dispersos de la tragedia eintentó recordar cómo había em...
Todos los días salía de casa subiéndose sus imaginarias solapas de espía, uncigarrillo colgado del labio y la mirada esqui...
Los héroes sólo son héroes cuando se mueren o cuando los matan. Y loshéroes de verdad nacen y mueren en la guerra. No hay ...
D) LA NOVELA EN EL EXILIO• Tras la Guerra Civil y durante gran parte de la Dictadura, bastantes escritores continuaron s...
Aquellos muertos que íbamos encontrando, despuésde días bajo el sol de África, que vuelve la carne envivero de gusanos en ...
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Narrativa de los 40 a los 70

Published on: Mar 3, 2016
Published in: Education      
Source: www.slideshare.net


Transcripts - Narrativa de los 40 a los 70

  • 1. NARRATIVA DE LOS AÑOS 40 A LOS 70 2º BACHILLERATO H INSTITUTO CRISTÓBAL DE MONROY ALCALÁ DE GUADAÍRA (SEVILLA)
  • 2. ESQUEMAI. COORDENADAS HISTÓRICASa) Periodizaciónb) Rupturac) Literatura condicionadaII. NARRATIVA DESDE 1939A) NOVELA DE POSGUERRA 1. Tremendsmo 2. Novela ExistencialB) REALISMO SOCIAL DE LOS 50 1. Objetivismo 2. Realismo críticoC) LA RENOVACIÓN DE LOS 60D) La novela del exilio
  • 3. I. COORDENADAS HISTÓRICASA) PERIODIZACIÓN• En el plano histórico, se distinguen dos principales etapas:- DICTADURA (1939-1975)- DEMOCRACIA (desde 1975)• Literariamente, se distinguen cuatro periodos:- La posguerra (años 40)- La literatura social (años 50)- Intentos renovadores (años 60-70)- Literatura en Democracia (desde 1975)
  • 4. B) RUPTURA • La Guerra Civil y la Dictadura posterior suponen para la literatura y arte una ruptura: se acaba con la llamada Edad de Plata. • La ruptura afecta a los tres géneros: 1. La poesía presenta una ruptura total 2. La novela experimenta cambios, pero seguirá presente la técnica realista 3. El teatro renovador anterior a 1939 desaparece, pero las obras comerciales siguen representándose
  • 5. C) LITERATURA CONDICIONADA • Durante la Dictadura la producción literaria estuvo condicionada por factores como:* FACTOR CENSURA Contenidos no afectos a la ideología oficial no se permiten DIRIGISMO CULTURAL Apoyo del Régimen a la literatura de su signo ideológico AISLAMIENTO Se desconocen las novedades europeas y mundiales. Evolución propia DESCONOCIMIENTO DEL Aquellos escritores e intelectuales de ideología PASADO distinta al Régimen se excluyen de manuales, de la enseñanza… DESPRESTIGIO DE LA Rechazo de toda manifestación artística por CULTURA parte del Franquismo que creó toda una forma de sentir en la sociedad. Millán Astray: «Muera la inteligencia» • Tras la Dictadura, la literatura sufrirá el condicionamiento del mercado literario y de los circuitos comerciales
  • 6. II. LA NARRATIVAA) LA POSGUERRA (AÑOS 40)• Pobreza literaria muy notable• Estéticamente la ruptura es total con las tendencias previas, tanto la rehumanizadora (novela política de los años de guerra), como la vanguardista• En estos años, va a haber dos posibilidades narrativas: 1. TREMENDISMO 2. NOVELA EXISTENCIAL
  • 7. Hemos de reparar también en LA NOVELA DE EVASIÓN:• Emplea técnicas realistas y ofrece tres tipos de obrasNovelas de los Novelas realistas- Humorismotriunfadores costumbristasIdeología conservadora Puro estilo decimonónico Escape de la realidadEnsalza los valores del Recrean ambientes y Situaciones absurdas,Régimen paisajes típicos cómicas, diálogos disparatadosBasada en el glorioso Gonzalo Torrente Ballester: W. Fernández Flórezpasado imperial Los gozos y las sombrasRafael García Serrano: La José Mª. Gironella: Losfiel infantería cipreses no creen en Dios
  • 8. INTENTOS RENOVADORES* A partir de 1942, algunos autores muestran en sus obras el deseo de superar la novela de evasión.Hay dos formas de superarla:
