TEXTOS NARRATIVOS<br />
VERBOS DE LA NARRACIÓN<br />
NARRADORES<br />
El texto narrativo puede presentar varias modalidades básicas de narrador:<br />1.- Narrador protagonista: En este caso na...
3. Narrador testigo.<br />Puede usar la primera o la tercera persona. No sabe nada acerca de los personajes; tan solo obse...
SECUENCIA NARRATIVA<br />Título de la secuencia<br />Suceso<br />Marco<br />Resolución<br />Complicación<br />
SECUENCIA NARRATIVA<br />Título de la secuencia<br />Suceso (Qué se cuenta)<br />Marco (Personajes, tiempo, espacio )<br ...
SECUENCIA NARRATIVA<br />Título de la secuencia: La carrera<br />Suceso (Se cuenta la carrera entre un carro y un tren)<b...
EL ENIGMA<br />Llevaba allí cerca de tres semanas cuando ocurrió el primer incidente extraño. Un anochecer, sobre las ocho...
Tema de la secuencia.<br />Un enigma que no se devela<br />Elementos del marco<br />Tiempo Espacio Personajes <br />
EL ENIGMA<br />Llevaba allí cerca de tres semanas cuando ocurrió el primer incidente extraño. Un anochecer, sobre las ocho...
Imágenes sensoriales, construcción de atmósfera y clima<br />
EL ENIGMA<br />Llevaba allí cerca de tres semanas cuando ocurrió el primer incidente extraño. Un anochecer, sobre las ocho...
VERBOS DE LA NARRACIÓN<br />
EL ENIGMA<br />Llevaba allí cerca de tres semanas cuando ocurrió el primer incidente extraño. Un anochecer, sobre las ocho...
NARRADOR<br />Llevaba allí cerca de tres semanas cuando ocurrió el primer incidente extraño. Un anochecer, sobre las ocho,...
 Pronombre</li></li></ul><li>Literatura.<br />Prof.Rosa C. Audubert.<br />
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La prosa narrativa

Published on: Mar 4, 2016
Published in: Travel      Entertainment & Humor      
Source: www.slideshare.net


Transcripts - La prosa narrativa

  • 1. TEXTOS NARRATIVOS<br />
  • 2. VERBOS DE LA NARRACIÓN<br />
  • 3.
  • 4. NARRADORES<br />
  • 5. El texto narrativo puede presentar varias modalidades básicas de narrador:<br />1.- Narrador protagonista: En este caso narrador y personaje están fundidos. El narrador protagonista también puede ser un personaje de la historia. Puede hablar en primera persona singular o –en los casos en que dos personajes compartan una misma visión- en primera personal plural.<br />2.-Narrador omnisciente:: Generalmente se vale de la tercera persona. Emplea la segunda cuando actúa a modo de conciencia que lo coloca ante sus hechos. El narrador omnisciente lo sabe todo, a veces también conoce los pensamientos y motivaciones de los personajes.<br />
  • 6. 3. Narrador testigo.<br />Puede usar la primera o la tercera persona. No sabe nada acerca de los personajes; tan solo observa sus movimientos y los cuenta.<br />
  • 7. SECUENCIA NARRATIVA<br />Título de la secuencia<br />Suceso<br />Marco<br />Resolución<br />Complicación<br />
  • 8. SECUENCIA NARRATIVA<br />Título de la secuencia<br />Suceso (Qué se cuenta)<br />Marco (Personajes, tiempo, espacio )<br />Resolución<br />Solución que puede ser positiva o negativa.<br />Complicación<br />Obstáculo que se presenta<br />
  • 9.
  • 10. SECUENCIA NARRATIVA<br />Título de la secuencia: La carrera<br />Suceso (Se cuenta la carrera entre un carro y un tren)<br />Marco (Es de día, en el campo y se encuentran dos personajes: el chico y el maquinista)<br />Resolución<br />Positiva, porque el chico logra pasar antes que el tren.<br />Complicación<br />El carro debe cruzar el paso a nivel y debe ganarle al tren<br />
  • 11.
