POPULORUM PROGRESSIOCARTA ENCÍCLICADEL PAPA PABLO VIA LOS OBISPOS,SACERDOTES,RELIGIOSOSY FIELES DE TODO EL MUNDOY A TODOS ...
Nuestros viajes4. Antes de nuestra elevación al Sumo Pontificado, nuestros dos viajes a la Américalatina (1960) y al Áfric...
Colonización y colonialismo7. Ante la amplitud y la urgencia de la labor que hay que llevar a cabo, disponemosde medios he...
mucha frecuencia, sin que por eso mismo esté asegurada la inserción en el mundo nue-vo.Conclusión11. En este desarrollo, l...
Fundada para establecer desde ahora en la tierra el reino de los Cielos y no paraconquistar un poder terrenal, afirma clar...
las olas del mar en el flujo de la marea van avanzando, cada una un poco más, en la are-na de la playa, de la misma manera...
tación hacia el espíritu de pobreza,[18] la cooperación del bien común, la voluntad depaz. Más humanas todavía: el reconoc...
Afirmándola netamente,[24] el Concilio ha recordado también, no menos clara-mente, que la renta disponible no es cosa que ...
los espíritus y funde los corazones; al realizarlo, los hombres descubren que son herma-nos.[29]Su ambivalencia28. El trab...
formas urgentes. Cada uno debe aceptar generosamente su papel, sobre todo los que porsu educación, su situación y su poder...
bre de alimentos: un analfabeto es un espíritu subalimentado. Saber leer y escribir, ad-quirir una formación profesional, ...
razón de ser es la de promover los intereses de sus miembros, su responsabilidad esgrande ante la función educativa que pu...
Conclusión42. Es un humanismo pleno el que hay que promover.[44] ¿Qué quiere decir esto sinoel desarrollo integral de todo...
darles lo necesario para su cuerpo, ¿para qué les sirve eso?[48] Hoy en día nadie puedeya ignorarlo: en continentes entero...
dos, se debe considerar como normal el que un país desarrollado consagre una parte desu producción a satisfacer las necesi...
menos ciertas manifestaciones disimuladas bajo la ayuda financiera o la asistencia téc-nica de lo que se ha llamado el neo...
realicen ellos mismos su propio desarrollo y que adquieran progresivamente los mediospara ello. Esta obra común no irá ade...
también demasiado a menudo una dictadura económica. El libre intercambio sólo esequitativo si está sometido a las exigenci...
los esfuerzos, de los conocimientos y de los medios financieros, para realizar los pro-gramas de desarrollo e incrementar ...
III.− LA CARIDAD UNIVERSAL66. El mundo está enfermo. Su mal está menos en la esterilización de los recursos yen su acapara...
Su mismo sentido de organización debería sugerirles los medios de valorizar eltrabajo local, de formar obreros cualificado...
Llamamiento a los jóvenes74. Muchos jóvenes han respondido ya con ardor y entrega a la llamada de Pío XIIpara un laicado m...
débiles, a fin de sostenerse mutuamente; los acuerdos más amplios para venir en suayuda, las convenciones más ambiciosas e...
lico. A nuestros hijos católicos de los países más favorecidos, Nos pedimos que aportensu competencia y su activa particip...
voluntad. A ejemplo de Cristo, Nos nos atrevemos a rogaros con insistencia: “Buscad yencontraréis”;[69] emprended los cami...
[10] Gaudium et spes, n. 63, § 8.[11] Cf. Lucas 7,22.[12] Gaudium et spes, n.3, § 2.[13] Cf. Encíclica Inmortale Dei, 1 no...
[37] Cf. Mateo 19,6.[38] Gaudium et spes, n. 52, § 2.[39] Cf. ibid, nn. 50-51 (y nota 14), y n. 87, § 2 y 3.[40] Ibid., n....
[65] Cf. Encíclica Pacem in terris, 11 abril 1963, AAS 55 (1963), p. 301.[66] AAS 57 (1965), p. 880[67] Cf. Efesios 4,12; ...
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Populorum progressio2

Published on: Mar 4, 2016
Source: www.slideshare.net


Transcripts - Populorum progressio2

  • 1. POPULORUM PROGRESSIOCARTA ENCÍCLICADEL PAPA PABLO VIA LOS OBISPOS,SACERDOTES,RELIGIOSOSY FIELES DE TODO EL MUNDOY A TODOS LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTADSOBRE LA NECESIDAD DE PROMOVEREL DESARROLLO DE LOS PUEBLOSPREÁMBULODesarrollo de los pueblos1. El desarrollo de los pueblos, y muy especialmente el de aquéllos que se esfuerzanpor escapar del hambre, de la miseria, de las enfermedades endémicas, de la ignorancia;que buscan una más amplia participación en los frutos de la civilización, una valoraciónmás activa de sus cualidades humanas; que se orientan con decisión hacia el pleno desa-rrollo, es observado por la Iglesia con atención. Apenas terminado el Concilio VaticanoII, una renovada toma de conciencia de las exigencias del mensaje evangélico obliga ala Iglesia a ponerse al servicio de los hombres, para ayudarles a captar todas las dimen-siones de este grave problema y convencerlos de la urgencia de una acción solidaria eneste cambio decisivo de la historia de la humanidad.Enseñanzas sociales de los Papas2. En sus grandes encíclicas Rerum novarum,[1] de León XIII; Quadragesimo An-no,[2] de Pío XI; Mater et magistra[3] y Pacem in terris,[4] de Juan XXIII −sin hablarde los mensajes al mundo de Pío XII−,[5] nuestros predecesores no faltaron al deber quetenían de proyectar sobre las cuestiones sociales de su tiempo la luz del Evangelio.Hecho importante3. Hoy el hecho más importante del que todos deben adquirir conciencia es el de quela cuestión social ha tomado una dimensión mundial. Juan XXIII lo afirma sin amba-ges,[6] y el Concilio se ha hecho eco de esta afirmación en su Constitución pastoral so-bre la Iglesia en el mundo de hoy.[7] Esta enseñanza es grave y su aplicación urgente.Los pueblos, hambrientos interpelan hoy, con acento dramático, a los pueblos opulen-tos. La Iglesia sufre ante esta crisis de angustia, y llama a todos para que respondan conamor al llamamiento de sus hermanos.
  • 2. Nuestros viajes4. Antes de nuestra elevación al Sumo Pontificado, nuestros dos viajes a la Américalatina (1960) y al África (1962) nos pusieron ya en contacto inmediato con los lastimo-sos problemas que afligen a continentes llenos de vida y de esperanza. Revestidos de lapaternidad universal, hemos podido, en nuestros viajes a Tierra Santa y a la India, vercon nuestros ojos y tocar con nuestras manos las gravísimas dificultades que abruman apueblos de antigua civilización, en lucha con los problemas del desarrollo. Mientras queen Roma se celebraba el segundo Concilio Ecuménico Vaticano, circunstancias provi-denciales nos condujeron a poder hablar directamente a la Asamblea General de las Na-ciones Unidas. Ante tan amplio areópago fuimos el abogado de los pueblos pobres.Justicia y paz5. Por último, con la intención de responder al voto del Concilio y de concretar laaportación de la Santa Sede a esta gran causa de los pueblos en vía de desarrollo, recien-temente hemos creído que era nuestro deber crear, entre los organismos centrales de laIglesia, una Comisión Pontificia encargada de suscitar en todo el pueblo de Dios el ple-no conocimiento de la función de los tiempos actuales piden a cada uno en orden a pro-mover el progreso de los pueblos más pobres, de favorecer la justicia social entre lasnaciones, de ofrecer a los que se hallan menos desarrollados una tal ayuda que les per-mita proveer, ellos mismos y para sí mismos, a su progreso.[8] Justicia y paz es sunombre y su programa. Pensamos que este programa puede y debe juntar a los hombresde buena voluntad con nuestros hijos católicos y hermanos cristianos.Por esto hoy dirigimos a todos este solemne llamamiento para una acción concretaen favor del desarrollo integral del hombre y del desarrollo solidario de la humanidad.PRIMERA PARTEPOR UN DESARROLLO INTEGRAL DEL HOMBREI.− LOS DATOS DEL PROBLEMAAspiraciones de los hombres6. Verse libres de la miseria, hallar con más seguridad la propia subsistencia, la sa-lud, una ocupación estable; participar todavía más en las responsabilidades, fuera detoda opresión y al abrigo de situaciones que ofenden su dignidad de hombres; ser másinstruidos; en una palabra, hacer, conocer y tener más para ser más; tal es la aspiraciónde los hombres de hoy. Y, sin embargo, gran número de ellos se ve condenado a vivir encondiciones que hacen ilusorio este legítimo deseo. Por otra parte, los pueblos llegadosrecientemente a la independencia nacional sienten la necesidad de añadir a esta libertadpolítica un crecimiento autónomo y digno, social no menos que económico, a fin deasegurar a sus ciudadanos su pleno desarrollo humano y ocupar el puesto que les co-rresponde en el concierto de las naciones.