  • 9. LA FAMILIA DE PASCUAL DUARTE (Camilo José Cela)Tenía una perrilla perdiguera -la Chispa-, medio ruin, medio bravía, pero que se entendía muy bienconmigo; con ella me iba muchas mañanas hasta la Charca, a legua y media del pueblo hacia la raya dePortugal, y nunca nos volvíamos de vacío para casa.Al volver, la perra se me adelantaba y me esperaba siempre junto al cruce; había allí una piedraredonda y achatada como una silla baja, de la que guardo tan grato recuerdo como de cualquierpersona; mejor, seguramente, que el que guardo de muchas de ellas. Era ancha y algo hundida ycuando me sentaba se me escurría un poco el trasero (con perdón) y quedaba tan acomodado quesentía tener que dejarla; me pasaba largos ratos sentado sobre la piedra del cruce, silbando, con laescopeta entre las piernas, mirando lo que había de verse, fumando pitillos. La perrilla, se sentabaenfrente de mí, sobre sus dos patas de atrás, y me miraba, con la cabeza ladeada, con sus dos ojilloscastaños muy despiertos; yo le hablaba y ella, como si quisiese entenderme mejor, levantaba un pocolas orejas; cuando me callaba aprovechaba para dar unas carreras detrás de los saltamontes, osimplemente para cambiar de postura: Cuando me marchaba, siempre, sin saber por qué, había devolver la cabeza hacia la piedra, como para despedirme, y hubo un día que debió parecerme tan tristepor mi marcha, que no tuve más suerte que volver sobre mis pasos a sentarme de nuevo.La perra volvió a echarse frente a mí y volvió a mirarme; ahora me doy cuenta de que tenía la miradade los confesores, escrutadora y fría, como dicen que es la de los linces... un temblor recorrió todo micuerpo; parecía como una corriente que forzaba por salirme por los brazos, el pitillo se me habíaapagado; la escopeta, de un solo caño, se dejaba acariciar, lentamente, entre mis piernas. La perraseguía mirándome fija, como si no me hubiera visto nunca, como si fuese a culparme de algo de unmomento a otro, y su mirada me calentaba la sangre de las venas de tal manera que se veía llegar elmomento en que tuviese que entregarme; hacía calor, un calor espantoso, y mis ojos se entornabandominados por el mirar, como un clavo, del animal.Cogí la escopeta y disparé; volví a cargar y volví a disparar. La perra tenía una sangre oscura ypegajosa que se extendía poco a poco por la tierra.
  • 10. Nada (Carmen Laforet)Infiltrándome entre aquella gente, empujando a algunos, logré escurrirme hasta elapartado rincón del cuarto de baño. Me refugié allí, y cerré la puerta. Maquinalmente,sin saber cómo, me encontré metida en la sucia bañera, desnuda como todos los días,dispuesta a recibir el agua de la ducha. En el espejo me encontré reflejada,miserablemente flaca y con los dientes chocándome como si me muriera de frío. Laverdad es que era todo tan espantoso que rebasaba mi capacidad de tragedia. Solté laducha y creo que me entró una risa nerviosa al encontrarme así, como si aquél fueseun día como todos. Un día en que no hubiese sucedido nada. «Ya lo creo que estoyhistérica», pensaba mientras el agua caía sobre mí azotándome y refrescándome. Lasgotas resbalaban sobre los hombros y el pecho, formaban canales en el vientre,barrían mis piernas. Arriba estaba Román tendido, sangriento […]