  • 12. EL ENIGMA<br />Llevaba allí cerca de tres semanas cuando ocurrió el primer incidente extraño. Un anochecer, sobre las ocho, oí una salpicadura sobre el suelo y me alertó de que había estado sintiendo el olor acre del amoniaco durante algún tiempo. Mirando alrededor, vi que el techo estaba húmedo y goteante; aparentemente la mojadura procedía de una esquinasobre el lado de la calle. Ansioso por detener el asunto en su origen, corrí al sótano a decírselo a la casera; y me aseguró que el problema sería rápidamente solucionado.<br />-El Doctor Muñoz -lloriqueó mientras se apresuraba escaleras arriba delante de mí-, tiene arriba sus productos químicos. Está demasiado enfermo para medicarse, cada vez está más enfermo, pero no quiere ayuda de nadie. Es muy extraña su enfermedad. Todo el día toma baños apestosos, y no puede reanimarse o entrar en calor. Se hace sus propias faenas, su pequeña habitación está llena de botellas y máquinas, y no ejerce como médico. Pero una vez fue bueno. Mi padre en Barcelona oyó hablar de él, y tan sólo le curó el brazo al fontanero que se hizo daño hace poco. Nunca sale, solamente al tejado, y mi hijo Esteban le trae comida y ropa limpia, y medicinas y productos químicos. ¡Dios mío, el amoniaco que usa para mantenerse frío!<br />La Sra. Herrero desapareció escaleras arriba hacia el cuarto piso, y volví a mi habitación. El amoniaco cesó de gotear, y mientras limpiaba lo que se había manchado y abría la ventana para airear, oí los pesados pasos de la casera sobre mí. Nunca había oído al Dr. Muñoz, excepto por ciertos sonidos como de un mecanismo a gasolina; puesto que sus pasos eran silenciosos y suaves. Me pregunté por un momento cuál podría ser la extraña aflicción de este hombre, y si su obstinado rechazo a una ayuda externa no era el resultado de una excentricidad más bien infundada. Hay -reflexioné trivialmente-, un infinito patetismo en la situación de una persona eminente venida a menos en este mundo.<br />
  • 13. Tema de la secuencia.<br />Un enigma que no se devela<br />Elementos del marco<br />Tiempo Espacio Personajes <br />
  • 14. EL ENIGMA<br />Llevaba allí cerca de tres semanas cuando ocurrió el primer incidente extraño. Un anochecer, sobre las ocho, oí una salpicadura sobre el suelo y me alertó de que había estado sintiendo el olor acre del amoniaco durante algún tiempo. Mirando alrededor, vi que el techo estaba húmedo y goteante; aparentemente la mojadura procedía de una esquina sobre el lado de la calle. Ansioso por detener el asunto en su origen, corrí al sótano a decírselo a la casera; y me aseguró que el problema sería rápidamente solucionado.<br />-El Doctor Muñoz -lloriqueó mientras se apresuraba escaleras arriba delante de mí-, tiene arriba sus productos químicos. Está demasiado enfermo para medicarse, cada vez está más enfermo, pero no quiere ayuda de nadie. Es muy extraña su enfermedad. Todo el día toma baños apestosos, y no puede reanimarse o entrar en calor. Se hace sus propias faenas, su pequeña habitación está llena de botellas y máquinas, y no ejerce como médico. Pero una vez fue bueno. Mi padre en Barcelona oyó hablar de él, y tan sólo le curó el brazo al fontanero que se hizo daño hace poco. Nunca sale, solamente al tejado, y mi hijo Esteban le trae comida y ropa limpia, y medicinas y productos químicos. ¡Dios mío, el amoniaco que usa para mantenerse frío!<br />La Sra. Herrero desapareció escaleras arriba hacia el cuarto piso, y volví a mi habitación. El amoniaco cesó de gotear, y mientras limpiaba lo que se había manchado y abría la ventana para airear, oí los pesados pasos de la casera sobre mí. Nunca había oído al Dr. Muñoz, excepto por ciertos sonidos como de un mecanismo a gasolina; puesto que sus pasos eran silenciosos y suaves. Me pregunté por un momento cuál podría ser la extraña aflicción de este hombre, y si su obstinado rechazo a una ayuda externa no era el resultado de una excentricidad más bien infundada. Hay -reflexioné trivialmente-, un infinito patetismo en la situación de una persona eminente venida a menos en este mundo.<br />COMPLICACIÓN RESOLUCIÓN<br />