  • 3. Colonización y colonialismo7. Ante la amplitud y la urgencia de la labor que hay que llevar a cabo, disponemosde medios heredados del pasado, aun cuando son insuficientes. Ciertamente hay quereconocer que las potencias coloniales con frecuencia han perseguido su propio interés,su poder o su gloria, y que al retirarse, a veces, han dejado una situación económicavulnerable ligada, por ejemplo, al monocultivo, cuyo rendimiento económico está some-tido a bruscas y amplias variaciones. Pero aún reconociendo los errores de un cierto tipode colonialismo y de sus consecuencias, es necesario al mismo tiempo rendir homenajea las cualidades y a las realizaciones de los colonizadores, que, en las regiones abando-nadas, han aportado su ciencia y su técnica, dejando preciosos frutos de su presencia.Por incompletas que sean, las estructuras establecidas permanecen y han hecho retroce-der la ignorancia y la enfermedad, establecido comunicaciones beneficiosas y mejoradolas condiciones de vida.Desequilibrio creciente8. Aceptado lo dicho, es bien cierto que esta preparación es notoriamente insuficien-te para enfrentarse con la dura realidad de la economía moderna. Dejada a sí misma, sumecanismo conduce al mundo hacia una agravación, y no una atenuación, de la dispari-dad de los niveles de vida; los pueblos ricos gozan de un rápido crecimiento, mientrasque los pobres se desarrollan lentamente. El desequilibrio crece: unos producen conexceso géneros alimenticios que faltan cruelmente a otros, y estos últimos ven que susexportaciones se hacen inciertas.Mayor toma de conciencia9. Al mismo tiempo, los conflictos sociales se han ampliado hasta todas las dimen-siones del mundo. La viva inquietud que se ha apoderado de las clases pobres, en lospaíses que se van industrializando, se apodera ahora de aquéllas en las que la economíaes casi exclusivamente agraria: los campesinos adquieren ellos también la conciencia desu mise-ría, no merecida. A éstos se añade el escándalo de las disparidades hirientes, nosolamente en el goce de los bienes, sino todavía más en el ejercicio del poder. Mientrasque en algunas regiones una oligarquía goza de una civilización refinada, el resto de lapoblación, pobre y dispersa, está “privada de casi todas las posibilidades de iniciativapersonal y de responsabilidad, y aun muchas veces incluso viviendo en condiciones devida y de trabajo indignas de la persona humana”.[10]Choque de civilizaciones10. Por otra parte, el choque entre las civilizaciones tradicionales y las novedades dela civilización industrial rompe las estructuras, que no se adaptan a las nuevas condicio-nes. Su marco, muchas veces rígido, era el apoyo indispensable de la vida personal yfamiliar, y los viejos se aferran a él, mientras que los jóvenes lo rehuyen, como un obs-táculo inútil, para volverse ávidamente hacia nuevas formas de vida social. El conflictode las generaciones se agrava así con un trágico dilema: o conservar instituciones ycreencias ancestrales y renunciar al progreso, o abrirse a las técnicas y civilizacionesque vienen de fuera, pero rechazando con las tradiciones del pasado toda su riquezahumana. De hecho, los apoyos morales, espirituales y religiosos del pasado ceden con
  • 4. mucha frecuencia, sin que por eso mismo esté asegurada la inserción en el mundo nue-vo.Conclusión11. En este desarrollo, la tentación se hace tan violenta que amenaza arrastrar hacialos mesianismos prometedores, pero forjadores de ilusiones. ¿Quién no ve los peligrosque hay en ello, de reacciones populares violentas, de agitaciones insurreccionales y dedeslizamientos hacia la ideologías totalitarias? Éstos son los datos del problema, cuyagravedad no puede escapar a nadie.II.− LA IGLESIA Y EL DESARROLLOLa labor de los misioneros12. Fiel a las enseñanzas y al ejemplo de su Divino Fundador, que dio como señal desu misión el anuncio de la Buena Nueva a los pobres,[11] la Iglesia nunca ha dejado depromover la elevación humana de los pueblos, a los cuales llevaba la fe en Jesucristo.Al mismo tiempo que iglesias, sus misioneros han construido hospicios y hospitales,escuelas y universidades.Enseñando a los indígenas, el modo de sacar mayor provecho de los recursos na-turales, los han protegido frecuentemente contra la codicia de los extranjeros. Sin dudaalguna, su labor, por lo mismo que era humana, no fue perfecta y algunos pudieronmezclar algunas veces no pocos modos de pensar y de vivir de su país de origen con elanuncio del auténtico mensaje evangélico. Pero supieron también cultivar y promoverlas instituciones locales.En muchas regiones supieron colocarse entre los precursores del progreso materialno menos que de la elevación cultural. Basta recordar el ejemplo del padre Carlos deFoucauld, a quien se juzgó digno de ser llamado, por su caridad, el “Hermano univer-sal”, y que compiló un precioso diccionario de la lengua tuareg. Hemos de rendir home-naje a estos precursores muy frecuentemente ignorados, impelidos por la caridad deCristo, lo mismo que a sus émulos y sucesores, que siguen dedicándose, todavía hoy, alservicio generoso y desinteresado de aquéllos que evangelizan.Iglesia y mundo13. Pero en lo sucesivo las iniciativas locales e individuales no bastan ya. La presentesituación del mundo exige una acción de conjunto, que tenga como punto de partida unaclara visión de todos los aspectos económicos, sociales, culturales y espirituales.Con la experiencia que tiene de la humanidad, la Iglesia, sin pretender de ningunamanera mezclarse en la política de los Estados, “sólo desea una cosa: continuar, bajo laguía del Espíritu Paráclito, la obra misma de Cristo, quien vino al mundo para dar testi-monio de la verdad, para salvar y no para juzgar, para servir y no para ser servido”.[12]
  • 5. Fundada para establecer desde ahora en la tierra el reino de los Cielos y no paraconquistar un poder terrenal, afirma claramente que los dos campos son distintos, de lamisma manera que son soberanos los dos poderes, el eclesiástico y el civil, cada uno ensu terreno.[13] Pero, viviendo en la historia, ella debe “escrutar a fondo los signos de lostiempos e interpretarlos a la luz del Evangelio”.[14] Tomando parte en las mejores aspi-raciones de los hombres y sufriendo al no verlas satisfechas, desea ayudarles a conse-guir su pleno desarrollo, y esto precisamente porque ella les propone lo que ella poseecomo propio: una visión global del hombre y de la humanidad.Visión cristiana del desarrollo14. El desarrollo no se reduce al simple crecimiento económico. Para ser auténticodebe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre. Con granexactitud ha subrayado un eminente experto: “Nosotros no aceptamos la separación dela economía de lo humano, el desarrollo de las civilizaciones en que está inscrito. Loque cuenta para nosotros es el hombre, cada hombre, cada agrupación de hombres, hastala humanidad entera”.[15]Vocación al desarrollo15. En los designios de Dios, cada hombre está llamado a desarrollarse, porque todavida es una vocación. Desde su nacimiento, ha sido dado a todos, como un germen, unconjunto de aptitudes y de cualidades para hacerlas fructificar: su floración, fruto de laeducación recibida en el propio ambiente y del esfuerzo personal, permitirá a cada unoorientarse hacia el destino, que le ha sido propuesto por el Creador.Dotado de inteligencia y de libertad, el hombre es responsable de su crecimientolo mismo que de su salvación. Ayudado, y a veces estorbado, por los que lo educan y lorodean, cada uno permanece siempre, sean lo que sean los influjos que sobre él se ejer-cen, el artífice principal de su éxito o de su fracaso: por sólo el esfuerzo de su inteligen-cia y de su voluntad, cada hombre puede crecer en humanidad, valer más, ser más.Deber personal16. Por otra parte, este crecimiento no es facultativo. De la misma manera que la crea-ción entera está ordenada a su Creador, la criatura espiritual está obligada a orientarespontáneamente su vida hacia Dios, verdad primera y bien soberano. Resulta así que elcrecimiento humano constituye como un resumen de nuestros deberes. Más aún, estaarmonía de la naturaleza, enriquecida por el esfuerzo personal y responsable, está lla-mada a superarse a sí misma. Por su inserción en el Cristo vivo, el hombre tiene el ca-mino abierto hacia un progreso nuevo, hacia un humanismo trascendental que le da sumayor plenitud; tal es la finalidad suprema del desarrollo personal.Y comunitario17. Pero cada uno de los hombres es miembro de la sociedad, pertenece a la humani-dad entera. Y no es solamente éste o aquel hombre, sino que todos los hombres estánllamados a este desarrollo pleno. Las civilizaciones nacen, crecen y mueren. Pero como
