Antonio Calvo Roy:
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tres, aunque hemos estar provisto...
mitos abundan y se han convertido en incontestables lugares comunes. Por ejemplo, España
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Aspectos sociales de la energía, por Antonio Calvo Roy

XXIX Jornadas Nacionales sobre Energía y Educación: 50 años de Excelencia, Calidad e Innovación. 7 y 8 de septiembre de 2012. Organizadas por Foro Nuclear.
Published on: Mar 4, 2016
Published in: Environment      
Source: www.slideshare.net


Transcripts - Aspectos sociales de la energía, por Antonio Calvo Roy

  • 1. Antonio Calvo Roy: Buenos días. Muchas gracias el Foro por organizar este acto y por prensar en mí para participar en él. No tanto en mí, sino en lo que represento, en los periodistas. Creo que es importante, en una mesa sobre aspectos sociales de la energía, la presencia de periodistas, porque, a mi juicio, los problemas que hoy tiene la energía son, sobre todo sociales. Bueno, y económicos, pero desde luego, no técnico, o no sobre todo técnicos. Los periodistas debemos proporcionar información y herramientas para que el público se forme su propio criterio y opine y decida lo que mejor le parezca. Como ha dejado escrito Arcadi Espada, “ninguna batalla decisiva de la modernidad puede producirse fuera de los medios”. A los periodistas no nos corresponde decir, como periodistas, decir cómo ha de ser el mix energético, decir que la política energética debe ser una política de largo plazo, con mayúsculas ni nos corresponde decir tampoco que las decisiones de largo plazo deben ser producto de grandes consensos. Pero, eso sí, debemos saberlo. No nos corresponde a nosotros decir que los tres pilares de toda política energética, la seguridad de suministro, el precio y los condicionantes ambientales, han de ser tenidos en cuenta y valorados por la sociedad. Pero sí debemos saberlo, sabiendo además que pueden ser contradictorios, que normalmente, una mayor seguridad es más cara que estar más en precario. Pero se trata de una decisión política, ni siquiera técnica, aunque deban de tenerse en cuenta considerandos técnicos. Esa decisión, política, no debe de ser sencilla, a juzgar por lo que cuesta tomarla. Pero es que estas decisiones, insisto, no son sencillas. ¿Cuánto petróleo debemos almacenar como país? ¿Con qué reservas de gas debemos contar? ¿Para 10 días, para 100, para 50? Se trata de una decisión política con consecuencias económicas y consecuencias sobre la seguridad de suministro. ¿Qué riesgos quiere asumir la ciudadanía? ¿Y qué costes, tanto económicos como de cualquier otro tipo? Pues, una vez más, en este asunto la contribución de los periodistas, en mi opinión, ha de ser la de contar, por supuesto con rigor, las consecuencias de las distintas posibilidades, y para eso tenemos que hacer nuestro trabajo consultando fuentes, jerarquizándolas, permitiendo que los ciudadanos estén informados y puedan formarse su propio criterio. Insisto, su propio criterio, no el nuestro, no el de las fuentes que mejor nos caigan o con las que simpaticemos. Dándole a la sociedad todo el protagonismo, pero también las armas y los conocimientos que le permitan asumir ese protagonismo realmente. Por eso, lo primero que tenemos es que saber los periodistas es de qué hablamos. Por eso, creo firmemente en la especialización en la información. Hay que tener historia, conocimientos, contactos y criterio para hacer bien una información. Sabiendo qué papel debe jugar cada pieza en el rompecabezas de la información: la historia, los conocimientos, los contactos y el criterio. Como decía el periodista Lester Markel, “lo que ves es noticia, lo que
  • 2. sabes es conocimiento, lo que sientes es opinión”. Y no debemos confundir ninguna de las tres, aunque hemos estar provistos de todas para hacer una buena información. Tenemos, por tanto, que saber sobre renovables y térmicas, sobre carbón y nuclear, sobre eólica y fotovoltaica, sobre el mix y la cobertura de demanda. Y un poco, aunque sea un poco, del cómo funciona el sistema eléctrico y casi casi me atrevería a decir que también cómo funciona el mercado, aunque supongo que ya conocen ustedes el dicho: el mercado eléctrico español es tan raro que si te lo explican y lo entiendes es que no te lo han explicado bien. Es decir, tenemos que tener fuentes, contactos, maneras de contrastar la información. Porque, así como todos los enfermos de House mienten, todas las fuentes son interesadas. Todas. Y es necesario saber el interés de cada una, y es necesario tener otra fuente con la que contrastar la información proporcionada. Tendrán interés económicos, ideológicos o de cualquier otro tipo, pero todas tienen intereses. Todas las fuentes quieren arrimar a su sardina el ascua de la noticia. También por esta razón considero que tenemos que tratar la información energética de manera desideologizada, algo no siempre sencillo. ¿O es que estamos seguros de que cerrar nucleares es de izquierdas, como hace Angela Merkel? O como parece, según las noticias de ayer, que le va a tocar al gobierno de Rajoy, como ya hizo el de Aznar. ¿O instalar muchas es de derechas, como en China? ¿O son de