  • 11. Se iniciaba ya el otoño. Los árboles de la cuidad comenzaban a acusar laofensiva de la estación. Por las calles había hojas amarillas que el viento, aratos, levantaba del suelo haciéndolas girar en confusos remolinos. Hicimos elcamino en la última carretela descubierta que quedaba en la ciudad. Tengoimpresos en mi cerebro los menores detalles de aquella mi primera experienciaviajera. Los cascos caballos martilleaban las piedras de la calzadarítmicamente, en tanto las ruedas, rígidas y sin ballestas, hacían saltar y crujir elcoche con gran desesperación de mi tío y extraordinario regocijo por mi parte.Ignoro las calles que recorrimos hasta llegar a la placita silente donde habitabadon Mateo. Era una plaza rectangular con una meseta en el centro, a la que sellegaba merced al auxilio de tres escalones de piedra. En la meseta crecíanunos árboles gigantescos que Cobijaban bajo sí una fuente de agua cristalina,llena de rumores y ecos extraños. Del otro lado de la plaza, cerraba susconfines una mansión añosa e imponente, donde un extraño relieve, protegidoen una hornacina, hablaba de hombres y tiempos remotos; hombres y tiemposidos, pero cuya historia perduraba amarrada a aquellas piedras milenarias. La sombra del ciprés es alargada (Miguel Delibes)
  • 12. B) EL REALISMO SOCIAL DE LOS 50 • Conforme avanza la década de los 50, aparecen novelas que se alejan de la evasión de los 40 • En ellas, los novelistas se centran en la sociedad española del momento con su falta de libertad, sus desigualdades y su miseria • Emplearán la técnica realista • El Régimen no censuró estas novelas porque necesitaba el apoyo internacional • Dos obras marcan este cambio: - La colmena (1950) de C. J. CELA - La noria (1951) de Luis ROMERO • Habrá dos tendencias: - Objetivismo - Realismo crítico
  • 13. ObjetivismoInspirado en movimientos extranjeros(noveau roman, novela conductista)Novela como testimonio de la época ycomo instrumento de denuncia política ysocialNarrador objetivoPredominio del diálogo Realismo críticoCondensación espacio-temporal Evolución del objetivismoProtagonistas individualesrepresentativos, también colectivos Intención de crítica política y social mucho más explícitaNarración lineal Autores comprometidos ideológicamenteLenguaje sencillo, coloquial Personajes: estereotipos que encarnan aTemas: la sociedad de la época, la la clase obrera, al burgués, al campesinodenuncia de injusticias y desigualdades, el oprimido…mundo rural, la vida urbana, las relacioneslaborales, la frívola burguesía… La piqueta (1959): A. Ferres La mina (1960): A. López Salinas Central eléctrica (1958): J. López PachecoEl Jarama (1955): R. Sánchez FerlosioEntre visillos (1957). C. Martín Gaite
  • 14. Inclinó la cabeza contra las manos que había enlazado fuertemente. Lo que siguió lo entendí más confuso porque sepuso a morderse los nudillos de los dedos, nerviosamente. Me contó que había estado a punto de ir a Suiza con supadre y que la noche anterior se desesperaba asomada al balcón de su cuarto pensando que eso ya nunca se podríaremediar, que las cosas que podrían haber hecho en aquel viaje ya nunca las haría y la gente que podría haber conocidoya no la conocería; y que pensando eso no se podía consolar. Que un viaje le puede cambiara uno la vida, hacérsela verde otra manera y a ella ese año se la habría cambiado. Le pregunté que por qué no había ido, pero no me contestódirectamente.- Si usted no vive aquí- dijo-, no puede entender ciertas cosas. Hace poco que está aquí, ¿no?- Tres días.- Tres días- repitió-. No puede entender nada. Si le explico por qué no fui a Suiza se reirá, dirá que qué disparate, queeso no puede ser. Creerá que lo ha entendido, pero no habrá entendido nada. Solamente uno que vive aquí metidopuede llegar a resignarse con las cosas que pasan aquí, y hasta puede llegar a creer que vive y que respira. ¡Pero yono! Yo me ahogo, yo no me resigno, yo me desespero.Hablaba con rabia, con voz excitada, como si yo la estuviera contradiciendo. Había pasado de un tono a otro sintransición. Tuve miedo de que nos oyeran los de la habitación, porque se había ido desplazando hacia el hueco de lapuerta y estábamos seguramente a la vista de las personas de dentro. Incluso parecía que ella se gozase en alzar la vozcomo si con sus últimas frases quisiera desafiar a alguna de aquellas personas, o tal vez a todas ellas. Se me ocurriódecirle que seguramente sacaba las cosas un poco de quicio bajo el peso de su desgracia, pero en seguida sentí queme había equivocado tratando de consolarla por ese camino. Lo vi en sus ojos casi furiosos.