  • 6. las olas del mar en el flujo de la marea van avanzando, cada una un poco más, en la are-na de la playa, de la misma manera la humanidad avanza por el camino de la Historia.Herederos de generaciones pasadas y beneficiándonos del trabajo de nuestros contem-poráneos, estamos obligados para con todos y no podemos desinteresarnos de los quevendrán a aumentar todavía más el círculo de la familia humana. La solidaridad univer-sal, que es un hecho y un beneficio para todos, es también un deber.Escala de valores18. Este crecimiento personal y comunitario se vería comprometido si se alterase laverdadera escala de valores. Es legítimo el deseo de lo necesario, y el trabajar para con-seguirlo es un deber: “El que no quiere trabajar, que no coma”.[16] Pero la adquisiciónde los bienes temporales puede conducir a la codicia, al deseo de tener cada vez más y ala tentación de acrecentar el propio poder. La avaricia de las personas, de las familias yde las naciones puede apoderarse lo mismo de los más desprovistos que de los más ri-cos, y suscitar en los unos y en los otros un materialismo sofocante.Creciente ambivalencia19. Así, pues, el tener más, lo mismo para los pueblos que para las personas, no es elfin último. Todo crecimiento es ambivalente. Necesario para permitir que el hombre seamás hombre, lo encierra como en una prisión desde el momento en que se convierte enel bien supremo, que impide mirar más allá. Entonces los corazones se endurecen y losespíritus se cierran; los hombres ya no se unen por amistad, sino por interés, que prontoles hace oponerse unos a otros y desunirse. La búsqueda exclusiva del poseer se con-vierte en un obstáculo para el crecimiento del ser y se opone a su verdadera grandeza;para las naciones, como para las personas, la avaricia es la forma más evidente de unsubdesarrollo moral.Hacia una condición más humana20. Si para llevar a cabo el desarrollo se necesitan técnicos, cada vez en mayor núme-ro, para este mismo desarrollo se exige más todavía pensadores de reflexión profundaque busquen un humanismo nuevo, el cual permita al hombre moderno hallarse a símismo, asumiendo los valores superiores del amor, de la amistad, de la oración y de lacontemplación.[17] Así podrá realizar, en toda su plenitud, el verdadero desarrollo, quees el paso, para cada uno y para todos, de condiciones de vida menos humanas, a condi-ciones más humanas.Ideal al que hay que tender21. Menos humanas: las carencias materiales de los que están privados del mínimunvital y las carencias morales de los que están mutilados por el egoísmo. Menos huma-nas: las estructuras opresoras, que provienen del abuso del tener o del abuso del poder,de la explotación de los trabajadores o de la injusticia de las transacciones. Más huma-nas: el remontarse de la miseria a la posesión de lo necesario, la victoria sobre las cala-midades sociales, la ampliación de los conocimientos, la adquisición de la cultura. Máshumanas también: el aumento en la consideración de la dignidad de los demás, la orien-
  • 7. tación hacia el espíritu de pobreza,[18] la cooperación del bien común, la voluntad depaz. Más humanas todavía: el reconocimiento, por parte del hombre, de los valores su-premos, y de Dios, que de ellos es la fuente y el fin. Más humanas, por fin y especial-mente: la fe, don de Dios acogido por la buena voluntad de los hombres, y la unidad enla caridad de Cristo, que nos llama a todos a participar, como hijos, en la vida de Diosvivo, Padre de todos los hombres.III.− LA ACCIÓN QUE DEBE EMPRENDERSE22. Llenad la tierra y sometedla.[19] La Biblia, desde sus primeras páginas, nos ense-ña que la creación entera es para el hombre, quien tiene que aplicar su esfuerzo inteli-gente para valorizarla y, mediante su trabajo, perfeccionarla, por decirlo así poniéndolaa su servicio. Si la tierra está hecha para procurar a cada uno los medios de subsistenciay los instrumentos de su progreso, todo hombre tiene el derecho de encontrar en ella loque necesita. El reciente Concilio lo ha recordado: “Dios ha destinado la tierra, y todo loque en ella se contiene, para uso de todos los hombres y de todos los pueblos, de modoque los bienes creados deben llegar a todos en forma justa, según la regla de la justicia,inseparable de la caridad”.[20] Todos los demás derechos, sean los que sean, compren-didos en ellos los de propiedad y comercio libre, a ello están subordinados: no debenestorbar, antes al contrario, facilitar su realización, y es un deber social grave y urgentehacerlos volver a su finalidad primera.La propiedad23. “Si alguno tiene bienes de este mundo y, viendo a su hermano en necesidad, lecierra sus entrañas, ¿cómo es posible que resida en él el amor de Dios?”.[21] Sabido escon qué firmeza los Padres de la Iglesia han precisado cuál debe ser la actitud de los queposeen respecto a los que se encuentran en necesidad: “No es parte de tus bienes −asídice San Ambrosio− lo que tú des al pobre; lo que le das le pertenece. Porque lo que hasido dado para el uso de todos, tú te lo apropias. La tierra ha sido dada para todo elmundo y no solamente para los ricos”.[22]Es decir, que la propiedad privada no constituye para nadie un derecho incondi-cional y absoluto. No hay ninguna razón para reservarse en uso exclusivo lo que superaa la propia necesidad cuando a los demás les falta lo necesario. En una palabra: “El de-recho de propiedad no debe jamás ejercitarse con detrimento de la utilidad común, se-gún la doctrina tradicional de los Padres de la Iglesia y de los grandes teólogos”. Si sellegase al conflicto “entre los derechos privados adquiridos y las exigencias comunita-rias primordiales”, toca a los poderes públicos “procurar una solución, con la activaparticipación de las personas y de los grupos sociales”.[23]El uso de la renta24. El bien común exige, pues, algunas veces la expropiación si, por el hecho de suextensión, de su explotación deficiente o nula, de la miseria que de ello resulta a la po-blación, del daño considerable producido a los intereses del país, algunas posesionessirven de obstáculo a la prosperidad colectiva.
  • 8. Afirmándola netamente,[24] el Concilio ha recordado también, no menos clara-mente, que la renta disponible no es cosa que queda abandonada al libre capricho de loshombres, y que las especulaciones egoístas deben ser eliminadas. Desde luego, no sepodría admitir que ciudadanos provistos de rentas abundantes, provenientes de los re-cursos y de la actividad nacional, las transfiriesen en parte considerable al extranjero porpuro provecho personal, sin preocuparse del daño evidente que con ello infligirían a lapropia patria.[25]La industrialización25. Necesaria para el crecimiento económico y para el progreso humano, la industria-lización es al mismo tiempo señal y factor del desarrollo. El hombre, mediante la tenazaplicación de su inteligencia y de su trabajo, arranca poco a poco sus secretos a la Natu-raleza y hace un uso mejor de sus riquezas. Al mismo tiempo que disciplina sus cos-tumbres, se desarrolla en él el gusto por la investigación y la invención, la aceptacióndel riesgo calculado, la audacia en las empresas, la iniciativa generosa y el sentido de laresponsabilidad.Capitalismo liberal26. Pero, por desgracia, sobre estas nuevas condiciones de la sociedad, ha sido cons-truido un sistema que considera el provecho como motor esencial del progreso econó-mico, la concurrencia como ley suprema de la economía, la propiedad privada de losmedios de producción como un derecho absoluto, sin límites ni obligaciones socialescorrespondientes. Este liberalismo sin freno, que conduce a la dictadura, justamente fuedenunciado por Pío XI como generador de “el imperialismo internacional del dine-ro”.[26]No hay mejor manera de reprobar un tal abuso que recordando solemnemente unavez más que la economía está al servicio del hombre.[27] Pero si es verdadero que uncierto capitalismo ha sido la causa de muchos sufrimientos, de injusticias y luchas fra-tricidas, cuyos efectos duran todavía, sería injusto que se atribuyera a la industrializa-ción misma los males que son debidos al nefasto sistema que la acompaña. Por el con-trario, es justo reconocer la aportación irreemplazable de la organización del trabajo ydel progreso industrial a la obra del desarrollo.El trabajo27. De la misma manera, aunque a veces puede llegarse a una mística exagerada deltrabajo, no es menos cierto, sin embargo, que el trabajo ha sido querido y bendecido porDios. Creado a imagen suya, “el hombre debe cooperar con el Creador en la perfecciónde la creación y marcar, a su vez, la tierra con el carácter espiritual que él mismo harecibido”.[28] Dios, que ha dotado al hombre de inteligencia, le ha dado también el mo-do de acabar de alguna manera su obra; ya sea artista o artesano, patrono, obrero o cam-pesino, todo trabajador es un creador. Aplicándose a una materia, que se le resiste, eltrabajador le imprime un sello, mientras que él adquiere tenacidad, ingenio y espíritu deinvención. Más aún, viviendo en común, participando de una misma esperanza, de unsufrimiento, de una ambición y de una alegría, el trabajo une las voluntades, aproxima
  • 9. los espíritus y funde los corazones; al realizarlo, los hombres descubren que son herma-nos.[29]Su ambivalencia28. El trabajo, sin duda ambivalente, porque promete el dinero, la alegría y el poder,invita a los unos al egoísmo y a los otros a la revuelta; desarrolla también la concienciaprofesional, el sentido del deber y la caridad para con el prójimo. Más científico y mejororganizado, tiene el peligro de deshumanizar a quien lo realiza, convertido en siervocuyo, porque el trabajo no es humano si no permanece inteligente y libre. Juan XXIII harecordado la urgencia de restituir al trabajador su dignidad, haciéndole participar real-mente en la labor común: “Se debe tender a que la empresa se convierta en una comuni-dad de personas, en las relaciones, en las funciones y en la situación de todo el perso-nal”.[30] Pero el trabajo de los hombres, mucho más para el cristiano, tiene todavía lamisión de colaborar en la creación del mundo sobrenatural,[31] no terminado hasta quelleguemos todos juntos a constituir aquel hombre perfecto, de que habla San Pablo, “querealiza la plenitud de Cristo”.[32]Urgencia de la obra que hay que realizar29. Hay que darse prisa. Muchos hombres sufren y aumenta la distancia que separa elprogreso de los unos del estancamiento y aún retroceso de los otros. Sin embargo, esnecesario que la labor que hay que realizar progrese armoniosamente, so pena de verroto el equilibrio que es indispensable. Una reforma agraria improvisada puede frustrarsu finalidad. Una industrialización brusca puede dislocar las estructuras, que todavía sonnecesarias, y engendrar miserias sociales que serían un retroceso para la humanidad.Tentación de la violencia30. Es cierto que hay situaciones cuya injusticia clama al cielo. Cuando poblacionesenteras, faltas de lo necesario, viven en una tal dependencia que les impide toda iniciati-va y responsabilidad, lo mismo que toda posibilidad de promoción cultural y de partici-pación en la vida social y política, es grande la tentación de rechazar con la violenciatan graves injurias contra la dignidad humana.Revolución31. Sin embargo, como es sabido, la insurrección revolucionaria −salvo en el caso detiranía evidente y prolongada, que atentase gravemente a los derechos fundamentales dela persona y dañase peligrosamente el bien común del país− engendra nuevas injusti-cias, introduce nuevos desequilibrios y provoca nuevas ruinas. No se puede combatir unmal real al precio de un mal mayor.Reforma32. Entiéndasenos bien: la situación presente tiene que afrontarse valerosamente, ycombatirse y vencerse las injusticias que trae consigo. El desarrollo exige transforma-ciones audaces, profundamente innovadoras. Hay que emprender, sin esperar más, re-