  • 15. Imágenes sensoriales, construcción de atmósfera y clima<br />
  • 16. EL ENIGMA<br />Llevaba allí cerca de tres semanas cuando ocurrió el primer incidente extraño. Un anochecer, sobre las ocho, oí una salpicadura sobre el suelo y me alertó de que había estado sintiendo el olor acre del amoniaco durante algún tiempo. Mirando alrededor, vi que el techo estaba húmedo y goteante; aparentemente la mojadura procedía de una esquina sobre el lado de la calle. Ansioso por detener el asunto en su origen, corrí al sótano a decírselo a la casera; y me aseguró que el problema sería rápidamente solucionado.<br />-El Doctor Muñoz -lloriqueó mientras se apresuraba escaleras arriba delante de mí-, tiene arriba sus productos químicos. Está demasiado enfermo para medicarse, cada vez está más enfermo, pero no quiere ayuda de nadie. Es muy extraña su enfermedad. Todo el día toma baños apestosos, y no puede reanimarse o entrar en calor. Se hace sus propias faenas, su pequeña habitación está llena de botellas y máquinas, y no ejerce como médico. Pero una vez fue bueno. Mi padre en Barcelona oyó hablar de él, y tan sólo le curó el brazo al fontanero que se hizo daño hace poco. Nunca sale, solamente al tejado, y mi hijo Esteban le trae comida y ropa limpia, y medicinas y productos químicos. ¡Dios mío, el amoniaco que usa para mantenerse frío!<br />La Sra. Herrero desapareció escaleras arriba hacia el cuarto piso, y volví a mi habitación. El amoniaco cesó de gotear, y mientras limpiaba lo que se había manchado y abría la ventana para airear, oí los pesados pasos de la casera sobre mí. Nunca había oído al Dr. Muñoz, excepto por ciertos sonidos como de un mecanismo a gasolina; puesto que sus pasos eran silenciosos y suaves. Me pregunté por un momento cuál podría ser la extraña aflicciónde este hombre, y si su obstinado rechazo a una ayuda externa no era el resultado de una excentricidad más bien infundada. Hay -reflexioné trivialmente-, un infinito patetismo en la situación de una persona eminente venida a menos en este mundo.<br />
  • 17. VERBOS DE LA NARRACIÓN<br />
  • 18. EL ENIGMA<br />Llevaba allí cerca de tres semanas cuando ocurrió el primer incidente extraño. Un anochecer, sobre las ocho, oí una salpicadura sobre el suelo y me alertó de que había estado sintiendo el olor acre del amoniaco durante algún tiempo. Mirando alrededor, vi que el techo estaba húmedo y goteante; aparentemente la mojadura procedíade una esquina sobre el lado de la calle. Ansioso por detener el asunto en su origen, corrí al sótano a decírselo a la casera; y me aseguró que el problema sería rápidamente solucionado.<br />
  • 19. NARRADOR<br />Llevaba allí cerca de tres semanas cuando ocurrió el primer incidente extraño. Un anochecer, sobre las ocho, oí una salpicadura sobre el suelo y me alertó de que había estado sintiendo el olor acre del amoniaco durante algún tiempo. Mirando alrededor, vi que el techo estaba húmedo y goteante; aparentemente la mojadura procedía de una esquina sobre el lado de la calle. Ansioso por detener el asunto en su origen, corrí al sótano a decírselo a la casera; y me aseguró que el problema sería rápidamente solucionado.<br />Narrador protagonista, connotado por:<br /><ul><li> Desinencia verbal
  • 20. Pronombre</li></li></ul><li>Literatura.<br />Prof.Rosa C. Audubert.<br />

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