La gran pregunta Hoy creo una gran pregunta que todo hombre debe responder para poder asegurar quetiene los pies puesto...
Creo que en las respuestas que he transcrito hay un abundante material de análisis ymeditación, y que esas frases casi des...
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La gran pregunta

Published on: Mar 4, 2016
Published in: Education      
Source: www.slideshare.net


Transcripts - La gran pregunta

  • 1. La gran pregunta Hoy creo una gran pregunta que todo hombre debe responder para poder asegurar quetiene los pies puestos sobre la tierra; una pregunta que, al menos a mí, me ha torturadodesde hace ya cuarenta altos. La pregunta es la de si el hombre es bueno o malo, o mássencillamente lo que pensamos de la humanidad o, si se prefiere, de la gente. Es ésta una cuestión que tiene, probablemente, tantas respuestas como personas hayen el mundo. Pero de ellas depende, en gran parte, nuestra postura ante la vida. Me empuja a pensar todo esto un libro recientemente publicado 33 viajes alrededor delyo, por José Carol, en el que 33 personalidades del mundo de la cultura responden a unacadena de preguntas, una de las cuales es: «¿Qué opinión le merece la gente?». Como era de prever, las respuestas optimistas escasean. Sólo son cuatro. La gente es«inmejorable», según Augusto Assía; es «buena, con reservas», para Enrique Guitard;Amando de Miguel opina que «hay pocas personas malas, y que casi todas soninteresantes», y Jaime Salom afirma que tiene «gran amor a la gente en general y a laspersonas que le rodean en particular». Son muchas más las respuestas pesimistas y se subdividen en varios grupos. Lasamargas: la opinión que de la gente tiene Carlos Barral es «pésima», Gironella tiene «engeneral mala opinión, ya que los instintos continúan prevaleciendo sobre la razón y losbuenos sentimientos». A Carmen Kurtz «en general la gente le aterra». Y Buero Vallejotiene de la gente «una opinión no buena», si bien añade que «con confortablesexcepciones».Hay después un segundo grupo que adopta ante la gente posturas despectivo-compasivas.Para Pérez de Tudela, el problema de la gente es que es «como unos pocos quierenque sea»Lagente, en rigor, es para él «veleidosa y gregaria. Es gente». Pablo Serrano asegura que«abunda más la pobre gente». José María Subirachs la encuentra «bastante mediocre». Pero tal vez el grupo más común es el que distingue entre «la gente» y tal o cualpersona, para ofrecer una visión negativa de la multitud y otra más positiva de losindividuos. Miguel Delibes asegura que su opinión sobre los hombres «uno a uno es buena.En multitud, deplorables. Mingote asegura que «la gente le parece lamentable. Luegoestán Fulano, Mengano y Zutano, que ya son otra cosa». Casi lo mismo repiteMontsalvatge «En grupo, la multitud me molesta. Individualmente tiendo a considerar de un modo favorable a las personas.» Algo mássarcástica es larespuesta de Paco Umbral: su opinión de la gente es, «en general, mala;en particular, buena. Aunque a veces es al contrarios. Mercedes Salisachs pertenece también a estegrupo, aun cuando añada formas religiosas de sublimación «La gente es una masaambigua compuesta de personas a las que uno llega a querer cuando no olvidamos que sonhijos de Dios.» Y Juan Perucho dice lo mismo con una nueva carga conmovedora:«Generalmente, la gente me molesta. A veces, cuando me fijo en ellos, me inunda unaimprevisible piedad, vasta y angustiosa.».
  • 2. Creo que en las respuestas que he transcrito hay un abundante material de análisis ymeditación, y que esas frases casi describen más a sus autores que a la misma realidadque tratan de valorar. Si yo me miro a mí mismo he de responder que, a lo largo de mi vida, he ido cambiando constantemente de visión de las personas que me rodean, de la gente. De pequeño, todo el mundo me parecía bueno. Había algunas excepciones la borracha que vivía en la esquina de mi calle, los niños que rompían bombillas y escaparates, pero eran mínimas y rarísimas. En mí adolescencia me fui al otro extremo: el mundo era una montaña de maldad, los hombres éramos pura podredumbre. Recuerdo que por aquellas fechas escribí un poema en el que un verso decía «que tan sólo me perdono el ser hombre porque Cristo lo ha sido». Es decir, sólo la humanidad de Cristo me reconciliaba con la condición humana. Más tarde, cura joven ya, pasé a hacer esa distinción entre la gente en general y las personas en particular. Recuerdo que en una de mis novelas se pintaba a un cura que en esto era un reflejo mío personalísimo que era muy duro y exigente cuando hablaba en el púlpito, pero que se volvía toda piedad y comprensión cuando, en el confesonario, seencontraba con personas y pecadores concretos. Después pensé que ésta era una distinción hermosa y bastante cómoda. Peroinsuficiente, porque la multitud no era sino una suma de personas, y yo tendría que amar ala gente si amaba a los hombres uno a uno. Si como multitud los descalificaba, era porque yono sabía ver, en la suma total, la verdad de cada uno de ellos. Por eso pasé a la visión compasiva de los hombres. Recuerdo que un personaje míoteatral aseguraba que «los hombres no son buenos, pero tampoco malos; son simplemente unpoco tontos». Este «tontos» era más compasivo que despectivo. Porque yo veía entonces ala humanidad como un gran grupo de niños que se ensucian jugando. Hoy creo que, poco a poco, va avanzando en mí lavisión luminosa y positiva de lahumanidad. Creo, efectivamente, que en el mundo hay bien y mal, pero que sobreabunda elbien, aunque a veces el mal se vea más, sólo porque es más chillón. Lo mismo que creo que los hombres hacemos el mal más por torpeza, por inconsciencia,por precipitación, que por simple maldad. A veces me llevo desencantos y coscorronescuando trato con la gente. Pero sigo creyendo que es preferible llevarse una desilusión almes por haber confiado en la gente que pasarse la vida a la defensiva por creer que unoestá rodeado de monstruos.