  • 10. formas urgentes. Cada uno debe aceptar generosamente su papel, sobre todo los que porsu educación, su situación y su poder tienen grandes posibilidades de acción. Que, dan-do ejemplo, empiecen con sus propios deberes, como ya lo han hecho muchos hermanosnuestros en el Episcopado.[33] Responderán así a la expectación de los hombres y seránfieles al Espíritu de Dios, porque es “el fermento evangélico el que ha suscitado y susci-ta en el corazón del hombre una exigencia incoercible de dignidad”.[34]Programas y planificación33. La sola iniciativa individual y el simple juego de la competencia no serían sufi-cientes para asegurar el éxito del desarrollo. No hay que arriesgarse a aumentar todavíamás la riqueza de los ricos y la potencia de los fuertes, confirmando así la miseria de lospobres y añadiéndola a la servidumbre de los oprimidos. Los programas son necesariospara “animar, estimular, coordinar, suplir e integrar”[35] la acción de los individuos yde los cuerpos intermedios.Toca a los poderes públicos escoger y ver el modo de imponer los objetivos quehay que proponerse, las metas que hay que fijar, los medios para llegar a ellas, estimu-lando al mismo tiempo todas las fuerzas agrupadas a esta acción común. Pero han detener cuidado de asociar a esta empresa las iniciativas privadas y los cuerpos interme-dios. Evitarán así el riesgo de una colectivización integral o de una planificación arbitra-ria que, al negar la libertad, excluiría el ejercicio de los derechos fundamentales de lapersona humana.Al servicio del hombre34. Porque todo programa concebido para aumentar la producción, al fin y al cabo, notiene otra razón de ser que el servicio de la persona; si existe es para reducir las des-igualdades, combatir las discriminaciones, librar al hombre de la esclavitud, hacerlecapaz de ser por sí mismo agente responsable de su mejora material, de su progreso mo-ral y de su desarrollo espiritual. Decir desarrollo es, efectivamente, preocuparse tantopor el progreso social como por el crecimiento económico. No basta aumentar la riquezacomún para que sea repartida equitativamente. No basta promover la técnica para que latierra sea humanamente más habitable.Los errores de los que han ido por delante deben advertir a los que están en vía dedesarrollo de cuáles son los peligros que hay que evitar en este terreno. La tecnocraciadel mañana puede engendrar males o menos temibles que los del liberalismo de ayer.Economía y técnica no tienen sentido si no es por el hombre, a quien deben servir. Elhombre no es verdaderamente hombre más que en la medida en que, dueño de sus ac-ciones y juez de la importancia de éstos se hace él mismo autor de su progreso, según lanaturaleza que le ha sido dada por su Creador y de la cual asume libremente las posibi-lidades y las exigencias.Alfabetización35. Se puede también afirmar que el crecimiento económico depende, en primer lugar,del progreso social; por eso la educación básica es el primer objetivo de un plan de de-sarrollo. Efectivamente, el hambre de instrucción no es menos deprimente que el ham-
  • 11. bre de alimentos: un analfabeto es un espíritu subalimentado. Saber leer y escribir, ad-quirir una formación profesional, es recobrar la confianza en sí mismo y descubrir quese puede progresar al mismo tiempo que los demás.Como dijimos en nuestro mensaje al Congreso de la UNESCO de 1965, en Tehe-rán, la alfabetización es para el hombre “un factor primordial de integración social, nomenos que de enriquecimiento personal. Para la sociedad, un instrumento privilegiadode progreso económico y de desarrollo”.[36] Por eso nos alegramos del gran trabajorealizado en este dominio por las iniciativas privadas, los poderes públicos y las organi-zaciones internacionales: son los primeros artífices del desarrollo, al capacitar al hombrea realizarlo por sí mismo.Familia36. Pero el hombre no es el mismo sino en su medio social, donde la familia tiene unafunción primordial, que ha podido ser excesiva, según los tiempos y los lugares en quese ha ejercitado, con detrimento de las libertades fundamentales de la persona. Los vie-jos cuadros sociales de los países en vía de desarrollo, aunque demasiado rígidos y malorganizados, sin embargo, es menester conservarlos todavía algún tiempo, aflojandoprogresivamente su exagerado dominio.Pero la familia natural, monógama y estable, tal como los designios divinos la hanconcebido[37] y el cristianismo ha santificado, debe permanecer como “punto en el quecoinciden distintas generaciones que se ayudan mutuamente a lograr una más completasabiduría y armonizar los derechos de las personas con las demás exigencias de la vidasocial”.[38]Demografía37. Es cierto que muchas veces un crecimiento demográfico acelerado añade sus difi-cultades a los problemas del desarrollo. El volumen de la población crece con más rapi-dez que los recursos disponibles. Nos encontramos, aparentemente, encerrados en uncallejón sin salida. Es, pues, grande la tentación de frenar el crecimiento demográficocon medidas radicales. Es cierto que los poderes públicos, dentro de los límites de sucompetencia, pueden intervenir, llevando a cabo una información apropiada y adoptan-do las medidas convenientes, con tal de que estén de acuerdo con las exigencias de laley moral y respeten la justa libertad de los esposos.Sin derecho inalienable al matrimonio y a la procreación, no hay dignidad huma-na. Al fin y al cabo es a los padres a los que les toca decidir, con pleno conocimiento decausa, el número de sus hijos, aceptando sus responsabilidades ante Dios, ante los hijosque ya han traído al mundo y ante la comunidad a la que pertenecen, siguiendo las exi-gencias de su conciencia, instruida por la Ley de Dios auténticamente interpretada ysostenida por la confianza en Él.[39]Organizaciones profesionales38. En la obra del desarrollo, el hombre, que encuentra en la familia su medio de vidaprimordial, se ve frecuentemente ayudado por las organizaciones profesionales. Si su
  • 12. razón de ser es la de promover los intereses de sus miembros, su responsabilidad esgrande ante la función educativa que pueden y al mismo tiempo deben cumplir. A travésde la información que ellas procuran, de la formación que ellas proponen, pueden mu-cho para dar a todos el sentido del bien común y de las obligaciones que éste suponepara cada uno.Pluralismo legítimo39. Toda acción social implica una doctrina. El cristiano no puede admitir la que su-pone una filosofía materialista y atea, que no respeta ni la orientación de la vida hacia sufin último, ni la libertad ni la dignidad humanas. Pero, con tal de que estos valores que-den a salvo, un pluralismo de las organizaciones profesionales y sindicales es admisible;desde cierto punto de vista es útil, si protege la libertad y provoca la emulación. Por eso,rendimos un homenaje cordial a todos los que trabajan en el servicio desinteresado desus hermanos.Promoción cultural40. Además de las organizaciones profesionales, es de notar la actividad de las insti-tuciones culturales. Su función no es menor para el éxito del desarrollo. “El porvenir delmundo corre peligro, −afirma gravemente el Concilio− si no se forman hombres másinstruidos en esta sabiduría”. Y añade: “Muchas naciones económicamente más pobres,pero más ricas de sabiduría, pueden prestar a las demás una extraordinaria utilidad”.[40]Rico o pobre, cada país posee una civilización, recibida de sus mayores; institu-ciones exigidas por la vida terrena y manifestaciones superiores −artísticas, intelectualesy religiosas− de la vida del espíritu: mientras que éstas contengan verdaderos valoreshumanos, sería un grave error sacrificarlas a aquellas otras. Un pueblo que lo permitieraperdería con ello lo mejor de sí mismo y sacrificaría, para vivir, sus razones de vivir. Laenseñanza de Cristo vale también para los pueblos. “¿De qué le sirve al hombre ganartodo el mundo si pierde su alma?”.[41]Tentación materialista41. Los pueblos pobres jamás estarán suficientemente en guardia contra esta tenta-ción, que les viene de los pueblos ricos. Éstos presentan, con demasiada frecuencia, conel ejemplo de sus éxitos en una civilización técnica y cultural, el modelo de una activi-dad aplicada principalmente a la conquista de la prosperidad material. No que esta últi-ma cierre el camino por sí misma a las actividades del espíritu.Por el contrario, siendo éste “menos esclavo de las cosas, puede elevarse más fá-cilmente a la adoración y a la contemplación del mismo Creador”;[42] pero, a pesar deello, “la misma civilización moderna, no ciertamente por sí misma, sino porque se en-cuentra excesivamente aplicada a las realidades terrenales, puede hacer muchas vecesmás difícil el acceso a Dios”.[43] En todo aquello que se les propone, los pueblos enfase de desarrollo deben, pues, saber escoger, discernir y eliminar los falsos bienes, quetraerían consigo un descenso a nivel en el ideal humano, aceptando los valores sanos ybenéficos para desarrollarlos, juntamente con los suyos, y según su carácter propio.