izquierdas los inversores estadounidenses que protestan por la retroactividad de las primas a la solar? Evitemos los apriorismos y prefiramos el análisis, huyamos de los encasillamientos y miremos con los ojos de la razón. Y, como periodistas, también debemos de ser críticos e independientes de las fuentes y de nuestra propia opinión, de nuestros sentimientos. Sobre todo se nuestros sentimientos. A los periodistas que hacen deporte no se les pide, más bien al contrario, que sean de un equipo de futbol o de baloncesto; a los periodistas de sucesos no se les pide que estén de parte de la policía, del juez o del ladrón. A los periodistas ambientales y científicos no se nos debe pedir que estemos a favor o en contra de ninguna opción energética a priori. Claro, tenemos ideas, corazón e ideología, pero, como decía el antes citado Lester Markel, lo que sientes es opinión y nuestra labor es informar, permitir que otros se creen su propio criterio, no contaminarles con el nuestro. Pero, además de la información pura, el hecho de que tratemos cuestiones que no son de dominio público nos va a obligar con frecuencia a hacer divulgación, además de hacer información. Esto se debe a que algunas de las cuestiones que se han de tratar en estas informaciones, insisto, no son de dominio público y no son bien conocidas o son incluso completamente desconocidas. Y así como el cronista deportivo no se ve en la obligación de explicar qué es un fuera de juego, el periodista que hable de fuentes de energía del futuro quizá tenga que dedicar unas líneas a explicar la diferencia entre fisión y fusión nuclear o en funcionamiento del hidrógeno como combustible para mover un coche. O la diferencia entre potencia instalada y cobertura de la demanda o de qué hablamos cuando hablamos de un hueco de tensión. En este mismo sentido y un poco a caballo entre la información y la divulgación, debemos ser conscientes de los mitos del sector eléctrico y no caer ellos. Se trata de un sector en el que los
  • 3. mitos abundan y se han convertido en incontestables lugares comunes. Por ejemplo, España vive de la electricidad que producen las nucleares francesas, sin cuya ayuda el sistema se vendría abajo. Falso, España produce más electricidad de la que consume, así que es exportadora. Otro mito: los residuos de Vandellós 1 nos cuestan 60.000 euros diarios que hay que pagar a Francia. Falso, es un depósito que será reembolsado en su mayor parte. Otro: en España no se construyen centrales nucleares porque hay una moratoria que lo prohíbe: falso, no se construyen porque no hay inversores dispuestos. De hecho, parece que no los hay ni para seguir con las autorizas. Y otro más, el último: las energías renovables exigen menos red de transporte. Falso, de hecho es todo lo contrario, las renovables exigen más red, porque a una demanda caprichosa se le suma una oferta variable que depende las condiciones del tiempo y que además se mueve. Dado que la sociedad se ve tan implicada en estas decisiones, es necesario que tenga la información. Estamos en un momento especialmente complejo. La crisis abona el camino de la demagogia, me temo. La sociedad tiene que saber qué cuestan las cosas, qué supone que haya más o menos nucleares, cuánto cuesta de verdad la nuclear, la eólica, la fotovoltaica o el carbón y qué otras implicaciones y servidumbres tiene cada una de ellas. Y luego, tomar las decisiones y apechugar con las consecuencias, porque, que quede claro, no hay decisiones impunes, no hay decisiones sin consecuencias. Ni, desde luego, no tomar decisiones, lo que, de hecho, ya es tomar una decisión, con frecuencia la peor. Me gustaría, para terminar, hacer un llamamiento a los actores principales para que hagan un esfuerzo de información. Estas cuestiones de le energía, cuestiones políticas, en el mejor sentido de la palabra, fundamentales para la sociedad, han de ser dilucidadas por la ciudadanía y por sus representas con el mejor criterio posible, con la máxima información y con todo el rigor. Por eso, me parece que esta iniciativa, hablar sobre energía y sociedad, es una aportación interesante. Y en este debate el papel de los periodistas es, precisamente, facilitar esa comunicación, y para ello lo mejor es contar con las viejas normas del periodismo, aquellas que insistían en contar lo que uno ve con profesionalidad. Tratemos de ser como el periodista Manuel Chaves Nogales, que inventó en España, treinta años antes que Truman Capote y Gay Talesse eso del nuevo periodismo. Tenemos que ser, digo, como Chaves Nogales, si ello es posible. De él dice Antonio Muñoz Molina el prólogo del libro que recoge las crónicas de este periodista en Madrid, en 1936 y 37, que “no se casaba con nadie. En su integridad intelectual, en su independencia política, en su radical toma de partido por los seres humanos de carne y hueso frente a las abstracciones genocidas de las ideologías de su tiempo, el comunismo y el fascismo, a la altura de Chaves Nogales solo está George Orwell”. Ya me gustaría que los periodistas de hoy fuéramos como Chaves Nogales, aunque no creo que sea posible. Pero, al menos, deberíamos intentarlo. Muchas gracias

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