- Aquí tendría que estar usted hace diez días de la mañana a la noche, aquí en esta casa, a ver si se ahogaba o no seahogaba, como yo me ahogo. Oyendo cómo le dicen a uno de la mañana a la noche pobrecilla, pobre, pobrecilla. Día ynoche, sin tregua, día y noche. Y venga suspiros y de compasión y más compasión, para que no se pueda uno escapar.Y compasión también para el muerto, compasión a toneladas para todos, todos enterrados, el muerto y los vivos y todos.Usted ¿qué cree?, ¿que un muerto necesita tanta compasión?, ¿que necesita de los vivos para algo? Por lo menos a él,que lo dejen en paz, ¿no le parece? Entre visillos, Carmen Martín Gaite
  • 15. "- A mi padre y a mí nos pilló la guerra en el puebloy en el pueblo nos quedamos. Cuando subí porprimera vez, después, aún quedaban muertos porestos sitios. Ahí, sin ir más lejos –señaló a suespalda-, a la puerta del chozo, había tres queenterré yo.Parecía extraño que aquellos parajes solos y mudospudieran haber visto la guerra de que el pastorhablaba, el paso y la muerte de tantos hombres.Aquel silencio amarillo y susurrante no podía habersido roto por una voz, un estruendo, un lamento;parecía tierra inmutable, indiferente, donde todas lascosas habrían de desaparecer irremisiblementecomo la piedra, en polvo calcinado, sin dejar huellaen su dormida nada«J. Fernández Santos: Los bravos
  • 16. C) LA RENOVACIÓN DE LOS 60• Cansancio de la novela social (pobreza en calidad y poco eficaz)• Se busca renovar• Influencias de autores europeos e hispanoamericanos• Esta novela dominará el panorama literario hasta el final de la Dictadura• Obra clave: Tiempo de silencio de Luis Martín Santos (1962)• En lo temático, se deja la crítica social y política, para pasar a temas como el autoconocimiento, la memoria, la experiencia personal, los estados de conciencia• Cambios en lo formal (ver tabla):• Luis Martín Santos: Tiempo de silencio; J. Goytisolo: Señas de identidad, M. Delibes: Cinco horas con Mario, Los santos inocentes J. Benet: Volverás a región, G. Torrente: La saga/fuga de JB
  • 17. En un piso de la calle 52 Este de Nueva York, antelos ojos conmovidos de una mujer y un hombre queoyen tras las ventanas cerradas el viento delinvierno y el rumor como de catarata de la ciudad ala que asoman muy pocas veces y encuentran en elbaúl de Ramiro Retratista lo que nunca hanbuscado, lo que les perteneció siempre, sin que losupieran o lo desearan, las razones más antiguasde su desarraigo y de su complicidad.(...)Ellos me hicieron, me engendraron, me lo legarontodo, lo que poseían y lo que nunca tuvieron, laspalabras, el miedo, la ternura, los nombres, el dolor,la forma de mi cara, el color de mis ojos, lasensación de no haberme ido nunca de Mágina y deverla perderse muy lejos, al fondo de la extensión dela noche.A. Muñoz Molina: El jinete polaco
  • 18. Mucho más tarde, cuando Jaime Astarloa quisoreunir los fragmentos dispersos de la tragedia eintentó recordar cómo había empezado todo, laprimera imagen que le vino a la memoria fue la delmarqués. Y aquella galería abierta sobre los jardinesdel Retiro, con los primeros calores del veranoentrando a raudales por las ventanas, empujadospor una luz tan cruda que obligaba a entornar losojos cuando hería la guarda bruñida de los floretes.El marqués no estaba en forma; sus resoplidosrecordaban los de un fuelle roto, y bajo el peto seveía la camisa empapada en sudor. Sin dudaexpiaba así algún exceso nocturno de la víspera,pero Jaime Astarloa se abstuvo, según sucostumbre, de hacer comentarios inoportunos. Lavida privada de sus clientes no era asunto suyo. Selimitó a parar en tercia una pésima estocada quehabría hecho ruborizar a un aprendiz, y se tiró luegoa fondo. El flexible acero italiano se curvó al aplicarun recio botonazo sobre el pecho de su adversario. A. Pérez Reverte: El maestro de esgrima