  • 13. Conclusión42. Es un humanismo pleno el que hay que promover.[44] ¿Qué quiere decir esto sinoel desarrollo integral de todo el hombre y de todos los hombres? Un humanismo cerra-do, impenetrable a los valores del espíritu y a Dios, que es la fuente de ellos, podría apa-rentemente triunfar; ciertamente, el hombre puede organizar la tierra sin Dios, pero, “alfin y al cabo, sin Dios no puede menos de organizarla contra el hombre. El humanismoexclusivo es un humanismo inhumano”.[45] No hay, pues, más que un humanismo ver-dadero que se abre al Absoluto, en el reconocimiento de una vocación, que da la ideaverdadera de la vida humana. Lejos de ser la norma última de los valores, el hombre nose realiza a sí mismo si no es superándose. Según la tan acertada expresión de Pascal:“El hombre supera infinitamente al hombre”.[46]SEGUNDA PARTEHACIA EL DESARROLLO SOLIDARIO DE LA HUMANIDADIntroducción43. El desarrollo integral del hombre no puede darse sin el desarrollo solidario de lahumanidad. Nos lo decíamos en Bombay: “El hombre debe encontrar al hombre, lasnaciones deben encontrarse entre sí como hermanos y hermanas, como hijos de Dios.En esta comprensión y amistad mutuas, en esta comunión sagrada, debemos igualmentecomenzar a actuar a una, para edificar el porvenir común de la humanidad”.[47]Sugeríamos también la búsqueda de medios concretos y prácticos de organizacióny cooperación para poner en común los recursos disponibles y realizar así una verdaderacomunión entre todas las naciones.Fraternidad de los pueblos44. Este deber concierne en primer lugar a los más favorecidos. Sus obligaciones tie-nen sus raíces en la fraternidad humana y sobrenatural y se presentan bajo un triple as-pecto: deber de solidaridad, en la ayuda que las naciones ricas deben aportar a los paísesen vía de desarrollo; deber de justicia social, enderezando las relaciones comercialesdefectuosas entre los pueblos fuertes y débiles. Deber de caridad universal, por la pro-moción de un mundo más humano para todos, en donde todos tengan que dar y recibir,sin que el progreso de los unos sea un obstáculo para el desarrollo de los otros. La cues-tión es grave, ya que el provenir de la civilización mundial depende de ello.I.− ASISTENCIA A LOS DÉBILESLucha contra el hambre45. Si un hermano o una hermana están desnudos −dice Santiago−, si les falta el ali-mento cotidiano, y alguno de vosotros les dice: “Andad en paz, calentaos, saciaos”, sin
  • 14. darles lo necesario para su cuerpo, ¿para qué les sirve eso?[48] Hoy en día nadie puedeya ignorarlo: en continentes enteros son innumerables los hombres y mujeres torturadospor el hambre, son innumerables los niños subalimentados, hasta tal punto, que un buennúmero de ellos muere en la tierna edad; el crecimiento físico y el desarrollo mental demuchos otros se ve con ello comprometido, y regiones enteras se ven así condenadas almás triste desaliento.Hoy46. Llamamientos angustiosos han resonado ya. El de Juan XXIII fue calurosamenterecibido.[49] Nos lo hemos reiterado en nuestro mensaje de Navidad de 1963,[50] y denuevo en favor de la India en 1966.[51] La campaña contra el hambre emprendida por laOrganización Internacional para la Alimentación y la Agricultura (FAO), y alentada porla Santa Sede, ha sido secundada con generosidad. Nuestra Caritas Internacional actúapor todas partes, y numerosos católicos, bajo el impulso de nuestros hermanos en elepiscopado, dan y se entregan sin reserva a fin de ayudar a los necesitados, agrandandoprogresivamente el círculo de sus prójimos.Mañana47. Pero todo ello, al igual que las inversiones privadas y públicas ya realizadas, lasayudas y los préstamos otorgados, no bastan. No se trata sólo de vencer el hambre, nisiquiera de hacer retroceder la pobreza. El combate contra la miseria, urgente y necesa-rio, es insuficiente. Se trata de construir un mundo donde todo hombre, sin excepción deraza, religión o nacionalidad, pueda vivir una vida plenamente humana, emancipado delas servidumbres que le vienen de la parte de los hombres y de una naturaleza insufi-cientemente dominada; un mundo donde la libertad no sea una palabra vana y donde elpobre Lázaro pueda sentarse a la misma mesa que el rico.[52] Ello exige a este últimomucha generosidad, innumerables sacrificios y esfuerzo sin descanso.A cada cual toca examinar su conciencia, que tienen una nueva voz para nuestraépoca. ¿Está dispuesto a sostener con su dinero las obras y las empresas organizadas enfavor de los más pobres? ¿A pagar más impuestos para que los poderes públicos intensi-fiquen su esfuerzo para el desarrollo? ¿A comprar más caros los productos importados afin de remunerar más justamente al productor? ¿A expatriarse a sí mismo, si es joven,ante la necesidad de ayudar este crecimiento de las naciones jóvenes?Deber de solidaridad48. El deber de solidaridad de las personas es también el de los pueblos: “Los pueblosya desarrollados tienen la obligación gravísima de ayudar a los países en vía de desarro-llo”.[53] Se debe poner en práctica esta enseñanza conciliar. Si es normal que una po-blación sea el primer beneficiario de los dones otorgados por la Providencia como frutode su trabajo, no puede ningún pueblo, sin embargo, pretender reservar sus riquezaspara su uso exclusivo. Cada pueblo debe producir más y mejor, a la vez para dar a sussúbditos un nivel de vida verdaderamente humano y para contribuir también al desarro-llo solidario de la humanidad. Ante la creciente indigencia de los países subdesarrolla-
  • 15. dos, se debe considerar como normal el que un país desarrollado consagre una parte desu producción a satisfacer las necesidades de aquéllos; igualmente normal que formeeducadores, ingenieros, técnicos y sabios que pongan su ciencia y su competencia alservicio de ellos.Lo superfluo49. Hay que decirlo una vez más: lo superfluo de los países ricos debe servir a lospaíses pobres; la regla que antiguamente valía en favor de los más cercanos debe apli-carse hoy a la totalidad de las necesidades del mundo. Los ricos, por otra parte, serán losprimeros beneficiados de ello. Si no, su prolongada avaricia no hará más que suscitar eljuicio de Dios y la cólera de los pobres, con imprevisibles consecuencias. Replegadas ensu egoísmo, las civilizaciones actualmente florecientes atentarían a sus valores más al-tos, sacrificando la voluntad de ser más al deseo de poseer en mayor abundancia. Y seaplicaría a ellos la parábola del hombre rico cuyas tierras habían producido mucho y queno sabía dónde almacenar la cosecha: Dios le dice: “Insensato, esta misma noche te pe-dirán el alma”.[54]Programas50. Estos esfuerzos, a fin de obtener su plena eficacia, no deberían permanecer disper-sos o aislados, y menos aún opuestos por razones de prestigio o poder: la situación exigeprogramas concertados. En efecto, un programa es más y es mejor que una ayuda oca-sional dejada a la buena voluntad de cada uno. Supone, Nos lo hemos dicho ya antes,estudios profundos, fijar los objetivos, determinar los medios, aunar los esfuerzos, a finde responder a las necesidades presentes y a las exigencias previsibles. Más aún, sobre-pasa las perspectivas del crecimiento económico y del progreso social: da sentido y va-lor a la obra que debe realizarse. Arreglando el mundo, consolida y dignifica cada vezmás al hombre.Fondo mundial51. Hará falta ir más lejos aún. Nos pedimos en Bombay la constitución de un granFondo mundial alimentado con una parte de los gastos militares, a fin de ayudar a losmás desheredados.[55] Esto que vale para la lucha inmediata contra la miseria, valeigualmente a escala del desarrollo. Sólo una colaboración mundial, de la cual un fondocomún sería al mismo tiempo símbolo e instrumento, permitiría superar las rivalidadesestériles y suscitar un diálogo pacífico y fecundo entre todos los pueblos.Sus ventajas52. Sin duda, acuerdos bilaterales o multilaterales pueden seguir existiendo: ellospermiten sustituir las relaciones de dependencia y las amarguras surgidas en la era colo-nial, por felices relaciones de amistad, desarrolladas sobre un pie de igualdad jurídica ypolítica. Pero, incorporados en un programa de colaboración mundial, se verían libresde toda sospecha. Las desconfianzas de los beneficiarios se atenuarían. Éstos temerían
  • 16. menos ciertas manifestaciones disimuladas bajo la ayuda financiera o la asistencia téc-nica de lo que se ha llamado el neocolonialismo, bajo forma de presiones políticas y dedominación económica encaminadas a defender o a conquistar una hegemonía domina-dora.Su urgencia53. ¿Quién no ve además que un tal fondo facilitaría la reducción de ciertos despilfa-rros, fruto del temor o del orgullo? Cuando tantos pueblos tienen hambre, cuando tantoshogares sufren la miseria, cuando tantos hombres viven sumergidos en la ignorancia,cuando aun quedan por construir tantas escuelas, hospitales, viviendas dignas de estenombre, todo derroche público o privado, todo gasto de ostentación nacional o personal,toda carrera de armamentos, se convierte en un escándalo intolerable. Nos nos vemosobligados a denunciarlo. Quieran los responsables oírnos antes de que sea demasiadotarde.Diálogo que debe comenzar54. Esto quiere decir que es indispensable se establezca entre todos el diálogo, a favordel cual Nos hacíamos votos en nuestra primer encíclica, Ecclesiam suam.[56] Este diá-logo entre quienes aportan los medios y quienes se benefician de ellos permitirá medirlas aportaciones no sólo de acuerdo con la generosidad y las disponibilidades de losunos, sino también en función de las necesidades reales y de las posibilidades de empleode los otros.Con ello los países en vía de desarrollo no correrán en adelante el riego de estarabrumados de deudas, cuya satisfacción absorbe la mayor parte de sus beneficios. Lastasas de interés y la duración de los préstamos deberán disponerse de manera soportablepara los unos y para los otros, equilibrando las ayudas gratuitas, los préstamos sin inte-rés, o con un interés mínimo, y la duración de las amortizaciones. A quienes proporcio-nen los medios financieros se les podrá dar garantías sobre el empleo que se hará deldinero, según el plan convenido y con una eficiencia razonable, puesto que no se tratade favorecer a los perezosos y parásitos.Y los beneficiarios podrán exigir que no haya ingerencias en su política y que nose perturbe su estructura social. Como Estados soberanos, a ellos les corresponde dirigirpor sí mismos sus asuntos, determinar su política y orientarse libremente hacia la formade sociedad que han escogido. Se trata, por tanto, de instaurar una colaboración volunta-ria, una participación eficaz de los unos con los otros, en un plano de dignidad igual,para construir una convivencia civil verdaderamente digna del hombre.Su necesidad55. La tarea podría parecer imposible en regiones donde la preocupación por la sub-sistencia cotidiana acapara toda la existencia de familias incapaces de concebir un traba-jo que les prepare para un porvenir menos miserable. Y, sin embargo, es precisamente aestos hombres y mujeres a quienes hay que ayudar, a quienes hay que convencer que
  • 17. realicen ellos mismos su propio desarrollo y que adquieran progresivamente los mediospara ello. Esta obra común no irá adelante, claro está, sin un esfuerzo concertado, cons-tante y animoso. Pero que cada uno se persuada profundamente: está en juego la vida delos pueblos pobres, la paz civil de los países en vía de desarrollo y la paz del mundo.II.− LA EQUIDAD EN LAS RELACIONES COMERCIALES56. Los esfuerzos, realmente considerables, que se han hecho para ayudar en el planfinanciero y técnico a los países en vía de desarrollo serían ilusorios si sus resultadosfuesen parcialmente anulados por el juego de las relaciones comerciales entre paísesricos y entre países pobres. La confianza de estos últimos se quebrantaría si tuviesen laimpresión de que una mano les quita lo que la otra les da.Superación creciente57. Las naciones altamente industrializadas exportan, sobre todo, productos elabora-dos, mientras que las economías poco desarrolladas no tienen para vender más que pro-ductos agrícolas y materias primas. Gracias al progreso técnico, los primeros aumentanrápidamente de valor y encuentran suficiente mercado. Por el contrario, los productosprimarios que provienen de los países subdesarrollados sufren amplias y bruscas varia-ciones de precio, muy lejos de esa plusvalía progresiva. De ahí provienen, para las na-ciones poco industrializadas, grandes dificultades cuando han de contar con sus expor-taciones para equilibrar su economía y realizar su plan de desarrollo. Los pueblos po-bres permanecen siempre pobres, y los ricos se hacen cada vez más ricos.Más allá del liberalismo58. Es evidente que la regla del libre cambio no puede seguir rigiendo ella sola lasrelaciones internacionales. Sus ventajas son sin duda evidentes cuando las partes no seencuentran en condiciones demasiado desiguales de potencia económica: es un estímulodel progreso y recompensa del esfuerzo. Por eso los países industrialmente desarrolla-dos ven en ella una ley de justicia. Pero ya no es lo mismo cuando las condiciones sondemasiado desiguales de país a país: los precios que se forman “libremente” en el mer-cado pueden llevar consigo resultados no equitativos. Es, por consiguiente, el principiofundamental del liberalismo, como regla de los intercambios comerciales, el que estáaquí en litigio.Justicia de los contratos a escala de los pueblos59. La enseñanza de León XIII en la Rerum novarum conserva su validez: el consen-timiento de las partes, si están en situaciones demasiado desiguales, no basta para garan-tizar la justicia del contrario; y la regla del libre consentimiento queda subordinada a lasexigencias del derecho natural.[57] Lo que era verdadero acerca del justo salario indivi-dual, lo es también respecto a los contratos internacionales: una economía de intercam-bio no puede seguir descansando sobre la sola ley de la libre concurrencia, que engendra
  • 18. también demasiado a menudo una dictadura económica. El libre intercambio sólo esequitativo si está sometido a las exigencias de la justicia social.Medidas que hay que tomar60. Por lo demás, esto lo han comprendido los mismos países desarrollados, que seesfuerzan con medidas adecuadas por restablecer, en el seno de su propia economía, unequilibrio que la concurrencia, dejada a su libre juego, tiende a comprometer. Así suce-de que a menudo sostienen su agricultura a costa de sacrificios impuestos a los sectoreseconómicos más favorecidos. Así también, para mantener las relaciones comercialesque se desenvuelven entre ellos, particularmente en el interior de un mercado común, supolítica financiera, fiscal y social se esfuerza por procurar, a industrias concurrentes deprosperidad desigual, oportunidades semejantes.Convenciones internacionales61. No estaría bien usar aquí dos pesos y dos medidas. Lo que vale en economía na-cional, lo que se admite entre países desarrollados, vale también en las relaciones co-merciales entre países ricos y países pobres. Sin abolir el mercado de concurrencia, hayque mantenerlo dentro de los límites que lo hacen justo y moral, y, por tanto, humano.En el comercio entre economías desarrolladas y subdesarrolladas, las situaciones sondemasiado dispares, y las libertades reales demasiado desiguales.La justicia social exige que el comercio internacional, para ser humano y moral,restablezca entre las partes al menos una cierta igualdad de oportunidades. Esta últimaes un objetivo a largo plazo. Mas para llegar a él es preciso crear desde ahora una igual-dad real en las discusiones y negociaciones. Aquí también serían útiles convencionesinternacionales de radio suficientemente vasto: ellas establecerían normas generales convistas a regularizar ciertos precios, garantizar determinadas producciones, sostener cier-tas industrias nacientes. ¿Quién no ve que un tal esfuerzo común hacia una mayor justi-cia en las relaciones comerciales entre los pueblos aportaría a los países en vía de desa-rrollo una ayuda positiva, cuyos efectos no serían solamente inmediatos, sino durade-ros?Obstáculos que hay que superar: el nacionalismo62. Todavía otros obstáculos se oponen también a la formación de un mundo másjusto y más estructurado dentro de una solidaridad universal: queremos hablar del na-cionalismo y del racismo. Es natural que comunidades recientemente llegadas a su in-dependencia política sean celosas de una unidad nacional aun frágil y se esfuercen porprotegerla. Es normal también que naciones de vieja cultura estén orgullosas del patri-monio que les ha legado su historia.Pero estos legítimos sentimientos deben ser sublimados por la caridad universal,que engloba a todos los miembros de la familia humana. El nacionalismo aísla los pue-blos en contra de lo que es su verdadero bien. Sería particularmente nocivo allí en dondela debilidad de las economías nacionales exige, por el contrario, la puesta en común de
  • 19. los esfuerzos, de los conocimientos y de los medios financieros, para realizar los pro-gramas de desarrollo e incrementar los intercambios comerciales y culturales.El racismo63. El racismo no es patrimonio exclusivo de las naciones jóvenes, en las que, a ve-ces, se disfraza bajo las rivalidades de clases y de partidos políticos, con gran perjuiciode la justicia y con peligro de la paz civil. Durante la era colonial ha creado a menudoun muro de separación entre colonizadores e indígenas, poniendo obstáculos a una fe-cunda inteligencia recíproca y provocando muchos rencores como consecuencia de ver-daderas injusticias.Es también un obstáculo a la colaboración entre naciones menos favorecidas y unfermento de división y menosprecio de los derechos imprescriptibles de la personahumana, individuos y familias se ven injustamente sometidos a un régimen de excep-ción por razón de su raza o de su color.Hacia un mundo solidario64. Una tal situación, tan cargada de amenazas para el porvenir, nos aflige profunda-mente. Abrigamos, con todo, la esperanza de que una necesidad más sentida de la cola-boración y un sentido más agudo de la solidaridad acabarán por prevalecer sobre lasincomprensiones y los egoísmos. Nos esperamos que los países cuyo desarrollo estámenos avanzado sabrán aprovecharse de su vecindad para organizar entre ellos, sobreáreas territorialmente extensas, zonas de desarrollo conjunto; establecer programas co-munes, coordinar las inversiones, repartir las posibilidades de producción, organizar losintercambios. Esperamos también que las organizaciones multilaterales e internaciona-les encontrarán, por medio de una reorganización necesaria, los caminos que permitirána los pueblos todavía subdesarrollados salir de los atolladeros en que parecen estar ence-rrados y descubrir por sí mismos, dentro de la fidelidad a su peculiar modo de ser, losmedios para su progreso social y humano.Pueblos artífices de su destino65. Porque ésa es la meta a la que hay que llegar. La solidaridad mundial, cada díamás eficiente, debe permitir a todos los pueblos el llegar a ser por sí mismos artífices desu destino. El pasado ha sido marcado demasiado frecuentemente por relaciones defuerza entre las naciones: venga ya el día en que las relaciones internacionales lleven elcuño del mutuo respeto y de la amistad, de la interdependencia en la colaboración y dela promoción común bajo la responsabilidad de cada uno. Los pueblos más jóvenes omás débiles reclaman tener su parte activa en la construcción de un mundo mejor, másrespetuoso de los derechos y de la vocación de cada uno. Este clamor es legítimo; a laresponsabilidad de cada uno queda el escucharlo y el responder a él.
  • 20. III.− LA CARIDAD UNIVERSAL66. El mundo está enfermo. Su mal está menos en la esterilización de los recursos yen su acaparamiento por parte de algunos que en la falta de fraternidad entre los hom-bres y entre los pueblos.El deber de la hospitalidad67. Nos no insistiremos nunca demasiado en el deber de hospitalidad −deber de soli-daridad humana y de caridad cristiana−, que incumbe tanto a las familias como a lasorganizaciones culturales de los países que acogen a los extranjeros. Es necesario multi-plicar residencias y hogares que acojan, sobre todo, a los jóvenes. Esto ante todo, paraprotegerles contra la soledad, el sentimiento de abandono, la angustia, que destruyentodo resorte moral.También para defenderles contra la situación malsana en que se encuentran, for-zados a comparar la extrema pobreza de su patria con el lujo y el derroche que a menu-do les rodea. Y asimismo para ponerles al abrigo de doctrinas subversivas y de tentacio-nes agresivas que les asaltan ante el recuerdo de tanta “miseria inmerecida”.[58] Sobretodo, en fin, para ofrecerles, con el calor de una acogida fraterna, el ejemplo de una vidasana, la estima de la caridad cristiana auténtica y eficaz, el aprecio de los valores espiri-tuales.El drama de los jóvenes estudiantes68. Es doloroso pensarlo: numerosos jóvenes, venidos a países más avanzados pararecibir la ciencia, la competencia y la cultura que les harán más aptos para servir a supatria, adquieren ciertamente una formación más cualificada, pero pierden demasiado amenudo la estima de unos valores espirituales que muchas veces se encuentran, comoprecioso patrimonio, en aquellas civilizaciones que les han visto crecer.Trabajadores emigrantes69. La misma acogida debe ofrecerse a los trabajadores emigrados, que viven muchasveces en condiciones inhumanas, ahorrando de su salario para sostener a sus familias,que se encuentran en la miseria en su suelo natal.Sentido social70. Nuestra segunda recomendación va dirigida a aquéllos a quienes sus negociosllaman a países recientemente abiertos a la industrialización: industriales, comerciantes,dirigentes o representantes de las grandes empresas. Sucede a menudo que no están des-provistos de sentido social en su propio país; ¿por qué de nuevo retroceder a los princi-pios inhumanos del individualismo cuando ellos trabajan en países menos desarrolla-dos? La superioridad de su situación debería, al contrario, convertirles en los iniciadoresdel progreso social y de la promoción humana allí donde sus negocios les llaman.