  • 19. Todos los días salía de casa subiéndose sus imaginarias solapas de espía, uncigarrillo colgado del labio y la mirada esquinada de astucia. Deteniéndose enlos escaparates y simulando curiosidades imprevistas, angulando reojos,hurtando el perfil, burlando persecuciones y salvando emboscadas, vencía sinnovedad la primera etapa del trayecto. A partir de allí, le esperaba otra suertede peligros. Si aguardaba la luz verde para cruzar una calle y se ponía a sualtura una mujer con alguna prenda negra, perdía una baza de semáforo. Siazul, ganaba el derecho a acelerar el paso durante un minuto. Si alcanzaba aun transeúnte ciego o cojo, no podía adelantarlo mientras no lo liberase algúnhombre con un peso a la espalda. Quedaba cautivo de una plaza si la estabanregando o había un niño con un gorro, y no podía franquearla hasta quecruzase un perro o levantase el vuelo una paloma. Pero si el perro se paraba ahacer una necesidad, también él debía pararse y contener la respiración, puesen caso contrario las reglas del juego lo obligaban a retroceder hasta encontraruna monja o cualquier otra persona de uniforme. Por momentos la vida leparecía apasionante. Luis Landero: Juegos de la edad tardía
  • 20. Los héroes sólo son héroes cuando se mueren o cuando los matan. Y loshéroes de verdad nacen y mueren en la guerra. No hay héroes vivos, joven.Todos están muertos. Muertos, muertos.(...)El soldado le está mirando; Sánchez Mazas también, pero sus ojosdeteriorados no entienden lo que ven: bajo el pelo empapado y la ancha frentey las cejas pobladas de gotas la mirada del soldado no expresa compasión niodio, ni siquiera desdén, sino una especie de secreta o insondable alegría, algoque linda con la crueldad y se resiste a la razón pero tampoco es instinto, algoque vive en ella con la misma ciega obstinación con que la sangre persiste ensus conductos y la tierra en su órbita inamovible y todos los seres en su tercacondición de seres, algo que elude a las palabras como el agua del arroyoelude a la piedra, porque las palabras sólo están hechas para decirse a simismas, para decir lo decible, es decir todo excepto lo que nos gobierna o hacevivir o concierne o somos o es este soldado anónimo y derrotado que ahoramira a ese hombre cuyo cuerpo casi se confunde con la tierra y el agua marrónde la hoya, y que grita con fuerza al aire sin dejar de mirarlo. «Javier Cercas: Soldados de Salamina
  • 21. D) LA NOVELA EN EL EXILIO• Tras la Guerra Civil y durante gran parte de la Dictadura, bastantes escritores continuaron su tarea en el exilio: Arturo Barea, Rosa Chacel, Max Aub, Francisco Ayala, Ramón J. Sender…• En general, son novelas de temas sociales empleando técnicas realistas junto con innovaciones formales• Destacan como temas: 1. El pasado de España: la Guerra Civil (A. Barea: La forja de un rebelde) 2. La añoranza de España (Max Aub: Campo de los almendros) 3. La vida del exiliado 4. La condición humana
  • 22. Aquellos muertos que íbamos encontrando, despuésde días bajo el sol de África, que vuelve la carne envivero de gusanos en dos horas; aquellos cuerposmutilados, momias cuyos vientres explotaron. Sinojos o sin lengua, sin testículos, violados conestacas de alambrada, las manos atadas con suspropios intestinos, sin cabeza, sin brazos, sinpiernas, serrados en dos. ¡Oh, aquellos muertos!A. Barea: La forja de un rebelde (II)