  • 21. Su mismo sentido de organización debería sugerirles los medios de valorizar eltrabajo local, de formar obreros cualificados, de preparar ingenieros y mandos interme-dios, de dejar sitio a sus iniciativas, de introducirles progresivamente en los puestos máselevados, disponiéndoles así para que en un próximo porvenir puedan compartir conellos las responsabilidades de la dirección. Que al menos la justicia regule siempre lasrelaciones entre jefes y subordinados que unos contratos bien establecidos rijan las obli-gaciones recíprocas. Que no haya nada, en fin, sea cual sea su situación, que les dejeinjustamente sometidos a la arbitrariedad.Misiones de desarrollo71. Cada vez son más numerosos, Nos alegramos de ello, los técnicos enviados enmisión de desarrollo por las instituciones internacionales o bilaterales u organismosprivados; “no deben comportarse como dominadores, sino como asistentes y colabora-dores”.[59] Un pueblo percibe enseguida si los que vienen en su ayuda lo hacen con osin afección, para aplicar unas técnicas o para darle al hombre todo su valor. Su mensajequeda expuesto a no ser recibido si no va acompañado del amor fraterno.Cualidades de los técnicos72. A la competencia técnica necesaria tienen, pues, que añadir las señales auténticasde un amor desinteresado. Libres de todo orgullo nacionalista, como de toda aparienciade racismo, los técnicos deben aprender a trabajar en estrecha colaboración con todos.Saben que su competencia no les confiere una superioridad en todos los terrenos. Lacivilización que les ha formado contiene ciertamente elementos de humanismo univer-sal, pero ella no es única ni exclusiva y no puede ser importada sin adaptación. Losagentes de estas misiones se esforzarán sinceramente por descubrir, junto con su histo-ria, los componentes y las riquezas culturales del país que les recibe. Se establecerá conello un contacto que fecundará una y otra civilización.Diálogo de civilizaciones73. Entre las civilizaciones, como entre las personas, un diálogo sincero es, en efecto,creador de fraternidad. La empresa del desarrollo acercará a los pueblos en las realiza-ciones que persigue el común esfuerzo, si todos, desde los gobernantes y sus represen-tantes hasta el más humilde técnico, se sienten animados por un amor fraternal y movi-dos por el deseo sincero de construir una civilización de solidaridad mundial. Un diálo-go, centrado sobre el hombre y no sobre los productos o sobre las técnicas, comenzaráentonces. Será fecundo si aporta a los pueblos que de él se benefician los medios que loeleven y lo espiritualicen; si los técnicos se hacen educadores y si las enseñanzas impar-tidas están marcadas por una cualidad espiritual y moral tan elevada que garanticen undesarrollo no solamente económico, sino también humano. Más allá de la asistenciatécnica, las relaciones así establecidas perdurarán. ¿Quién no ve la importancia que en-tonces tendrán para la paz del mundo?
  • 22. Llamamiento a los jóvenes74. Muchos jóvenes han respondido ya con ardor y entrega a la llamada de Pío XIIpara un laicado misionero.[60] Son muchos también los que se han puesto espontánea-mente a disposición de organismos, oficiales o privados, que colaboran con los pueblosen vía de desarrollo. Nos sentimos viva satisfacción al saber que en ciertas naciones el“servicio militar” puede convertirse, en parte, en un “servicio social”, un simple servi-cio. Nos bendecimos estas iniciativas y la buena voluntad de los que las secundan. ¡Oja-lá que todos los que se dicen de Cristo puedan escuchar su llamada: “Tuve hambre, yme disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui un extranjero, y me recibisteis;estuve desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y me vinisteis aver”.[61] Nadie puede permanecer indiferente ante la suerte de sus hermanos que toda-vía yacen en la miseria, presa de la ignorancia, víctimas de la inseguridad. Como el co-razón de Cristo, el corazón del cristiano debe sentir compasión de tanta miseria: “Sientocompasión por esta muchedumbre”.[62]Plegaria y acción75. La oración de todos debe subir con fervor al Todopoderoso, a fin de que la huma-nidad, consciente de tan grandes calamidades, se aplique con inteligencia y firmeza aabolir-las. A esta oración debe corresponder la entrega completa de cada uno, en la me-dida de sus fuerzas y de sus posibilidades, a la lucha contra el subdesarrollo. Que losindividuos, los grupos sociales y las naciones se den fraternalmente la mano, el fuerteayudando al débil a levantarse, poniendo en ello toda su competencia, su entusiasmo ysu amor desinteresado. Más que nadie, el que está animado de una verdadera caridad esingenioso para descubrir las causas de la miseria, para encontrar los medios de comba-tirla, para vencerla con intrepidez. Amigo de la paz, “proseguirá su camino irradiandoalegría y derramando luz y gracia en el corazón de los hombres en toda la faz de la tie-rra, haciéndoles descubrir, por encima de todas las fronteras, el rostro de los hermanos,el rostro de los amigos”.[63]El desarrollo es el nuevo nombre de la paz76. Las diferencias económicas, sociales y culturales demasiado grandes entre lospueblos provocan tensiones y discordias, y ponen la paz en peligro. Como Nos dijimos alos padres conciliares a la vuelta de nuestro viaje de paz a la ONU, “la condición de lospueblos en vía de desarrollo debe ser el objeto de nuestra consideración, o, mejor aún,nuestra caridad con los pobres que hay en el mundo −y éstos son legiones infinitas−debe ser más atenta, más activa, más generosa”.[64] Combatir la miseria y luchar contrala injusticia es promover, a la par que el mayor bienestar, el progreso humano y espiri-tual de todos, y, por consiguiente, el bien común de la humanidad. La paz no se reduce auna ausencia de guerra, fruto del equilibrio siempre precario de las fuerzas. La paz seconstruye día a día, en la instauración de un orden querido por Dios, que comporta unajusticia más perfecta entre los hombres.[65]Salir del aislamiento77. Constructores de su propio desarrollo, los pueblos son los primeros responsablesde él. pero no lo realizarán en el aislamiento. Los acuerdos regionales entre los pueblos
  • 23. débiles, a fin de sostenerse mutuamente; los acuerdos más amplios para venir en suayuda, las convenciones más ambiciosas entre unos y otros para establecer programasconcertados, son los jalones de este camino del desarrollo que conduce a la paz.Hacia una autoridad mundial eficaz78. Esta colaboración internacional de alcance mundial requiere unas institucionesque la prepare, la coordinen y la rijan hasta constituir un orden jurídico universalmentereconocido. De todo corazón, Nos alentamos las organizaciones que han puesto manoen esta colaboración para el desarrollo, y deseamos que crezca su autoridad. “Vuestravocación −dijimos a los representantes de las Naciones Unidas en Nueva York− es la dehacer fraternizar no solamente a algunos pueblos, sino a todos los pueblos... ¿Quién nove la necesidad de llegar así progresivamente a instaurar una autoridad mundial quepueda actuar eficazmente en el terreno jurídico y en el de la política?”.[66]Esperanza fundada en un mundo mejor79. Algunos creerán utópicas tales esperanzas. Tal vez no sea consistente su realismoy tal vez no hayan percibido el dinamismo de un mundo que quiere vivir más fraternal-mente, y que, a pesar de sus ignorancias, sus errores, sus pecados, sus recaídas en labarbarie, y sus alejados extravíos fuera del camino de la salvación, se acerca lentamente,aun sin darse de ello cuenta, hacia su Creador. Este camino hacia más y mejores senti-mientos de humanidad pide esfuerzo y sacrificio, pero el mismo sufrimiento, aceptadopor amor hacia nuestros hermanos, es portador de progreso para toda la familia humana.Los cristianos saben que la unión al sacrificio del Salvador contribuye a la edificacióndel Cuerpo de Cristo en su plenitud: el pueblo de Dios reunido.[67]Todos solidarios80. En esta marcha, todos somos solidarios. A todos hemos querido recordar la ampli-tud del drama y la urgencia de la obra que hay que llevar a cabo. La hora de la acción hasonado ya: la supervivencia de tantos niños inocentes, el acceso a una condición huma-na de tantas familias desgraciadas, la paz del mundo, el porvenir de la civilización, estánen juego. Todos los hombres y todos los pueblos deben asumir sus responsabilidades.LLAMAMIENTO FINALCatólicos81. Nos conjuramos en primer lugar a todos nuestros hijos. En los países en vía dedesarrollo no menos que en los otros, los seglares deben asumir como tarea propia larenovación del orden temporal. Si el papel de la jerarquía es el de enseñar e interpretarauténticamente los principios morales que hay que seguir en este terreno, a los seglaresles corresponde, con su libre iniciativa y sin esperar pasivamente consignas y directri-ces, penetrar de espíritu cristiano la mentalidad y las costumbres, las leyes y las estruc-turas de la comunidad en que viven.[68] Los cambios son necesarios; las reformas pro-fundas, indispensables: deben emplearse resueltamente en infundirles el espíritu evangé-
  • 24. lico. A nuestros hijos católicos de los países más favorecidos, Nos pedimos que aportensu competencia y su activa participación en las organizaciones oficiales o privadas, civi-les o religiosas, dedicadas a superar las dificultades de los países en vía de desarrollo.Estamos seguros de que ellos pondrán todo su empeño para hallarse en primera fila en-tre aquéllos que trabajan por llevar a la realidad de los hechos una moral internacionalde justicia y equidad.Cristianos y creyentes82. Todos los cristianos, nuestros hermanos, Nos estamos seguro de ello, querrán am-pliar su esfuerzo común y concertado a fin de ayudar al mundo a triunfar del egoísmo,del orgullo y de las rivalidades, a superar las ambiciones y las injusticias, a abrir a todoslos caminos de una vida más humana en la que cada uno sea amado y ayudado como suprójimo y su hermano. Todavía emocionado por nuestro inolvidable encuentro de Bom-bay con nuestros hermanos no cristianos, de nuevo Nos les invitamos a laborar con todosu corazón y con toda su inteligencia, para que todos los hijos de los hombres puedanllevar una vida digna de hijos de Dios.Hombres de buena voluntad83. Finalmente, nos dirigimos a todos los hombres de buena voluntad, conscientes deque el camino de la paz pasa por el desarrollo. Delegados en las instituciones interna-cionales, hombres de Estado, publicistas, educadores, todos, cada uno en nuestro sitio,vosotros sois los constructores de un mundo nuevo. Nos suplicamos al Dios Todopode-roso que ilumine vuestras inteligencias y os dé nuevas fuerzas y aliento para poner enestado de alerta a la opinión pública y comunicar entusiasmo a los pueblos. Educadores,a vosotros os pertenece despertar ya desde la infancia el amor a los pueblos que se en-cuentran en la miseria. Publicistas, a vosotros corresponde poner ante nuestros ojos elesfuerzo realizado para promover la mutua ayuda entre los pueblos, así como también elespectáculo de las miserias que los hombres tienen tendencia a olvidar para tranquilizarsus conciencias; que los ricos sepan al menos que los pobres están a su puerta y aguar-dan las migajas de sus banquetes.Hombres de Estado84. Hombres de Estado, a vosotros os incumbe movilizar vuestras comunidades enuna solidaridad mundial más eficaz, y ante todo hacerles aceptar las necesarias disminu-ciones de su lujo y de sus dispendios para promover el desarrollo y salvar la paz. Dele-gados de las organizaciones internacionales, de vosotros depende que el peligroso yestéril enfrentamiento de fuerzas deje paso a la colaboración amigable, pacífica y desin-teresada, a fin de lograr un progreso solidario de la humanidad en el que todos los hom-bres puedan desarrollarse.Sabios85. Y si es verdad que el mundo se encuentra en un lamentable vacío de ideas, Noshacemos un llamamiento a los pensadores y a los sabios, católicos, cristianos, adorado-res de Dios, ávidos de absoluto, de justicia y de verdad: todos los hombres de buena
  • 25. voluntad. A ejemplo de Cristo, Nos nos atrevemos a rogaros con insistencia: “Buscad yencontraréis”;[69] emprended los caminos que conducen, a través de la colaboración, dela profundización, del saber, de la amplitud del corazón, a una vida más fraterna en unacomunidad humana verdaderamente universal.Todos a la obra86. Vosotros todos los que habéis oído la llamada de los pueblos que sufren, vosotroslos que trabajáis para darles una respuesta, vosotros sois los apóstoles del desarrolloauténtico y verdadero, que no consiste en la riqueza egoísta y deseada por sí misma,sino en la economía al servicio del hombre, en el pan de cada día distribuido a todos,como fuente de fraternidad y signo de la providencia.Bendición87. De todo corazón, os bendecimos y hacemos un llamamiento a todos los hombrespara que se unan fraternalmente a vosotros. Porque si el desarrollo es el nuevo nombrede la paz, ¿quién no querrá trabajar con todas sus fuerzas para lograrlo? Sí, os invitamosa todos para que respondáis a nuestro grito de angustia en el nombre del Señor.Vaticano, en la fiesta de Pascua, 26 de marzo de 1967.PABLO PP. VI__________NOTAS:[1] Cf. Acta Leonis XIII, t. XI (1892), pp. 97-148.[2] Cf. AAS 23 (1931), pp. 177-228.[3] Cf. AAS 53 (1961), pp. 401-464.[4] Cf. AAS 55 (1963), pp. 257-304.[5] Cf. en particular Radiomensaje del 1 de junio 1941 en el 50 aniversario de la Rerum Novarum, enAAS 33 (1941), pp. 195-205; Radiomensaje de Navidad 1942, en AAS 35 (1943), pp. 9-24; Alocu-ción a un grupo de trabajadores en el aniversario de la Rerum Novarum, el 14 de mayo 1953, AAS45 (1953), pp. 402-408.[6] Cf. Encíclica Mater et Magistra, 15 mayo 1961, AAS 45 (1961), p. 440.[7] Gaudium et spes, nn. 63-72, AAS 58 (1966), pp. 1084-1094.[8] Motu Propio Catholicam Christi Eclesiam, 6 enero 1967, AAS 59 (1967), p. 27.[9] Encíclica Rerum Novarum, 15 mayo 1891, Acta Leonis XIII, t. XI (1892), p. 98.
  • 26. [10] Gaudium et spes, n. 63, § 8.[11] Cf. Lucas 7,22.[12] Gaudium et spes, n.3, § 2.[13] Cf. Encíclica Inmortale Dei, 1 noviembre 1885, Acta Leonis XIII, t. V (1885), p. 127.[14] Gaudium et spes, n. 4, § 1.[15] L.J. Lebret, O.P., Dynamique conréte du développement, París, Eco.[16] 2 Tesalonicenses 3,10.[17] Cf. por ejemplo, J. Maritain, Les conditions spirituelles du progrés et de la paix, en Rencontre descultures a lUNESCO sous le signe du Concile oecuménique Vatican II. París, Mame, 1966, p. 66.[18] Cf. Mateo 5,3.[19] Génesis 1,28.[20] Gaudium et spes, n. 69, § 1.[21] 1 Juan 3,17.[22] De Nabuthe, c. 12, n. 53. PL 14, 747. Cf. J.-R Palanque, Saint Ambroise et l’empire romain, Paris,de Bocard, 1988, pp. 336 sq.[23] Carta a la Semana Social de Brest, en L homme et la revolution urbaine. Lyon, Crónica Social,1965, p. 8 et 9.[24] Gaudium et spes, n. 71, §6.[25] Cf. ibid, n. 65, § 3.[26] Encíclica Quadragesimo anno, 15 mayo 1931, AAS 23 (1931), p. 212.[27] Cf. por ejemplo, Colin Clark, The conditions of economic progress, tercera edic. London, Macmi-llan & Co. New York, St. Martin s Press, 1960, pp. 3-6.[28] Carta a la Semana Social de Lyon, en Le travail et les travaillerus dan la société contemporaine,Lyon. Crónica Social, 1965, p. 6.[29] Cf. por ejemplo, M-D. Chenu, 0.P., Pour une théologie du travail, Paris, Editions du Seuil, 1955.[30] Mater et Magistra, AAS 53 (1961), p. 423.[31] Cf. por ejemplo, 0. von Nell-Breuning, S.J., Wirtschaft und Geselleschaft.[32] Efesios 4,13.[33] Cf., por ejemplo, Mons. M. Larrain Errazuiz, Obispo de Talca (Chile), Presidente del CELAM,Carta Pastoral Desarrollo: Éxito o Fracaso en América Latina, 1965.[34] Gaudium et spes, n. 26, § 4.[35] Mater et Magistra, AAS 53 (1961), p. 414.[36] L’Osservatore romano, 11 septiembre 1965. Documentation catolique, t. 62, Paris, 1965, Col.1674-1675.
  • 27. [37] Cf. Mateo 19,6.[38] Gaudium et spes, n. 52, § 2.[39] Cf. ibid, nn. 50-51 (y nota 14), y n. 87, § 2 y 3.[40] Ibid., n. 15, § 3.[41] Mateo 16,26.[42] Gaudium et spes, n. 57, § 4.[43] Ibid., a. 19, § 2.[44] Cf., por ejemplo, J. Maritain, L’Humanisme integral, Paris, Spes, 1945, p. 10.[45] H. de Lubac, S.J., Le drame de l’humanisme athée, 3ª ed., Paros, Spes, 1945.[46] Pensées, e.d. Brunschvicg, n. 434. Cf. M. Zundel, L’homme passe l’homme, Le Caire. Editions duLien, 1944.[47] Alocución a los representantes de las religiones no-cristianas, el 3 diciembre 1964, AAS 57 (1965),p. 132.[48] Santiago 2,15-16.[49] Cf. Mater et Magistra, AAS 53 (1961), p. 440 sq.[50] Cf. AAS 56 (1964), pp. 57-58.[51] Cf. L’Osservatore Romano, 10 febrero 1966. Encicliche e Discorsi di Paolo VI, vol. IX, Roma, ed.Paoline, 1966, pp. 132-136; Eclessia, 19 febrero 1966 (n. 1279), p. 9 (269).[52] Cf. Lucas 13,19-31.[53] Gaudium et spes, n. 86, § 3.[54] Lucas 12,20.[55] Mensaje al mundo, entregado a los periodistas el 4 de diciembre de 1964. Cf. AAS 57 (1965), p.135.[56] Cf. AAS 56 (1964), pp. 639 sq.[57] Cf. Acta Leonis XIII, t. XI (1892), p. 131[58] Cf. Ibid., p. 98.[59] Gaudium et spes, n. 85 § 2.[60] Cf. Encíclica Fidei Domun, 21 abril 1957, AAS 49 (1957), p. 246[61] Mateo 25,35-36.[62] Marcos 8,2.[63] Alocución de Juan XIII en la entrega del premio Balzam, el 10 mayo 1963, AAS 55 (1963), p. 455.[64] AAS 57 (1965), p. 896.
  • 28. [65] Cf. Encíclica Pacem in terris, 11 abril 1963, AAS 55 (1963), p. 301.[66] AAS 57 (1965), p. 880[67] Cf. Efesios 4,12; Lumen Gentium, n. 13.[68] Cf. Apostolicam Actuositatem, nn. 7, 13 y 24.[69] Lucas 11,9.

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